Manifiesto literario de Patricio Varsariah

Escribo para detener el ruido. En un mundo que corre con prisa, mis palabras buscan abrir pequeños espacios de pausa donde el lector pueda respirar, pensar y recordar lo esencial.

No escribo para imponer verdades, sino para compartir preguntas.

Creo que muchas de las respuestas más valiosas nacen en el silencio interior de cada persona.

Mis textos nacen de la observación tranquila de la vida: del paso del tiempo, de la memoria, de las pérdidas, de la esperanza y de esos pequeños momentos que, aunque parezcan simples, contienen una profunda sabiduría.

Intento escribir con sencillez, porque las ideas verdaderamente profundas no necesitan ser complicadas para tocar el corazón.

Cada reflexión que comparto es una invitación a mirar la vida con un poco más de calma, con más comprensión y con una mayor ternura hacia nosotros mismos y hacia los demás.

Si alguna de mis palabras logra acompañar a alguien en un momento de silencio, si despierta una reflexión o si enciende una pequeña luz interior, entonces el propósito de escribir habrá valido la pena.

Porque al final, escribir también es una forma de recordar algo muy simple y muy humano: que todos estamos aprendiendo a vivir.

“Escribo para cuidar la luz de lo esencial.”

— Patricio Varsariah


¿por qué quieres complacerlos?

noviembre 28, 2015


 

Siguiendo con el tema de las relaciones humanas, no es fácil decir lo que se piensa. Aunque hay veces que hay que ser prudente, hay otras ocasiones en las que tienes que decir lo que de verdad opinas. Es importante reconocer que tenemos opinión, aunque no sea la que más guste a los demás. Siempre es bueno decir lo que uno piensa sin ofender, pero respetándonos a nosotros mismos a nuestra ideología y nuestras aspiraciones personales. No dejes que el deseo de agradar te obligue a pensar en los demás antes que en ti mismo hasta el punto de pensar en contra de tus intereses.

Puedes agradar a los demás sin traicionarte a ti mismo. Si no piensas y no dices lo que piensas los demás tiene todo el poder sobre ti…  Ahora bien : ¿Qué hay de malo en querer complacer a los demás? En principio, querer complacer a los demás no es algo malo, sino todo lo contrario. Otra cosa bien distinta es necesitar la aprobación de los demás para todo mientras nos comprometemos a nosotros mismos. La búsqueda de la aprobación de los demás es sólo un problema real cuando sientes que dicha aprobación es lo que te mantiene.  En primer lugar, porque quienes necesitan contar con el apoyo de otros son dependientes de ellos, lo que hace que pierdan autoestima y autoconfianza.

Otro problema con la búsqueda de aprobación de forma constante es que te deja vulnerable a ser manipulado por otros. Cuando los demás descubren que estás ansiosa/o por complacerles se  acomodan, porque saben que todo va a ir bien, puesto que tú te encargarás de hacer las cosas para lograrlo. Con el tiempo, las personas que constantemente buscan la aprobación de otros entran en un círculo vicioso del que es difícil salir. No solo porque te acostumbres a que validen tus decisiones, sino porque los demás te presionan y actúan sabiendo que dependes de su opinión. 

Buscar constantemente la aprobación de los demás implica estar constantemente preocupados de que otros se estén formando una mala opinión de nosotros. Eso te hacer sentir vulnerable y víctima de si otras personas están contentos contigo o no. Esto acaba con la diversión, la creatividad, la bondad y la espontaneidad de la vida. De vez en cuando también tienes que acordarte de ti mismo, de complacerte, de sentirte orgulloso de ti misma/o, aunque no todo el mundo apruebe tus deseos y aspiraciones. Esto no es ser egoísta, sino todo lo contrario. Una persona que está satisfecha consigo misma y que se siente bien es mucho más útil para los demás, porque es más feliz y tiene más ganas de vivir y de ser útil a los demás.

Recuerda que hagas lo que hagas siempre defraudarás a alguien. Buscar la aprobación suele ser un intento de tratar de ganar y mantener un sentido de control. Si podemos hacer que la gente “feliz” por ser lo que imaginamos que ellos quieren que seamos, entonces no vamos a ser rechazados o abandonados. Pero no puedes controlar el pensamiento de los demás ni tampoco complacer a todos. Hagas lo que hagas, siempre habrá alguien que desapruebe o no entienda tu decisión. Nadie es un billete verde que agrade a todo el mundo y, aún así, siempre habrá quien lo prefiera azul o amarillo.

Debemos concentrarnos en lo que es correcto y ser tú mismo. La mentalidad de grupo nos puede forzar a hacer lo que se supone que debemos hacer, pero eso no es siempre lo correcto. Para no ir contracorriente muchos optan por satisfacer a la manada, aunque lo que hacen les parezca incorrecto o no lo entiendan. Eso te hace entrar en una dinámica en la que te alienas con los demás, pierdes tu personalidad y tu capacidad de decisión. Aléjate de eso, concéntrate en lo que consideras correcto, analiza la filosofía y las metas y sé tú mismo. Si a ti no te gusta eso, no te gustan ellos, ¿por qué quieres complacerlos? ¿Qué te aporta formar parte de un círculo así?

No asumas que los demás te etiquetan en un extremo o en otro. La gente que está tan preocupada con la aprobación de los demás que dan por sentado que los etiquetan en un extremo o en otro. Sin embargo, la mayoría de las personas no toman decisiones ni juzgan a los demás tan fácilmente simplemente porque no aprueben o comprendan su forma de hacer o porque no se suman a las formas del grupo. Incluso cuando la gente te fuerza a que cuentes con su opinión, el hecho de que hagas lo que creas conveniente no hace que eso te etiquete de manera negativa ni te hace perder el cariño de los demás. Contrariamente a lo que pueda parecer, ser tú mismo es la mejor manera de ganarse el respeto de los demás. Y si te etiquetan, procura actuar para que lo hagan en la categoría que a ti te interese. 

 

ignorar lo que no vale la pena

noviembre 27, 2015


 

Hay épocas de nuestra vida en que sin saber muy bien cómo, perdemos esa tranquilidad interna que antes nos caracterizaba. Puede que sean ciertas personas, ciertas relaciones. Puede también que se deba a  determinadas situaciones, a presiones laborales e incluso a auto exigencias. Perdemos el rumbo e incluso nuestras propias esencias. Mantener durante mucho tiempo esta sensación puede hacernos caer perfectamente en un estado depresivo, en una indefensión tan grave donde todo escapa a nuestro control. No lo permitas. Aprende a ignorar, a desactivar, a liberar cargas para andar más ligero/a en tu sendero personal. No pierdas el rumbo. No pierdas tus raíces ni aquello que te define, porque todo aquello que te emociona, que te arranca una sonrisa y acelera tu corazón, eres tú. Y la felicidad es lo que da sentido a nuestra vida. 

Si hay algo curioso que lleva a cabo nuestro cerebro cada noche sin que se lo pidamos, es un mecanismo esencial de depuración. Gracias al sistema glimfático elimina toxinas que podrían causarnos problemas neurodegenerativos. A su vez, mientras dormimos, ejecuta un sutil “borrón” de información innecesaria, integrando y clasificando aquella que sí juzga como relevante. El cerebro, como ves, se alza como una maquinaria precisa y casi perfecta que sabe eliminar de sus estructuras y procesos internos todo aquello que no es útil, y que por tanto, podría enfermarlo. Sin embargo, nosotros, cuando abrimos los ojos al día y a la conciencia, no siempre somos capaces de ignorar lo que no vale la pena.

No es fácil ignorar ciertas cosas, ciertas personas, ciertas situaciones. Las personas no siempre sabemos percibir que algo puede hacernos daño, no tenemos un radar, ni una señal de alarma. Nos limitamos a confiar, a dejarnos llevar. A vivir. Si hay algo que también deberíamos tener en cuenta es que no solo están en el exterior muchas de las cosas que sería necesario ignorar. A veces, también está “ese ruido” interno, esos pensamientos obsesivos, esos miedos, esas dudas, la ansiedad… Enemigos propios que sería necesario reconocer y desactivar. Por ello, es importante comprender que en ocasiones, puede ser muy saludable practicar el sencillo acto de dejar atrás aquello que no enriquece, que no motiva,  y que por lo contrario, pone muros en nuestro crecimiento personal.

Piensa en esta pregunta durante unos instantes: ¿Qué es lo que te hace realmente feliz? Puede que te sorprenda, pero hay quien llega a tal extremo en su vida personal, que ya no recuerda qué es eso llamado felicidad. Es un riesgo muy elevado. A veces, no nos atrevemos, otras, tememos hacer daño a otras personas: a decepcionarles. No obstante, vale la pena tener en cuenta que ignorar es también responder con inteligencia. Es no dar relevancia a quien no la merece, es desactivar aquello nos hace daño.

Así que si no la sientes, si no percibes ilusión en tu día a día, deberás pensar en estos aspectos. Ve quitándote capas, una a una. Has pasado mucho tiempo llevando una vida en la que no te identificas, así pues, realiza un ejercicio interno y descubre qué “piel” deberías dejar ir para volver a tu esencia.
Recuerda tus valores. No hace mucho te definía la valentía, el coraje, el respeto por uno mismo y por los demás. Dilos en voz alta, hazlos patentes.

La felicidad no son cosas, son sensaciones elementales inscritas en los actos sencillos. Si no los aprecias, será el momento de tomar decisiones.

Debemos tener muy claro que ignorar no es de débiles, que no supone ni mucho menos no hacer frente a determinadas situaciones. En ocasiones, lo más acertado es ignorar, dejar de dar relevancia a algo que no debería tener tanta presencia en tu vida. Ignora los desprecios. No eres tú, no te definen, quita relevancia de tu vida a la persona que te los dirige. Camina ligero/a. Ignora a quien practique el egoísmo, a quien nunca fue como pensabas, a quien te trae tormentas los días de sol. Ignora a quien te quite la sonrisa. Asume el adiós, y deja ir para andar ligero/a. Ignora los miedos que ponen muros en tus sueños, los prejuicios y actitudes propias que te impiden coger ese tren que siempre pasará para ti. Desactiva los pensamientos limitantes y corre ligero/a rumbo a esos proyectos que sin duda mereces…

Si eres una persona débil buscaras venganza a tus despechos, si eres fuerte serás entonces capaz de perdonar. Ahora bien, si eres sabio te limitarás a ignorar lo que no vale la pena para disfrutar cada día de tu vida.

Atrévete a ignorar lo que no vale la pena para entornar la cerradura de la felicidad.


 

soy yo y soy feliz

noviembre 27, 2015






La felicidad cotidiana está compuesta por pequeñas y grandes cosas. Soy feliz por estar con la gente que amo, mi pareja, amigos, familiares, y mi mascota. Además, uno está bien consigo mismo cuando hace lo que siente, lo que le define, ya sean aficiones, trabajos, costumbres, gestos… Es difícil tener que renunciar a aquello que me hace feliz y que, de algún modo, sigue presente cada día de mi vida. Es posible que, en un momento dado, dejarás atrás todo lo que te definía por una persona. Atrás se quedó tu familia, tus amigos, tu trabajo…

Toda renuncia valdrá la pena si lo que conseguimos nos ofrece aquello que esperamos, pero si bien es cierto que nada en esta vida es seguro, y que casi siempre es necesario arriesgarse, las personas necesitamos gestos, palabras, actitudes y actos que nos demuestren que todo lo hecho, vale la pena… Que valió la pena saltar al vacío para ser feliz. Las personas muchas veces nos concienciamos en la idea de que “la vida es lucha”, de que a veces es necesario saber renunciar para encontrar cosas mejores, y por lo tanto, crecer.

Ahora bien, no hay por qué dejar atrás todo aquello que te hace feliz, sólo por hacer felices a otros. No es lógico: desde el momento en que dejas de hacer lo que te define y te hace feliz, dejas de ser tú mismo¿Qué le vas a ofrecer a la otra persona si ya no eres tú?. Quien además llega a permitir que te desprendas de aquello que te arranca sonrisas, placeres y bienestares, no te merece. Tú y Yo no somos sólo lo que se ve, no somos un físico, una presencia y una voz que rompe el silencio. Tú y yo somos nuestros paseos de las tardes, nuestras lecturas antes de dormir, y nuestras escapadas imprevistas para estar solo/a. La vida, en ocasiones, nos obliga a hacer más de una renuncia. Y lo hacemos porque hay aspectos que nos compensan, porque en esa balanza equilibrada sigue estando parte de aquello que te hace feliz. No obstante, no siempre ocurre de esta forma. La balanza no siempre se mantiene en su punto de sutil equilibrio donde todos ganan y nadie pierde. Es común, que en las relaciones de pareja, alguno de los dos embargue su felicidad por el bien del otro.

Podemos renunciar a lo bueno para lograr lo grandioso, cerrar una ventana sabiendo que hay otra puerta; pero nunca demos todo a cambio de nada, y aún menos renunciar a todo aquello que nos hace feliz como quien salta al vacío de un abismo. No se trata de ser egoístas, tampoco de priorizar nuestras necesidades por encima de los demás. La vida, lo creamos o no, requiere acuerdos con uno mismo y con el resto de personas. Y ambos son igual de importantes.En consecuencia es necesario mantener una dignidad lo bastante fuerte para sentirnos bien con nosotros mismos, para poder mirarnos al espejo y reconocernos cada día, y decir: “este/a soy yo y soy feliz”.

