Manifiesto literario de Patricio Varsariah

Escribo para detener el ruido. En un mundo que corre con prisa, mis palabras buscan abrir pequeños espacios de pausa donde el lector pueda respirar, pensar y recordar lo esencial.

No escribo para imponer verdades, sino para compartir preguntas.

Creo que muchas de las respuestas más valiosas nacen en el silencio interior de cada persona.

Mis textos nacen de la observación tranquila de la vida: del paso del tiempo, de la memoria, de las pérdidas, de la esperanza y de esos pequeños momentos que, aunque parezcan simples, contienen una profunda sabiduría.

Intento escribir con sencillez, porque las ideas verdaderamente profundas no necesitan ser complicadas para tocar el corazón.

Cada reflexión que comparto es una invitación a mirar la vida con un poco más de calma, con más comprensión y con una mayor ternura hacia nosotros mismos y hacia los demás.

Si alguna de mis palabras logra acompañar a alguien en un momento de silencio, si despierta una reflexión o si enciende una pequeña luz interior, entonces el propósito de escribir habrá valido la pena.

Porque al final, escribir también es una forma de recordar algo muy simple y muy humano: que todos estamos aprendiendo a vivir.

“Escribo para cuidar la luz de lo esencial.”

— Patricio Varsariah


Castigar porque nos han castigado...

diciembre 3, 2015





Equivocarse, como siempre he dicho, es totalmente humano. El mundo en el que vivimos nos exige estar a la altura de relaciones que están continuamente pidiendo nuestra atención, por lo que es mucho más complicado mantenerlas y conservarlas. Consecuentemente, este último hecho nos conduce a caer más fácilmente en situaciones en las que no estemos a la altura de las circunstancias o fallemos por completo. Sobre todo somos conscientes de ellas cuando las personas a las que nos referimos son familiares, amigos o nuestra propia pareja. En este sentido el error, casi innato, puede verse desde distintas perspectivas: podemos equivocarnos con nosotros mismos, con los demás o que sean los demás los que se equivoquen con nosotros. En cualquiera de los casos sería beneficioso tener presente aquel refrán popular ‘ojo por ojo y el mundo se quedará ciego’.

Cuando los demás nos decepcionan o nos traicionan sentimos un gran vacío que nos vemos obligados a reparar. Es, entonces, el momento en el que antes de tomar cualquier decisión sería bueno que nos preguntáramos: ¿hasta qué punto la venganza o el rencor es el camino? ¿podría ser yo quien estuviera en esa situación a la inversa? Las consecuencias de una actitud negativa es que ésta se convierta en nuestro propio lastre: la violencia engendra violencia y la venganza entraña venganza, que se suele decir. Jamás uses algo como la venganza para aliviar tu dolor. Solo espera. Aquellos que hieren o hacen algo mal, suelen destruirse por si solos. Una actitud de rencor y odio solo tiene una dirección, por tanto, y esa es la de hacer daño a nuestra propia persona: los sentimientos negativos se potencian y no son ninguna solución. Si todos castigáramos los errores de los demás, si todos viviéramos bajo la pauta del ‘ojo por ojo’, nunca creceríamos como personas.

Seguro que estamos de acuerdo en que las personas, por el simple hecho de serlo, nos equivocamos. Todos cometemos errores y todos nos hemos visto alguna vez en una tesitura de la que creíamos que nos sabríamos salir. Incluso, en más de una vez hemos tomado la determinación de actuar bajo la regla del ‘ojo por ojo’. ¿Quién no ha hecho daño a alguien alguna vez? La gran diferencia que nos hace ser mejores personas de lo que somos está en la actitud que tomamos al respecto. Nunca es tarde para pedir perdón.Nunca es tarde para empezar otra vez.Nunca es tarde para decir yo me equivoqué.

Ante estos sentimientos negativos se encuentran la justicia y el perdón que, entre líneas, propone Gandhi: igual que cuando estamos en el lugar del que se equivoca necesitamos urgentemente el perdón del otro, cuando es al revés debemos ser capaces de perdonar. Una persona es grande cuando perdona, cuando comprende, cuando se coloca en el lugar del otro, cuando actúa no de acuerdo con lo que esperan de ella, sino de acuerdo con lo que espera de sí misma. Educar con el perdón para poder vivir es fundamental, más aún en los momentos  que nos superan. El olvido y el aprendizaje parten de ahí, de la posibilidad que nos queda para seguir con nuestra vida y entender los errores; pues solo de esta manera los demás pueden superar los suyos. Así, la expresión ojo por ojo y el mundo se quedará ciego cobra sentido en lo más profundo de la existencia humana y en su capacidad de autoobservación. El mundo que nos quedaría si no tuviéramos la misma capacidad de errar que de perdonar sería muy triste y se autodestruiría.

Se trata de entender, aunque a veces duela, que castigar porque nos han castigado solo conduce al dolor y nunca a la felicidad que siempre debemos buscar.No es fácil ignorar ciertas cosas, ciertas personas, ciertas situaciones. Las personas no siempre sabemos percibir que algo puede hacernos daño, no tenemos un radar, ni una señal de alarma. Nos limitamos a confiar, a dejarnos llevar. A vivir. Si hay algo que también deberíamos tener en cuenta es que no solo están en el exterior muchas de las cosas que sería necesario ignorar. A veces, también está “ese ruido” interno, esos pensamientos obsesivos, esos miedos, esas dudas, la ansiedad… Enemigos propios que sería necesario reconocer y desactivar. Por ello, debemos comprender que en ocasiones, puede ser muy saludable practicar el sencillo acto de dejar atrás aquello que no enriquece, que no motiva, y que por lo contrario, pone muros en nuestro crecimiento personal y en nuestra felicidad.


 

Los abrazos cuando son sinceros ...

diciembre 3, 2015






Amor dame un abrazo de esos que erizan la piel y recargan el corazón con sus latidos, de quien envuelve las heridas con caricias, asume la vida con inabarcable bondad y decora con sonrisas los obstáculos. Y es que tus abrazos que casi de manera literal me rescatan de un naufragio, recomponen mis partes rotas, rompen todos mis miedos, dulcifican mis debilidades y crean una obra de arte con los pedazos de mi corazón. Porque tu abrazos CIELO me rodean de amor me llenas de sueños cumplidos a la vez que me descubre numerosos anhelos, me hace ver la vida de otro color, me apoya ante la adversidad, me ayuda a escucharme, a percibirme y a transformarme. Tus dosis de cariño, es la causa de mi adicción.

Un abrazo, TU ABRAZO es un poema de amor escrito en la piel que te rompe todos los miedos y que aísla todos los pesares. Puede parecer un pequeño gesto (incluso a veces comprometido), pero en cualquier caso tiene un gran poder curativo a nivel emocional. Generalmente un abrazo nos sirve para reafirmar nuestros sentimientos y alimentar nuestras relaciones, haciendo que nos sintamos queridos y amados en nuestro espacio más vital a la vez que cultivamos nuestra capacidad de salir a flote y de vencer cada día nuestro vértigo. Y es que amar y ser amado es lo más hermoso que nos puede suceder. Para tener esta certeza basta con que nos planteemos cómo lo que sentimos a través de un abrazo nos abre el abanico de emociones dulcemente cegadoras.

Hay abrazos que tienen la capacidad de ensamblar todas nuestras partes rotas, aquellas que un día se rompieron cuando los acontecimientos nos resquebrajaron y anularon nuestra alma. Y es que no volvemos a ser los mismos cuando nos toca decir adiós, ya sea a otra persona o a una parte de nosotros mismos. Tras las despedidas y las rupturas nos toca reencontrarnos, perfilar de nuevo nuestras prioridades, revivir una parte que queda muerta y enhebrar de nuevo las agujas que nos conduzcan por el camino del “hilo rojo de nuestro destino”. Por eso cuando nuestro castillo se ha derrumbado y nuestra vida se desmorona, los abrazos componen melodías que nos muestran que todo está bien y que el mundo permanecerá en calma si dejamos que las notas del amor se conviertan en abrazos dulces rellenos de instantes de silencio.

Los abrazos se conforman como instantes en los que la felicidad nos encuentra en forma de persona, de calor reconfortante. Porque un abrazo en ocasiones es mucho más importante que las palabras, pues tiene la capacidad de rejuvenecer nuestros sueños y nuestra motivación por la vida. Mis poemas no se escriben directamente en la piel, sino que se tatúan por dentro con la tinta de todas esas hormonas que fortalecen nuestros vínculos, que hacen que nuestro corazón bombee sangre, que nos llenan de pureza, de amor y de confort. Y más cuando estamos sometidos a mucho estrés o las dificultades de la vida están opacando nuestras ganas y las fuerzas que necesitamos para comernos el mundo y de llenar nuestros días de esbozos de felicidad.
 
El bienestar que sentimos cuando somos “víctimas” de un abrazo hace que siempre queramos más y que los esperemos ver llegar en aquellos momentos en los que más los necesitamos. O sea, drogarnos, como un caramelo mágico de vida y de cariño que nos haga dibujar más allá de la incertidumbre y del sufrimiento una ventana a través de la que podamos tomar aire fresco y revitalizar el cuerpo y la mente. Y es que hay gente y gente, pero luego están nuestras PERSONAS. Así, en mayúsculas. Esas que siempre serán sinónimo de hogar, que abren sus botiquines en cuanto anticipan la herida, que sacan gasas y tiritas por doquier y que no escatiman en calmantes. Por eso admiro tanto nuestra capacidad de dar abrazos, porque es una manera increíble de conectarnos, de aunar fuerzas para ganar cualquier batalla y de ayudarnos a sobrellevar lo que viene. Porque los abrazos cuando son sinceros marcan algo más que sentimientos temporales. Ellos recomponen y sanan heridas de por vida, desdibujan el frío y condensan el calor del amor que hay entre dos personas que se quieren y que siempre estarán dispuestas adherir sus corazones y a sujetarse ante la vida.
 

Quien te ama no te lastima...

diciembre 3, 2015





Hoy quiero escribir sobre un refrán popular que dice : “Quien bien te quiere te hará llorar”, si bien es cierto que los refranes populares suele acertar la mayoría de las veces, en esta ocasión para mi no es aceptable y no debe ser aplicable. Es muy posible que a lo largo de tu vida hayas escuchado esta frase en reiteradas ocasiones, pero yo me pregunto :  ¿Por qué razón deberíamos ofrecer sufrimiento y lágrimas a la persona que amamos?.. Esta idea, construida en realidad por el amor romántico, nos trae una vez más el concepto casi inevitable, de que amar es sinónimo de padecer. Suele decirse que el amor es el sentimiento más irracional que existe: es pasión, locura y obsesión… Y como tal, el sufrimiento es parte inevitable de esta emoción tan humana y cegadora. Teniendo en cuenta estas visiones tan clásicas sobre el concepto del amor y las relaciones afectivas, me encuentro ante la prioridad y la necesidad de enfocar esta idea por nuestro bien, por nuestro equilibrio personal y emocional de la siguiente manera :

Es importante tener en cuenta que si aceptamos la idea de que amar implica tener que sufrir, seremos mucho más permisivos desde el principio a ciertas cosas, a ciertas renuncias, límites, manipulaciones y egoísmos. Podemos preocuparnos por la otra persona, y sufrir por su bienestar si se da la circunstancia. No obstante, este tipo de sufrimiento no tiene nada que ver con el que por ejemplo, nos puede infringir nuestra pareja de modo voluntario.. Quien dice amarte hoy y mañana te deja para volver al cabo de los días, no te ama: te lastima. El amor no son excusas, no son reproches ni ironías que buscan hacer daño con las palabras. Nada de esto nos hace feliz, y nada de esto vendría de un corazón que sabe del respeto, que sabe lo que es el amor auténtico, maduro y responsable. Amar es alegrarnos porque la otra persona exista. Querer a alguien es sentir alegría en el interior y buscar cada día la manera de hacer feliz al otro.

El amor nunca debe ser ciego, jamás deberemos lanzarnos a una relación con el corazón abierto, una venda en los ojos y con la autoestima en el bolsillo de la otra persona. Es necesario construir un amor consciente, maduro y responsable. E importante no olvidar nunca que quien te ama no te hace daño. Quien te quiere con integridad y respeto, buscará hacerte feliz en cada momento. Pensemos en el amor como una pequeña llama que encuentras… que te encuentra. Es un fuego que nos ilumina y reconforta, pero al cual,  hay que avivar cada día para que se mantenga, para que nos envuelva con más intensidad y perfección con su luz, con su calor, para que nos haga aún más feliz. El amor debe darse con la madurez de dos personas que se sienten completas, que no ven sacrificios en sus renuncias sino actos sinceros que fortalecen el vínculo, que desplazan al ego para priorizar al conjunto: a la pareja.

Se que son muchos los que han decidido cerrar las puertas al amor porque están cansados de sufrir. Porque tienen el corazón lleno de heridas de la decepción, de huellas del desengaño y vacíos del desencanto. Pero para amar de forma consciente y segura primero hemos de saber amarnos a nosotros mismos. Y aunque siempre valdrá la pena una soledad digna que una compañía de carencias, un nuevo  “te quiero” con otra voz más sincera valdrá la pena para curar los desengaños del ayer. Todos tenemos nuestras espinas, nuestros pesares del pasado. No obstante, el amor es una aventura que siempre merecerá la pena en cualquier momento de nuestra vida. Para ello ha sido para mi muy necesario tener en cuentas los siguientes aspectos que me han guiado y ayudado a curar los desengaños del ayer :

Tengo muy claro que en ocasiones el amor no es eterno. Por ello, cuido de no darlo todo a cambio de nada, atiendo mi crecimiento personal, no relego trabajos, sueños y amigos… No dejo atrás lo que me define, o en un momento dado, puedo perderlo todo. Amo sin depender: dependo de mi mismo pero nunca dejo de construir el amor en cada detalle, de alentarlo en cada gesto, en cada palabra. Creo y aliento mi autoestima, mi identidad…  Me ofrezco en libertad y con integridad, sin miedos, sin rencores del ayer, sin inseguridades que otros deban resolver por mi, muestro coraje por aquello que quiero, y lo que quiero es ser feliz, no ser lastimado. No busco un amor perfecto o una relación ideal. No existe, la relación la edifico cada día, encajando mis esquinas con mis vacíos, mis asperezas con mis suavidades, mis sombras con mis luces… Amar de verdad implica crecer juntos en las dificultades, es querer y comprender, es sobrevivir con la amistad, disfrutar de la pasión y construir una complicidad sencilla, sin artificios ni falsedades, por que al FINAL quien te ama no te lastima, ni se complace con tus lágrimas, porque quien bien te quiere te hará feliz.

