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Bienvenidos a este humilde pero sincero espacio. 
    Mi pequeño sitio donde digo libremente lo que pienso y siento.  

Intento a través de mis escritos ser una luz diferente al mundo, 
basada en la reflexión, la presencia y la intención. 

Mi Misión 

Si estás entrando en la vejez, o ya caminas por ella, quiero decirte algo desde el corazón: la vejez puede ser la mejor etapa de tu vida… si sabes jugar tus cartas. No es una metáfora ni un deseo poético; es mi experiencia real, vivida, y se refleja en cada uno de mis escritos.

La vejez no es un descenso inevitable hacia la enfermedad o la fragilidad, ni un pasaje directo a una residencia de ancianos. La vejez es la continuidad natural de todo el trabajo interior que has hecho en tu juventud y en tu madurez.

Es una etapa distinta—no mejor ni peor—pero sí más profunda, más lúcida, más consciente.

Mi mensaje es, y seguirá siendo, incansablemente positivo. No porque la vida sea fácil, sino porque yo soy así. ¿Por qué? No lo sé del todo. Tal vez sea un don, o una forma de gracia. Pero lo agradezco, porque incluso la ciencia confirma que una mirada positiva sobre el envejecimiento añade, en promedio, 7,5 años de vida. Imagínate eso: vivir más simplemente por creer que vale la pena seguir viviendo.

Mis escritos exploran lo interior de la vejez. Su espiritualidad. No hablo de finanzas, ni de estrategias de jubilación, porque sería un completo ignorante en esos temas. No escribo sobre dietas ni rutinas de ejercicio para adultos mayores porque no tengo experiencia suficiente… aunque cuando retome mis caminatas diarias, quizá algo de eso también encuentre su lugar en mis letras. Yo escribo solo desde lo que vivo, desde lo que sé, desde lo que comprendo en mi alma.

 El envejecimiento también es un tema político: seguridad social, cuidados a largo plazo, sistemas de apoyo… pero he decidido no incluir mi postura. Quiero que todas las personas, sin importar su ideología, se sientan bienvenidas aquí.

 Escribo para acompañarte y escribo para acompañarme.

De mí aprenderás sobre los territorios internos de la vejez, porque pienso en ellos, los vivo y los escribo casi cada hora del día. A veces incluso se cuelan en mis sueños.

En esta etapa de la vida, la presencia se vuelve un regalo. Cada día es un espacio sagrado para volver a ti mismo, para escuchar tu respiración, para sentir el hilo invisible que te une al misterio de la existencia. La vejez no es un final; es un regreso. Un regreso a lo esencial, a lo puro, a lo verdadero.

Vivir con intención es honrar los años que ya pasaron y también los que aún te quedan.

Vivir con presencia es permitir que cada instante te hable. Vivir con gratitud es contemplar tu historia —entera, completa, sin ocultar nada— y dar gracias por haber llegado hasta aquí.

 Gracias por estar, por leer, por caminar conmigo. Gracias por permitir que mis palabras te acompañen. Gracias por abrir tu corazón a esta aventura silenciosa y luminosa que llamamos envejecimiento.

Si algo deseo profundamente es que me acompañes en esta aventura que no termina:la aventura de tu vida… vivida con intención, presencia y gratitud.

 Que hoy y todos los dias traiga paz a tu corazón, calidez a tus días y la promesa de nuevos comienzos.

Patricio Varsariah.


                  


                


No la apagues. Pásalo. Vela contra el cáncer.