A su vez, a la hora de convivir, todos necesitamos de esa reciprocidad tan necesaria donde cada esfuerzo valga la pena, donde cada renuncia se vea compensada por otros aspectos. Donde la felicidad sea compartida y no limitada, absorbida por una de las partes. Las personas muchas veces nos concienciamos en la idea de que “la vida es lucha”, de que a veces es necesario saber renunciar para encontrar cosas mejores, y por lo tanto, crecer. Ahora bien, no hay por qué dejar atrás todo aquello que te hace feliz, sólo por hacer felices a otros. No es lógico: desde el momento en que dejas de hacer lo que te define y te hace feliz, dejas de ser tú mismo… ¿Qué le vas a ofrecer a la otra persona si ya no eres tú?. Quien además llega a permitir que te desprendas de aquello que te arranca sonrisas, placeres y bienestares, no te merece. Tú no eres sólo lo que se ve, no eres un físico, una presencia y una voz que rompe el silencio. Tú eres tus paseos de las tardes, eres tus lecturas antes de dormir, y tus escapadas imprevistas para estar solo/a. Eres tu trabajo, tus ideales, tus películas en versión original y una siesta por la tarde… ¿Qué te queda si te quitan todo ello?

No es más feliz el que menos tiene, sino el que “más afectos, serenidad, equilibrio y amor” tiene en su interior. No estoy hablando pues de ganancias físicas, sino de riqueza emocional, ésa que deberíamos cultivar cada día de nuestra vida. No debemos renunciar a lo que nos hace feliz, y aún menos a esos corazones sabios y artesanos que saben ofrecerte felicidad a través de los pequeños detalles, en la cotidianidad del día a día, haga sol, nieve o vengan momentos adversos. Ser feliz, en realidad, no cuesta nada, sin embargo, parece ser uno de los retos más complejos de la humanidad. En ocasiones, sin saber muy bien cómo, las personas somos hábiles especialistas en hacernos la vida imposible. Bastaría en realidad con tener en cuenta estos sencillos aspectos: Aprende a dar y recibir, el día a día es un intercambio continuado donde a través del respeto mutuo, y el entendimiento, ninguno debería tener que renunciar a nada.

Entiendo que será imposible hacer felices a los demás si en primer lugar, yo o tú mismo/a, no eres feliz. Jamás cometas el error de darlo todo por alguien a cambio de nada, porque entonces nos quedaremos vacíos, seremos solo una sombra de nosotros mismos. Y si perdemos nuestra identidad, lo perdemos todo.

Escuchémonos cada día, entendamos nuestras necesidades, al igual que entendemos la de los demás. Nadie es egoísta por cuidar de sí mismo, por procurarse ser feliz, por crecer, por ser más sabio, más hábil, por quererse un poco más. Porque el amor, es la única fuerza que crece cuando se comparte,  y eso es algo a lo que nunca deberemos renunciar…

Feliz Viernes.


 

ser el amor de mi vida para ofrecerte lo mejor...

noviembre 26, 2015


 

En nuestra sociedad nos educan y nos trasmiten el necesario valor de amar y respetar a los demás, lo cual es, sin duda, algo esencial. No obstante, no es común que nos inculquen la necesidad de querernos a nosotros mismos. En ocasiones, no se ve con buenos ojos el priorizarnos, e incluso que un niño diga tenga determinadas reacciones que a veces, relacionamos con un acto de egoísmo infantil. El amor propio, el pensar simplemente que yo soy el amor de mi vida, no es un acto de egoísmo. No desde el momento en que esta dimensión está enfocada a construir y proteger nuestra autoestima.

Nadie se quiere a sí mismo porque se considera mejor que nadie, o con mejores méritos, o con más derechos. Nos queremos para protegernos, para  conocernos mejor, para que nada ni nadie nos manipule, para saber lo que queremos y lo que no. El amor propio es un sentimiento que no debe avergonzarnos. Se trata no sólo de una herramienta para el bienestar interno, es  mantener un equilibrio con el cual, empatizar y respetar también a los demás. Yo soy Yo. Tú eres Tú. Yo no estoy en este mundo para cumplir tus expectativas. Tú no estás en este mundo para cumplir las mías...esto escribe hace unos días y es bueno recordarlo siempre. Sean cuales sean las circunstancias que nos han llevado a olvidar que el pilar de nuestras vidas somos nosotros mismos, nunca es tarde para recuperar este amarre. Esta fuerza interior con la cual, volver a nuestro equilibrio para ser felices, y poder ofrecer bienestar a quienes amamos. A quienes lo merecen de verdad.

Estoy empezando a sospechar que el amor de mi vida soy yo. Y decirlo en voz alta no es ningún acto de egoísmo ni de soberbia, es una reflexión que todos deberíamos interiorizar cada día como quien empieza sus mañanas con una buena taza de café. No es egoísta quien se atiende, quien resuelve sus miedos, quien sana sus heridas, quien deja atrás lo que le hizo daño para afrontar el mañana con optimismo y resistencia. Porque si yo estoy bien, seré capaz de dar lo mejor de mi mismo a los demás. Seré capaz de ser feliz y ofrecer felicidad. No necesito ser mejor que nadie, no necesito tener lo que tú tienes. Me basta y me sobra con ser yo mismo, con ser el amor de mi vida para ofrecerte lo mejor que habita en mi alma tranquila, en mi corazón sereno carente de odios ni rencores.

Aunque nos sorprenda, no resulta fácil llegar a este estado donde uno es capaz de amarse a sí mismo en plenitud y sin limitaciones. De algún modo, estamos casi acostumbrados a priorizar no sólo las necesidades de otros, sino que muchas veces, nos “apegamos” a cosas como si fueran nuestra única identidad: un trabajo, una casa, el dinero… Hay muchas dimensiones que van cubriéndonos capa tras capa con una coraza donde poco a poco, perdemos esa esencia que es el amor por uno mismo. Porque nunca debemos olvidar que si tú estás bien, el mundo va bien. Si tus pensamientos, si tus emociones no vibran con esa armonía interna que es el respeto por uno mismo, tu realidad estará distorsionada. Hoy en nuestro espacio te invitamos a reflexionar sobre ello.

Puede que en algún momento llegarás a olvidar que el amor de tu vida eras tú, porque priorizaste demasiado a otras personas. O puede también, que nunca lo supieras, que ya desde tu infancia proyectaran sobre ti una inseguridad y unos valores donde nunca se te priorizó como persona. Siempre llega un momento en que necesitamos desprendernos de cosas, de personas, de situaciones… Algunos lo llamarán egoísmo, pero yo lo llamo amor propio. Tener amor propio no es algo que se enseñe en las escuelas, en realidad, es un aspecto que las todos nosotros vamos descubriendo poco a poco como quien encuentra un arma de poder de la que nadie le había hablado antes. ¿Por qué suele ocurrir esto?

A medida que camines en los senderos de tu vida, descubrirás que lo importante no es cuántas cosas tienes, sino lo que vales… Te invito a tomar nota sobre una serie de aspecto sobre los cuales he reflexionado y me han ayudado a comprender y descubrir lo que es importante en mi vida.Toma aire y piensa en ellos detenidamente, para recordar sin reparos que efectivamente, el amor de tu vida eres tú.

Mantén un diálogo interno: analiza qué aspectos y situaciones cotidianas vulneran tu autoestima, y te alejan de quien eres en realidad. Tal vez debas dejar determinadas cosas, e incluso algunas relaciones puntuales. Empatiza contigo mismo: estoy seguro de que empatizas con todo aquel que tienes ante ti.
Comprendes su situación, su dolor, sus necesidades… pero ¿y las tuyas? ¿qué te dirías a ti mismo si estuvieras ante ti? Eres auténtica/o, única/o e irrepetible. No es un eslogan, no es una frase hecha. Es una realidad que debes empezar a creer desde hoy mismo. Dispones de virtudes, características y de una esencia que te hacen único en este mundo, y por tanto, importante.

Atrévete a quererte y a dedicarte lo que mereces, porque quererte a ti misma/o no es en absoluto dejar de amar a los demás. Es reconocerte y hacerte feliz, porque cuando uno empieza a ser feliz, llegan las mejores cosas de esta vida.

 

un acto revolucionario en el mundo tan materialista

noviembre 25, 2015



 

Valorar lo que tienes significa aprender a ver aquellos pequeños momentos que no podrías comprar ni con un diamante. Estoy seguro que si prestas un poco de atención descubrirás muchos de estos tesoros. Los más básicos para mí son: Un hogar donde dormir cada noche. Alimentos.Salud (que me esta fallando al momento). Ropa. Amigos, amor y familia. Quizás te parezca que son cosas básicas y que no hay nada que valorar en ello. Piénsalo otra vez: ¿cuánta gente hay en el mundo que no tiene todo esto?

Valorar lo que tienes no es solo agradecer que tienes cosas materiales… Valorar lo que tienes implica agradecer los momentos y recuerdos que nacen alrededor de tu existencia: la cena con los amigos que recordarás cuando seas anciano o el plato de avena que te recuerda algún momento feliz de la infancia…

Valorar lo que tienes no es sencillo en un mundo donde parece que siempre debes buscar más. La mayoría está enfocada en todo lo que no tiene: cosas materiales, relaciones interpersonales hasta la belleza ideal… Esperamos grandes cosas y nos fascinan los milagros, pero olvidamos que nuestra vida ya nos ofrece pequeños regalos que otros desearían. Creo que hay más gente preocupada por contar todas las cosas que le faltan que por saborear lo que la vida les da.

Pregunto : ¿Cuándo fue la última vez que te detuviste y con plena consciencia agradeciste por lo que tienes? Así como cada día te tomas tu tiempo para ducharte y lavarte los dientes, debes destinar un momento para valorar lo que tienes. Piensa en todas las cosas que has logrado, en lo que tienes y en quien está a tu alrededor. Incluso el día más difícil o desagradable mejorará cuando aprendas a agradecer. Lo común es pensar en lo que hace falta y deseamos, pero si aprendes a dar este paso cada día atraerás la gratitud a tu vida. Si tienes la oportunidad y te apetece hacerlo, escribe todas las cosas que tienes para agradecer. Así, el día que te sientas triste o deprimido puedes revisar esa lista y valorar lo que tienes. Esto a mi personalmente me hace continuar en los días grises y se hace más fácil.

Me sorprende cómo algunas personas se quejan todo el tiempo de las cosas triviales. Hacen un drama por tener que esperar en la fila para tomar el autobús o el tren y se enojan cuando pierden el autobús. Seamos sinceros, algunas veces olvidamos valorar lo que tenemos por enfocarnos en circunstancias sin importancia. Son situaciones que llegan a parecer más graves por el tiempo que les destinas en tu mente, que por los resultados reales. Darle tanta atención a estas experiencias te aleja de lo que sí es importante. Cambiar el chip y ver las cosas desde otra perspectiva hace que la vida sea más llevadera. Desde luego que a nadie le gusta llegar tarde al trabajo por haber perdido el autobús, pero estoy seguro que puedes sacar algo bueno de ello. La diferencia radica en lo dispuesto que estés a ver lo positivo de cada circunstancia en lugar de lo negativo.

Es común escuchar que solo valoramos lo que tenemos cuando lo hemos perdido. Suena muy fácil de entender, ¿no? ¿Qué pasaría si de verdad perdieses todo lo que tienes? Por un momento cierra los ojos e imagina que toda tu vida cambia por completo. De pronto te quedas sin casa, te es imposible conseguir alimentos y no tienes a nadie en tu vida. Sin dudas es un panorama desalentador, pero recuerda que hay mucha gente en el mundo que vive bajo estas circunstancias. Valorar lo que tienes no es algo superfluo. En realidad es un acto revolucionario en el mundo tan materialista en el que vivimos. Pero justo es esta forma de ver la vida la que te puede ayudar a ser más feliz.

 

Jamás perdamos la capacidad de hacer el bien...

noviembre 25, 2015


 

Todos contamos con más de una historia personal marcada por la decepción. Las hay que duelen más que otras, e incluso algunas nos han obligado a perder esa inocencia inicial con la que solemos llegar a este mundo. Dicen que hasta el corazón más enamorado se cansa de ser lastimado, pero por muchas heridas que recibamos nunca deberíamos perder nuestra capacidad de amar, de querer a quienes de verdad lo merecen. En la vida, invertimos tiempo, emociones, sueños y esperanzas en alcanzar determinados objetivos. En ocasiones, son sólo aspiraciones, otras veces es vida invertida en determinadas personas que en algún momento, nos pueden decepcionar.

Cuando queremos algo con mucha intensidad y lo perdemos, aparece la decepción y el vacío. No sólo perdemos esa relación, ese sueño, también dejamos ir una parte de nosotros mismos. El mayor peligro de las decepciones está en caer en la indefensión. Hay algo que no se ha ajustado a nuestras expectativas, que no ha salido tal y como esperábamos… Y eso duele, tanto, que podemos generar la sensación de que hagamos lo que hagamos, volverá a repetirse el mismo resultado. Son muchas las veces en que determinados fracasos y sobre todo, decepciones, generan en nosotros sentimientos negativos como la ira, la rabia, el rencor o la frustración.

Toda aquella emoción negativa mantenida de forma crónica en el tiempo, puede hacer cambiar nuestra visión sobre la vida, la gente, e incluso sobre la idea de que aún pueda existir gente buena en el mundo. Dicen que hacer el bien es olvidarse de uno mismo para darlo todo por los demás; pero no es cierto. En absoluto. Actuar de forma correcta, con integridad y favorecer a su vez el bienestar de quienes nos rodean, no supone “abandonarse”. Quien procura siempre lo mejor para el conjunto, actúa según la voz de su interior, y de acuerdo a sus propios valores. Si no lo hiciera, sería ir en contra de sus propias esencias, y entonces, sí que estaría provocándose un grave daño a su autoconcepción, a su identidad.

Dicen que hay decepciones que nos hacen abrir los ojos y cerrar el corazón. Es un dolor que nos obligará a ser más prudentes, pero que jamás debería llevarnos a perder nuestra capacidad por hacer el bien, sería una locura odiar a todas las rosas porque una te pinchó.