Finalmente Yo no lleno vacíos, no tapo ausencias, no ocupo espacios: yo amo. Hay quien encuentra su felicidad curando heridas, los vacíos de otros. Nadie puede negar que en ocasiones, puede ser reconfortante ser el bálsamo que cura tempestades pasadas, el antídoto para esas amarguras que otros dejaron en el corazón de quien amamos ahora. Ser esa pieza clave en el día a día del ser querido es importante. Ahora bien, nadie ha nacido para ser una muleta cotidiana, ni un pañuelo de lágrimas, ni aún menos, esa pócima con la cual, hace olvidar un amor imposible o un amor que hizo daño. Cuando me ofrezco a alguien lo hago  en plenitud. Yo no sustituyo a nadie ni soy el agua que llena los vacíos no resueltos de una persona inmadura, no estoy para auxiliar sino para amar y ser amado.

 

Constructores de felicidad

diciembre 2, 2015





Suele decirse que a los buenos amigos se les conoce en los malos momentos. Ahora bien, otro instante clave donde apreciar también su sinceridad es cuando la suerte nos abraza, cuando alcanzamos nuestros deseos. Si esa persona muestra una alegría sincera y comparte tu emoción, jamás pierdas ese vínculo. Yo no anhelo tus felicidades, no envidio tus triunfos o tus logros. Yo celebro tus victorias como si fueran mías y mi corazón late con tus mismas alegrías y pesares. Por ello, desearé cada día de mi vida que todo lo bueno te acompañe.
La frase “deseo que seas feliz pero no más que yo” no siempre encierra por sí misma una connotación negativa, ni denota aún menos, que alguien se sienta complacido por que nos sucedan cosas malas.

En este sentimiento se intuye en ocasiones una pérdida de control. Pensemos en esas madres o familias tóxicas. Cuando uno de los hijos alcanza su felicidad con una pareja, ese aspecto que implicaría en realidad una gran alegría, se ve como una “clara amenaza”. Pierden el control sobre nosotros. Otras veces lo que se da es una ruptura de la semejanza. Es posible que cuentes con amigos que comparten, por ejemplo, tu misma situación laboral. Cuando tú consigues un ascenso o encuentras un trabajo mejor, se rompe esa igualdad que antes os unía, y que había construido un tipo de vínculo muy puntual. Hay veces en que alcanzar la felicidad supone tener que hacer algún cambio en nuestra vida, e incluso establecer nuevas prioridades. Porque al fin y al cabo la vida es un viaje de  renovación constante donde de pronto, algo que está fuera de nosotros nos solicita que respondamos con una renovación interna.

Deseo que hoy te pase de todo y que todo sea bueno. Hay personas que suelen desearnos aquello de “espero que seas feliz”, pero de algún modo, y casi sin admitirlo, se intuye aquello otro de: “pero no más que yo”. Es como si a mucha gente le inquietara un poco ver cómo otras personas alcanzan todo lo bueno mientras se ven a sí mismas encalladas, sumidas en la cotidianidad, y sobre todo, incapaces de alegrarse de la felicidad ajena. Las personas felices y auténticas son aquellas capaces de reconocer el mérito de los demás, y alegrarse de todo lo bueno que les sucede como si lo vivieran en piel propia. 

Si hay algo que nos caracteriza a cada uno de nosotros es que somos unos buscadores empedernidos de la felicidad. Nos marcamos proyectos, nos alimentamos de sueños, hilvanamos esperanzas y construimos
expectativas. Y quizá por ello, más de uno ve con recelo que otros alcancen ese preciado bienestar “antes que ellos”. Mantener esta idea es enfocar la vida desde una perspectiva claramente incorrecta. 

No deberíamos ser buscadores de felicidad, sino constructores de felicidad. Por ello, algo que nos ayuda a crearla casi cada día es atendiendo todo lo bueno que nos envuelve y a su vez, lo que nos transmiten y viven otras personas.

El corazón egoísta y la mente cerrada que es incapaz de apreciar la felicidad ajena, solo cargará en su interior recelos y envidias. Pocas veces serán capaces de disfrutar de los pequeños detalles, de esas pinceladas cotidianas donde en realidad, se encierra la auténtica felicidad. Celebrar la felicidad ajena y lo bueno de otros no es una quimera, las personas buscamos la felicidad como los borrachos buscan sus casas. A tientas y a trompicones, sabiendo que tenemos una pero sin recordar dónde esta. En realidad, es algo complejo, y más si hablamos de felicidades ajenas, de todo lo bueno que les ocurre a los demás y no a nosotros.

Alegrarse de todo lo bueno que viven otros no es una quimera, muchos lo hacemos porque así lo sentimos. Porque la felicidad se transmite y se comparte, porque los corazones auténticos disfrutan viendo el bienestar ajeno. Sentirse complacido por ver la felicidad y a su vez, por desear que lo bueno arrope cada día a las personas que queremos, ofrece tranquilidad y equilibrio a nuestra alma, a nuestra esencia como persona. La felicidad no es un estado, no es una cosa que alcanzamos u otros consiguen. La felicidad se cosecha cada día y se aprecia desde la profundidad de los corazones que saben atender, comprender. Ver lo bueno que tienen otras personas no es desmerecernos a nosotros mismos. Quien sabe identificar la nobleza ajena es que en realidad, la alberga en su interior.

Hay quien se alegra del bienestar de los demás como quien ensalza sus buenas intenciones, sin embargo, en sus rincones más privados lo que siente en realidad es cierta envidia, ciertos vacíos personales y una gran insatisfacción. Celebrar la felicidad de otros es saber compartir, es mantener ese equilibrio interno donde uno exalta la simple alegría de vivir y de la belleza de la propia vida. Estoy seguro de que en algún momento de tu ciclo vital habrás percibido como personas que creías que te amaban, no parecían sentirse complacida cuando alcanzaste ciertos logros. Cuando la vida te regaló algo bueno que de de verdad merecías.

Nunca dejes de atender todo lo bueno que te trae el día a día con sus maravillosas casualidades, celebra la felicidad de otros como si fuera tuya porque el amor, es lo único que crece cuando se comparte con sinceridad.
 

Hablando de la infidelidad

diciembre 2, 2015


 


Normalmente, la persona que ha llevado una vida desordenada, llena de relaciones efímeras y “triangulares”, difícilmente va a dejar algún día de comportarse de esa manera. De hecho, suele suceder que con los años el problema se vuelva muchísimo más crónico. Con alguien así, mejor no pierdas tu tiempo, ni tu vida. Porque el amor pasa de ser algo sano, a volverse, en estricto sentido, un vicio; una verdadera perversión. El resultado: vidas destruidas, personas resentidas, esperanzas muertas. Verdaderos naufragios humanos… Si te quedas estancado en una relación así, puedes estar perdiendo la oportunidad de vivir un verdadero amor. No el amor ideal, pero sí, una relación que te traiga más alegrías que tristezas. Si optas por eso, no culpes a los demás de tus desgracias. Recuerda que tú eres libre de escoger a quién amar.

La desilusión no proviene precisamente de la infidelidad, sino de la falta de carácter para decir: “no más”… Cada quien, en varios casos, hace de su existencia un infierno en vida.El amor jamás se mendiga. En realidad, lo que puede estar operando en ti es una especie de parasitismo. Se trata de una réplica de ese fenómeno que se da en la naturaleza, cuando un organismo vive a expensas de otro… Claro que esto resulta mucho peor, si de lo que estamos hablando es del amor. En fin, todo es una cuestión de respeto propio. Un asunto de dignidad y de amor por lo que se es y se quiere llegar a ser. Porque no se deben “limosnear los sentimientos” y porque todo lo que se hace, bajo estos parámetros, siempre carecerá de raíces sólidas y fuertes.

Total, si construyes un edificio de diez pisos, pero su base y sus cimientos son endebles, tarde o temprano el edificio terminará por derrumbarse. Un amor, cuando media la infidelidad y la falta de respeto por el otro, se podrá perdonar…(?) Pero no convendrá consentirlo, ni justificarlo jamás. Aunque pueda sonar un poco fuerte, la infidelidad no es causada por otra persona, sino por uno mismo: cuando, de manera voluntaria, decido fijarme en la persona equivocada. Por ejemplo, si tú sabes que esa persona es muy dada a tener más de una relación al mismo tiempo, y aun así decides estar con ella, de una u otra forma, estás consintiendo y avalando de antemano todas las infidelidades de tu pareja. Por eso, antes de quejarte o caer en una profunda depresión porque tu pareja es infiel, deberías analizar muy detalladamente por qué se lo permites. El problema, como tal, no es tanto de la otra persona, sino de ti mismo. ¿Qué es lo que te impide dejar esa relación, en lugar de permanecer en una queja eterna?

Lo manifestado anteriormente no significa que la persona que es infiel sea inocente de todo. Definitivamente no. Sin duda, es el principal responsable, aunque es claro que todo lo que ocurre en la pareja es provocado por ambas partes.Quien es infiel, se engaña a sí mismo. Hay quien dice que es infiel, pero no desleal, pues su pareja sabe que tiene otras relaciones. Sin embargo, esta “sinceridad” es solo aparente, porque la infidelidad no solamente depende del engaño como tal, sino también del efecto que genera en la persona con quien sostenemos un compromiso, en mayor o menor medida. Esto quizás no sea un acto de “sinceridad”, sino de cinismo puro. Literalmente, lo que hacen es lavarse las manos; con patrañas y argucias, transfieren la responsabilidad sobre su conducta a la otra persona…

“Es decisión tuya, tú ya sabes cómo soy”, dicen con total tranquilidad, librándose pérfidamente de su responsabilidad. Las personas infieles son egoístas en su esencia, que juegan a destruir sus vidas y las de los demás. Si la relación es abierta y ambos son adultos, finalmente es su elección. Pero si lo que hay es una situación en donde el uno se aprovecha de la inseguridad o de la dependencia emocional del otro, no estamos hablando de una relación simétrica, sino de un abuso psicológico. Muchas mujeres y hombres caen en esta trampa, como conejillos de indias. Pero un amor que permite y hasta patrocina estas cosas, no es sano. Más aún, no es amor.Si yo no me amo y me respeto a mí mismo, nadie lo hará

Una cara bonita, un cuerpo bonito, una palabra bonita, un detalle bonito, soledad, rutina, aburrimiento… lamentablemente, puede haber más de un millón de razones para justificar la infidelidad… Lo único cierto es que una vez que se produce, la pareja nunca vuelve a ser la misma. No todas las infidelidades significan que la pareja sea inviable. No hay verdades absolutas y mucho menos en el terreno del amor. Lo que sí es cierto es que todo depende de las personas involucradas, de las circunstancias en que se producen los hechos y de la forma como la pareja sea capaz de afrontarlos. Finalmente pregunto : ¿Se puede superar una infidelidad?... Definitivamente sí o no . Pero si lo que la precede es un compromiso que se irrespeto, dejará un amargo sabor en la boca y exigirá mucho de ambos para poder seguir juntos.

La infidelidad es responsabilidad tanto de la persona que es infiel, como de la persona objeto de infidelidad. Porque, una vez reconocido el acto de infidelidad, nadie está obligado a permanecer con su pareja. Y porque cada quien, así sea muy en el fondo, siempre sabe con quién se involucra y en lo que se involucra. Aquí todos los implicados son responsables, en mayor o menor magnitud. En este terreno se pagan muy caros los caprichos y la falta de madurez. Los rezagos en el camino del crecimiento, las postergaciones y las dilaciones; las deudas con uno mismo… Sea como sea, la infidelidad causa una gran herida, principalmente en la persona que ha sido “engañada”. Pero también deja grandes huellas en quienes engañaron: quien no es confiable, difícilmente logrará confiar. Por eso, por lo general, quien es infiel también sufre de celos mortales.


 

Aceptar la responsabilidad

diciembre 2, 2015


 

Cuando se es joven, es fácil sentirse molesto y protestar por muchas cosas, pero luego uno se da cuenta de que si uno logra controlarse causa menos problemas.

Algunas personas tienen la satisfacción emocional de hablar de lo malas que son otras personas. Sin embargo, cuando se habla negativamente de alguien, es más probable que el que escucha asocie la negatividad al que habla mal del otro a esta acción se llama transferencia espontánea de rasgos. Se necesita ser una gran persona para aceptar e interiorizar la propia responsabilidad sobre lo que ocurre. No se trata de cargar con toda la culpa cuando hay responsables, sino de ser  capaz de aceptar la responsabilidad cuando realmente corresponde..

Si todo es culpa de alguien más, entonces, ¿qué parte puedo jugar en mi propia vida?, ¿mis acciones permanecerán sin consecuencias?, ¿soy tan impotente? Saber que podemos aceptar nuestra responsabilidad cuando las cosas van mal también significa que podemos aceptar la responsabilidad cuando las cosas van bien. 

Tenemos que desarrollar la capacidad de ser lo suficientemente objetivos sobre nosotros mismos como para ser capaces de evitar asumir que probablemente nunca podríamos habernos creado problemas. También tenemos que distinguir entre aceptar la responsabilidad y sancionarnos a nosotros mismos indebidamente. Si algo no funciona, busca la causa, pero no cualquier causa, es fácil ser creativo y encontrar alguna razón para culpar a otra persona. Hay que aprender a relajarse y superar esa necesidad de buscar responsabilidades como primer objetivo, tolerar la incertidumbre temporal de no saber hasta obtener una perspectiva más amplia de las cosas. Hay que tomarse tiempo. Encontrar un culpable no soluciona nada.

Hay que dejar de culpar a otros de tus problemas y toma el control. Culpar a los demás y a las circunstancias es una forma fácil de no asumir la propia responsabilidad, una forma de disculparse frente a lo que ocurre. Pero también es la forma más eficaz de perder el control sobre la propia vida. Muchas personas necesitan echarle la culpa a los demás y/o a las circunstancias, porque al sentirse víctimas también justifican lo que les ocurre. Así no necesitan hacer nada, y les basta con quejarse y esperar -como si eso fuera suficiente-.

