Manifiesto literario de Patricio Varsariah

Escribo para detener el ruido. En un mundo que corre con prisa, mis palabras buscan abrir pequeños espacios de pausa donde el lector pueda respirar, pensar y recordar lo esencial.

No escribo para imponer verdades, sino para compartir preguntas.

Creo que muchas de las respuestas más valiosas nacen en el silencio interior de cada persona.

Mis textos nacen de la observación tranquila de la vida: del paso del tiempo, de la memoria, de las pérdidas, de la esperanza y de esos pequeños momentos que, aunque parezcan simples, contienen una profunda sabiduría.

Intento escribir con sencillez, porque las ideas verdaderamente profundas no necesitan ser complicadas para tocar el corazón.

Cada reflexión que comparto es una invitación a mirar la vida con un poco más de calma, con más comprensión y con una mayor ternura hacia nosotros mismos y hacia los demás.

Si alguna de mis palabras logra acompañar a alguien en un momento de silencio, si despierta una reflexión o si enciende una pequeña luz interior, entonces el propósito de escribir habrá valido la pena.

Porque al final, escribir también es una forma de recordar algo muy simple y muy humano: que todos estamos aprendiendo a vivir.

“Escribo para cuidar la luz de lo esencial.”

— Patricio Varsariah


Vivir desde el corazón

enero 28, 2016





La vida es el cúmulo de vivencias que almacenamos en nuestra retina emocional. Alegría, complicidad, ternura, armonía, amor,…Emociones vividas. Hay momentos que me empeño en solo recordar aquellos sucesos que me han  causado dolor, porque no entiendo que hasta en el dolor hay signos de aprendizaje, y luego de un tiempo me pregunto.. Patricio a parte de mal, ¿cómo estás? E irremediablemente me tendrían que contestar… “Bien” Pero mucha gente lleva consigo el lema de la ley de Murphy…”si las cosas van mal, aun pueden ir peor”.  Este tipo de  personas el día que mueren se quitan una carga de encima…ya no tienen que seguir viviendo…

Una de las cosas que me he dado cuenta, que he aprendido con la experiencia de vivir con una actitud mental positiva es que para la vida deberíamos aplicarnos el teorema en una premisa muy simple : la respuesta a una situación o problema  está probablemente en lo más sencillo.

Vivimos en un mundo escéptico donde el ser humano ha dejado de soñar, de jugar, de emocionarse. Somos mucho más razón que emoción… Y sin embargo la historia  de nuestros antepasados  nos demuestra que existe un lugar en nuestro cerebro mucho más antiguo donde residen las emociones… Los primero humanos, cuando conocieron el rayo, creyeron que era un acto divino, y se emocionaban con lo que no conocían,  con lo desconocido….unos le llaman magia…Y me pregunto ¿ Sigue existiendo la magia? Dejemos que la magia signifique lo desconocido, ese lugar del tu razón que no puedes explicar, donde no caben las teorías, donde residen los sentimientos. La magia existe, porque… Qué formula matemática, ecuación aritmética, lógica racional, nos puede llevar a comprender porqué se unen o se encuentran dos corazones , porqué dos vidas experimentadas, con una trayectoria, entrecruzan sus caminos para complementarse con un proyecto mediato y auténtico…. Magia.

Desde que tengo uso de razón he escuchado que la gente busca su media naranja….Se pasan la vida articulando relaciones para encontrar su molde, su complemento, y cuando comienzan relaciones (hoy cada día mías)…el hartazgo y el no compartir nos hacen huir camino de una falsea libertad….Yo no creo en las medias naranja…siento decíroslo… ¿media naranja ¡ ¿Porqué no la naranja entera?!  El círculo, el complemento…El subconjunto emocional.