Así pues, no por haber sufrido una decepción vamos a odiar al resto del mundo, y aún más, tampoco vamos a cambiar nuestra filosofía de vida por haber experimentado varias, o incluso demasiadas decepciones. Puedes vestirte con la prudencia, con la armadura de la cautela, pero nunca claudiques al rencor o al odio. No vale la pena.llevar hasta estos extremos en los cuales, se quiebran por completo nuestros valores. Porque cuando perdemos nuestros valores lo perdemos todo, y si pierdes tu capacidad por hacer el bien pensando que no vale la pena, estarás dejando de ser tú mismo. Dejarás de reconocerte cada vez que te mires en el espejo.

Cada cosa que acontezca en nuestra vida, ya sea bueno o malo, debemos aceptarlo, intégralo y seguir avanzando de la forma más ligera posible. Si almacenamos rencor caminaremos despacio, si guardamos rabia buscáremos venganza, si escondemos odio quedaremos encallado y  habremos perdido por completo nuestra capacidad por hacer el bien. Por generar felicidad. En esta vida no somos más que breves pasajeros en un camino donde quienes vayan ligeros de odios y rencores, serán capaces de disfrutar el trayecto con mayor sabiduría e integridad. Sabemos que no siempre es fácil afrontar una decepción, pero si hay algo que no debes permitir, es que el mal comportamiento de otros quede impregnado en nosotros hasta el punto de cambiarnos. De hacernos creer que ya no existen las buenas personas, o más aún, que las buenas personas siempre acaban heridas.

Por sobre todas las cosas debemos intentar vivir en el “aquí y ahora“, centrarnos en el presente sin generar excesivas expectativas sobre lo que debe ocurrir o lo que ocurrirá. Déjanos llevar es lo mas adecuado.  Aceptar que las decepciones forman parte del trascurso vital y que debemos aprender de ellas. No debemos permitir que ellas nos cambien en algo que NO somos. Debemos comprender que no puedes controlar aquello que hacen los demás, ya sea bueno o malo. Sabemos quien somos y lo que queremos, y sabemos que hacer el bien forma parte de nuestras raíces, de nuestra esencia vital.

Finalmente creer en los demás hasta que no nos demuestren lo contrario, para permitirnos confiar, tenemos experiencia, tenemos nobleza en nuestro corazón y merecemos encontrar siempre lo mejor de las personas. Si nos acercamos a ellas con rencores pasados, encontraremos rechazos. Enfoquemos las decepciones como una renovación: es experiencia y un claro ejemplo de lo que no queremos repetir. Jamás perdamos la capacidad de hacer el bien por muchas veces que nos decepcionen, por muchas veces que caigamos.


 

piensa que lo que debe ser será

noviembre 24, 2015


 

Hoy quiero escribir, de mi experiencia propia, sobre un  problema natural que muchas veces no tiene explicación.Hubo un tiempo en que sufría de ansiedad y no sabia por qué, esta situación influía en varios factores en mi vida diaria. Y de esa experiencia he podido entender que una persona que sufre ansiedad necesita compasión. Alguien que pueda escucharla sin juzgarla, sin reproches, sin críticas.No es necesario que la entiendas, pues si nunca has sufrido ansiedad probablemente te resulte muy difícil ponerte en su piel. Pero, asegúrate de que sabe que estás ahí, que te tiene a su lado. Eso, aunque no lo parezca, le ayudará bastante. Las personas que sufren ansiedad, en ocasiones son vistas como personas locas. Debido a esto, se sienten incomprendidas y no saben a quién acudir para desahogarse.

Si eso que me provocaba ansiedad me acorralaba y no podía escapar de ello,y me preguntaba a diario :  ¿cómo salir de esa situación que no hace más que incrementar mi ansiedad? y he aquí mi respuesta :  Piensa que la persona que sufre ansiedad no la ha elegido. Esta viene por una serie de factores que la persiguen y la acorralan generando este estado que muy pocos logran comprender. Por mucho que intenten escapar es imposible. Nada las libera de esa ansiedad que les persigue como su propia sombra allá donde van. ¿La solución? Deben enfrentarse a aquello que les provoca ansiedad. Escapar no es posible, solo buscar dónde está el problema, encontrarlo e intentar solucionarlo. La ansiedad no agota las angustias del mañana, solo agota la fuerza del hoy.

La ansiedad es una de las emociones que más sufren las personas. Esta junto al estrés se convierte en una afección que nos provoca una sensación de malestar difícil de dejar atrás. Cuando sientes una amenaza, cuando visualizas algo de forma negativa, cuando te ves presionado, la ansiedad te aborda con el afán de poder hacerle frente de la mejor manera a ese problema. La ansiedad es una reacción normal, pero que encierra muchos secretos. Las personas que sufren ansiedad no lo pasan nada bien y lo peor es que no se ven comprendidas por aquellos que no padecen este problema.

La ansiedad roba energía y llegado el momento llega a ser tan grande su poder que hasta cualquier pequeña cosa llega a saturar a la persona que sufre ansiedad. Es normal que en ocasiones nos sintamos desbordados, pero ante algo pequeño que no debería provocar ni un mínimo de estrés esto no es habitual.
¿Por qué le ocurre esto a las personas que sufren ansiedad? Porque están tan rodeadas de esta emoción que, como no logran lidiar con ella, esta las va absorbiendo. Naciste para ser libre, no seas esclavo de nada ni de nadie. No permitas que la ansiedad llene tu vida es mi consejo.

Las personas que sufren ansiedad al igual que cualquier cosa por pequeña que sea los sume en un estado de ansiedad increíble, también les afectan detalles aparentemente insignificantes. Eso no debería suceder, pero como viven rodeadas de ansiedad, lo que hacen es adelantarse a los acontecimientos, visualizando lo que podrá ocurrir. El miedo a la ansiedad provoca que eso que estén visualizando sea bastante negativo. Esto no hace más que provocar que la ansiedad se vea atraída por estos pensamientos. Realmente, no pueden evitarlo y por eso necesitan a personas que puedan ser comprensivas. Siempre se adelantan a los acontecimientos y eso provoca una llamada a la ansiedad que no es más que una preparación hacia ese miedo del que son muy conscientes.

Pueden parecernos increíbles los miedos que provocan ansiedad en algunas personas, pero aunque tú no seas capaz de comprenderlos o compartirlos no implica que no sean reales. Desde luego, los miedos de las personas que sufren ansiedad son muy reales. Es real en su mente y ello les provoca esa reacción de la que no pueden librarse. Las personas que sufren ansiedad cuando se encuentran con sus miedos piensan que no pueden controlarlos. De hecho, son los miedos los que las controlan provocándoles esa ansiedad que tanto temor les da.Eres una víctima de tu propia mente.

Finalmente, si sufres ansiedad sabrás perfectamente que si crees que no puedes controlar una situación o superar un miedo esto así será. Todo lo que creas, lo que tu mente piense, se hará realidad. No permitas esto. Aprende a comprender a las personas con ansiedad y a tu propia ansiedad si la padeces. Nunca escapes de aquello que te la provoca, intenta saber ¡qué la origina! Solo así podrás empezar a solucionar y a enfrentar tus miedos. 

Quiero terminar este escrito con una frase de una persona que admiro por sus mensajes, uno de ellos me quedo grabado en mi mente para todo el resto de mi vida.

 Don Facundo Cabral decía : “Libérate de la ansiedad, piensa que lo que debe ser será, y sucederá naturalmente.

Dedicado a todas esas personas que en estos momentos se sienten identificados con estas palabras, a todas esas personas que se encuentran invadidos por la desesperanza de un mundo que tiende a deshumanizarse.


 

al fin y al cabo es lo que nos merecemos

noviembre 23, 2015


 

Cuando consigues conocerte a ti mismo comienzas a establecer tus prioridades y a actuar conforme a ellas, marcas los límites y te descubres sabiéndote feliz con unas cosas e incómodo con otras. Es a partir de este momento cuando, además, sabes qué tienes que permitirte para disfrutar al máximo de tu vida y, cuando te permites lo que te mereces, atraes lo que necesitas.Nadie me va a conocer mejor de lo que pueda llegar a conocerme yo: soy yo quién sabe qué he vivido y cómo lo he hecho. Esta es la razón por la que, además, siempre pido que no me juzguen, porque las experiencias por las que he pasado son únicas y propias hasta llegar hasta dónde estoy.

Necesito lo que me merezco y solo puedo tenerlo por mí mismo dándome la oportunidad de creer en ello. No quiero a nadie en mi vida que me haga creer que no merezco lo que necesito o que no estoy a la altura de ello. Quiero disfrutar de lo que deseo y lo que agradezco tener. Hay un dicho oriental que dice que es peligroso desear algo porque todo lo que se desea puede hacerse realidad. Yo no sé si esto es así, lo que sé es que no dejaré que nadie me haga creer que no puedo conseguir aquello que deseo y, mucho menos, que no me lo merezco.

Tenemos que saber quiénes somos y qué queremos ser, dado que es necesario saberlo para comenzar a construirnos desde ahí. Parece un enigma fácil, pero es muy complicado llegar a conocer qué queremos hacer con nuestra vida y ponerlo en práctica. Sin embargo, lograrlo implica saber dónde queremos ir y, al saberlo, lo que nos merecemos llegará solo. Nunca dejes que nadie te diga que no puedes hacer algo. Ni siquiera yo, ¿vale? Si tienes un sueño, tienes que protegerlo. Las personas que no son capaces de hacer algo te dirán que tú tampoco puedes. Si quieres algo ve por ello y punto.

Es probable que muchas veces hayas visto tu autoestima baja porque te han hecho creer que era así como tenías que verte o, incluso, cabe la posibilidad de que sin proponérselo también lo hayan conseguido. Sin embargo, cuanto antes aprendamos a darnos permiso para ser todo lo que podamos ser y lo queramos, antes nos sentiremos bien con lo que hacemos. Ante situaciones malas seguro que hemos oído mil veces frases como: con lo que he hecho no me merezco esto, no necesito pasar por esto, no he hecho nada para que ocurra lo que está ocurriendo, etc. Pero, y si la cuestión es: ¿dónde tengo que poner el límite entre el aprendizaje y el dolor excesivo? 

Siempre he pensado que es más beneficioso mirar las situaciones desde el punto de vista de lo que estamos permitiendo: si permitimos que algo que creemos no merecer nos desgaste, estamos apoyando la idea de merecerlo; y, todos estamos aquí para garantizar que hemos vivido cada día cómo queríamos hacerlo. Yo no me conformo con algo que no creo suficiente, no me quedo con menos de lo que de verdad pienso que me merezco: no es que quiera lo más bonito del mundo, quiero aquello y aquellas personas que hagan más bonito mi mundo. No necesito a alguien que me haga sentir lo contrario.

Es cierto que a veces estamos ciegos y no vemos más allá de la superficie. Por ejemplo, puede que hayas estado en una relación de pareja que la gente que tenías alrededor no aceptaba porque pensaba que no te la merecías. En esos casos nos encerramos en nosotros mismos y no queremos escuchar cuando, muchas veces, deberíamos hacerlo porque si nos quieren querrán lo mejor para nosotros. Otras veces, la envidia puede estar jugando su papel en estas situaciones.

Hay que ser feliz.Pero no por alguien.Tampoco por algo.Quizás con alguien.Nada de eso;hay que ser feliz porque al fin y al cabo es lo que  nos merecemos. Ante todo tengo que pensar en que lo importante es que me haga feliz, para que los que estén a mi alrededor también lo estén. Si me hace feliz es para mí, me lo merezco y tengo que luchar por ello.


 

el manto de nuestra vida.

noviembre 20, 2015

 

Estamos viviendo un momento difícil. Pero nosotros no somos nuestro dolor, no merecemos vivir de forma crónica en el mundo de la decepción y el abatimiento. debemos alimentar nuevas ilusiones, abrir puertas interiores para encontrar esa llave que derrumbe muros exteriores. Tenemos muchas, muchísimas responsabilidades que cumplir, objetivos que alcanzar, personas que atender y necesidades que cubrir. Nuestra vida es a veces tan complicada que poco a poco, vamos perdiendo nuestro propio rumbo, nuestro equilibrio interno.

En el rumor incansable del día a día se desdibuja parte de nuestra esencia, de nuestra espontaneidad de nuestro ser. Debemos aprender a establecer prioridades, y la máxima prioridad… soy Yo. Es necesario no olvidar algo tan importante como esto: si yo no estoy bien, mi mundo no va bien. Y más aún, tampoco conseguiré hacer feliz a otros. En este mundo todo es posible siempre y cuando este en equilibrio con mis esencias, con mis valores, con mis emociones.

Cada uno de nosotros contamos con nuestra propia historia personal. Puede que a estas alturas de la vida, haya escrito ya más de un capítulo de decepciones, de fracasos e incluso de desengaños. Soy muy consciente de todas las batallas que he librado, y de las formas que tienen mis cicatrices internas, pero sólo aquellos que han sido capaces de asumirlas, y aceptarlas en lugar de cargarlas, serán capaces de permitirse nuevas oportunidades: ahí donde todo es posible.
Podría decir quizá, que las segundas oportunidades sólo están disponibles para quien crea en ellas. Por su parte, todos aquellos que cierren su corazón con el sello de la amargura y el rencor, están ventando su propio crecimiento personal, y la oportunidad de ser felices de nuevo.

Llegamos a este mundo con la inocencia de quien no sabe nada y lo espera todo. Nuestros padres son quienes nos guían con más o menos acierto en esos inicios donde el futuro, se nos antoja casi perfecto. Como satinado de mil colores y alcance de la yema de nuestros dedos. No obstante, a medida que crecemos parte de ese hechizo se va rompiendo. Llegan las primeras desilusiones, y comprendemos lo que supone convertirse en adulto. Nadie ofrece algo a cambio de nada, y nadie nos garantiza que vayamos a ser siempre felices.