La gente está siempre culpando a sus circunstancias por lo que son. Yo no creo en las circunstancias. La gente que progresa en éste mundo es la gente que se levanta y busca las circunstancias que quiere, y, si no puede encontrarlas, las hace. Necesitamos encontrar una causa. La incertidumbre no es algo con lo que sea fácil vivir. Necesitamos saber dónde, qué y por qué, mantener el control  y saber que de alguna forma se va a solucionar el problema. Así, si la culpa es de otro, la responsabilidad de la solución también.

Encontrar a alguien a quien culpar puede darnos la sensación de que se ha resuelto un problema cuando no hemos comprendido realmente su causa y su efecto. Pero culpando a los demás quedamos fuera de juego, a merced de lo que pueda pasar, sin capacidad ninguna para manejarnos. Ser objetivo a la hora de reconocer un error es la forma de mejorar y desarrollarse. No progresamos como seres humanos simplemente por sobrevivir y armarnos contra el mundo.  Tenemos que desarrollar la capacidad de responder a la vida y a retroalimentarnos a nosotros mismos evitando los efectos  de la baja autoestima o la vanidad.

No hay ninguna vergüenza en cometer un error o en fracasar en algo. Solo una retroalimentación correcta sobre las causas nos permitirá aprovechar para mejorar. No crecemos esquivando errores, sino analizando sus causas y reconociendo las debilidades y limitaciones para buscar y poner remedio. Olvida la culpa y céntrate en hacer mejor las cosas. Para algunas personas la culpa lo es todo. Pero luego, ¿qué queda?, ¿se soluciona algo con eso? Olvida la culpa y céntrate en tu objetivo, en solucionar lo que puedas y cambiar lo que haga falta para mejorar y hacer las cosas correctamente. Echarle la culpa de tus errores a tu naturaleza no cambia la naturaleza de tus errores.

 

¿por qué quieres complacerlos?

noviembre 28, 2015


 

Siguiendo con el tema de las relaciones humanas, no es fácil decir lo que se piensa. Aunque hay veces que hay que ser prudente, hay otras ocasiones en las que tienes que decir lo que de verdad opinas. Es importante reconocer que tenemos opinión, aunque no sea la que más guste a los demás. Siempre es bueno decir lo que uno piensa sin ofender, pero respetándonos a nosotros mismos a nuestra ideología y nuestras aspiraciones personales. No dejes que el deseo de agradar te obligue a pensar en los demás antes que en ti mismo hasta el punto de pensar en contra de tus intereses.

Puedes agradar a los demás sin traicionarte a ti mismo. Si no piensas y no dices lo que piensas los demás tiene todo el poder sobre ti…  Ahora bien : ¿Qué hay de malo en querer complacer a los demás? En principio, querer complacer a los demás no es algo malo, sino todo lo contrario. Otra cosa bien distinta es necesitar la aprobación de los demás para todo mientras nos comprometemos a nosotros mismos. La búsqueda de la aprobación de los demás es sólo un problema real cuando sientes que dicha aprobación es lo que te mantiene.  En primer lugar, porque quienes necesitan contar con el apoyo de otros son dependientes de ellos, lo que hace que pierdan autoestima y autoconfianza.

Otro problema con la búsqueda de aprobación de forma constante es que te deja vulnerable a ser manipulado por otros. Cuando los demás descubren que estás ansiosa/o por complacerles se  acomodan, porque saben que todo va a ir bien, puesto que tú te encargarás de hacer las cosas para lograrlo. Con el tiempo, las personas que constantemente buscan la aprobación de otros entran en un círculo vicioso del que es difícil salir. No solo porque te acostumbres a que validen tus decisiones, sino porque los demás te presionan y actúan sabiendo que dependes de su opinión. 

Buscar constantemente la aprobación de los demás implica estar constantemente preocupados de que otros se estén formando una mala opinión de nosotros. Eso te hacer sentir vulnerable y víctima de si otras personas están contentos contigo o no. Esto acaba con la diversión, la creatividad, la bondad y la espontaneidad de la vida. De vez en cuando también tienes que acordarte de ti mismo, de complacerte, de sentirte orgulloso de ti misma/o, aunque no todo el mundo apruebe tus deseos y aspiraciones. Esto no es ser egoísta, sino todo lo contrario. Una persona que está satisfecha consigo misma y que se siente bien es mucho más útil para los demás, porque es más feliz y tiene más ganas de vivir y de ser útil a los demás.

Recuerda que hagas lo que hagas siempre defraudarás a alguien. Buscar la aprobación suele ser un intento de tratar de ganar y mantener un sentido de control. Si podemos hacer que la gente “feliz” por ser lo que imaginamos que ellos quieren que seamos, entonces no vamos a ser rechazados o abandonados. Pero no puedes controlar el pensamiento de los demás ni tampoco complacer a todos. Hagas lo que hagas, siempre habrá alguien que desapruebe o no entienda tu decisión. Nadie es un billete verde que agrade a todo el mundo y, aún así, siempre habrá quien lo prefiera azul o amarillo.

Debemos concentrarnos en lo que es correcto y ser tú mismo. La mentalidad de grupo nos puede forzar a hacer lo que se supone que debemos hacer, pero eso no es siempre lo correcto. Para no ir contracorriente muchos optan por satisfacer a la manada, aunque lo que hacen les parezca incorrecto o no lo entiendan. Eso te hace entrar en una dinámica en la que te alienas con los demás, pierdes tu personalidad y tu capacidad de decisión. Aléjate de eso, concéntrate en lo que consideras correcto, analiza la filosofía y las metas y sé tú mismo. Si a ti no te gusta eso, no te gustan ellos, ¿por qué quieres complacerlos? ¿Qué te aporta formar parte de un círculo así?

No asumas que los demás te etiquetan en un extremo o en otro. La gente que está tan preocupada con la aprobación de los demás que dan por sentado que los etiquetan en un extremo o en otro. Sin embargo, la mayoría de las personas no toman decisiones ni juzgan a los demás tan fácilmente simplemente porque no aprueben o comprendan su forma de hacer o porque no se suman a las formas del grupo. Incluso cuando la gente te fuerza a que cuentes con su opinión, el hecho de que hagas lo que creas conveniente no hace que eso te etiquete de manera negativa ni te hace perder el cariño de los demás. Contrariamente a lo que pueda parecer, ser tú mismo es la mejor manera de ganarse el respeto de los demás. Y si te etiquetan, procura actuar para que lo hagan en la categoría que a ti te interese. 

 

ignorar lo que no vale la pena

noviembre 27, 2015


 

Hay épocas de nuestra vida en que sin saber muy bien cómo, perdemos esa tranquilidad interna que antes nos caracterizaba. Puede que sean ciertas personas, ciertas relaciones. Puede también que se deba a  determinadas situaciones, a presiones laborales e incluso a auto exigencias. Perdemos el rumbo e incluso nuestras propias esencias. Mantener durante mucho tiempo esta sensación puede hacernos caer perfectamente en un estado depresivo, en una indefensión tan grave donde todo escapa a nuestro control. No lo permitas. Aprende a ignorar, a desactivar, a liberar cargas para andar más ligero/a en tu sendero personal. No pierdas el rumbo. No pierdas tus raíces ni aquello que te define, porque todo aquello que te emociona, que te arranca una sonrisa y acelera tu corazón, eres tú. Y la felicidad es lo que da sentido a nuestra vida. 

Si hay algo curioso que lleva a cabo nuestro cerebro cada noche sin que se lo pidamos, es un mecanismo esencial de depuración. Gracias al sistema glimfático elimina toxinas que podrían causarnos problemas neurodegenerativos. A su vez, mientras dormimos, ejecuta un sutil “borrón” de información innecesaria, integrando y clasificando aquella que sí juzga como relevante. El cerebro, como ves, se alza como una maquinaria precisa y casi perfecta que sabe eliminar de sus estructuras y procesos internos todo aquello que no es útil, y que por tanto, podría enfermarlo. Sin embargo, nosotros, cuando abrimos los ojos al día y a la conciencia, no siempre somos capaces de ignorar lo que no vale la pena.

No es fácil ignorar ciertas cosas, ciertas personas, ciertas situaciones. Las personas no siempre sabemos percibir que algo puede hacernos daño, no tenemos un radar, ni una señal de alarma. Nos limitamos a confiar, a dejarnos llevar. A vivir. Si hay algo que también deberíamos tener en cuenta es que no solo están en el exterior muchas de las cosas que sería necesario ignorar. A veces, también está “ese ruido” interno, esos pensamientos obsesivos, esos miedos, esas dudas, la ansiedad… Enemigos propios que sería necesario reconocer y desactivar. Por ello, es importante comprender que en ocasiones, puede ser muy saludable practicar el sencillo acto de dejar atrás aquello que no enriquece, que no motiva,  y que por lo contrario, pone muros en nuestro crecimiento personal.

Piensa en esta pregunta durante unos instantes: ¿Qué es lo que te hace realmente feliz? Puede que te sorprenda, pero hay quien llega a tal extremo en su vida personal, que ya no recuerda qué es eso llamado felicidad. Es un riesgo muy elevado. A veces, no nos atrevemos, otras, tememos hacer daño a otras personas: a decepcionarles. No obstante, vale la pena tener en cuenta que ignorar es también responder con inteligencia. Es no dar relevancia a quien no la merece, es desactivar aquello nos hace daño.

Así que si no la sientes, si no percibes ilusión en tu día a día, deberás pensar en estos aspectos. Ve quitándote capas, una a una. Has pasado mucho tiempo llevando una vida en la que no te identificas, así pues, realiza un ejercicio interno y descubre qué “piel” deberías dejar ir para volver a tu esencia.
Recuerda tus valores. No hace mucho te definía la valentía, el coraje, el respeto por uno mismo y por los demás. Dilos en voz alta, hazlos patentes.

La felicidad no son cosas, son sensaciones elementales inscritas en los actos sencillos. Si no los aprecias, será el momento de tomar decisiones.

Debemos tener muy claro que ignorar no es de débiles, que no supone ni mucho menos no hacer frente a determinadas situaciones. En ocasiones, lo más acertado es ignorar, dejar de dar relevancia a algo que no debería tener tanta presencia en tu vida. Ignora los desprecios. No eres tú, no te definen, quita relevancia de tu vida a la persona que te los dirige. Camina ligero/a. Ignora a quien practique el egoísmo, a quien nunca fue como pensabas, a quien te trae tormentas los días de sol. Ignora a quien te quite la sonrisa. Asume el adiós, y deja ir para andar ligero/a. Ignora los miedos que ponen muros en tus sueños, los prejuicios y actitudes propias que te impiden coger ese tren que siempre pasará para ti. Desactiva los pensamientos limitantes y corre ligero/a rumbo a esos proyectos que sin duda mereces…

Si eres una persona débil buscaras venganza a tus despechos, si eres fuerte serás entonces capaz de perdonar. Ahora bien, si eres sabio te limitarás a ignorar lo que no vale la pena para disfrutar cada día de tu vida.

Atrévete a ignorar lo que no vale la pena para entornar la cerradura de la felicidad.


 

soy yo y soy feliz

noviembre 27, 2015






La felicidad cotidiana está compuesta por pequeñas y grandes cosas. Soy feliz por estar con la gente que amo, mi pareja, amigos, familiares, y mi mascota. Además, uno está bien consigo mismo cuando hace lo que siente, lo que le define, ya sean aficiones, trabajos, costumbres, gestos… Es difícil tener que renunciar a aquello que me hace feliz y que, de algún modo, sigue presente cada día de mi vida. Es posible que, en un momento dado, dejarás atrás todo lo que te definía por una persona. Atrás se quedó tu familia, tus amigos, tu trabajo…

Toda renuncia valdrá la pena si lo que conseguimos nos ofrece aquello que esperamos, pero si bien es cierto que nada en esta vida es seguro, y que casi siempre es necesario arriesgarse, las personas necesitamos gestos, palabras, actitudes y actos que nos demuestren que todo lo hecho, vale la pena… Que valió la pena saltar al vacío para ser feliz. Las personas muchas veces nos concienciamos en la idea de que “la vida es lucha”, de que a veces es necesario saber renunciar para encontrar cosas mejores, y por lo tanto, crecer.

Ahora bien, no hay por qué dejar atrás todo aquello que te hace feliz, sólo por hacer felices a otros. No es lógico: desde el momento en que dejas de hacer lo que te define y te hace feliz, dejas de ser tú mismo¿Qué le vas a ofrecer a la otra persona si ya no eres tú?. Quien además llega a permitir que te desprendas de aquello que te arranca sonrisas, placeres y bienestares, no te merece. Tú y Yo no somos sólo lo que se ve, no somos un físico, una presencia y una voz que rompe el silencio. Tú y yo somos nuestros paseos de las tardes, nuestras lecturas antes de dormir, y nuestras escapadas imprevistas para estar solo/a. La vida, en ocasiones, nos obliga a hacer más de una renuncia. Y lo hacemos porque hay aspectos que nos compensan, porque en esa balanza equilibrada sigue estando parte de aquello que te hace feliz. No obstante, no siempre ocurre de esta forma. La balanza no siempre se mantiene en su punto de sutil equilibrio donde todos ganan y nadie pierde. Es común, que en las relaciones de pareja, alguno de los dos embargue su felicidad por el bien del otro.

Podemos renunciar a lo bueno para lograr lo grandioso, cerrar una ventana sabiendo que hay otra puerta; pero nunca demos todo a cambio de nada, y aún menos renunciar a todo aquello que nos hace feliz como quien salta al vacío de un abismo. No se trata de ser egoístas, tampoco de priorizar nuestras necesidades por encima de los demás. La vida, lo creamos o no, requiere acuerdos con uno mismo y con el resto de personas. Y ambos son igual de importantes.En consecuencia es necesario mantener una dignidad lo bastante fuerte para sentirnos bien con nosotros mismos, para poder mirarnos al espejo y reconocernos cada día, y decir: “este/a soy yo y soy feliz”.