Este circulo que se cierra es el primero de muchos círculos que encontraremos en vuestra vida, los budistas lo llaman  la rueda de la vida, y piensan que para vivir en armonía hay que equilibrar cada acción que llevamos a cabo…Vivir desde el corazón, desde el mundo visto con vuestros propios ojos…sin expectativas, sin estar siempre esperando que sucedan cosas…Nos pasamos mas de media vida esperando que sucedan y desperdiciando el privilegio de sentir y vivir…

Vivir cada puesta de sol, cada mañana en la que el sol entre por vuestra ventana y acaricie la piel entre las sabanas… Oler… oler ese cafecito mañanero entre miradas cómplices.. Sentir, sentir cada segundo como si fuera el último, emborracharos de vida, jugar  a la vida sin esperar que la vida juegue con vosotros….Simplemente porque esta es la única vida que tenemos para llevar a cabo nuestros sueños, y si en el camino encontramos piedras, suavemente las retiramos, y cuando  los zapatazos nos duelan…solo tenemos que quitárnoslos….

Celebremos, celebremos el triunfo de las emociones,  la fiesta en su conjunto, con subconjuntos, exponencial. Celebremos el amor superlativo imperativo, circunstancial y sobre todo… Celebremos juntos…..que  las emociones… es  nuestro camino hacia la libertad .
 

Encontrar de nuevo tu sendero…

enero 27, 2016



Te quiero, te he querido y te querré”…cuanta veces he escuchado esto a lo largo de mi vida….”es que no puedo vivir sin él /ella…es que es mi vida”…..” Ya no soy nadie, se ha ido, me ha dejado”…..”qué hago ahora”…..”Lo era todo para mí”….Dependencia emocional. Me apetece compartir con vosotros lo que pienso al respecto:

El ser humano es emocional desde el momento de su nacimiento. Durante nueve meses vivimos en un estado de felicidad completa en el vientre de nuestra madre: nos alimentan, miman, nos dan calor, nutren, aportan sales y nuestros tejidos, músculos, órganos, van creciendo…Un día, cuando nuestro cuerpo está completado, alguien que no somos nosotros decide que debemos salir de ese estado de nirvana….Unas sutiles manos nos sacan de la bolsa amniótica y nos llevan a  la luz…¿Qué es lo primero que hacemos? Llorar, expresar una emoción. Esa primera emoción nos  lleva a la vida y salva de la muerte, porque el llanto oxigena los pulmones dejando de respirar por el cordón umbilical, y además esa emoción segrega una hormona llamada catecolamina, a la que bautizamos como la sustancia del enfado…Miedo a lo desconocido. Lo segundo que aprendemos en la vida es que necesitamos a los demás para sobrevivir: necesitamos a mamá para que nos de el pecho, necesitamos que nos vistan, que nos protejan, que nos acaricien…Y con el llanto controlamos nuestras emociones. Nuestra segunda lección es que dependemos para subsistir. Y todo esto ocurre en un minuto y miedo desde que llegamos a la vida….Me pregunto…Si el ser humano evoluciona psicológicamente hacia la madurez…Porqué seguimos toda la vida aferrados al miedo y a la dependencia….será el vestigio de nuestro niño interior.

Podemos cambiar este camino, cambio de rumbo, sólo debemos encontrar el equilibrio interno para queremos lo suficiente como para protegernos. Tú eres tu guía interna, tu fiel guardián, tu amigo mas valorado. Tu has vencido numerosas batallas, enfermedades, carencias, duelos, adversidades y has salido victorioso/a…¿Porqué ahora no haces lo mismo con  tu felicidad?. No renuncies a quererte, a valorarte, a madurar en soledad…Miedo a encontrarte contigo mismo….como cuando eras un bebé…Muchas personas han dejado de creer en ellos, en valorarse desde lo que son, no lo que tienen.. Muchos han renunciado a ser ellos mismos, nunca se ha tomado un café solo o han ido solo al cine, a dar un paseo en compañía de sus pensamientos. La soledad bien avenida, la ausencia de los demás por el reencuentro contigo mismo: Nacemos y morimos solos, en un acto de humildad sin precedentes….El amor con apego puede convertirse en dependencia.