El mundo gira en su rueda oxidada del tiempo repartiendo destinos. Hay quien piensa que todos llevamos el nuestro fijado casi de fábrica, pero no es así. En esta vida compleja, todo es posible mientras nosotros así lo pensemos, mientras tengas ilusiones, fe y valentía, cualquier cosa puede ocurrir. Hay quien anda en su sendero vital cuidando de no salir de esas marcas, de esas vallas que otros han creado para ellos. Son esos patrones con los que nos han educado, es también la necesidad de cumplir determinadas expectativas, de no defraudar, de no fallar a otras personas…

En ocasiones, nos limitamos a vivir vidas prefijadas por otros porque así nos sentimos más seguros. Sin embargo, nadie puede ser feliz de sintiendo cadenas ajenas, viviendo la vida que otros tienen en mente. De ahí, que valga la pena recordar que todo es posible siempre y cuando tú mismo/a te lo permitas. El mundo es complejo, de hecho, lo es tanto, que gusta de vez en cuando de ser bastante injusto. No obstante, no debemos caer en el error de atribuir todo lo que nos ocurre a esas voluntades externas que marca el destino.

El mundo puede ser complejo, pero sólo nosotros somos responsables de hilar esa madeja y tejer el manto de nuestra vida. Entre todo el caos que hemos vivido, entre todas esas decepciones, es muy posible que en algún momento dejáramos de creer en nosotros mismos. Las personas dejamos de creer en nuestras capacidades y valentía cuando nuestros pensamientos se convierten en ruido, en una música desafinada cargada de emociones negativas. Y nos preguntamos : ¿De qué manera podemos volver a armonizar esos pensamientos? Cambiando la actitud, variando esa actitud limitante y esa carga negativa tomando conciencia de nosotros mismos.

La vida debe discurrir en mi día a día con una sutil armonía donde todo encaje. Nadie debe imponernos algo que no deseamos, jamás pongamos nuestra felicidad en los bolsillos de otros. Toda manipulación, toda vulneración a nuestra autoestima, romperá al instante esa “sinergia” de las que todos deberíamos disfrutar. Permitámonos aquello que necesitamos. A veces, es necesario dejar a un lado lo que sentimos para recordar lo que merecemos. Puede que hoy me sientas dolido o Tu te sientas dolida/o, pero recuerda que merecemos mucho más que el sufrimiento cotidiano. Merecemos ilusionarnos, ser nosotros mismos/as cada día de nuestra vida.

En esta existencia compleja, revoltosa y caótica, necesitamos siempre de un equilibrio interno donde el mundo quede ajustado y bajo nuestro control. Recordar que todo es posible siempre y cuando uno mismo pienses que lo es.



 

cambiar a alguien es la solución.. ?

noviembre 20, 2015

 

No vivimos en un mundo virtual en el que puedes cambiar a los que están a tu alrededor, pues en este mundo real las opciones son solo dos: aceptar o alejarse; pero en ningún momento estará presente la opción de cambiar a los demás. Nadie puede cambiar a una persona, pero una persona puede ser la razón por la que alguien cambie. ¿Cuántas veces has intentado cambiar a alguien? Puedes haber sido tú o pueden haber querido cambiarte a ti. Sea como fuere, esto es algo que, por mucho que nos esforcemos, no podremos lograr. Pensemos en la idea de cambiar a los demás, como el hecho de decirle a alguien que deje de fumar. Si esa persona no quiere dejar el tabaco, por mucho que le digas que lo deje y acepte, no lo va a hacer. Solo debes mirarte a ti mismo y preguntarte: ¿haría algo que realmente no quiero hacer?

Para entender un poco el hecho de que no se puede cambiar a los demás, por mucho que nos empecinemos en ello, quiero contarles una historia que lo leí y me gustaría compartir con vosotros esta enseñanza que nos viene en forma de cuento:

“Un rey caminaba por un pueblo rocoso, se enfadó y dijo: ‘quiero que maten todas las vacas y que alfombren todo el pueblo’. Se juntaron los sabios del lugar y le dijeron: ‘muy bien, rey, tenemos que matar diez mil vacas, curtir todo el cuero y en diez años tendremos alfombrado todo el reino para que nuestro rey no se lastime’. Y vino un bufón que le pidió permiso para decir algo y el rey accedió: ‘¿por qué no matan una vaca, le sacan el cuero y le hacen unos zapatos?’. Y el rey aprendió que era mejor cambiar uno mismo que tratar de cambiar a todo el pueblo.”

Pensemos bien en lo que nos ha querido decir este breve relato. El rey pensaba que cambiar a todo el pueblo iba a ser fácil, por eso nunca pensó en la otra posibilidad. Eso mismo nos pasa a nosotros. Creemos que cambiar a los demás siempre va a ser más sencillo que, por ejemplo, cambiarnos a nosotros mismos.
Esto es algo que aprendemos y que debemos empezar a ver con otros ojos para no cometer los muchos errores que cometemos en muchas ocasiones. Cambiar a los demás nos parece la opción más fácil, mucho más que cambiar nosotros mismos. Porque ahí sí podemos cambiar. El cambio propio es posible, el ajeno ¡no existe!

En ocasiones queremos tanto a la persona que está a nuestro lado que por no perderla queremos que cambie. Pero, ¿sabes lo que implica eso? Cambiar a alguien provoca que esa persona ya no sea ella misma. Le robarás su esencia. Si realmente no te sientes cómoda con ella, si no aceptas cómo es, cómo actúa, ¡aléjate! Es fácil decirlo, pero difícil hacerlo. Eso sí, perderás fuerzas y energías buscando un cambio que nunca se sucederá, pero en el que te esforzarás. Aceptar a las personas tal y como son,  nos cuesta, muchas más veces de las que pensamos. Inconscientemente intentamos cambiarlas.

¿Cuántas veces te has enfadado con alguien porque no actúa como tú quisieras? Pensemos en las parejas que es donde más se sucede este estado de querer cambiar al otro. ¿Que no actúa cómo tú quieres? Cada uno es libre. Si no te gusta su forma de reaccionar ni de actuar ¿por qué sigues a su lado?. Para que las cosas cambien tú tienes que cambiar… Para que las cosas mejoren tú tienes que mejorar. Tú puedes cambiar, pero solo si tú quieres. Imagínate que otra persona te dice que cambies, te insta que así no te soporta y tú intentas cambiar. Eso va a ser imposible. Tú solo podrás cambiar si te lo propones tú mismo.Todos quieren cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo.

Acepta a las personas como son y jamás pienses que cambiar a alguien es la solución. Realmente es una solución fácil e infructuosa que quizás traiga muchas más consecuencias de las que piensas. No te arriesgues. Cambia tú, acepta a los demás.



 

un día más en este antiguo planeta.

noviembre 19, 2015

 

¿Acaso llegó el momento de darnos por vencidos? ¿Será éste el momento de cantar con más fuerza nuestras canciones de amargura, derrota y rabia desenfrenada? ¿Es el mundo un error insensato, una aberración de la consciencia, una pérdida de tiempo para todos? preguntas y mas preguntas que nos hacemos como el pan de cada día.

Cuando nos enfrentamos a noticias como éstas :  La sangre fluye por las calles de París. De nuevo. Gente matando gente en nombre de dioses e ideologías. Tortura, violación, asesinato, impactantes violaciones a los derechos humanos...- A menudo podemos sentirnos tan impotentes, tan decepcionados, tan asustados, tan inseguros; como si estuviéramos viviendo en un mundo que se ha vuelto loco, desquiciado, fuera de control. Todo parece como una pesadilla, como si una especie de fuerza oscura o maligna estuviera asumiendo el control. Algunos comienzan a hablar de la llegada del Apocalipsis. Ciertamente, se puede sentir como el fin del mundo de cuento de hadas en el que algún día creímos.

En medio de la devastación buscamos respuestas, causas, algo o alguien a quien culpar, una forma de dispersar nuestra tensión, una salida para toda esa rabia, dolor y confusión, un escape de esa energía de vida no procesada. Culpamos a los asesinos.  A sus padres. A la sociedad en general. Al cerebro humano. A la comida que consumimos. A los químicos. A las estrellas. A nuestros gobiernos. A las religiones. Codificamos a los asesinos como enfermos, retorcidos, locos, malditos. Nos ponemos en guerra con ellos como lo han hecho ellos con nosotros, deseando más muerte y destrucción sobre ellos y sobre sus hijos, sus madres, sus amantes. Nos adentramos en la milenaria historia del bien contra el mal, de nosotros contra ellos. Consolidamos aún más nuestra identificación con un irreflexivo sentido del yo construido por la mente. Acentuamos las divisiones.

En nombre de la paz, nos convertimos a nosotros mismos en terroristas. Maldecimos a Dios y al universo, y deseamos nunca haber nacido. Tratamos de adormecernos a nosotros mismos, distraernos de esas noticias, con alcohol, drogas, sexo, trabajo, compras, comodidades mundanas. Desestimamos los horrores, retiramos nuestros corazones de los corazones de nuestros hermanos y hermanas en otras regiones del planeta, le damos la espalda a su triste situación, murmurando para nosotros mismos, mientras leemos el periódico en la mañana, lo "fea" y "terrible" que está la situación, sin hacer nada para generar un cambio y una sanación real.

Somos muy buenos para encargamos de difundir el problema, pero nos damos por vencidos cuando se trata de ser parte de la solución. Acudimos a maestros espirituales para que nos consuelen con una charla sobre la naturaleza ilusoria de la vida y la irrealidad de la que todos somos testigos. Regurgitamos frases vacías como 'nada importa', 'todo es un inocente juego de maya,' y 'de cualquier forma, nadie tiene elección'. Calificamos lo que vemos como 'irreal' o 'ilusión' para alejarnos del dolor de tener que confrontar todo el lío y la aparente falta de control de esta manifestación relativa e impertinente. Pretendemos que los acontecimientos del mundo no tienen nada que ver con nosotros, que todo es independiente y que somos personas separadas. 

Caemos en el solipsismo.en la anarquía cerramos nuestros corazones con más fuerza, construimos nuestros muros aún más altos y vivimos en un estado protegido, impregnado de miedo, rechazamos este mundo y soñamos con una perfecta vida después de la vida,utilizamos la 'realidad' de las noticias como una excusa para darnos por vencidos, para cerrarnos, para olvidar lo que realmente somos, dejamos que los 'terroristas' ganen abandonando nuestro camino y viviendo una vida de terror nosotros mismos, y aterrorizamos a otros que etiquetamos como 'malos'. 

Nos sumamos a los problemas que vemos, o utilizamos la aparición de los problemas para vernos más profundamente a nosotros mismos y a la forma en que vivimos y como tratamos a los demás. Vemos la locura como un llamado a la claridad, a la violencia como una invitación al amor, al dolor como un llamado a la compasión, al terror como una invitación a recordar y expresar con más profundidad y con más convicción la infinita inteligencia que somos,justificamos las matanzas? Absolutamente no. 

Sentimos el dolor de las víctimas, y la de sus seres queridos, por supuesto que sí, porque no estamos separados. Haríamos todo lo posible para evitar que este tipo de cosas ocurran de nuevo? Absolutamente. ¿Trabajamos por la justicia? Sí. ¿Nos sentamos tranquilamente y simplemente 'aceptamos'? Si aceptar significa indiferencia y pasividad y soportar, no. Si significa alinearnos profundamente con la vida, sabiendo que el cambio inteligente y la sanación siempre surgen del hecho de sumergirnos en el misterio del momento, entonces, sí. La verdadera aceptación y el cambio creativo son amantes.

En Medio Oriente, un judío donó uno de sus riñones a una Palestina enferma, salvando su valiosa vida. En la India hay una mujer que alimenta y baña a los leprosos porque se ha dado cuenta que todos somos expresiones de una misma consciencia y le alegra mucho vivir así, a pesar de lo que los demás digan de ella. En San Francisco, un hijo toma la mano de su anciano padre y de repente se da el perdón, como por arte de magia; en una forma inesperada, el peso de la violencia y el resentimiento de toda una vida se desvanecen, como si nunca hubiera pasado nada.

¿Qué 'nuevas' les estamos enseñando a nuestros hijos? ¿Les estamos enseñando que han nacido en un mundo esencialmente malo, enfermo y lleno de miedo, y que deben vivir con temor y odio? ¿Les estamos enseñando que la violencia es inevitable y que ya viene 'incluida' en su naturaleza? ¿O les estamos enseñando que todo el crimen y la tortura que vemos en las noticias diarias surgen del olvido de lo que somos, de una falsa y equivocada creencia en la separación?¿Cuáles son las verdaderas 'nuevas' de nuestros días?

¿Les estamos enseñando a renunciar a sus sueños porque hay gente mala allá fuera intentando detenerlos? ¿Los estamos enseñando a renunciar al amor y a la compasión, y al cambio y a la humanidad y a la alegría debido a todas esas 'nuevas'? ¿Les estamos enseñando a enfocarse en lo que está mal en el mundo, a aferrarse a lo 'negativo', a cantar canciones de derrota y desilusión?. Los estamos volviendo ciegos a lo 'negativo' enfocándolos solamente en lo 'positivo'? O los estamos enseñando a reconocer la violencia en el mundo, el dolor, pero estando conscientes de que todo eso es parte de una imagen infinitamente más grande, una imagen en donde todo está interconectado y todo es importante y todo está en equilibrio y nada está escrito sobre piedra?

No debemos nunca utilizar las noticias como excusa para dejar de vivir nuestra verdad, ni por un solo instante. No creas, ni por un segundo, que hay una fuerza en el mundo llamada 'el mal' con algún tipo de poder que sea capaz de vencer a la vida. El terror no puede ganar porque proviene de un craso malentendido acerca de nuestra naturaleza. Solamente nos estamos lastimando, nos estamos apuñalando a nosotros mismos, nos estamos defraudando y en el fondo lo sabemos y siempre lo hemos sabido. Una ola nunca puede separarse del océano, ni tampoco de ninguna otra ola, y más allá de nuestras diferencias de creencias y opinión, todos somos movimientos de la Única Vida, el verdadero Poder, más allá del 'poder' mundano de las armas de fuego y cuchillos de carne con sangre goteando.