A su vez, a la hora de convivir, todos necesitamos de esa reciprocidad tan necesaria donde cada esfuerzo valga la pena, donde cada renuncia se vea compensada por otros aspectos. Donde la felicidad sea compartida y no limitada, absorbida por una de las partes. Las personas muchas veces nos concienciamos en la idea de que “la vida es lucha”, de que a veces es necesario saber renunciar para encontrar cosas mejores, y por lo tanto, crecer. Ahora bien, no hay por qué dejar atrás todo aquello que te hace feliz, sólo por hacer felices a otros. No es lógico: desde el momento en que dejas de hacer lo que te define y te hace feliz, dejas de ser tú mismo… ¿Qué le vas a ofrecer a la otra persona si ya no eres tú?. Quien además llega a permitir que te desprendas de aquello que te arranca sonrisas, placeres y bienestares, no te merece. Tú no eres sólo lo que se ve, no eres un físico, una presencia y una voz que rompe el silencio. Tú eres tus paseos de las tardes, eres tus lecturas antes de dormir, y tus escapadas imprevistas para estar solo/a. Eres tu trabajo, tus ideales, tus películas en versión original y una siesta por la tarde… ¿Qué te queda si te quitan todo ello?

No es más feliz el que menos tiene, sino el que “más afectos, serenidad, equilibrio y amor” tiene en su interior. No estoy hablando pues de ganancias físicas, sino de riqueza emocional, ésa que deberíamos cultivar cada día de nuestra vida. No debemos renunciar a lo que nos hace feliz, y aún menos a esos corazones sabios y artesanos que saben ofrecerte felicidad a través de los pequeños detalles, en la cotidianidad del día a día, haga sol, nieve o vengan momentos adversos. Ser feliz, en realidad, no cuesta nada, sin embargo, parece ser uno de los retos más complejos de la humanidad. En ocasiones, sin saber muy bien cómo, las personas somos hábiles especialistas en hacernos la vida imposible. Bastaría en realidad con tener en cuenta estos sencillos aspectos: Aprende a dar y recibir, el día a día es un intercambio continuado donde a través del respeto mutuo, y el entendimiento, ninguno debería tener que renunciar a nada.

Entiendo que será imposible hacer felices a los demás si en primer lugar, yo o tú mismo/a, no eres feliz. Jamás cometas el error de darlo todo por alguien a cambio de nada, porque entonces nos quedaremos vacíos, seremos solo una sombra de nosotros mismos. Y si perdemos nuestra identidad, lo perdemos todo.

Escuchémonos cada día, entendamos nuestras necesidades, al igual que entendemos la de los demás. Nadie es egoísta por cuidar de sí mismo, por procurarse ser feliz, por crecer, por ser más sabio, más hábil, por quererse un poco más. Porque el amor, es la única fuerza que crece cuando se comparte,  y eso es algo a lo que nunca deberemos renunciar…

Feliz Viernes.


 

ser el amor de mi vida para ofrecerte lo mejor...

noviembre 26, 2015


 

En nuestra sociedad nos educan y nos trasmiten el necesario valor de amar y respetar a los demás, lo cual es, sin duda, algo esencial. No obstante, no es común que nos inculquen la necesidad de querernos a nosotros mismos. En ocasiones, no se ve con buenos ojos el priorizarnos, e incluso que un niño diga tenga determinadas reacciones que a veces, relacionamos con un acto de egoísmo infantil. El amor propio, el pensar simplemente que yo soy el amor de mi vida, no es un acto de egoísmo. No desde el momento en que esta dimensión está enfocada a construir y proteger nuestra autoestima.

Nadie se quiere a sí mismo porque se considera mejor que nadie, o con mejores méritos, o con más derechos. Nos queremos para protegernos, para  conocernos mejor, para que nada ni nadie nos manipule, para saber lo que queremos y lo que no. El amor propio es un sentimiento que no debe avergonzarnos. Se trata no sólo de una herramienta para el bienestar interno, es  mantener un equilibrio con el cual, empatizar y respetar también a los demás. Yo soy Yo. Tú eres Tú. Yo no estoy en este mundo para cumplir tus expectativas. Tú no estás en este mundo para cumplir las mías...esto escribe hace unos días y es bueno recordarlo siempre. Sean cuales sean las circunstancias que nos han llevado a olvidar que el pilar de nuestras vidas somos nosotros mismos, nunca es tarde para recuperar este amarre. Esta fuerza interior con la cual, volver a nuestro equilibrio para ser felices, y poder ofrecer bienestar a quienes amamos. A quienes lo merecen de verdad.

Estoy empezando a sospechar que el amor de mi vida soy yo. Y decirlo en voz alta no es ningún acto de egoísmo ni de soberbia, es una reflexión que todos deberíamos interiorizar cada día como quien empieza sus mañanas con una buena taza de café. No es egoísta quien se atiende, quien resuelve sus miedos, quien sana sus heridas, quien deja atrás lo que le hizo daño para afrontar el mañana con optimismo y resistencia. Porque si yo estoy bien, seré capaz de dar lo mejor de mi mismo a los demás. Seré capaz de ser feliz y ofrecer felicidad. No necesito ser mejor que nadie, no necesito tener lo que tú tienes. Me basta y me sobra con ser yo mismo, con ser el amor de mi vida para ofrecerte lo mejor que habita en mi alma tranquila, en mi corazón sereno carente de odios ni rencores.

Aunque nos sorprenda, no resulta fácil llegar a este estado donde uno es capaz de amarse a sí mismo en plenitud y sin limitaciones. De algún modo, estamos casi acostumbrados a priorizar no sólo las necesidades de otros, sino que muchas veces, nos “apegamos” a cosas como si fueran nuestra única identidad: un trabajo, una casa, el dinero… Hay muchas dimensiones que van cubriéndonos capa tras capa con una coraza donde poco a poco, perdemos esa esencia que es el amor por uno mismo. Porque nunca debemos olvidar que si tú estás bien, el mundo va bien. Si tus pensamientos, si tus emociones no vibran con esa armonía interna que es el respeto por uno mismo, tu realidad estará distorsionada. Hoy en nuestro espacio te invitamos a reflexionar sobre ello.

Puede que en algún momento llegarás a olvidar que el amor de tu vida eras tú, porque priorizaste demasiado a otras personas. O puede también, que nunca lo supieras, que ya desde tu infancia proyectaran sobre ti una inseguridad y unos valores donde nunca se te priorizó como persona. Siempre llega un momento en que necesitamos desprendernos de cosas, de personas, de situaciones… Algunos lo llamarán egoísmo, pero yo lo llamo amor propio. Tener amor propio no es algo que se enseñe en las escuelas, en realidad, es un aspecto que las todos nosotros vamos descubriendo poco a poco como quien encuentra un arma de poder de la que nadie le había hablado antes. ¿Por qué suele ocurrir esto?

A medida que camines en los senderos de tu vida, descubrirás que lo importante no es cuántas cosas tienes, sino lo que vales… Te invito a tomar nota sobre una serie de aspecto sobre los cuales he reflexionado y me han ayudado a comprender y descubrir lo que es importante en mi vida.Toma aire y piensa en ellos detenidamente, para recordar sin reparos que efectivamente, el amor de tu vida eres tú.

Mantén un diálogo interno: analiza qué aspectos y situaciones cotidianas vulneran tu autoestima, y te alejan de quien eres en realidad. Tal vez debas dejar determinadas cosas, e incluso algunas relaciones puntuales. Empatiza contigo mismo: estoy seguro de que empatizas con todo aquel que tienes ante ti.
Comprendes su situación, su dolor, sus necesidades… pero ¿y las tuyas? ¿qué te dirías a ti mismo si estuvieras ante ti? Eres auténtica/o, única/o e irrepetible. No es un eslogan, no es una frase hecha. Es una realidad que debes empezar a creer desde hoy mismo. Dispones de virtudes, características y de una esencia que te hacen único en este mundo, y por tanto, importante.

Atrévete a quererte y a dedicarte lo que mereces, porque quererte a ti misma/o no es en absoluto dejar de amar a los demás. Es reconocerte y hacerte feliz, porque cuando uno empieza a ser feliz, llegan las mejores cosas de esta vida.

 

un acto revolucionario en el mundo tan materialista

noviembre 25, 2015



 

Valorar lo que tienes significa aprender a ver aquellos pequeños momentos que no podrías comprar ni con un diamante. Estoy seguro que si prestas un poco de atención descubrirás muchos de estos tesoros. Los más básicos para mí son: Un hogar donde dormir cada noche. Alimentos.Salud (que me esta fallando al momento). Ropa. Amigos, amor y familia. Quizás te parezca que son cosas básicas y que no hay nada que valorar en ello. Piénsalo otra vez: ¿cuánta gente hay en el mundo que no tiene todo esto?

Valorar lo que tienes no es solo agradecer que tienes cosas materiales… Valorar lo que tienes implica agradecer los momentos y recuerdos que nacen alrededor de tu existencia: la cena con los amigos que recordarás cuando seas anciano o el plato de avena que te recuerda algún momento feliz de la infancia…

Valorar lo que tienes no es sencillo en un mundo donde parece que siempre debes buscar más. La mayoría está enfocada en todo lo que no tiene: cosas materiales, relaciones interpersonales hasta la belleza ideal… Esperamos grandes cosas y nos fascinan los milagros, pero olvidamos que nuestra vida ya nos ofrece pequeños regalos que otros desearían. Creo que hay más gente preocupada por contar todas las cosas que le faltan que por saborear lo que la vida les da.

Pregunto : ¿Cuándo fue la última vez que te detuviste y con plena consciencia agradeciste por lo que tienes? Así como cada día te tomas tu tiempo para ducharte y lavarte los dientes, debes destinar un momento para valorar lo que tienes. Piensa en todas las cosas que has logrado, en lo que tienes y en quien está a tu alrededor. Incluso el día más difícil o desagradable mejorará cuando aprendas a agradecer. Lo común es pensar en lo que hace falta y deseamos, pero si aprendes a dar este paso cada día atraerás la gratitud a tu vida. Si tienes la oportunidad y te apetece hacerlo, escribe todas las cosas que tienes para agradecer. Así, el día que te sientas triste o deprimido puedes revisar esa lista y valorar lo que tienes. Esto a mi personalmente me hace continuar en los días grises y se hace más fácil.

Me sorprende cómo algunas personas se quejan todo el tiempo de las cosas triviales. Hacen un drama por tener que esperar en la fila para tomar el autobús o el tren y se enojan cuando pierden el autobús. Seamos sinceros, algunas veces olvidamos valorar lo que tenemos por enfocarnos en circunstancias sin importancia. Son situaciones que llegan a parecer más graves por el tiempo que les destinas en tu mente, que por los resultados reales. Darle tanta atención a estas experiencias te aleja de lo que sí es importante. Cambiar el chip y ver las cosas desde otra perspectiva hace que la vida sea más llevadera. Desde luego que a nadie le gusta llegar tarde al trabajo por haber perdido el autobús, pero estoy seguro que puedes sacar algo bueno de ello. La diferencia radica en lo dispuesto que estés a ver lo positivo de cada circunstancia en lugar de lo negativo.

Es común escuchar que solo valoramos lo que tenemos cuando lo hemos perdido. Suena muy fácil de entender, ¿no? ¿Qué pasaría si de verdad perdieses todo lo que tienes? Por un momento cierra los ojos e imagina que toda tu vida cambia por completo. De pronto te quedas sin casa, te es imposible conseguir alimentos y no tienes a nadie en tu vida. Sin dudas es un panorama desalentador, pero recuerda que hay mucha gente en el mundo que vive bajo estas circunstancias. Valorar lo que tienes no es algo superfluo. En realidad es un acto revolucionario en el mundo tan materialista en el que vivimos. Pero justo es esta forma de ver la vida la que te puede ayudar a ser más feliz.

 

Jamás perdamos la capacidad de hacer el bien...

noviembre 25, 2015


 

Todos contamos con más de una historia personal marcada por la decepción. Las hay que duelen más que otras, e incluso algunas nos han obligado a perder esa inocencia inicial con la que solemos llegar a este mundo. Dicen que hasta el corazón más enamorado se cansa de ser lastimado, pero por muchas heridas que recibamos nunca deberíamos perder nuestra capacidad de amar, de querer a quienes de verdad lo merecen. En la vida, invertimos tiempo, emociones, sueños y esperanzas en alcanzar determinados objetivos. En ocasiones, son sólo aspiraciones, otras veces es vida invertida en determinadas personas que en algún momento, nos pueden decepcionar.

Cuando queremos algo con mucha intensidad y lo perdemos, aparece la decepción y el vacío. No sólo perdemos esa relación, ese sueño, también dejamos ir una parte de nosotros mismos. El mayor peligro de las decepciones está en caer en la indefensión. Hay algo que no se ha ajustado a nuestras expectativas, que no ha salido tal y como esperábamos… Y eso duele, tanto, que podemos generar la sensación de que hagamos lo que hagamos, volverá a repetirse el mismo resultado. Son muchas las veces en que determinados fracasos y sobre todo, decepciones, generan en nosotros sentimientos negativos como la ira, la rabia, el rencor o la frustración.

Toda aquella emoción negativa mantenida de forma crónica en el tiempo, puede hacer cambiar nuestra visión sobre la vida, la gente, e incluso sobre la idea de que aún pueda existir gente buena en el mundo. Dicen que hacer el bien es olvidarse de uno mismo para darlo todo por los demás; pero no es cierto. En absoluto. Actuar de forma correcta, con integridad y favorecer a su vez el bienestar de quienes nos rodean, no supone “abandonarse”. Quien procura siempre lo mejor para el conjunto, actúa según la voz de su interior, y de acuerdo a sus propios valores. Si no lo hiciera, sería ir en contra de sus propias esencias, y entonces, sí que estaría provocándose un grave daño a su autoconcepción, a su identidad.

Dicen que hay decepciones que nos hacen abrir los ojos y cerrar el corazón. Es un dolor que nos obligará a ser más prudentes, pero que jamás debería llevarnos a perder nuestra capacidad por hacer el bien, sería una locura odiar a todas las rosas porque una te pinchó.

Así pues, no por haber sufrido una decepción vamos a odiar al resto del mundo, y aún más, tampoco vamos a cambiar nuestra filosofía de vida por haber experimentado varias, o incluso demasiadas decepciones. Puedes vestirte con la prudencia, con la armadura de la cautela, pero nunca claudiques al rencor o al odio. No vale la pena.llevar hasta estos extremos en los cuales, se quiebran por completo nuestros valores. Porque cuando perdemos nuestros valores lo perdemos todo, y si pierdes tu capacidad por hacer el bien pensando que no vale la pena, estarás dejando de ser tú mismo. Dejarás de reconocerte cada vez que te mires en el espejo.