Cuando en una relación de  pareja o amistad entregamos y damos generosamente todo nuestra energía, estamos regalando TODO  nuestro ser… A veces nos quedamos vacíos…. y  nos ponemos a mendigar el amor….”Quiéreme un poquito”…”Oiga por favor…me da su cariño”…”…estoy solito, compadécete de mí”….Y nos vamos a mendigar a la puerta de nuestra alcoba, a las charlas entre compañeros de trabajo a ver si alguno me da su afecto, a las tertulias de amigos donde seguro que alguien se acerca a mí, si no, ya me encargaré yo de hacerlo, a una discoteca….Da igual. Buscamos que nos surtan de energía porque la nuestra la hemos entregado,…Llegamos a ser tan ilusos que creemos que somos un apéndice de la otra persona, que no somos nadie sin ella…. ¿En qué momento te abandonaste, dejaste de ser tu para ser la otra  persona a imagen de él/ella?

No culpabilices…Responsabilízate de tus acciones….Nadie te obligó a entregar con tanto altruismo tu vida….Lo bueno…que es muy fácil recuperarla…Crea tu proyecto personal, recupera poco a poco tu energía…Sólo con que te pares cinco minutos de tu vida al día a pensar en lo que eres…El progreso es mágico…Vas volviendo a recuperar tu energía, a encontrar de nuevo tu sendero…Sin ataduras, sin dependencias….El amor es un proyecto en el que personas establecen vínculos afectivos…Pero no defectivos…Amar no es un cheque en blanco….Amar no es la antesala de dejar de “ser yo”….Quiérete tanto que siempre guardes para ti un trozo del pastel…guarda calorías emociónales para momentos de carestía.

Y si en este camino, en el encuentro con tu sendero hay cambio de rumbo, cruza tu camino de baldosas amarillas con los zapatos limpios, con el alma abierta a lo que te depare tu  vida. Desde tu “aquí y ahora” podrás escalar montañas, cruzar océanos, ver puestas de sol en cualquier remoto lugar..Acompáñate, merece la pena el viaje de tu razón a tu emoción… Abre los ojos a tu corazón …
 

Vivir sin limites...

enero 27, 2016




Vive esta aventura que es la vida con un optimismo sin precedentes: toma conciencia de que eres único y diferente. No hay nadie como tú, ni biológica, ni emocionalmente. Esa distinción que te regala el universo es motivo suficiente como para revolucionar tu historia. A qué esperas para acometer tus sueños, para convertir los deseos en metas alcanzables. Que te falta para poder viajar hasta tu mundo interior. Escucha, viaja, lee, ama, baila, goza, ríete, llora al lado de los tuyos, toca, acaricia, piensa…Equivócate, si, es sano, ¿no lo sabías?, si cometemos errores es porque estamos vivos, experiencialo, y siente el poder de decidir en qué momento mejorar.

Cambia, cambia, cambia. No te quedes en tu zona de confort: tu piso, tu sueldo, tu trabajo, tus títulos, tus derrotas, tu victimismo, tu falta de… Nos aclimatamos con demasiada frecuencia al sofá emocional donde tenemos todo dispuesto para no movernos: incluso llegamos a sentir el hueco que dejamos como nuestro. Qué nos impide situarnos en el otro espacio del sofá: nada ni nadie, solo nuestro conformismo. Toma decisiones importantes, pequeñas, decisivas, cambia de hábitos. No pasees siempre por las mismas calles, atrévete a cambiar, atrévete a buscar la felicidad por nuevos caminos. Subir a la cima de tu montaña, busca tu Shangrilad, y viaja solo y sin equipaje. Por el camino encontrarás gente que te aportará sabiduría y experiencia, que contrastará contigo tu modus vivendi.