Mas que nunca hoy debemos enseñar a nuestros hijos las realidades del mundo sí, pero, lo más importante, muéstrales las realidades de sus corazones y de los corazones de aquellos a quienes llaman 'los otros'. Permite que el juego actual de la violencia sirva para profundizar aún más tu convicción en este don eterno, inmutable que es la Presencia, la Presencia que siempre has conocido, y para confirmar nuevamente tu intención de parar toda violencia en ti mismo, para vivir como tú sabes que puedes vivir. No permitas que las noticias, o las historias que selectivamente se te presentan como noticias te distraigan de la Verdad. Honremos a las víctimas. 

Finalmente recorre tu camino con coraje. Exprésate. Crea. Organiza. Apaga tu maldita televisión. Mantén tu vista en el objetivo real.


 

seguiré intentando hasta mi ultimo suspiro

noviembre 18, 2015


 

Estoy al momento en un proceso de adaptabilidad a vivir día a día con menos medicamentos y poco a poco mermar la dosis de morfina, este proceso no sólo se ha debilitado mi estado físico, sino también mental, ha ido mermando las aspiraciones por recuperarme, tengo permanecer imposibilitado de hacer diferentes actividades. Cuando no noto una mejoría o pareciera que los tratamientos no surten efecto, siento rechazo hacia el doctor que me está atendiendo y no a mi cuerpo o mente por no mejorar. También creo que mi médico resta importancia a lo que experimento o creo que éste no tiene interés en mi caso, puede que yo este equivocado en estas apreciaciones, pero es lo que siento.Creo que debo aceptar lo que no puedo cambiar, lo que sucede porque así ha sido e intentar ayudarme, superar y avanzar. Pienso que hay muchas cosas en esta vida que no se pueden elegir y que sin duda aceptamos, por ejemplo, a nuestra familia.

Tu sabes mejor que nadie, que en mi vida han ávido muchos momentos en el que me he derrumbado completamente como el que estoy hoy pasando, producto de los medicamentos y mi estado de salud. Y cuando ese momento pase, estoy seguro que voy a seguir adelante, se perfectamente que la vida es un extraño carrusel donde lo bueno y lo malo nos visita por igual, pero somos nosotros, con nuestras actitudes, y nuestros pensamientos, quienes debemos empujar a esta rueda para que siga girando, con optimismo y esperanzas renovadas para que al final, llegue lo que merecemos pero es tan fácil escribir lo difícil es poner en practica y lo intento y seguiré intentando hasta mi ultimo suspiro, de eso puedes estar segura.

Todo tiene solución, absolutamente todo. No es cuestión de reparar, sino de mirar hacia delante. Si no la encuentro, si me encuentro tan cegado que no lo veo, pienso y  se que no estoy solo, y no debo limitarme. Las soluciones están ahí, solo que a veces ¡no las veo! Las cosas hay que pensarlas porque si no esas soluciones drásticas que estoy adoptando, probablemente, sean erróneas o surjan de nuevo en un futuro cercano. ¿Qué es lo que me hace sufrir a mi? Estoy en el proceso de descubrirlo y poner hoy solución. No debo sufrí inútilmente, ya que ello me alejará cada vez más de encontrar mi propia y plena felicidad.

Se que la vida no es perfecta ¿Y qué? No lo es, no lo ha sido y nunca lo será. Esto es lo que hay que aceptar. Aceptar significa comprender que las cosas a veces están a mi favor y otras veces no, y eso es algo normal, forma parte de mi vida y además está bien, ya que si todo fuese perfecto, nunca valoraría el hecho de que las cosas nos sean favorables. Por lo tanto,se que es muy importante decirse a uno mismo: intentaré que las cosas me vayan bien y pondré todas mis fuerzas en ello, pero si no sale, mala suerte, hay cosas que no dependen de mí y no me enervaré por ello más de lo necesario. Ya se abrirán otras puertas. Y no basta con repetirlo como un loro, hay que creerse lo que uno se dice porque es la única realidad. Se que me encontraré con  mil piedras en el camino y más vale que acepte cuanto antes que esto será así. Aceptar me ahorrará muchos sufrimientos innecesarios.

En estos días he tenido la sensación de estar en caída libre puede llegar a ser placentera por un tiempo. En ese momento,me he dado cuenta de que estoy disfrutando de un viaje hacia la inmensa oscuridad. Un dudoso y terrible destino que a ratos me parece agradable. Pienso, me dejo llevar y aprovecho las vistas, la sensación de libertad y la incapacidad de sentir dolor porque todo lo malo de mi vida se ha agolpado y ya me da igual. Que extraña forma, me he enamorado de mi depresión, pero no seguiré así ya que debo reaccionar ante la caída libre con prontitud. Cada día que pasa y me dejo llevar por la inercia de los acontecimientos, es un tiempo precioso que estoy perdiendo y que nunca recuperare. Pienso que cuanto más abajo este, mayor es la distancia que he de recorrer para volver a levantar el ánimo y salir a flote. No debo dejarme llevar por la extraña sensación de tranquilidad que me ofrece este estado de tristeza y debo detener el desastre a tiempo.

Sabes dedico cada día de mi vida un ratito a escribir y reflexionó sobre el rumbo de mi vida y trato de dirigirla hacia la verdadera dirección en la que deseo que vaya. intento no dejarme llevar por los excesos y las personas manipuladoras. En definitiva, debo ser yo mismo, con lo bueno y lo malo, con coherencia y sensatez, y por supuesto he aprendido a vivir con la oscuridad que pueda haber en mi corazón. Los seres humanos somos imperfectos por naturaleza. Eso no significa que debamos dejar aflorar nuestros más bajos instintos. Lidiare con lo malo que tenga y me propongo luchar contra mi negatividad para vencer la batalla y limitarla en una oscura celda en lo más profundo de mi ser.

No debo rendirme debo ser persistente y luchador. Apoyarme en la gente que me quiere, y si estoy en caída libre como yo lo llamo, sentiré cierta ira y desgana pero debo pensar que mucho de esos sentimientos negativos están en mi cabeza y corazón y debo desplazarlos y deja aflorar poco a poco mi alegría, ganas de vivir y amor.

Pienso en todo momento en levantar el vuelo, y no en la engañosa sensación de placer temporal que me ofrecer la caída libre. Rara vez los caminos rápidos y fáciles son los acertados. El atajo puede servir un día, pero el esfuerzo perdurará para siempre.


 

que es mi vida

noviembre 16, 2015






La sonrisa de la infelicidad consiste en hacer creer a los demás que todo va bien, con una amplia sonrisa, que muestra que eres feliz. Mientras que en realidad estás por los suelos, mientras que en la realidad te has vuelto a caer otra vez, mientras que lloras en la oscuridad. 

Es irónico sonreír cuando lo de dentro está destrozado .Pero a veces es mejor no preocupar a los demás, no darles más problemas. Sacar lo que te atormenta a solas, sin nadie. No es falta de confianza, ni sobrades de orgullo. Es intentar levantar solo, sin ayuda. Estoy orgulloso de mi corazón, ha sido despreciado, roto y engañado... Pero todavía funciona de maravilla!!!  

Lo curioso del destino es que está escrito con tinta invisible. Lo perseguimos con sin descanso, a veces con los ojos entreabiertos, como intentando no mirar a donde vamos. O quizás sea que pretendemos engañar a nosotros mismos o algún otro, y quitarle mérito al destino. Que es el único que desentraña, desata, destapa, descubre. Tantas cosas que deshace cuando en realidad tan solo construye. Se necesita tristeza para conocer la felicidad, ruido para apreciar el silencio y ausencia para valorar la presencia. 

No se puede luchar contra el destino, lo tiene que tiene que ser será. 

Dios perdóname por los días en que me pongo triste y desesperado, cuando tú me das muchas razones para estar feliz y tranquilo.

Así es a veces mi vida.

 

el blanco fácil de nadie

noviembre 16, 2015



He llegado a la conclusión de que nunca acabaré de memorizar cada una de mis cicatrices, porque las sigo confundiendo con heridas, cuando me empeño en abrirlas. Me he dado cuenta de que el amor no tenía nada que ver con lo que me habían contado, sólo tenía que ver conmigo y sólo lo he sabido cuando en mitad del huracán he necesitado crear mapas con la piel de mi espalda. 

Sigo leyéndome a mi mismo y aprendiendo a conocerme. 

He aprendido que no es a la tercera cuando te das por vencido, porque nunca debes de rendirte. Que voy a tropezar, a caer y a hacerme muchísimas heridas, que voy a querer tener un doctorado en huidas, pero jamás me daré por vencido. Porque sin andar no hay camino y sin camino no hay historia, ni victoria, sólo derrota. Además, andando hacia atrás, uno siempre tiene más probabilidades de tropezar con la misma piedra. 

También he aprendido que la magia del naufragio no esta en llegar a ser superviviente, sino en aprender a bailar con el vaivén del mar, en mitad de la tormenta, agarrar el timón, aguantar el tirón, enamorarte de la corriente, ser paciente que las nubes se irán. 

¿De verdad crees que voy a rendirme? 

Los que están apuntándome con el dedo, deben saber que sigo siendo yo el que me pongo la pistola en la sien y el que decido si apretar o no el gatillo, que no hay más balas para mí que las que yo misma fabrico y no tengo más heridas que las que yo me hice por voluntad propia. Lo bueno de tener el corazón hecho pedazos es eso, que las balas de los demás tal como entran, salen. 

En fin, que no necesito la saliva de nadie para curarme, eso tuve que aprender a hacerlo yo solito; que por mi suerte o para tu desgracia, todavía no voy a ser el blanco fácil de nadie. En fin, lo doy todo por esos amigos/a que me agarran cuando me faltan las fuerzas, que aunque llegue el día que la sonrisa se me tuerza, siempre van a estar ellos sujetando mi mundo.

Gracias.

 

ahuyenta la depresión

noviembre 13, 2015
 



Quisiera hoy animar a todas aquellas personas que me dicen ¡que fuerza tienes! ¡que valiente eres! Yo creo que tú también podrías porque yo nunca me imaginé todo lo que me iba a pasar pero sin saber el porqué tienes que tirar adelante cada uno haciéndose de sus propias herramientas, ante otra cosa porque quieres seguir disfrutando en esta vida, porque son muchas las alegrías que se tienen, porque cuando te levantas y ves un día lleno de color no estás dispuesto a renunciar a él sino al revés, a seguir caminando, todo esto y mucho más es lo que te da fuerzas.

Y es que, la vida te pondrá pruebas que seas capaz de saltar. En más o menos medida, cada uno tiene por lo que luchar, por seguir adelante, unos lo llevan mejor otros peor, se pasan días de agobio, incertidumbre, desesperación pero cuando ha pasado tal acontecimiento, te das cuenta que has saltado una vaya importante en tu vida lo cual, supone que has madurado, has entendido cosas que antes quizás no entendías, que no tienen tanta importancia algunas pequeñeces que antes te resultaban un mundo.

Pasan muchas cosas a nuestro alrededor cuando superamos una prueba pero no te das cuenta en el momento; la reflexión viene los días, semanas, meses de después que en cierta medida plasmas en tu mente “ un antes” y “un después”, “lo que era” y “lo que soy”, sin tener por qué perder la esencia de uno mismo.

En cada persona, cada casa, cada familia, hay algo que saltar que aunque a ti te pueda parecer pequeño, para ellos es el mayor problema. Por ver a alguien que vista bien, tenga trabajo, dinero, etc. no significa que esté en las mil maravillas; siempre tendrá algo que superar. Y es que, no sé porqué los humanos no nos contentamos con pensar que “ hay cosas peores” siempre queremos ser nosotros “los mejores”, queremos que lo nuestro esté bien y ya está, por eso cada uno mira para su lado.

Me comentaban “hasta que no te pasa algo, no te das cuenta de lo que realmente merece la pena”. En la mayoría de los casos, tristemente es así pero os planteo una pregunta ¿estamos continuamente esperando a que nos pase algo para valorar una cosa más que la otra? Os digo como última cosa, salid a tomar el sol que es una fuente llena de energía y alegría (ahuyenta la depresión), que da vitaminas, que refuerza los huesos, que mejora el aspecto de la piel.

No creo que la gente deba tomarse la vida como una lucha constante,pues atribuimos la palabra "lucha" a la definición más común. Creo que aquí estamos para disfrutar, para tener alegrías, motivaciones, es como una preparación. Eso no quita que puedan darse diferentes circunstancias en la vida personales y/o profesionales, pero no por ello somos las peores personas, no por ello debemos caer en machacarnos nosotros mismos psicológicamente, entre otras cosas. "Somos lo que pensamos" y por ello debemos tener un pensamiento positivo y optimista para sentirnos bien y para irradiar ese bienestar, esa alegría. Créeme,hay mucha gente que teme la felicidad, pues cuando todo mejor le va, se hacen típicos comentarios de "ojalá dure esto para toda la vida, que buena racha llevamos". A mi parecer, se está dando a entender que esa racha finalizará y vendrá una peor.

A parte de los círculos familiares, de amigos, más afinidad o menos, estamos solos ante la vida. Somos únicos e irrepetibles. Nos vamos dejando unos a los otros. Ahora ha sido tu padre, con el tiempo, tú serás abuela y, más adelante serás tú quien dejes a tus hijos. Es así, por ello hay que buscar la felicidad y las cosas en uno mismo y no delegar funciones a otros.


 

un poco agobiado conmigo mismo

noviembre 13, 2015
 


Llevo unos días anímicamente regulares, hoy ha sido cuando “más bajo” he caído. No he tenido ganas de levantarme, de andar, de leer, de escribir, en fin, no he tenido ganas de nada. Esta mañana intenté animarme un poco a mi mismo, intenté confiar en mí, en mis posibilidades, mi capacidad, mi esfuerzo. Sé que otras veces me he demostrado a mi mismo que puedo hacer tal o cual, pero realmente hoy el día ha sido totalmente apático. 

