Existe una pregunta de esas que han acompañado a la humanidad desde hace siglos. Y, curiosamente, creo que no tiene una respuesta definitiva porque depende del lugar desde donde la miremos.

Si nos guiamos por las noticias, podríamos concluir que existen más personas malas que buenas. Los actos de violencia, corrupción y crueldad ocupan los titulares y permanecen durante días en nuestra memoria. El mal hace mucho ruido.
Pero si observamos la vida cotidiana con más atención, descubrimos otra realidad. 

Cada día millones de personas cuidan de sus hijos, acompañan a un enfermo, enseñan con paciencia, trabajan con honestidad, ayudan a un desconocido, alimentan un animal abandonado o simplemente ofrecen una palabra de consuelo. Esos gestos rara vez aparecen en las noticias porque el bien suele ser silencioso.

Tal vez la pregunta no sea si hay más buenos que malos, sino por qué el mal parece más visible que el bien.

También conviene recordar que muy pocas personas son completamente buenas o completamente malas. La mayoría somos una mezcla de luces y sombras. Podemos actuar con enorme generosidad en un momento y equivocarnos profundamente en otro. La bondad no es un estado permanente; es una decisión que debemos renovar cada día.

A veces pienso que la humanidad ha sobrevivido precisamente porque existen muchas más personas dispuestas a construir que a destruir. Si el egoísmo fuera realmente mayoritario, difícilmente existirían las familias, las comunidades, la medicina, la educación, el voluntariado o la solidaridad que vemos surgir cada vez que ocurre una tragedia.

Por eso me gusta una idea sencilla:

El mal puede llamar más la atención, pero el bien sostiene el mundo.

Quizá esa sea la paradoja de nuestra existencia: el ruido nos hace creer que la oscuridad es inmensa, mientras que es la luz, silenciosa y constante, la que permite que cada nuevo amanecer siga siendo posible.

Esta reflexión surge de una pregunta:  qué porcentaje de bondad aportamos cada día a este mundo…. Porque, al final, el futuro de la humanidad no depende únicamente de cuántas personas buenas existan, sino de cuántas elijan seguir siendo buenas cuando las circunstancias las inviten a dejar de serlo.

Sigamos cuidando la luz que llevamos dentro.
— Patricio Varsariah