Relativízalo todo, pon tus creencias en cuarentena ¿Por qué van a ser inamovibles? Las creencias se basan en los valores aprendidos a través de la infancia, es parte de nuestra educación, o educastracion. EXPRESA TUS SENTIMIENTOS: La palabra “expresa” tiene doble significado: expresar, manifestar con palabras o con otros signos exteriores lo que uno siente o piensa; y otra acepción que no está recogida en el diccionario: EX – PRESA, saca tu yo de la cárcel emocional en la que estás aislado o aislada, la emociones te darán LIBERTAD. Ten memoria histórica, recuerda todos los acontecimientos que forman parte de tu presente, porque esta realidad que vives es el cúmulo de momentos y acontecimientos singulares. Ama, ama sin condiciones, sin tapujos, sin soberbia, da lo mejor de ti a la gente que te importa. Y un día, mirarás la vida pasar desde tu montaña, y cuando el sol baje por la ladera, el perfume de las acacias inunde tu espacio, afirmarás: confienso que he vivido…Sin límites.
 

El amor transforma la debilidad

enero 27, 2016



A  lo largo de mi vida he aprendido a valorar lo imprescindible de lo accesorio, el envoltorio del contenido: desde pequeño he pensado que construir nubes era mejor que destruir postales, coleccionar imágenes de la vida más gratificante que lamentar recuerdos lamentables. He aprendido durante estos años, que el ser humano tiene una capacidad especial para regocijarse en sus miserias, pero que incluso desde el abatimiento, desde el desconsuelo, nacen las emociones.

Somos capaces de crear el más bello poema de amor desde el desamor, los versos más tristes esta noche desde las lágrimas de la desesperación. La locura proporciona imágenes y texturas en cuadros que son un placer para nuestros ojos, y la imaginería es capaz de representar el momento del sufrimiento, de la muerte, de la expiración dotando a un trozo de madera de la belleza imposible de unos ojos de mujer que lloran el desconsuelo de ver a su hijo crucificado: es el poder de las emociones.

Llevamos siglos alimentando el arte a través del sufrimiento. ¿Sabéis por qué?. Porque cuando sufrimos somos débiles, y en la debilidad hay un acto emocionante de ternura que somos capaces de transformar en arte. Pero también, al mismo tiempo que sufrimos, somos capaces de gozar, de disfrutar, de reír, de llorar de alegría, y aquí viene el primer axioma: todos somos capaces de sufrir, pero muy pocos tienen la capacidad de gozar, de ser feliz… .¿Por qué?

Nacemos con la capacidad de dar y recibir amor. El amor puede transformar nuestro mundo.  Amar, amar en tiempos del cólera, amar en momentos difíciles, amar cuando no somos capaces de levantarnos por la mañana, cuando nos pesa el mundo a nuestros pies. Amar. Amar oliendo el café el sábado por la mañana, amar desde la soledad de nuestra cama, cuando no hay nadie a quien abrazar al otro lado de las sábanas, amar desde la explosión de colores con los matices que nos da la vida, amar desde mi paseo en bici, amar desde la locura de mis sentimientos, cuando tenemos mariposas en el estómago porque hay alguien que puede llegar a ser especial, amar cuando un amigo nos da su mano, cuando alguien espontáneamente nos da un abrazo. Amar sin rendirnos a las condiciones.

Piensa en el siguiente axioma: el amor transforma la debilidad del ser humano en una fuerza mágica. Mira a los ojos de tu vecina que todos los días ves y nunca miras, regálale ese pequeño abrazo que siempre quisiste dar a un desconocido, transfórmalo en veraz, que te salga de dentro hacia fuera, quiérete, ámate, date el gusto de quererte a ti mismo, mírate al espejo y reconoce un montón de kilos de emociones capaces de transformar tu mundo, gózate, disfruta de cada pequeño momento que compartas contigo mismo, porque si te amas, si te das la oportunidad de transformar tus debilidades en oportunidades, el mundo podrá disfrutar de ti, y de eso se trata, de pasar por este ciclo de vida dejando una huella emocional, una impronta en los corazones de los demás.