Tal y como otros días he estado deseando que llegara el amanecer, que amaneciera para ver la luz del alba; hoy, sólo he tenido ganas de que tardara más en amanecer y deseando estoy que anochezca para meterme en la cama, dormirme y a ver si mañana emprendo el día con más entusiasmo, más alegría, más ganas, más fuerza. 

No me gusta hablar para nada de cómo me encuentro psicológicamente, sobre todo cuando es para mal, porque he creado esta pagina web con la intención de animar a la gente y animarme a mi mismo pero hoy me he decidido a contarlo y es que llevo varios días un poco agobiado conmigo mismo, qué pasará con mi vida, qué puedo hacer, dónde me llevará todo esto y… de nuevo las típicas preguntas, ¿por qué yo? ¿por qué tanto tiempo? ¿qué espera de mí la vida? ¿qué quiere que haga? Suelo soñar con que venga un aladino de una lámpara maravillosa y me transforme con su varita mágica y cuando me doy cuenta que no será así nunca, me vengo abajo, se me echa la montaña encima.

Me siento y me encuentro como “taponado” pues siento la necesidad de hacer muchas cosas, de emprender varios proyectos, de exprimir los potenciales que pueda tener y de “lanzarme al río” con todo pero me encuentro limitado, me encuentro “atado”, “ahogado”. A veces pienso con intentar ponerme una solución, pero esa solución que yo pienso me da mucho miedo. En fin, me acostaré hoy y soñaré con que mañana será un día mejor. Espero que así sea y pasaré a contarlo.


 

no te sacrifiques por nadie

noviembre 12, 2015

 

El amor nunca se malgasta aunque no te lo devuelvan en la misma medida que mereces o deseas. Déjalo salir a raudales abre tu corazón y no tengas miedo de que te lo rompan. Los corazones protegidos, acaban convertidos en piedra. Esto quiere decir que aunque tengamos malas experiencias, aunque sintamos que se han aprovechado de nosotros, que no nos han sabido corresponder o que ha primado el egoísmo en aquellos que nos rodean, no tenemos que tirar la toalla. Es decir, que en cualquier momento y en cualquier lugar podremos encontrar la reciprocidad y cultivar relaciones saludables. Dar amor siempre tiene sentido, no es algo que tal cual compartimos, perdemos. Lo que ocurre es que dar mucho y recibir poco también cansa. Así que la clave está en no poner todas nuestras esperanzas y expectativas en un sentimiento, pues este puede no ser correspondido y, como consecuencia, poner patas arriba nuestra vida.

Lo que tenga que llegar llegará de un momento a otro, pero no como un pago por nuestras acciones, sino como una situación natural de la vida.Hay relaciones de pareja y de amistad que están abocadas al fracaso debido a la total ausencia de gratitud y de reciprocidad. Esto es simplemente para mantener un
sentimiento vivo hay que trabajarlo, prestarle atención y regalarle momento. No obstante, debemos tener cuidado y no sobrepasarnos en exigencias. 

¿De verdad necesitamos que nuestra pareja nos dedique cada segundo de su tiempo y cada pensamiento?. Si es así entonces tendremos que revisar nuestro estado emocional, trabajar nuestras necesidades y deshacernos de ciertos anhelos e ideas emocionales que comprometen nuestros sentimientos. Para amar hay que emprender un trabajo interior que solo la soledad hace posible.

Me he dado cuenta de que hay alguien que me ha estado esperando durante mucho tiempo. Ese alguien soy yo. Ya es hora de darme la oportunidad de sonreír y de dejar de correr detrás de alguien que no quiere ser alcanzada y que solo muestra indiferencia. Dicen que lo contrario del amor no es el odio, sino la indiferencia. Dicen que esta mata el cariño, que no se debe ser perezoso con lo que se ama, que la indiferencia es el peor castigo y que constituye un verdadero desatino descuidar aquello que amamos. No es bueno correr detrás de alguien que ya sabe donde te encuentras. Eso te desgasta, te merma, te destruye, te hace daño, te duele… No podemos permitir que el menosprecio de la ausencia de interés nos atormente. Valemos mucho más de lo que creemos.  

Buscando a quien no desea encontrar solo recibirás indiferencia. Dicen que no existe la falta de tiempo, que existe la falta de interés, porque cuando la gente realmente quiere, la madrugada se vuelve día, martes se vuelve sábado y un momento se vuelve oportunidad. No te sacrifiques por quien no lo haría por ti, solo obtendrás a cambio indiferencia. Mejor dicho, no te sacrifiques por nadie porque quien bien te quiere no te reclama si tiene conciencia de que sus peticiones causarán dolor o desventaja en tu vida. 

Hay que dejar de insistir y de golpear aquellas puertas que no quieren abrirse para ti. El cariño no puede soportar a la indiferencia, están reñidos por toda la eternidad y sin posibilidad de reconciliación. El cariño no es algo que deba suplicarse. Por eso tenemos que trabajar nuestra dignidad, resurgir y dejar de esperar que los milagros afectivos sucedan.

Para ser felices tenemos que aprender a ignorar a aquellas personas que nos castigan con la indiferencia y que nos hacen cuestionarnos nuestra valía personal y social. Así que debemos plantearnos cómo generar distancia emocional, cómo buscar oxígeno y contar hasta tres cuando nos cruzamos con ellas. Cada uno de nosotros tendrá diferentes vías de escape para respirar aire psicológico y así saludar a sus emociones, a su sensibilidad, a su auto respeto y a su amor propio. Para esto tenemos que reflexionar, echar fuera la frialdad de quien manifiesta poco interés por nuestros sentimientos y nos hace sentir menospreciados. De esta manera lograremos rodearnos de toda esa gente emocional que nos hace sentir que el mundo es un buen lugar. Así, liberados de todo lo que nos aprisiona, podemos dar luz verde a la vida y permitirle que nos sorprenda sin dañarnos. Por eso, no esperes nada de nadie, espéralo todo de ti, pues el resto llegará cuando menos te lo esperes.


 

al levantarse por la mañana

noviembre 12, 2015

 

Hay un refrán de Confucio que es muy popular dice : Es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad. Esta es una sabia frase sobre el valor de la positividad en nuestras vidas.¿De qué vale realmente lamentarnos o quejarnos? Tan solo de sentirnos mal con nosotros mismos, con nadie más. Si nos quejamos y culpabilizamos constantemente, nos encontramos focalizando nuestra mente en lo negativo. ¿Por qué no buscar lo positivo de las situaciones o el aprendizaje que podemos obtener?. Aunque nos resulte complicado, somos capaces de ver cualquier cosa de modo diferente trabajando nuestra inteligencia emocional

Te lo digo por experiencia propia el dolor, por fuerte que sea, se hace más llevadero si uno está convencido de que con el tiempo se curará. La peor calamidad es tolerable si uno cree que pasará. La angustia más penosa se alivia tan pronto como la tranquilidad está al alcance de la vista. No podríamos vivir si ante una situación de dolor, no pensáramos automáticamente que pasará, que el tiempo curará nuestras heridas. Los malos momentos son eso, momentos. Ese es el pensamiento que debemos tener en nuestras mentes cuando estamos pasando malos  momentos. Por algo dicen que cuando una puerta se cierra, se abre una ventana. Intentar ser positivos, incluso en los malos momentos, nos ayudará profundamente.

El anhelo de curarnos constituye la mitad de nuestra salud. La mente es poderosa…Cuando enfermamos el solo hecho de pensar que nos vamos a curar, ayuda a la enfermedad tremendamente. Está comprobado que las personas pesimistas tardan mucho más en sanar que las optimistas. Entrena a tu mente y conviértela en tu aliada en tu mejor medicina.

Si cada día nos levantásemos con las ideas claras, con el propósito de que nosotros somos los que manejamos y gestionamos nuestras propias circunstancias, sentiremos que todo nos sale mejor. La cuestión está en que si las circunstancias no son las idóneas, hay que construirlas, inventarlas o reinventarlas. Seamos nosotros los que vayamos a buscar las oportunidades, por que las personas que funcionan bien en este mundo son las que al levantarse por la mañana buscan las circunstancias que quieren, y si no las encuentran las inventan.Dicen que una imagen vale más que mil palabras, pero a veces no tiene por qué ser así…Hay palabras que llegan directas al corazón como fuertes dardos que nos emocionan, nos transportan al pasado, nos proyectan al futuro o nos devuelven ilusiones perdidas. 

Cierto es que cada uno de nosotros es un mundo y creamos la realidad a nuestra manera. Cada uno de nosotros tiene sus propias creencias, sus propias opiniones y eso sin duda, nos hace sentirnos únicos y diferentes. Es imposible vivir conforme a las creencias de los demás en todo momento y ser coherentes con nuestros pensamientos y nuestras acciones. Plantearlo de forma clara y sincera a los demás, mostrarles nuestro punta de vista mientras respetamos el suyo, nos alejará de pensamientos contradictorios interiores. Los seres humanos creemos en lo que queremos creer, en lo que nos gusta creer, en lo que respalda nuestras opiniones y en lo que aviva nuestras pasiones.

Sin duda, nuestra relación con los demás, condiciona nuestras vidas. Junto a otras personas vivimos momentos mejores, peores, irrepetibles… y de esos momentos, nacen vínculos casi eternos en ocasiones, aunque en otras se debilitan para dar paso a formar otros nuevos. Los seres humanos estamos para complementarnos, en lo bueno y en lo malo. Así es la vida, una relación de relaciones.El secreto de la humanidad está en el vínculo entre las personas y sucesos. Las personas ocasionan los sucesos y los sucesos forman a las personas.

Ser constantes, pacientes y no cejar en el empeño, construye la fortaleza para seguir caminando hacia nuestros sueños. Aunque muchas veces nos irritemos y pensemos que esa persona ha tenido más suerte que nosotros con la mitad de esfuerzo, nunca debemos de dejar de creer en el esfuerzo. Detrás de grandes personas, hay grandes esfuerzos.



 

el acto de decir adiós

noviembre 11, 2015




Ojalá las cosas fueran más fáciles. Ojalá existiera una poción mágica para el desamor, para cerrar las puertas del corazón a quien ya no nos quiere, y practicar el arte del olvido como quien deja caer una piedra a un río y ve cómo desaparece en las profundidades. Decir adiós requiere coraje, es un acto de voluntad personal por una necesidad vital. Es cerrar un círculo donde nos decimos a nosotros mismos que ya no vamos a permitirnos sufrir más, porque quien solo te regala ausencias no merece tu presencia.

No existe pues el olvido inmaculado que no deja huellas o cicatrices. Porque decir adiós implica en ocasiones tener que sanar muchos espacios, muchos agravios y dolores del alma que el tiempo no siempre alivia con el simple pasar de las hojas del calendario. El tiempo no cura si nosotros no ponemos de nuestra parte. A veces no es el amor lo que se termina, sino la paciencia, esa que dicen que es santa, porque resiste vientos y mareas y siempre acaba dando más de lo que debería. Ahora bien ¿Cómo no ofrecerlo todo por esa persona con quien hemos construido un vínculo afectivo y vital, e incluso un proyecto de vida? Está claro que queda justificado el que cedamos en ocasiones más de la cuenta, que perdonemos hoy mañana y pasado, y que esperemos un poco más con la esperanza de que las cosas mejoren…

En ocasiones, la realidad acaba cayendo por su propio peso para abrirnos los ojos. Nuestro corazón no puede borrar de la noche a la mañana lo que siente, pero cuando se pierde la paciencia uno empieza ya a quitarse una tras otra, todas las vendas que lo cegaban. Hay quien dice que la paciencia es una virtud, pero está claro que esta dimensión no puede aplicarse a todos los ámbitos, y que además, debe tener unos límites. No podemos pasar una vida entera siendo pacientes viendo cómo se vulneran nuestros derechos, nuestras necesidades como seres que necesitan reciprocidad, cuidado, afectos y reconocimiento. El amor requiere compromiso, voluntad y paciencia… pero hasta cierto punto.

¿Cuántas veces en tu vida te has visto obligado/a a tener que decir adiós? En realidad, no importa las ocasiones en que lo hayas hecho, lo esencial es que a lo largo de nuestro ciclo vital es necesario romper más de un vínculo, aunque ello nos ocasione sufrimiento. Decir adiós es crecer, es permitir encontrarnos de nuevo con nosotros mismos porque por determinadas circunstancias, algo o alguien nos estaba alejando de esas esencias inquebrantables que son la felicidad y el equilibrio con nuestro ser.

Te digo adiós porque sé que ya no me necesitas, porque no soy tu prioridad, por que tus vacíos me llenan de carencias y porque a pesar de no que no lo digamos en voz alta, hace tiempo que nos despedimos. En realidad, podríamos decir que la propia despedida en sí no duele tanto como el contener las ganas por volver. Por qué es ahí donde se halla no solo nuestra propia fortaleza, sino nuestra dignidad. No te permitas nunca ser débil y correr detrás de quien no te necesita o ya sabe dónde estás. De hacerlo, te estarás haciendo un daño profundo a ti mismo, a tu autoestima y su vez, le estarás ofreciendo poder a una persona que tiene en su mano la llave de la cerradura de tu infelicidad. Eres tú quien debe tener esa llave, tú quien debe mantener las riendas de su vida sabiendo en todo momento por quién vale la pena invertir tiempo, sueños y esperanzas. Decir adiós es un acto de valentía y la mejor expresión de amor propio. Es necesario asumir que el acto de decir adiós, de dejar ir, implica pasar por el proceso de un duelo. Son muchas las personas que lejos de entenderlo de esta forma, deciden aferrarse al día a día sin haber gestionado pensamientos y emociones.