Cada cosa que acontezca en nuestra vida, ya sea bueno o malo, debemos aceptarlo, intégralo y seguir avanzando de la forma más ligera posible. Si almacenamos rencor caminaremos despacio, si guardamos rabia buscáremos venganza, si escondemos odio quedaremos encallado y  habremos perdido por completo nuestra capacidad por hacer el bien. Por generar felicidad. En esta vida no somos más que breves pasajeros en un camino donde quienes vayan ligeros de odios y rencores, serán capaces de disfrutar el trayecto con mayor sabiduría e integridad. Sabemos que no siempre es fácil afrontar una decepción, pero si hay algo que no debes permitir, es que el mal comportamiento de otros quede impregnado en nosotros hasta el punto de cambiarnos. De hacernos creer que ya no existen las buenas personas, o más aún, que las buenas personas siempre acaban heridas.

Por sobre todas las cosas debemos intentar vivir en el “aquí y ahora“, centrarnos en el presente sin generar excesivas expectativas sobre lo que debe ocurrir o lo que ocurrirá. Déjanos llevar es lo mas adecuado.  Aceptar que las decepciones forman parte del trascurso vital y que debemos aprender de ellas. No debemos permitir que ellas nos cambien en algo que NO somos. Debemos comprender que no puedes controlar aquello que hacen los demás, ya sea bueno o malo. Sabemos quien somos y lo que queremos, y sabemos que hacer el bien forma parte de nuestras raíces, de nuestra esencia vital.

Finalmente creer en los demás hasta que no nos demuestren lo contrario, para permitirnos confiar, tenemos experiencia, tenemos nobleza en nuestro corazón y merecemos encontrar siempre lo mejor de las personas. Si nos acercamos a ellas con rencores pasados, encontraremos rechazos. Enfoquemos las decepciones como una renovación: es experiencia y un claro ejemplo de lo que no queremos repetir. Jamás perdamos la capacidad de hacer el bien por muchas veces que nos decepcionen, por muchas veces que caigamos.


 

piensa que lo que debe ser será

noviembre 24, 2015


 

Hoy quiero escribir, de mi experiencia propia, sobre un  problema natural que muchas veces no tiene explicación.Hubo un tiempo en que sufría de ansiedad y no sabia por qué, esta situación influía en varios factores en mi vida diaria. Y de esa experiencia he podido entender que una persona que sufre ansiedad necesita compasión. Alguien que pueda escucharla sin juzgarla, sin reproches, sin críticas.No es necesario que la entiendas, pues si nunca has sufrido ansiedad probablemente te resulte muy difícil ponerte en su piel. Pero, asegúrate de que sabe que estás ahí, que te tiene a su lado. Eso, aunque no lo parezca, le ayudará bastante. Las personas que sufren ansiedad, en ocasiones son vistas como personas locas. Debido a esto, se sienten incomprendidas y no saben a quién acudir para desahogarse.

Si eso que me provocaba ansiedad me acorralaba y no podía escapar de ello,y me preguntaba a diario :  ¿cómo salir de esa situación que no hace más que incrementar mi ansiedad? y he aquí mi respuesta :  Piensa que la persona que sufre ansiedad no la ha elegido. Esta viene por una serie de factores que la persiguen y la acorralan generando este estado que muy pocos logran comprender. Por mucho que intenten escapar es imposible. Nada las libera de esa ansiedad que les persigue como su propia sombra allá donde van. ¿La solución? Deben enfrentarse a aquello que les provoca ansiedad. Escapar no es posible, solo buscar dónde está el problema, encontrarlo e intentar solucionarlo. La ansiedad no agota las angustias del mañana, solo agota la fuerza del hoy.

La ansiedad es una de las emociones que más sufren las personas. Esta junto al estrés se convierte en una afección que nos provoca una sensación de malestar difícil de dejar atrás. Cuando sientes una amenaza, cuando visualizas algo de forma negativa, cuando te ves presionado, la ansiedad te aborda con el afán de poder hacerle frente de la mejor manera a ese problema. La ansiedad es una reacción normal, pero que encierra muchos secretos. Las personas que sufren ansiedad no lo pasan nada bien y lo peor es que no se ven comprendidas por aquellos que no padecen este problema.

La ansiedad roba energía y llegado el momento llega a ser tan grande su poder que hasta cualquier pequeña cosa llega a saturar a la persona que sufre ansiedad. Es normal que en ocasiones nos sintamos desbordados, pero ante algo pequeño que no debería provocar ni un mínimo de estrés esto no es habitual.
¿Por qué le ocurre esto a las personas que sufren ansiedad? Porque están tan rodeadas de esta emoción que, como no logran lidiar con ella, esta las va absorbiendo. Naciste para ser libre, no seas esclavo de nada ni de nadie. No permitas que la ansiedad llene tu vida es mi consejo.

Las personas que sufren ansiedad al igual que cualquier cosa por pequeña que sea los sume en un estado de ansiedad increíble, también les afectan detalles aparentemente insignificantes. Eso no debería suceder, pero como viven rodeadas de ansiedad, lo que hacen es adelantarse a los acontecimientos, visualizando lo que podrá ocurrir. El miedo a la ansiedad provoca que eso que estén visualizando sea bastante negativo. Esto no hace más que provocar que la ansiedad se vea atraída por estos pensamientos. Realmente, no pueden evitarlo y por eso necesitan a personas que puedan ser comprensivas. Siempre se adelantan a los acontecimientos y eso provoca una llamada a la ansiedad que no es más que una preparación hacia ese miedo del que son muy conscientes.

Pueden parecernos increíbles los miedos que provocan ansiedad en algunas personas, pero aunque tú no seas capaz de comprenderlos o compartirlos no implica que no sean reales. Desde luego, los miedos de las personas que sufren ansiedad son muy reales. Es real en su mente y ello les provoca esa reacción de la que no pueden librarse. Las personas que sufren ansiedad cuando se encuentran con sus miedos piensan que no pueden controlarlos. De hecho, son los miedos los que las controlan provocándoles esa ansiedad que tanto temor les da.Eres una víctima de tu propia mente.

Finalmente, si sufres ansiedad sabrás perfectamente que si crees que no puedes controlar una situación o superar un miedo esto así será. Todo lo que creas, lo que tu mente piense, se hará realidad. No permitas esto. Aprende a comprender a las personas con ansiedad y a tu propia ansiedad si la padeces. Nunca escapes de aquello que te la provoca, intenta saber ¡qué la origina! Solo así podrás empezar a solucionar y a enfrentar tus miedos. 

Quiero terminar este escrito con una frase de una persona que admiro por sus mensajes, uno de ellos me quedo grabado en mi mente para todo el resto de mi vida.

 Don Facundo Cabral decía : “Libérate de la ansiedad, piensa que lo que debe ser será, y sucederá naturalmente.

Dedicado a todas esas personas que en estos momentos se sienten identificados con estas palabras, a todas esas personas que se encuentran invadidos por la desesperanza de un mundo que tiende a deshumanizarse.


 

al fin y al cabo es lo que nos merecemos

noviembre 23, 2015


 

Cuando consigues conocerte a ti mismo comienzas a establecer tus prioridades y a actuar conforme a ellas, marcas los límites y te descubres sabiéndote feliz con unas cosas e incómodo con otras. Es a partir de este momento cuando, además, sabes qué tienes que permitirte para disfrutar al máximo de tu vida y, cuando te permites lo que te mereces, atraes lo que necesitas.Nadie me va a conocer mejor de lo que pueda llegar a conocerme yo: soy yo quién sabe qué he vivido y cómo lo he hecho. Esta es la razón por la que, además, siempre pido que no me juzguen, porque las experiencias por las que he pasado son únicas y propias hasta llegar hasta dónde estoy.

Necesito lo que me merezco y solo puedo tenerlo por mí mismo dándome la oportunidad de creer en ello. No quiero a nadie en mi vida que me haga creer que no merezco lo que necesito o que no estoy a la altura de ello. Quiero disfrutar de lo que deseo y lo que agradezco tener. Hay un dicho oriental que dice que es peligroso desear algo porque todo lo que se desea puede hacerse realidad. Yo no sé si esto es así, lo que sé es que no dejaré que nadie me haga creer que no puedo conseguir aquello que deseo y, mucho menos, que no me lo merezco.

Tenemos que saber quiénes somos y qué queremos ser, dado que es necesario saberlo para comenzar a construirnos desde ahí. Parece un enigma fácil, pero es muy complicado llegar a conocer qué queremos hacer con nuestra vida y ponerlo en práctica. Sin embargo, lograrlo implica saber dónde queremos ir y, al saberlo, lo que nos merecemos llegará solo. Nunca dejes que nadie te diga que no puedes hacer algo. Ni siquiera yo, ¿vale? Si tienes un sueño, tienes que protegerlo. Las personas que no son capaces de hacer algo te dirán que tú tampoco puedes. Si quieres algo ve por ello y punto.

Es probable que muchas veces hayas visto tu autoestima baja porque te han hecho creer que era así como tenías que verte o, incluso, cabe la posibilidad de que sin proponérselo también lo hayan conseguido. Sin embargo, cuanto antes aprendamos a darnos permiso para ser todo lo que podamos ser y lo queramos, antes nos sentiremos bien con lo que hacemos. Ante situaciones malas seguro que hemos oído mil veces frases como: con lo que he hecho no me merezco esto, no necesito pasar por esto, no he hecho nada para que ocurra lo que está ocurriendo, etc. Pero, y si la cuestión es: ¿dónde tengo que poner el límite entre el aprendizaje y el dolor excesivo? 

Siempre he pensado que es más beneficioso mirar las situaciones desde el punto de vista de lo que estamos permitiendo: si permitimos que algo que creemos no merecer nos desgaste, estamos apoyando la idea de merecerlo; y, todos estamos aquí para garantizar que hemos vivido cada día cómo queríamos hacerlo. Yo no me conformo con algo que no creo suficiente, no me quedo con menos de lo que de verdad pienso que me merezco: no es que quiera lo más bonito del mundo, quiero aquello y aquellas personas que hagan más bonito mi mundo. No necesito a alguien que me haga sentir lo contrario.

Es cierto que a veces estamos ciegos y no vemos más allá de la superficie. Por ejemplo, puede que hayas estado en una relación de pareja que la gente que tenías alrededor no aceptaba porque pensaba que no te la merecías. En esos casos nos encerramos en nosotros mismos y no queremos escuchar cuando, muchas veces, deberíamos hacerlo porque si nos quieren querrán lo mejor para nosotros. Otras veces, la envidia puede estar jugando su papel en estas situaciones.

Hay que ser feliz.Pero no por alguien.Tampoco por algo.Quizás con alguien.Nada de eso;hay que ser feliz porque al fin y al cabo es lo que  nos merecemos. Ante todo tengo que pensar en que lo importante es que me haga feliz, para que los que estén a mi alrededor también lo estén. Si me hace feliz es para mí, me lo merezco y tengo que luchar por ello.


 

el manto de nuestra vida.

noviembre 20, 2015

 

Estamos viviendo un momento difícil. Pero nosotros no somos nuestro dolor, no merecemos vivir de forma crónica en el mundo de la decepción y el abatimiento. debemos alimentar nuevas ilusiones, abrir puertas interiores para encontrar esa llave que derrumbe muros exteriores. Tenemos muchas, muchísimas responsabilidades que cumplir, objetivos que alcanzar, personas que atender y necesidades que cubrir. Nuestra vida es a veces tan complicada que poco a poco, vamos perdiendo nuestro propio rumbo, nuestro equilibrio interno.

En el rumor incansable del día a día se desdibuja parte de nuestra esencia, de nuestra espontaneidad de nuestro ser. Debemos aprender a establecer prioridades, y la máxima prioridad… soy Yo. Es necesario no olvidar algo tan importante como esto: si yo no estoy bien, mi mundo no va bien. Y más aún, tampoco conseguiré hacer feliz a otros. En este mundo todo es posible siempre y cuando este en equilibrio con mis esencias, con mis valores, con mis emociones.

Cada uno de nosotros contamos con nuestra propia historia personal. Puede que a estas alturas de la vida, haya escrito ya más de un capítulo de decepciones, de fracasos e incluso de desengaños. Soy muy consciente de todas las batallas que he librado, y de las formas que tienen mis cicatrices internas, pero sólo aquellos que han sido capaces de asumirlas, y aceptarlas en lugar de cargarlas, serán capaces de permitirse nuevas oportunidades: ahí donde todo es posible.
Podría decir quizá, que las segundas oportunidades sólo están disponibles para quien crea en ellas. Por su parte, todos aquellos que cierren su corazón con el sello de la amargura y el rencor, están ventando su propio crecimiento personal, y la oportunidad de ser felices de nuevo.

Llegamos a este mundo con la inocencia de quien no sabe nada y lo espera todo. Nuestros padres son quienes nos guían con más o menos acierto en esos inicios donde el futuro, se nos antoja casi perfecto. Como satinado de mil colores y alcance de la yema de nuestros dedos. No obstante, a medida que crecemos parte de ese hechizo se va rompiendo. Llegan las primeras desilusiones, y comprendemos lo que supone convertirse en adulto. Nadie ofrece algo a cambio de nada, y nadie nos garantiza que vayamos a ser siempre felices.

El mundo gira en su rueda oxidada del tiempo repartiendo destinos. Hay quien piensa que todos llevamos el nuestro fijado casi de fábrica, pero no es así. En esta vida compleja, todo es posible mientras nosotros así lo pensemos, mientras tengas ilusiones, fe y valentía, cualquier cosa puede ocurrir. Hay quien anda en su sendero vital cuidando de no salir de esas marcas, de esas vallas que otros han creado para ellos. Son esos patrones con los que nos han educado, es también la necesidad de cumplir determinadas expectativas, de no defraudar, de no fallar a otras personas…

En ocasiones, nos limitamos a vivir vidas prefijadas por otros porque así nos sentimos más seguros. Sin embargo, nadie puede ser feliz de sintiendo cadenas ajenas, viviendo la vida que otros tienen en mente. De ahí, que valga la pena recordar que todo es posible siempre y cuando tú mismo/a te lo permitas. El mundo es complejo, de hecho, lo es tanto, que gusta de vez en cuando de ser bastante injusto. No obstante, no debemos caer en el error de atribuir todo lo que nos ocurre a esas voluntades externas que marca el destino.