Decir adiós a una persona que era significativa para nosotros requiere en primer lugar entender qué ha ocurrido, qué ha generado esa separación. Es necesario aceptar que o bien ya no somos queridos, o bien, que es necesario dar por terminada una relación que ocasiona más sufrimiento que felicidad.Las rupturas de vínculos requieren algún tipo de desahogo emocional, ya sea con lágrimas o con palabras. La aceptación llega día a día, con lentitud pero sabiéndonos seguros, sintiéndonos bien con nosotros mismos porque hemos tomado la opción adecuada. Decir adiós sin rencor, odio o desprecio no siempre es fácil. En el momento en que somos conscientes de que no nos necesitan, de que han dejado de querernos o de que nos ofrecen un amor envenenado o doloroso, lo que sentimos es indefensión y rabia.

Ten en cuenta que toda emoción negativa va a impedirte cerrar ese circulo. Es una carga que vas almacenar y que de alguna manera, implica que sigas “unido/a a esa persona”. La rabia, el odio y el rencor dejan huella en nuestro carácter y nuestras emociones. Hace que seamos desconfiados, y de que esa rabia genera aún más negatividad contra nosotros mismos. Libérate de todo, despréndete de quien no te necesita y de toda emoción negativa que implique seguir anclado a quien te hizo daño de algún modo. Todo ello te permitirá avanzar con más ligereza. Si acumulas cada piedra del camino, al final no podrás caminar en tu sendero de la vida. Quedarás encallado/a. Libérate. Cuando mantenemos una relación disfuncional, es decir, ahí donde experimentamos sufrimiento, desengaño y donde lejos de crecer se quiebra nuestro equilibrio personal, lo que hacemos en realidad es alejarnos de nosotros mismos.

Decir adiós implica hacer un delicado viaje de retorno. Necesitas curar heridas, atenderte y tirar de ese hilo dorado de tu esencia, para recuperar no solo a la persona que eras antes, sino también para crear a quien deseas ser ahora. Deseo ser esa persona que es capaz de decir adiós y dejar ir, para que vengan cosas nuevas. Cosas mejores. Deseo ser quien era, y aunque soy consciente de que ya he perdido parte de mi inocencia, y ese destino ligado a quien dejé atrás, sé que soy artífice de mi futuro. Sé que voy a andar con ilusiones renovadas, que no voy a ser víctima, sino alguien capaz de aprender de lo vivido y a convertirme en quien deseo ser.



 

un profundo miedo infundado

noviembre 11, 2015


 

Muchas veces tenemos miedo… miedo a lo que podríamos no ser capaces de hacer. Miedo a lo que podrían pensar si lo intentamos. De esta manera dejamos que nuestros temores se apoderen de nuestras esperanzas. Dichos temores nos azuzan la existencia cotidiana, con punzadas imperceptibles y no como aliciente.

Quien no está preso de sus necesidades, está preso de sus propios miedos. Unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen y otros por el pánico de perder lo que ya tienen. Vivimos entre temores. No es  que carezcamos de valor, es que nuestra actitud  nos ayuda a caer a veces en la temeridad y la cobardía, siendo la perseverancia la virtud para no caer en los extremos. La ansiedad o la angustia son situaciones que aparentemente significan lo mismo: en general es un estado de ánimo relacionado con el miedo, que provoca en nosotros una inquietud y un malestar interior, así como una reacción corporal que nos predispone a enfrentarnos a un peligro inminente.
            
Existen situaciones que nos paralizan. Realmente, en cada situación habitan posibilidades inquietantes, asuntos que podrían derivar en malas direcciones. Sin embargo no debería ser así, No deberíamos tener miedo a todo lo que no podemos controlar, ni miedo a lo desconocido, ni a lo diferente, sólo a lo que podamos vivir como un peligro amenazante a nuestra forma de vida. El hecho es, que ese temor nos acompaña como una sombra casi constitutiva, pensando siempre en lo que ocurriría de no ir bien las cosas. Hay quien siempre y en cada instante está pensando en lo que sucederá.
            
El miedo adopta diferentes formas, miedo a no ser recompensados, miedo a fracasar, miedo de nuestra propia debilidad, miedo al sentimiento que genera en nosotros tener que llegar a cierto punto y no ser capaces de lograrlo, etc. Sólo el hecho de vivir, es encontrarse con esos temores, compartiendo con ellos la jornada diaria. Y a través de vivirlos debemos ser capaces de sobreponernos a estas persecuciones permanentes, o al menos saber “caminar” a su lado. Todo lo que hacemos, lo hacemos con el pensamiento. Pero nos preguntamos,  si debemos detener el pensamiento, en una pregunta poco acertada, pues quien quiere detener el pensar, siempre estará sometido a continuos temores.
             
Tenemos que tener presente que el tiempo y el pensamiento son las fuente del miedo. Debemos estar siempre dispuestos a ver la realidad de las cosas. Siempre es necesario que pongamos todo nuestro ser en descubrir la relación que tenemos con el mundo, para dominar nuestros propios temores, asumiendo con fuerza y en cada instante, estar dispuesto a elegir en cada momento las mejores resoluciones, e incluso afrontar las consecuencias de los hechos. Siempre un conjunto de pequeños temores, nos pueden evitar todo un profundo miedo infundado y conseguir una victoria personal antes cualquier empeño que estemos dispuesto a realizar.


 

para llegar a soluciones positivas

noviembre 11, 2015
A lo largo de nuestra vida nos encontraremos con grandes obstáculos, con dificultades extremas, que nos hacen pensar que no vamos a ser capaces de lograr nuestros objetivos, que vamos a fracasar y que no merece la pena seguir luchando.        
             
Todo lo comprendo. Pero  la clave para no desistir es tener una mente clara, es decir, que sepamos siempre hacia donde nos dirigimos y un corazón valiente lleno de coraje  para atajar todas las adversidades. Vivimos en una sociedad emocionalmente cansada; así nos lo dicen diariamente los medios de comunicación, una sociedad que se queja demasiado, que es triste, a la que le falta proyecto individual y colectivo. En verdad todos somos hijos de esta sociedad que nos ha tocado vivir, con mucha información, pero desgraciadamente con pocas ilusiones.
             
Considero que un error, es siempre una fuente de aprendizaje, algo de lo que tenemos que sacar lecciones valiosas para emprender nuevas metas, y enmendarlo para que ese fracaso no nos hunda. Cuántas veces hemos oído decir: “el camino nunca es fácil, tiene tantas rosas como espinas. Comprendo que si fuera tan sencillo, no valdría la pena. Por eso cuando cometemos errores, cuando las cosas no nos salen bien, debemos volver a levantarnos y seguir intentándolo.
             
Si fijamos nuestra mente en la idea de rendirnos, no es una opción, no podemos darnos por vencidos y continuar luchando. En cierto que podemos tener más o menos éxito a la hora de conseguir esos objetivos que nos hemos planteados pero, lo que está claro, es que tenemos muchísimas más posibilidades de triunfar si seguimos luchando que si nos damos por vencidos, puesto que al rendirnos nuestras posibilidades irán reduciéndose a cero.

Si, ¿por qué darnos por vencidos? Si el impulso que realmente necesitamos para no tirar la toalla, siempre está dentro de nosotros mismos. Pero lo reconozco, el cuerpo humano tiene un límite y es cuando decimos; “esto es imposible” “no hay manera de hacerle comprender”  “por mí no a ha quedado”; son estas y algunas más, las que se nos vienen a la mente cuando realmente no encontramos solución a lo pasado. 

Sí, es muy triste, existen días y momentos en los cuales sucumbimos y nos dejamos llevar por la derrota. ¿Cómo superar nuestras limitaciones y bloqueos, para conseguir reforzar nuestra autoconfianza? ¡No es nada fácil! La motivación es un “motor” propio que nos sale de dentro. Entonces, ¿qué cosa nos falta?
             
El que dispone de voluntad en sí mismo, ya dispone de una motivación para vencer esas dificultades, y si al mismo tiempo es capaz de renunciar a la satisfacción de lo inmediato, seguro que tendrá visión de futuro. 

Los triunfadores no se hacen de un día para otro, sino de empujes, desvelos y obstinaciones, para llegar a soluciones positivas. Aprender a vivir, es ser capaz de superar las frustraciones que la vida nos impone con su devenir, con el único fin de encontrarnos con lo mejor de sí, braceando contra el oleaje, a pesar de que la vida nos impida avanzar.

He dicho...
                   Patricio Varsariah.
 

dar sin expectativas y sin temores

noviembre 10, 2015


 
Al sentirnos dañados por asuntos dolorosos con los que hemos tenido que convivir, tendemos a crearnos una capa de protección, cubriendo nuestras heridas con todas las capas que creemos convenientes. Estas capas nos sirven para determinadas situaciones, sin embargo, no nos permiten mostrar nuestra intimidad, incluso nos cerramos al amor. Nuestra belleza, y esencia de cómo somos realmente está bajo todas esas capas, y permitimos a muy pocas personas, y durante cortos periodos de tiempo acceder a nuestro ser más puro e inocente, donde más vulnerables nos encontramos, y a la vez más auténticos somos.

Cualquier experiencia que nos lleve al contexto de nuestras heridas hace que nos pongamos a la defensiva; ya que emerge un propio sentimiento de culpabilidad del que pretendemos escapar. Cerrar nuestras heridas requiere de paciencia, de conciencia sobre lo que nos ocurre; de aceptación, y de un gran valor para exponernos al mundo que nos rodea; sin temor al daño con el que nos podamos encontrar; abriéndonos poco a poco a las experiencias que nos brinda la vida. Por supuesto que te haré daño. Por supuesto que me harás daño. Por supuesto que nos haremos daño el uno al otro. Pero esta es la condición misma de la existencia. Para llegar a ser primavera, significa aceptar el riesgo de invierno. Para llegar a ser presencia, significa aceptar el riesgo de la ausencia.

Al hacernos conscientes de nuestras heridas, y lo que suponen en nuestras vidas, estamos a su vez en una mayor apertura para experimentar la gratitud. Puesto que permitimos una mayor conexión con las demás personas; a través de la confianza y la comprensión, dejando a un lado el temor a que nos puedan traicionar. El miedo y la desconfianza impiden que experimentemos el sentimiento de agradecimiento, manteniéndonos alerta ante la posibilidad de que haya un interés oculto. Cuando recibimos un halago, nos reconocen nuestra labor en algún ámbito, y nos ofrecen unas palabras bonitas acerca de lo que suponemos para alguien; de inmediato se enciende la alarma, interpretamos que existen unos intereses ocultos, y que, lo que nos están diciendo no es real.

En esas ocasiones estamos dejando de ser agradecidos, al desviar la atención y centrarnos en nuestros miedos, que son los que permanecen constantes e impiden que encajemos cualquier muestra de afecto y aprecio. Boicoteamos así nuestras vidas aumentando nuestras capas de protección, que nos vuelven impermeables incluso ante la experiencia del amor.

La gratitud se puede expresar de muchas formas, a través de nuestra conducta, con un gesto, una mirada, un abrazo, una sonrisa. No solo con palabras agradecemos, contamos con multitud de recursos. Cuando existe un agradecimiento de corazón resulta conmovedor. La actitud de la gratitud va más allá de las personas, se extiende a la vida y la naturaleza, las circunstancias y las lecciones que aprendemos en cada situación. Este sentimiento tan poderoso tiene cabida en las personas que se sienten satisfechas con sus vidas; y no tienen la necesidad de hacer reproches, guardar rencores y acumular resentimiento por hechos ya pasados.

Todas las personas pasamos por malas experiencias, nos contaminamos y asfixiamos con hechos que nos han resultado desagradables. Luego los trasladamos a otros contextos, con otras personas, y vamos intoxicando las relaciones que mantenemos. Es una locura odiar a todas las rosas sólo porque una te pinchó. Renunciar a todos tus sueños sólo porque uno de ellos no se cumplió. Agradecer es sinónimo de amarse a uno mismo, ya que supone dar sin expectativas y sin temores. Estar abierto a todo lo que sucede a nuestro alrededor, observando las consecuencias sin culpabilidad; sin juzgarlas como buenas o malas, simplemente aprendiendo de ellas a través de la humildad.

Amarnos a nosotros mismos es recibir el amor que siempre está a nuestro alrededor. Amarnos a nosotros mismos es eliminar todas las barreras. Es difícil ver las barreras que levantamos en torno a nosotros, pero están ahí, e interfieren en todas nuestras relaciones. La vida cobra un mayor sentido cuando estamos dispuestos a vivirla, despojándonos de las capas que hemos ido construyendo alrededor de nuestras heridas. Agradecer supone arriesgarse, escucharse, sentir, emocionarse; conectándonos con nuestro entorno y con las relaciones que mantenemos. En definitiva, abrirse a la experiencia de amarse y de que nos amen.


 

Tú eres tu único apoyo

noviembre 10, 2015


 

No se si a Ti te pasa que con el tiempo uno va aumentando el dialogo y la comunicación con nosotros mismos, yo me pregunto y me contesto a mi mismo y creo que todos nos comunicamos con nosotros mismos. Algunas personas tienen un diálogo interior más desarrollado que otros, pero todo tenemos esa vocecita con la que a veces interactuamos. Esa vocecita a veces te dice cosas positivas, pero otras no para de dedicarte palabras negativas. Esto es lo que más abunda. Las palabras negativas parecen mucho más fáciles de decir que las positivas. Esa vocecita nos machaca y, en ocasiones, nos deprime.

En múltiples ocasiones he manifestado que las palabras que describen las experiencias se acaban convirtiendo en las propias experiencias. ¿Cómo ocurre esto? Imagínate que no cesas en decirte a ti mismo que eres malo, un inútil, que no sirves para nada, que todo lo que haces lo haces mal, que eres un fracasado.
Todo eso, si te lo repites, si esa vocecita no logras acallarla de ninguna manera, se hará realidad. Al final acabarás siendo aquello que te dices una y otra vez. Si dices que eres un inútil, serás un inútil. Nunca olvides que tu diálogo interior tiene un gran impacto en tu autoestima. Así que ten cuidado con la forma en la que te describes a ti mismo, pues como ves las palabras que te dedicas son demasiado poderosas y tu autoestima puede verse afectada. Ya tendrás que lidiar con las críticas de los demás, con las ofensas, con las decepciones, con los insultos, como para hacértelo gratuitamente a ti mismo.