El mundo puede ser complejo, pero sólo nosotros somos responsables de hilar esa madeja y tejer el manto de nuestra vida. Entre todo el caos que hemos vivido, entre todas esas decepciones, es muy posible que en algún momento dejáramos de creer en nosotros mismos. Las personas dejamos de creer en nuestras capacidades y valentía cuando nuestros pensamientos se convierten en ruido, en una música desafinada cargada de emociones negativas. Y nos preguntamos : ¿De qué manera podemos volver a armonizar esos pensamientos? Cambiando la actitud, variando esa actitud limitante y esa carga negativa tomando conciencia de nosotros mismos.

La vida debe discurrir en mi día a día con una sutil armonía donde todo encaje. Nadie debe imponernos algo que no deseamos, jamás pongamos nuestra felicidad en los bolsillos de otros. Toda manipulación, toda vulneración a nuestra autoestima, romperá al instante esa “sinergia” de las que todos deberíamos disfrutar. Permitámonos aquello que necesitamos. A veces, es necesario dejar a un lado lo que sentimos para recordar lo que merecemos. Puede que hoy me sientas dolido o Tu te sientas dolida/o, pero recuerda que merecemos mucho más que el sufrimiento cotidiano. Merecemos ilusionarnos, ser nosotros mismos/as cada día de nuestra vida.

En esta existencia compleja, revoltosa y caótica, necesitamos siempre de un equilibrio interno donde el mundo quede ajustado y bajo nuestro control. Recordar que todo es posible siempre y cuando uno mismo pienses que lo es.



 

cambiar a alguien es la solución.. ?

noviembre 20, 2015

 

No vivimos en un mundo virtual en el que puedes cambiar a los que están a tu alrededor, pues en este mundo real las opciones son solo dos: aceptar o alejarse; pero en ningún momento estará presente la opción de cambiar a los demás. Nadie puede cambiar a una persona, pero una persona puede ser la razón por la que alguien cambie. ¿Cuántas veces has intentado cambiar a alguien? Puedes haber sido tú o pueden haber querido cambiarte a ti. Sea como fuere, esto es algo que, por mucho que nos esforcemos, no podremos lograr. Pensemos en la idea de cambiar a los demás, como el hecho de decirle a alguien que deje de fumar. Si esa persona no quiere dejar el tabaco, por mucho que le digas que lo deje y acepte, no lo va a hacer. Solo debes mirarte a ti mismo y preguntarte: ¿haría algo que realmente no quiero hacer?

Para entender un poco el hecho de que no se puede cambiar a los demás, por mucho que nos empecinemos en ello, quiero contarles una historia que lo leí y me gustaría compartir con vosotros esta enseñanza que nos viene en forma de cuento:

“Un rey caminaba por un pueblo rocoso, se enfadó y dijo: ‘quiero que maten todas las vacas y que alfombren todo el pueblo’. Se juntaron los sabios del lugar y le dijeron: ‘muy bien, rey, tenemos que matar diez mil vacas, curtir todo el cuero y en diez años tendremos alfombrado todo el reino para que nuestro rey no se lastime’. Y vino un bufón que le pidió permiso para decir algo y el rey accedió: ‘¿por qué no matan una vaca, le sacan el cuero y le hacen unos zapatos?’. Y el rey aprendió que era mejor cambiar uno mismo que tratar de cambiar a todo el pueblo.”

Pensemos bien en lo que nos ha querido decir este breve relato. El rey pensaba que cambiar a todo el pueblo iba a ser fácil, por eso nunca pensó en la otra posibilidad. Eso mismo nos pasa a nosotros. Creemos que cambiar a los demás siempre va a ser más sencillo que, por ejemplo, cambiarnos a nosotros mismos.
Esto es algo que aprendemos y que debemos empezar a ver con otros ojos para no cometer los muchos errores que cometemos en muchas ocasiones. Cambiar a los demás nos parece la opción más fácil, mucho más que cambiar nosotros mismos. Porque ahí sí podemos cambiar. El cambio propio es posible, el ajeno ¡no existe!

En ocasiones queremos tanto a la persona que está a nuestro lado que por no perderla queremos que cambie. Pero, ¿sabes lo que implica eso? Cambiar a alguien provoca que esa persona ya no sea ella misma. Le robarás su esencia. Si realmente no te sientes cómoda con ella, si no aceptas cómo es, cómo actúa, ¡aléjate! Es fácil decirlo, pero difícil hacerlo. Eso sí, perderás fuerzas y energías buscando un cambio que nunca se sucederá, pero en el que te esforzarás. Aceptar a las personas tal y como son,  nos cuesta, muchas más veces de las que pensamos. Inconscientemente intentamos cambiarlas.

¿Cuántas veces te has enfadado con alguien porque no actúa como tú quisieras? Pensemos en las parejas que es donde más se sucede este estado de querer cambiar al otro. ¿Que no actúa cómo tú quieres? Cada uno es libre. Si no te gusta su forma de reaccionar ni de actuar ¿por qué sigues a su lado?. Para que las cosas cambien tú tienes que cambiar… Para que las cosas mejoren tú tienes que mejorar. Tú puedes cambiar, pero solo si tú quieres. Imagínate que otra persona te dice que cambies, te insta que así no te soporta y tú intentas cambiar. Eso va a ser imposible. Tú solo podrás cambiar si te lo propones tú mismo.Todos quieren cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo.

Acepta a las personas como son y jamás pienses que cambiar a alguien es la solución. Realmente es una solución fácil e infructuosa que quizás traiga muchas más consecuencias de las que piensas. No te arriesgues. Cambia tú, acepta a los demás.



 

un día más en este antiguo planeta.

noviembre 19, 2015

 

¿Acaso llegó el momento de darnos por vencidos? ¿Será éste el momento de cantar con más fuerza nuestras canciones de amargura, derrota y rabia desenfrenada? ¿Es el mundo un error insensato, una aberración de la consciencia, una pérdida de tiempo para todos? preguntas y mas preguntas que nos hacemos como el pan de cada día.

Cuando nos enfrentamos a noticias como éstas :  La sangre fluye por las calles de París. De nuevo. Gente matando gente en nombre de dioses e ideologías. Tortura, violación, asesinato, impactantes violaciones a los derechos humanos...- A menudo podemos sentirnos tan impotentes, tan decepcionados, tan asustados, tan inseguros; como si estuviéramos viviendo en un mundo que se ha vuelto loco, desquiciado, fuera de control. Todo parece como una pesadilla, como si una especie de fuerza oscura o maligna estuviera asumiendo el control. Algunos comienzan a hablar de la llegada del Apocalipsis. Ciertamente, se puede sentir como el fin del mundo de cuento de hadas en el que algún día creímos.

En medio de la devastación buscamos respuestas, causas, algo o alguien a quien culpar, una forma de dispersar nuestra tensión, una salida para toda esa rabia, dolor y confusión, un escape de esa energía de vida no procesada. Culpamos a los asesinos.  A sus padres. A la sociedad en general. Al cerebro humano. A la comida que consumimos. A los químicos. A las estrellas. A nuestros gobiernos. A las religiones. Codificamos a los asesinos como enfermos, retorcidos, locos, malditos. Nos ponemos en guerra con ellos como lo han hecho ellos con nosotros, deseando más muerte y destrucción sobre ellos y sobre sus hijos, sus madres, sus amantes. Nos adentramos en la milenaria historia del bien contra el mal, de nosotros contra ellos. Consolidamos aún más nuestra identificación con un irreflexivo sentido del yo construido por la mente. Acentuamos las divisiones.

En nombre de la paz, nos convertimos a nosotros mismos en terroristas. Maldecimos a Dios y al universo, y deseamos nunca haber nacido. Tratamos de adormecernos a nosotros mismos, distraernos de esas noticias, con alcohol, drogas, sexo, trabajo, compras, comodidades mundanas. Desestimamos los horrores, retiramos nuestros corazones de los corazones de nuestros hermanos y hermanas en otras regiones del planeta, le damos la espalda a su triste situación, murmurando para nosotros mismos, mientras leemos el periódico en la mañana, lo "fea" y "terrible" que está la situación, sin hacer nada para generar un cambio y una sanación real.

Somos muy buenos para encargamos de difundir el problema, pero nos damos por vencidos cuando se trata de ser parte de la solución. Acudimos a maestros espirituales para que nos consuelen con una charla sobre la naturaleza ilusoria de la vida y la irrealidad de la que todos somos testigos. Regurgitamos frases vacías como 'nada importa', 'todo es un inocente juego de maya,' y 'de cualquier forma, nadie tiene elección'. Calificamos lo que vemos como 'irreal' o 'ilusión' para alejarnos del dolor de tener que confrontar todo el lío y la aparente falta de control de esta manifestación relativa e impertinente. Pretendemos que los acontecimientos del mundo no tienen nada que ver con nosotros, que todo es independiente y que somos personas separadas. 

Caemos en el solipsismo.en la anarquía cerramos nuestros corazones con más fuerza, construimos nuestros muros aún más altos y vivimos en un estado protegido, impregnado de miedo, rechazamos este mundo y soñamos con una perfecta vida después de la vida,utilizamos la 'realidad' de las noticias como una excusa para darnos por vencidos, para cerrarnos, para olvidar lo que realmente somos, dejamos que los 'terroristas' ganen abandonando nuestro camino y viviendo una vida de terror nosotros mismos, y aterrorizamos a otros que etiquetamos como 'malos'. 

Nos sumamos a los problemas que vemos, o utilizamos la aparición de los problemas para vernos más profundamente a nosotros mismos y a la forma en que vivimos y como tratamos a los demás. Vemos la locura como un llamado a la claridad, a la violencia como una invitación al amor, al dolor como un llamado a la compasión, al terror como una invitación a recordar y expresar con más profundidad y con más convicción la infinita inteligencia que somos,justificamos las matanzas? Absolutamente no. 

Sentimos el dolor de las víctimas, y la de sus seres queridos, por supuesto que sí, porque no estamos separados. Haríamos todo lo posible para evitar que este tipo de cosas ocurran de nuevo? Absolutamente. ¿Trabajamos por la justicia? Sí. ¿Nos sentamos tranquilamente y simplemente 'aceptamos'? Si aceptar significa indiferencia y pasividad y soportar, no. Si significa alinearnos profundamente con la vida, sabiendo que el cambio inteligente y la sanación siempre surgen del hecho de sumergirnos en el misterio del momento, entonces, sí. La verdadera aceptación y el cambio creativo son amantes.

En Medio Oriente, un judío donó uno de sus riñones a una Palestina enferma, salvando su valiosa vida. En la India hay una mujer que alimenta y baña a los leprosos porque se ha dado cuenta que todos somos expresiones de una misma consciencia y le alegra mucho vivir así, a pesar de lo que los demás digan de ella. En San Francisco, un hijo toma la mano de su anciano padre y de repente se da el perdón, como por arte de magia; en una forma inesperada, el peso de la violencia y el resentimiento de toda una vida se desvanecen, como si nunca hubiera pasado nada.

¿Qué 'nuevas' les estamos enseñando a nuestros hijos? ¿Les estamos enseñando que han nacido en un mundo esencialmente malo, enfermo y lleno de miedo, y que deben vivir con temor y odio? ¿Les estamos enseñando que la violencia es inevitable y que ya viene 'incluida' en su naturaleza? ¿O les estamos enseñando que todo el crimen y la tortura que vemos en las noticias diarias surgen del olvido de lo que somos, de una falsa y equivocada creencia en la separación?¿Cuáles son las verdaderas 'nuevas' de nuestros días?

¿Les estamos enseñando a renunciar a sus sueños porque hay gente mala allá fuera intentando detenerlos? ¿Los estamos enseñando a renunciar al amor y a la compasión, y al cambio y a la humanidad y a la alegría debido a todas esas 'nuevas'? ¿Les estamos enseñando a enfocarse en lo que está mal en el mundo, a aferrarse a lo 'negativo', a cantar canciones de derrota y desilusión?. Los estamos volviendo ciegos a lo 'negativo' enfocándolos solamente en lo 'positivo'? O los estamos enseñando a reconocer la violencia en el mundo, el dolor, pero estando conscientes de que todo eso es parte de una imagen infinitamente más grande, una imagen en donde todo está interconectado y todo es importante y todo está en equilibrio y nada está escrito sobre piedra?

No debemos nunca utilizar las noticias como excusa para dejar de vivir nuestra verdad, ni por un solo instante. No creas, ni por un segundo, que hay una fuerza en el mundo llamada 'el mal' con algún tipo de poder que sea capaz de vencer a la vida. El terror no puede ganar porque proviene de un craso malentendido acerca de nuestra naturaleza. Solamente nos estamos lastimando, nos estamos apuñalando a nosotros mismos, nos estamos defraudando y en el fondo lo sabemos y siempre lo hemos sabido. Una ola nunca puede separarse del océano, ni tampoco de ninguna otra ola, y más allá de nuestras diferencias de creencias y opinión, todos somos movimientos de la Única Vida, el verdadero Poder, más allá del 'poder' mundano de las armas de fuego y cuchillos de carne con sangre goteando.

Mas que nunca hoy debemos enseñar a nuestros hijos las realidades del mundo sí, pero, lo más importante, muéstrales las realidades de sus corazones y de los corazones de aquellos a quienes llaman 'los otros'. Permite que el juego actual de la violencia sirva para profundizar aún más tu convicción en este don eterno, inmutable que es la Presencia, la Presencia que siempre has conocido, y para confirmar nuevamente tu intención de parar toda violencia en ti mismo, para vivir como tú sabes que puedes vivir. No permitas que las noticias, o las historias que selectivamente se te presentan como noticias te distraigan de la Verdad. Honremos a las víctimas. 

Finalmente recorre tu camino con coraje. Exprésate. Crea. Organiza. Apaga tu maldita televisión. Mantén tu vista en el objetivo real.