Piensa que la manera en la que te comunicas contigo mismo cambia la forma en la que te ves a ti mismo. Lo cambia todo. Ya no volverás a sentir lo mismo con respecto a ti y todo esto modificará tu forma de actuar y nunca subestimes tus palabras, por que las palabras son muy poderosas, aunque no lo creamos. No solemos darle la importancia que realmente merecen, pero hoy comprenderás que nunca jamás deberás subestimar a tus palabras.

Utilizamos las palabras para todo. Con ellas describimos las experiencias que nos suceden en la vida, pero no somos conscientes de que estas palabras que usamos para describir se convierten en la propia experiencia. ¿Recuerdas ese momento en el que las palabras habladas hicieron tanto daño? Una palabra puede hacer mucho daño. Mucho más daño, a veces, que cualquier otra cosa. A veces, son incluso más dolorosas que el daño físico pues nos afectan emocionalmente.

Se dice que Tu eres lo que te dices a ti mismo!. Tu diálogo interior es poderoso por eso no debes ponerlo en tu contra. Con tan solo una palabra negativa, puedes anularte por completo. Utilízalo con un fin mayor, empieza a usarlo para apoyarte. Necesitarás en muchas ocasiones algo para poder resistir las críticas, las presiones, un sinfín de cosas en las que tu autoestima, tu paciencia, tus fuerzas se verán afectadas. ¿De verdad vas a hacerte más daño? ¿Vas a destruir tu autoestima? Solo tú te conoces, solo tú eres capaz de saber lo que eres capaz de hacer. No permitas que tu diálogo interior se ponga también en tu contra.

Necesitas un apoyo, alguien que le dé ese empujoncito a tu autoestima cuando esta esté cayendo en picado. ¿Sabes quién? Tú mismo. Para que tu diálogo interior sea positivo es importante formularse preguntas correctas tales como ¿qué puedo aprender de esta situación?, ¿qué puedo sacar positivo de esta situación?, ¿dónde ha estado el error realmente?, ¿cómo puedo mejorar tras esta caída?. Reflexiona y encuentra soluciones. Permítete un tiempo para pensar sobre una situación, intenta verla desde diferentes perspectivas y si es necesario pide una segunda opinión. Eso sí, piensa que siempre de algo malo se puede sacar algo bueno.

Impúlsate para continuar pase lo que pase. Tras encontrar las respuestas, tras aprender de los errores, tras reflexionar y ver las soluciones, coge impulso y ¡sigue adelante! No permitas que nada te frene. Si el pensamiento corrompe el lenguaje, el lenguaje puede también corromper el pensamiento, de eso no hay duda.

Finalmente empieza a cambiar cómo te hablas a ti mismo. Utiliza un lenguaje más positivo. Una vez seas consciente de ello verás la cantidad de veces que te estás poniendo en tu propia contra… Cambia tu vida, cambiando tu lenguaje. Tú eres tu único apoyo, así que no tomes como un enemigo más a tu diálogo interno. Haz las paces con él, empieza a hablarte de forma más positiva.


 

> una actitud positiva y constructiva

noviembre 7, 2015


 

Todos vivimos momentos oscuros, y el día a día trae siempre esas nubes grises que no se escampan solo con soplar. En ocasiones, en lugar de luchar para ir en contra de algo no tenemos más remedio que asumir, aceptar y mantener siempre una actitud positiva y constructiva. La vida siempre tiene días grises y días negros. Por ello, basta con abrir el paraguas y esperar a que escampe. No hay prisas, cuando menos lo esperes la tormenta se habrá callado y el día será aún más luminoso.

La diferencia entre un buen día y un mal día dependerá no de la ropa que lleves puesta, o de cómo te traten los demás. Está en tu actitud y en esa fuerza implícita que es capaz de afrontarlo todo.Recuerda siempre que puedes controlar tu actitud hacia las cosas. Y tú… ¿De qué manera afrontas las cosas que gusta traerte la vida de vez en cuando? En primer lugar cabe señalar que las actitudes se edifican a través de nuestras creencias, pero también por nuestras emociones, de ahí, que en ocasiones, y dependiendo de nuestro estado de ánimo reaccionemos de un modo u otro. De todo lo que llevas puesto tu actitud es lo más importante

Para muchos, la vida como tal, carece de sentido. El día a día adquiere su significado dependiendo del modo en que veamos las cosas, las valoremos y permitamos que impacten en nosotros. Podríamos decir entonces, que somos nosotros con nuestras actitudes, quienes damos forma a todo lo que acontece a nuestro alrededor. Seguro que en alguna ocasión te has encontrado con ese tipo de personas que van siempre a la defensiva, que buscan siempre los dobles sentidos y la cara más negativa de toda moneda. Son actitudes cerradas, poco receptivas e incluso inmaduras. Su mundo, es poco más que un túnel sin salida.

La realidad adquiere sentido a través de nuestros pensamientos, nuestros afectos y atribuciones. Lo que piensas creas, de ahí que sea esencial tu actitud hacia la propia vida y el modo en que permites que las cosas lleguen a ti. Actitud y personalidad están siempre relacionadas. No obstante, mientras la primera puede cambiarse y reestructurarse hacia un enfoque más abierto y positivo, nuestra personalidad tiene unas raíces muy largas y nadie puede ni va a cambiar de la noche a la mañana.

A la hora de hablar de emociones en materia de actitudes, podríamos decir que hay tres esquinas. Están, como ya puedes intuir, las personas que muestran unas atribuciones casi siempre negativas hacia todo lo que les rodea. Y el origen estaría en determinadas experiencias que no han gestionado de forma adecuada. Están también las personas con una actitud generalmente positiva, y por último, tendríamos aquellas que optan por dejarse llevar. Por no tomar partido, no reaccionar y ser indiferentes… 

Es curioso observar cómo las personas tenemos una predisposición bastante “regular” a reaccionar siempre de la misma forma ante las cosas. Hay quien evita tener responsabilidades, otros adquieren las propias y las ajenas… Es decir, cada uno, y según nuestras propias actitudes, mostramos un patrón comportamental determinado. No es fácil ni siquiera “esperable” que podamos mantener una actitud positiva cada día de nuestras vidas. Todos tenemos momentos bajos, y no por ello somos más o menos fuertes. Somos seres humanos y por tanto vulnerables, no obstante no lo dudes nunca: en tu vulnerabilidad también está tu fuerza.

En ocasiones y no lo puedo negar,  acabo llorando no porque soy débil, sino porque me canso de ser fuerte. Pero son solo unos segundos, tras desahogarme, me visto de nuevo con mi actitud de persona que puede con todo, y que ha obtenido su aprendizaje de la vida. La actitud positiva debe trabajarse cada día. Es como una cuerda que hay que tensar para que el viento nos lleve ahí donde deseamos, y por ello debemos mantener el control de las tres dimensiones,  los pensamientos, las emociones y nuestro comportamiento.

Nuestra connotación emocional es importante: dependiendo de la emoción que atribuyas a una experiencia determinada hará que tu actitud posterior sea positiva o negativa. Ejemplo: no porque me hayan rechazo voy a cambiar mi actitud hacia las relaciones afectivas. Un “no” no me descarta como persona. Debe empujarme a encontrar a alguien que encaje conmigo. Debemos comprender que no puedes controlarlo todo: las personas tenemos límites y no alcanzamos a controlar todo lo que nos rodea, y más aún, el mundo no siempre puede ser como nosotros deseamos. Ejemplo: la situación económica y social no va bien, y por ello estoy pasando alguna dificultad. Pero no por ello voy a dejar de confiar en las instituciones, en mi país y en las personas. Empezaré por confiar en mi mismo, la sociedad la formamos las personas, y yo soy parte de la sociedad. Yo soy parte del cambio.

Finalmente aumenta tu amor propio: si no crees en ti mismo, si no te valoras y asumes que tienes derecho a equivocarte, a aprender y a ser feliz, nadie lo va a hacer por ti. Eres el dueño o la dueña de tu destino, y tu actitud es la brújula que irá permitiéndote subir montañas, siempre y cuando tú mismo te lo permitas, y por su puesto, creas en ello, por que de todo lo que llevas puesto tu actitud es lo más importante

Feliz fin de Semana.



 

> descansar de vez en cuando

noviembre 6, 2015


 
Hay muchas personas en el mundo, especialmente en USA y Europa que ven el tiempo libre como una amenaza y en consecuencia, sufren. Por lo tanto,y por experiencia propia, comparto que fue imprescindible que, para liberarme de este miedo, cambie mi creencia irracional por otra más racional y adaptativa que me permita vivir más tranquilo. Es decir, debo interiorizar y decirme a mí mismos que practicar lo que los italianos denominan “il dolce far niente” (lo dulce de no hacer nada) es beneficioso y no nos convierte en unos vagos, ni mucho menos, sino en personas que necesitamos descansar y disfrutar de otras cosas que no tengan nada que ver con producir o trabajar.

Para ello, como en toda confrontación de creencias, tenia que buscar pruebas y aportar argumentos que me convenza de que esto es así: El primero es ser consciente de que somos como animales que necesitan descanso. La naturaleza no nos diseñó para trabajar y producir tantísimas horas. Por otro lado, está demostrado que el aburrimiento estimula la creatividad. Grandes descubrimientos de la historia se han producido en mitad de “un dulce no hacer nada”. Además, tenia que dejar de ser tan extremista y exagerado. El hecho de tomar unas horas al día de no hacer absolutamente nada o coger unas merecidas vacaciones no quiere decir que soy una persona totalmente improductiva. Se puede ser una persona activa que lleva a cabo sus obligaciones y rutinas y descansar de vez en cuando, no es incompatible. Todas estas pruebas me demostraron que estaba albergando una creencia irracional sobre el ocio y que debía desecharla de mi mente si quería dejar de sufrir por ello y así fue.

Vivimos en una sociedad en la que se nos impone que tenemos que producir y producir. Nos insuflan la falsa idea de que debemos de tener una vida ocupada, porque si no es así, no tenemos tanto valor personal. Por lo que acumulamos trabajo, cosas que hacer y tareas a lo largo de nuestro día a día, quedándonos casi sin unos minutos para no hacer nada. Por ello mucha gente desarrolla lo que se ha venido a llamar ociofobia o miedo al tiempo libre. Las personas ociofóbicas sienten un gran vacío interior cuando se ven en una situación de ocio, que lejos de generarles disfrute y bienestar, les provoca una enorme ansiedad. Además de ansiedad, estas personas tienden a sentirse muy culpables, como si esa libertad o ese tiempo para el goce no les fuese merecido o como si estuvieran perdiendo un tiempo que podrían invertir en algo más productivo. Las persona ociofóbicas sienten un intenso temor a la posibilidad de sentir aburrimiento, pues eso les supondría algo intolerable, que les generaría malestar y que les recordaría continuamente que no están haciendo nada productivo.

Es por ello que se imponen jordanas de trabajo muy estrictas e intentan tener la mayor parte del tiempo ocupado, bien sea con varios trabajos, aprendiendo idiomas, haciendo un máster tras otro, etc. El caso es que no se permiten tiempo de no hacer absolutamente nada, de simplemente estar en el sofá tumbado tranquilamente, escuchando música o leyendo un libro. Todos los males del hombre proceden de su incapacidad para sentarse en la silla de una habitación y no hacer nada.

En los casos más extremos, estas personas llegan a ponerse ansiosos por estar de vacaciones, pues no saben disfrutar de un tiempo en el que no hay que hacer nada. El hecho de tener tiempo desocupado, en el que no hay que trabajar, ni producir, los desorienta y les hace sentirse muy mal con ellos mismos, como si fuesen unos vagos. Por lo que muchas veces ni cogen vacaciones, lo que acaba por agotarlos física y mentalmente y a ponerlos aún más ansiosos. Aunque ellos ni se den cuenta, ya que prefieren tener el tiempo ocupado por el malestar y la culpa que sienten ni lo hacen.

Evidentemente, esto es fruto de una creencia irracional aprendida. Como he dicho antes, las sociedades industriales son muy responsables de este comportamiento, pero también la educación recibida en nuestra familia o el ser personas responsables en exceso. Estas personas se están continuamente diciendo a sí mismas que el no hacer nada o el aburrirse es algo deplorable y totalmente malo y que ellos no valen nada y son unos vagos si no tienen su tiempo ocupado. También se dicen que hay que aprovechar el tiempo, hasta el último minuto, pues perder el tiempo es algo malísimo.

Ahora bien si eres madre, padre, familiar o cuidador de una persona con alguna enfermedad, es esencial que te cuides a ti mismo. Cuidar de un ser querido puede agotar hasta tu motivación. Aún es más, si eres familiar o cuidador de una persona enferma, o simplemente eres un humano más, con las preocupaciones y problemas que se derivan de su cuidado a lo largo de nuestra dura vida, pueden agotarse nuestra motivación y nuestra energía. Seamos realistas, la vida puede ser muy hermosa, pero también surgen problemas, cargas y varios factores que nos hacen vulnerables al estrés. Por ello, es muy importante que nos cuidemos. Una forma muy efectiva de hacerlo puede ser la relajación. Quizás para algunas personas, el simple hecho de relajarse sea una tarea difícil. 

Escuchar música (la música alegre puede tener un efecto positivo sobre el estado de ánimo, mientras que la música con ritmo más lento puede fomentar sentimientos de depresión. Hay veces, sin embargo, en que la música más baja de ritmo te puede dar una sensación de paz y tranquilidad).

Finalmente permítete no hacer nada, debes en cuando.


 

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