 

seguiré intentando hasta mi ultimo suspiro

noviembre 18, 2015


 

Estoy al momento en un proceso de adaptabilidad a vivir día a día con menos medicamentos y poco a poco mermar la dosis de morfina, este proceso no sólo se ha debilitado mi estado físico, sino también mental, ha ido mermando las aspiraciones por recuperarme, tengo permanecer imposibilitado de hacer diferentes actividades. Cuando no noto una mejoría o pareciera que los tratamientos no surten efecto, siento rechazo hacia el doctor que me está atendiendo y no a mi cuerpo o mente por no mejorar. También creo que mi médico resta importancia a lo que experimento o creo que éste no tiene interés en mi caso, puede que yo este equivocado en estas apreciaciones, pero es lo que siento.Creo que debo aceptar lo que no puedo cambiar, lo que sucede porque así ha sido e intentar ayudarme, superar y avanzar. Pienso que hay muchas cosas en esta vida que no se pueden elegir y que sin duda aceptamos, por ejemplo, a nuestra familia.

Tu sabes mejor que nadie, que en mi vida han ávido muchos momentos en el que me he derrumbado completamente como el que estoy hoy pasando, producto de los medicamentos y mi estado de salud. Y cuando ese momento pase, estoy seguro que voy a seguir adelante, se perfectamente que la vida es un extraño carrusel donde lo bueno y lo malo nos visita por igual, pero somos nosotros, con nuestras actitudes, y nuestros pensamientos, quienes debemos empujar a esta rueda para que siga girando, con optimismo y esperanzas renovadas para que al final, llegue lo que merecemos pero es tan fácil escribir lo difícil es poner en practica y lo intento y seguiré intentando hasta mi ultimo suspiro, de eso puedes estar segura.

Todo tiene solución, absolutamente todo. No es cuestión de reparar, sino de mirar hacia delante. Si no la encuentro, si me encuentro tan cegado que no lo veo, pienso y  se que no estoy solo, y no debo limitarme. Las soluciones están ahí, solo que a veces ¡no las veo! Las cosas hay que pensarlas porque si no esas soluciones drásticas que estoy adoptando, probablemente, sean erróneas o surjan de nuevo en un futuro cercano. ¿Qué es lo que me hace sufrir a mi? Estoy en el proceso de descubrirlo y poner hoy solución. No debo sufrí inútilmente, ya que ello me alejará cada vez más de encontrar mi propia y plena felicidad.

Se que la vida no es perfecta ¿Y qué? No lo es, no lo ha sido y nunca lo será. Esto es lo que hay que aceptar. Aceptar significa comprender que las cosas a veces están a mi favor y otras veces no, y eso es algo normal, forma parte de mi vida y además está bien, ya que si todo fuese perfecto, nunca valoraría el hecho de que las cosas nos sean favorables. Por lo tanto,se que es muy importante decirse a uno mismo: intentaré que las cosas me vayan bien y pondré todas mis fuerzas en ello, pero si no sale, mala suerte, hay cosas que no dependen de mí y no me enervaré por ello más de lo necesario. Ya se abrirán otras puertas. Y no basta con repetirlo como un loro, hay que creerse lo que uno se dice porque es la única realidad. Se que me encontraré con  mil piedras en el camino y más vale que acepte cuanto antes que esto será así. Aceptar me ahorrará muchos sufrimientos innecesarios.

En estos días he tenido la sensación de estar en caída libre puede llegar a ser placentera por un tiempo. En ese momento,me he dado cuenta de que estoy disfrutando de un viaje hacia la inmensa oscuridad. Un dudoso y terrible destino que a ratos me parece agradable. Pienso, me dejo llevar y aprovecho las vistas, la sensación de libertad y la incapacidad de sentir dolor porque todo lo malo de mi vida se ha agolpado y ya me da igual. Que extraña forma, me he enamorado de mi depresión, pero no seguiré así ya que debo reaccionar ante la caída libre con prontitud. Cada día que pasa y me dejo llevar por la inercia de los acontecimientos, es un tiempo precioso que estoy perdiendo y que nunca recuperare. Pienso que cuanto más abajo este, mayor es la distancia que he de recorrer para volver a levantar el ánimo y salir a flote. No debo dejarme llevar por la extraña sensación de tranquilidad que me ofrece este estado de tristeza y debo detener el desastre a tiempo.

Sabes dedico cada día de mi vida un ratito a escribir y reflexionó sobre el rumbo de mi vida y trato de dirigirla hacia la verdadera dirección en la que deseo que vaya. intento no dejarme llevar por los excesos y las personas manipuladoras. En definitiva, debo ser yo mismo, con lo bueno y lo malo, con coherencia y sensatez, y por supuesto he aprendido a vivir con la oscuridad que pueda haber en mi corazón. Los seres humanos somos imperfectos por naturaleza. Eso no significa que debamos dejar aflorar nuestros más bajos instintos. Lidiare con lo malo que tenga y me propongo luchar contra mi negatividad para vencer la batalla y limitarla en una oscura celda en lo más profundo de mi ser.

No debo rendirme debo ser persistente y luchador. Apoyarme en la gente que me quiere, y si estoy en caída libre como yo lo llamo, sentiré cierta ira y desgana pero debo pensar que mucho de esos sentimientos negativos están en mi cabeza y corazón y debo desplazarlos y deja aflorar poco a poco mi alegría, ganas de vivir y amor.

Pienso en todo momento en levantar el vuelo, y no en la engañosa sensación de placer temporal que me ofrecer la caída libre. Rara vez los caminos rápidos y fáciles son los acertados. El atajo puede servir un día, pero el esfuerzo perdurará para siempre.


 

que es mi vida

noviembre 16, 2015






La sonrisa de la infelicidad consiste en hacer creer a los demás que todo va bien, con una amplia sonrisa, que muestra que eres feliz. Mientras que en realidad estás por los suelos, mientras que en la realidad te has vuelto a caer otra vez, mientras que lloras en la oscuridad. 

Es irónico sonreír cuando lo de dentro está destrozado .Pero a veces es mejor no preocupar a los demás, no darles más problemas. Sacar lo que te atormenta a solas, sin nadie. No es falta de confianza, ni sobrades de orgullo. Es intentar levantar solo, sin ayuda. Estoy orgulloso de mi corazón, ha sido despreciado, roto y engañado... Pero todavía funciona de maravilla!!!  

Lo curioso del destino es que está escrito con tinta invisible. Lo perseguimos con sin descanso, a veces con los ojos entreabiertos, como intentando no mirar a donde vamos. O quizás sea que pretendemos engañar a nosotros mismos o algún otro, y quitarle mérito al destino. Que es el único que desentraña, desata, destapa, descubre. Tantas cosas que deshace cuando en realidad tan solo construye. Se necesita tristeza para conocer la felicidad, ruido para apreciar el silencio y ausencia para valorar la presencia. 

No se puede luchar contra el destino, lo tiene que tiene que ser será. 

Dios perdóname por los días en que me pongo triste y desesperado, cuando tú me das muchas razones para estar feliz y tranquilo.

Así es a veces mi vida.

 

el blanco fácil de nadie

noviembre 16, 2015



He llegado a la conclusión de que nunca acabaré de memorizar cada una de mis cicatrices, porque las sigo confundiendo con heridas, cuando me empeño en abrirlas. Me he dado cuenta de que el amor no tenía nada que ver con lo que me habían contado, sólo tenía que ver conmigo y sólo lo he sabido cuando en mitad del huracán he necesitado crear mapas con la piel de mi espalda. 

Sigo leyéndome a mi mismo y aprendiendo a conocerme. 

He aprendido que no es a la tercera cuando te das por vencido, porque nunca debes de rendirte. Que voy a tropezar, a caer y a hacerme muchísimas heridas, que voy a querer tener un doctorado en huidas, pero jamás me daré por vencido. Porque sin andar no hay camino y sin camino no hay historia, ni victoria, sólo derrota. Además, andando hacia atrás, uno siempre tiene más probabilidades de tropezar con la misma piedra. 

También he aprendido que la magia del naufragio no esta en llegar a ser superviviente, sino en aprender a bailar con el vaivén del mar, en mitad de la tormenta, agarrar el timón, aguantar el tirón, enamorarte de la corriente, ser paciente que las nubes se irán. 

¿De verdad crees que voy a rendirme? 

Los que están apuntándome con el dedo, deben saber que sigo siendo yo el que me pongo la pistola en la sien y el que decido si apretar o no el gatillo, que no hay más balas para mí que las que yo misma fabrico y no tengo más heridas que las que yo me hice por voluntad propia. Lo bueno de tener el corazón hecho pedazos es eso, que las balas de los demás tal como entran, salen. 

En fin, que no necesito la saliva de nadie para curarme, eso tuve que aprender a hacerlo yo solito; que por mi suerte o para tu desgracia, todavía no voy a ser el blanco fácil de nadie. En fin, lo doy todo por esos amigos/a que me agarran cuando me faltan las fuerzas, que aunque llegue el día que la sonrisa se me tuerza, siempre van a estar ellos sujetando mi mundo.

Gracias.

 

ahuyenta la depresión

noviembre 13, 2015
 



Quisiera hoy animar a todas aquellas personas que me dicen ¡que fuerza tienes! ¡que valiente eres! Yo creo que tú también podrías porque yo nunca me imaginé todo lo que me iba a pasar pero sin saber el porqué tienes que tirar adelante cada uno haciéndose de sus propias herramientas, ante otra cosa porque quieres seguir disfrutando en esta vida, porque son muchas las alegrías que se tienen, porque cuando te levantas y ves un día lleno de color no estás dispuesto a renunciar a él sino al revés, a seguir caminando, todo esto y mucho más es lo que te da fuerzas.

Y es que, la vida te pondrá pruebas que seas capaz de saltar. En más o menos medida, cada uno tiene por lo que luchar, por seguir adelante, unos lo llevan mejor otros peor, se pasan días de agobio, incertidumbre, desesperación pero cuando ha pasado tal acontecimiento, te das cuenta que has saltado una vaya importante en tu vida lo cual, supone que has madurado, has entendido cosas que antes quizás no entendías, que no tienen tanta importancia algunas pequeñeces que antes te resultaban un mundo.

Pasan muchas cosas a nuestro alrededor cuando superamos una prueba pero no te das cuenta en el momento; la reflexión viene los días, semanas, meses de después que en cierta medida plasmas en tu mente “ un antes” y “un después”, “lo que era” y “lo que soy”, sin tener por qué perder la esencia de uno mismo.

En cada persona, cada casa, cada familia, hay algo que saltar que aunque a ti te pueda parecer pequeño, para ellos es el mayor problema. Por ver a alguien que vista bien, tenga trabajo, dinero, etc. no significa que esté en las mil maravillas; siempre tendrá algo que superar. Y es que, no sé porqué los humanos no nos contentamos con pensar que “ hay cosas peores” siempre queremos ser nosotros “los mejores”, queremos que lo nuestro esté bien y ya está, por eso cada uno mira para su lado.

Me comentaban “hasta que no te pasa algo, no te das cuenta de lo que realmente merece la pena”. En la mayoría de los casos, tristemente es así pero os planteo una pregunta ¿estamos continuamente esperando a que nos pase algo para valorar una cosa más que la otra? Os digo como última cosa, salid a tomar el sol que es una fuente llena de energía y alegría (ahuyenta la depresión), que da vitaminas, que refuerza los huesos, que mejora el aspecto de la piel.

No creo que la gente deba tomarse la vida como una lucha constante,pues atribuimos la palabra "lucha" a la definición más común. Creo que aquí estamos para disfrutar, para tener alegrías, motivaciones, es como una preparación. Eso no quita que puedan darse diferentes circunstancias en la vida personales y/o profesionales, pero no por ello somos las peores personas, no por ello debemos caer en machacarnos nosotros mismos psicológicamente, entre otras cosas. "Somos lo que pensamos" y por ello debemos tener un pensamiento positivo y optimista para sentirnos bien y para irradiar ese bienestar, esa alegría. Créeme,hay mucha gente que teme la felicidad, pues cuando todo mejor le va, se hacen típicos comentarios de "ojalá dure esto para toda la vida, que buena racha llevamos". A mi parecer, se está dando a entender que esa racha finalizará y vendrá una peor.

A parte de los círculos familiares, de amigos, más afinidad o menos, estamos solos ante la vida. Somos únicos e irrepetibles. Nos vamos dejando unos a los otros. Ahora ha sido tu padre, con el tiempo, tú serás abuela y, más adelante serás tú quien dejes a tus hijos. Es así, por ello hay que buscar la felicidad y las cosas en uno mismo y no delegar funciones a otros.


 

un poco agobiado conmigo mismo

noviembre 13, 2015
 


Llevo unos días anímicamente regulares, hoy ha sido cuando “más bajo” he caído. No he tenido ganas de levantarme, de andar, de leer, de escribir, en fin, no he tenido ganas de nada. Esta mañana intenté animarme un poco a mi mismo, intenté confiar en mí, en mis posibilidades, mi capacidad, mi esfuerzo. Sé que otras veces me he demostrado a mi mismo que puedo hacer tal o cual, pero realmente hoy el día ha sido totalmente apático. 

Tal y como otros días he estado deseando que llegara el amanecer, que amaneciera para ver la luz del alba; hoy, sólo he tenido ganas de que tardara más en amanecer y deseando estoy que anochezca para meterme en la cama, dormirme y a ver si mañana emprendo el día con más entusiasmo, más alegría, más ganas, más fuerza. 

No me gusta hablar para nada de cómo me encuentro psicológicamente, sobre todo cuando es para mal, porque he creado esta pagina web con la intención de animar a la gente y animarme a mi mismo pero hoy me he decidido a contarlo y es que llevo varios días un poco agobiado conmigo mismo, qué pasará con mi vida, qué puedo hacer, dónde me llevará todo esto y… de nuevo las típicas preguntas, ¿por qué yo? ¿por qué tanto tiempo? ¿qué espera de mí la vida? ¿qué quiere que haga? Suelo soñar con que venga un aladino de una lámpara maravillosa y me transforme con su varita mágica y cuando me doy cuenta que no será así nunca, me vengo abajo, se me echa la montaña encima.

Me siento y me encuentro como “taponado” pues siento la necesidad de hacer muchas cosas, de emprender varios proyectos, de exprimir los potenciales que pueda tener y de “lanzarme al río” con todo pero me encuentro limitado, me encuentro “atado”, “ahogado”. A veces pienso con intentar ponerme una solución, pero esa solución que yo pienso me da mucho miedo. En fin, me acostaré hoy y soñaré con que mañana será un día mejor. Espero que así sea y pasaré a contarlo.


 

no te sacrifiques por nadie

noviembre 12, 2015

 

El amor nunca se malgasta aunque no te lo devuelvan en la misma medida que mereces o deseas. Déjalo salir a raudales abre tu corazón y no tengas miedo de que te lo rompan. Los corazones protegidos, acaban convertidos en piedra. Esto quiere decir que aunque tengamos malas experiencias, aunque sintamos que se han aprovechado de nosotros, que no nos han sabido corresponder o que ha primado el egoísmo en aquellos que nos rodean, no tenemos que tirar la toalla. Es decir, que en cualquier momento y en cualquier lugar podremos encontrar la reciprocidad y cultivar relaciones saludables. Dar amor siempre tiene sentido, no es algo que tal cual compartimos, perdemos. Lo que ocurre es que dar mucho y recibir poco también cansa. Así que la clave está en no poner todas nuestras esperanzas y expectativas en un sentimiento, pues este puede no ser correspondido y, como consecuencia, poner patas arriba nuestra vida.

Lo que tenga que llegar llegará de un momento a otro, pero no como un pago por nuestras acciones, sino como una situación natural de la vida.Hay relaciones de pareja y de amistad que están abocadas al fracaso debido a la total ausencia de gratitud y de reciprocidad. Esto es simplemente para mantener un
sentimiento vivo hay que trabajarlo, prestarle atención y regalarle momento. No obstante, debemos tener cuidado y no sobrepasarnos en exigencias. 

¿De verdad necesitamos que nuestra pareja nos dedique cada segundo de su tiempo y cada pensamiento?. Si es así entonces tendremos que revisar nuestro estado emocional, trabajar nuestras necesidades y deshacernos de ciertos anhelos e ideas emocionales que comprometen nuestros sentimientos. Para amar hay que emprender un trabajo interior que solo la soledad hace posible.

Me he dado cuenta de que hay alguien que me ha estado esperando durante mucho tiempo. Ese alguien soy yo. Ya es hora de darme la oportunidad de sonreír y de dejar de correr detrás de alguien que no quiere ser alcanzada y que solo muestra indiferencia. Dicen que lo contrario del amor no es el odio, sino la indiferencia. Dicen que esta mata el cariño, que no se debe ser perezoso con lo que se ama, que la indiferencia es el peor castigo y que constituye un verdadero desatino descuidar aquello que amamos. No es bueno correr detrás de alguien que ya sabe donde te encuentras. Eso te desgasta, te merma, te destruye, te hace daño, te duele… No podemos permitir que el menosprecio de la ausencia de interés nos atormente. Valemos mucho más de lo que creemos.  

Buscando a quien no desea encontrar solo recibirás indiferencia. Dicen que no existe la falta de tiempo, que existe la falta de interés, porque cuando la gente realmente quiere, la madrugada se vuelve día, martes se vuelve sábado y un momento se vuelve oportunidad. No te sacrifiques por quien no lo haría por ti, solo obtendrás a cambio indiferencia. Mejor dicho, no te sacrifiques por nadie porque quien bien te quiere no te reclama si tiene conciencia de que sus peticiones causarán dolor o desventaja en tu vida. 

Hay que dejar de insistir y de golpear aquellas puertas que no quieren abrirse para ti. El cariño no puede soportar a la indiferencia, están reñidos por toda la eternidad y sin posibilidad de reconciliación. El cariño no es algo que deba suplicarse. Por eso tenemos que trabajar nuestra dignidad, resurgir y dejar de esperar que los milagros afectivos sucedan.

Para ser felices tenemos que aprender a ignorar a aquellas personas que nos castigan con la indiferencia y que nos hacen cuestionarnos nuestra valía personal y social. Así que debemos plantearnos cómo generar distancia emocional, cómo buscar oxígeno y contar hasta tres cuando nos cruzamos con ellas. Cada uno de nosotros tendrá diferentes vías de escape para respirar aire psicológico y así saludar a sus emociones, a su sensibilidad, a su auto respeto y a su amor propio. Para esto tenemos que reflexionar, echar fuera la frialdad de quien manifiesta poco interés por nuestros sentimientos y nos hace sentir menospreciados. De esta manera lograremos rodearnos de toda esa gente emocional que nos hace sentir que el mundo es un buen lugar. Así, liberados de todo lo que nos aprisiona, podemos dar luz verde a la vida y permitirle que nos sorprenda sin dañarnos. Por eso, no esperes nada de nadie, espéralo todo de ti, pues el resto llegará cuando menos te lo esperes.


 

al levantarse por la mañana

noviembre 12, 2015

 

Hay un refrán de Confucio que es muy popular dice : Es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad. Esta es una sabia frase sobre el valor de la positividad en nuestras vidas.¿De qué vale realmente lamentarnos o quejarnos? Tan solo de sentirnos mal con nosotros mismos, con nadie más. Si nos quejamos y culpabilizamos constantemente, nos encontramos focalizando nuestra mente en lo negativo. ¿Por qué no buscar lo positivo de las situaciones o el aprendizaje que podemos obtener?. Aunque nos resulte complicado, somos capaces de ver cualquier cosa de modo diferente trabajando nuestra inteligencia emocional

Te lo digo por experiencia propia el dolor, por fuerte que sea, se hace más llevadero si uno está convencido de que con el tiempo se curará. La peor calamidad es tolerable si uno cree que pasará. La angustia más penosa se alivia tan pronto como la tranquilidad está al alcance de la vista. No podríamos vivir si ante una situación de dolor, no pensáramos automáticamente que pasará, que el tiempo curará nuestras heridas. Los malos momentos son eso, momentos. Ese es el pensamiento que debemos tener en nuestras mentes cuando estamos pasando malos  momentos. Por algo dicen que cuando una puerta se cierra, se abre una ventana. Intentar ser positivos, incluso en los malos momentos, nos ayudará profundamente.

El anhelo de curarnos constituye la mitad de nuestra salud. La mente es poderosa…Cuando enfermamos el solo hecho de pensar que nos vamos a curar, ayuda a la enfermedad tremendamente. Está comprobado que las personas pesimistas tardan mucho más en sanar que las optimistas. Entrena a tu mente y conviértela en tu aliada en tu mejor medicina.

Si cada día nos levantásemos con las ideas claras, con el propósito de que nosotros somos los que manejamos y gestionamos nuestras propias circunstancias, sentiremos que todo nos sale mejor. La cuestión está en que si las circunstancias no son las idóneas, hay que construirlas, inventarlas o reinventarlas. Seamos nosotros los que vayamos a buscar las oportunidades, por que las personas que funcionan bien en este mundo son las que al levantarse por la mañana buscan las circunstancias que quieren, y si no las encuentran las inventan.Dicen que una imagen vale más que mil palabras, pero a veces no tiene por qué ser así…Hay palabras que llegan directas al corazón como fuertes dardos que nos emocionan, nos transportan al pasado, nos proyectan al futuro o nos devuelven ilusiones perdidas. 

Cierto es que cada uno de nosotros es un mundo y creamos la realidad a nuestra manera. Cada uno de nosotros tiene sus propias creencias, sus propias opiniones y eso sin duda, nos hace sentirnos únicos y diferentes. Es imposible vivir conforme a las creencias de los demás en todo momento y ser coherentes con nuestros pensamientos y nuestras acciones. Plantearlo de forma clara y sincera a los demás, mostrarles nuestro punta de vista mientras respetamos el suyo, nos alejará de pensamientos contradictorios interiores. Los seres humanos creemos en lo que queremos creer, en lo que nos gusta creer, en lo que respalda nuestras opiniones y en lo que aviva nuestras pasiones.

Sin duda, nuestra relación con los demás, condiciona nuestras vidas. Junto a otras personas vivimos momentos mejores, peores, irrepetibles… y de esos momentos, nacen vínculos casi eternos en ocasiones, aunque en otras se debilitan para dar paso a formar otros nuevos. Los seres humanos estamos para complementarnos, en lo bueno y en lo malo. Así es la vida, una relación de relaciones.El secreto de la humanidad está en el vínculo entre las personas y sucesos. Las personas ocasionan los sucesos y los sucesos forman a las personas.

Ser constantes, pacientes y no cejar en el empeño, construye la fortaleza para seguir caminando hacia nuestros sueños. Aunque muchas veces nos irritemos y pensemos que esa persona ha tenido más suerte que nosotros con la mitad de esfuerzo, nunca debemos de dejar de creer en el esfuerzo. Detrás de grandes personas, hay grandes esfuerzos.



 

el acto de decir adiós

noviembre 11, 2015




Ojalá las cosas fueran más fáciles. Ojalá existiera una poción mágica para el desamor, para cerrar las puertas del corazón a quien ya no nos quiere, y practicar el arte del olvido como quien deja caer una piedra a un río y ve cómo desaparece en las profundidades. Decir adiós requiere coraje, es un acto de voluntad personal por una necesidad vital. Es cerrar un círculo donde nos decimos a nosotros mismos que ya no vamos a permitirnos sufrir más, porque quien solo te regala ausencias no merece tu presencia.

No existe pues el olvido inmaculado que no deja huellas o cicatrices. Porque decir adiós implica en ocasiones tener que sanar muchos espacios, muchos agravios y dolores del alma que el tiempo no siempre alivia con el simple pasar de las hojas del calendario. El tiempo no cura si nosotros no ponemos de nuestra parte. A veces no es el amor lo que se termina, sino la paciencia, esa que dicen que es santa, porque resiste vientos y mareas y siempre acaba dando más de lo que debería. Ahora bien ¿Cómo no ofrecerlo todo por esa persona con quien hemos construido un vínculo afectivo y vital, e incluso un proyecto de vida? Está claro que queda justificado el que cedamos en ocasiones más de la cuenta, que perdonemos hoy mañana y pasado, y que esperemos un poco más con la esperanza de que las cosas mejoren…

En ocasiones, la realidad acaba cayendo por su propio peso para abrirnos los ojos. Nuestro corazón no puede borrar de la noche a la mañana lo que siente, pero cuando se pierde la paciencia uno empieza ya a quitarse una tras otra, todas las vendas que lo cegaban. Hay quien dice que la paciencia es una virtud, pero está claro que esta dimensión no puede aplicarse a todos los ámbitos, y que además, debe tener unos límites. No podemos pasar una vida entera siendo pacientes viendo cómo se vulneran nuestros derechos, nuestras necesidades como seres que necesitan reciprocidad, cuidado, afectos y reconocimiento. El amor requiere compromiso, voluntad y paciencia… pero hasta cierto punto.

¿Cuántas veces en tu vida te has visto obligado/a a tener que decir adiós? En realidad, no importa las ocasiones en que lo hayas hecho, lo esencial es que a lo largo de nuestro ciclo vital es necesario romper más de un vínculo, aunque ello nos ocasione sufrimiento. Decir adiós es crecer, es permitir encontrarnos de nuevo con nosotros mismos porque por determinadas circunstancias, algo o alguien nos estaba alejando de esas esencias inquebrantables que son la felicidad y el equilibrio con nuestro ser.

Te digo adiós porque sé que ya no me necesitas, porque no soy tu prioridad, por que tus vacíos me llenan de carencias y porque a pesar de no que no lo digamos en voz alta, hace tiempo que nos despedimos. En realidad, podríamos decir que la propia despedida en sí no duele tanto como el contener las ganas por volver. Por qué es ahí donde se halla no solo nuestra propia fortaleza, sino nuestra dignidad. No te permitas nunca ser débil y correr detrás de quien no te necesita o ya sabe dónde estás. De hacerlo, te estarás haciendo un daño profundo a ti mismo, a tu autoestima y su vez, le estarás ofreciendo poder a una persona que tiene en su mano la llave de la cerradura de tu infelicidad. Eres tú quien debe tener esa llave, tú quien debe mantener las riendas de su vida sabiendo en todo momento por quién vale la pena invertir tiempo, sueños y esperanzas. Decir adiós es un acto de valentía y la mejor expresión de amor propio. Es necesario asumir que el acto de decir adiós, de dejar ir, implica pasar por el proceso de un duelo. Son muchas las personas que lejos de entenderlo de esta forma, deciden aferrarse al día a día sin haber gestionado pensamientos y emociones.

Decir adiós a una persona que era significativa para nosotros requiere en primer lugar entender qué ha ocurrido, qué ha generado esa separación. Es necesario aceptar que o bien ya no somos queridos, o bien, que es necesario dar por terminada una relación que ocasiona más sufrimiento que felicidad.Las rupturas de vínculos requieren algún tipo de desahogo emocional, ya sea con lágrimas o con palabras. La aceptación llega día a día, con lentitud pero sabiéndonos seguros, sintiéndonos bien con nosotros mismos porque hemos tomado la opción adecuada. Decir adiós sin rencor, odio o desprecio no siempre es fácil. En el momento en que somos conscientes de que no nos necesitan, de que han dejado de querernos o de que nos ofrecen un amor envenenado o doloroso, lo que sentimos es indefensión y rabia.

Ten en cuenta que toda emoción negativa va a impedirte cerrar ese circulo. Es una carga que vas almacenar y que de alguna manera, implica que sigas “unido/a a esa persona”. La rabia, el odio y el rencor dejan huella en nuestro carácter y nuestras emociones. Hace que seamos desconfiados, y de que esa rabia genera aún más negatividad contra nosotros mismos. Libérate de todo, despréndete de quien no te necesita y de toda emoción negativa que implique seguir anclado a quien te hizo daño de algún modo. Todo ello te permitirá avanzar con más ligereza. Si acumulas cada piedra del camino, al final no podrás caminar en tu sendero de la vida. Quedarás encallado/a. Libérate. Cuando mantenemos una relación disfuncional, es decir, ahí donde experimentamos sufrimiento, desengaño y donde lejos de crecer se quiebra nuestro equilibrio personal, lo que hacemos en realidad es alejarnos de nosotros mismos.

Decir adiós implica hacer un delicado viaje de retorno. Necesitas curar heridas, atenderte y tirar de ese hilo dorado de tu esencia, para recuperar no solo a la persona que eras antes, sino también para crear a quien deseas ser ahora. Deseo ser esa persona que es capaz de decir adiós y dejar ir, para que vengan cosas nuevas. Cosas mejores. Deseo ser quien era, y aunque soy consciente de que ya he perdido parte de mi inocencia, y ese destino ligado a quien dejé atrás, sé que soy artífice de mi futuro. Sé que voy a andar con ilusiones renovadas, que no voy a ser víctima, sino alguien capaz de aprender de lo vivido y a convertirme en quien deseo ser.



 

Cree un sitio web gratuito con Yola