Patricio Varsariah.
 

tú eres el ser más excepcional

enero 27, 2016




Creo que ser excelente es tener una excelente vida emocional. Debemos creer en nosotros mismos para poder potenciar nuestras cualidades personales.  Nuestro mayor secreto debe ser el punto de donde parten nuestras energías. Cada uno las encuentra en diferentes acciones: Emocionarnos con una puesta de sol, con una tarde de lluvia fresca, mirando los ojos de un mundo que crece, amando hasta que nuestro corazón duela, leyendo un libro, tomando un café con los amigos. Busca tu posición de recargar las baterías emocionales, y hazlo todos los días. Al igual que un coche, que un mando a distancia, que tu ipod, que tu teléfono móvil, tú, ser especial, para funcionar en este mundo debes de recargar las energías a diario.

Y regálala, si te sobra, dónala, compártela, porque cuando ofrecemos parte de nuestras emociones a los demás estamos polinizando emocionalmente el mundo. Mis emociones las traspaso, la tuya la cedes, la de tu amigo, la dona, creamos un bucle emocional en la que todos aprendemos de todos, recargamos el universo todos los días.

La vida, Si te das cuenta, la vivimos como un interruptor, la encendemos cuando despertamos y la apagamos cuando dormimos. Esto tampoco es correcto. No creo en los autores que dicen que la mitad de la vida la perdemos durmiendo. Porque cuando dormimos, soñamos, y nutrimos nuestra vida de esos sueños. Esa gente excepcional de la que hablo hoy,  lleva sus sueños a la realidad, ¿y sabéis por que? Porque no piensan continuamente en el éxito, lo único que saben es que no tienen miedo al fracaso; porque se entrenan en la convicción de que no somos mejores que los demás, sino especiales, cada uno, es absolutamente original. Y es bueno rodearse de seres excepcionales, seres a los que admirar, con una vida rica y llena de matices emocionales.

De eso trata este escrito. De gente excepcional. Se puede conseguir, lo puedes conseguir, lo has conseguido. Cree en ti mismo y los demás creerán en ti, no tengas miedo al fracaso y recarga las pilas todos los días soñando. Porque tú eres el ser más excepcional  del que puedes nutrirte.
 

buscado caminos

enero 26, 2016





Durante toda mi vida he buscado caminos que se aproximen a la verdad, he leído en las fuentes originales de muchos autores, de gente con ideas, de personas que incluso han dejado su vida por defender sus valores y creencias. De  todas he sacado un mensaje claro: Sigue los dictados de tu corazón, escucha a tu mente y comprenderás a tu cuerpo.

Toda mi existencia he tenido un gran dilema: Cuando escuchaba a mi corazón, escribía, cuando seguía mi razón, estudiaba, formulaba, buscaba de forma empírica las razones científica que me demostraran qué hay más allá de los sentimientos, de las emociones, de las personas que triunfan y tienen éxito.

El día que comprendí que la mente regía nuestro cuerpo, que todas nuestras acciones parten de nuestros pensamientos, que alimentamos con positividad nuestras acciones o con negatividad, y que depende exclusivamente de cada uno de nosotros el posicionarnos de parte del miedo o del amor…Ese día tuve la mayor crisis existencial de mi existencia. Y crisis significa cambio, y el cambio es una oportunidad para avanzar o para estancarnos…Tú decides. Yo decidí evolucionar, apostar por mi cerebro emocional, darle su lugar a la razón, desarrollar mis competencias y habilidades emocionales, discernir lo importante de lo accesorio, eliminar todo lo que me hacía daño, priorizar en mis estrategias de mejora, no darle poder a mis creencias limitantes, emponderan mi ser, desaprender para reaprender, resetear mis valores y creencias y seguir el camino de la transformación…..

Y lo hice acompañado de la música y la palabra…Como todos los actos que han sido importantes en mi vida, acompañados por una banda sonora, una buena puesta en escena y palabras que sirvan para crecer….Ahí nació mi pagina web " vivir una vida humana " un viaje diario de autodescubrimiento , de la razón a la emoción”…Buscando respuestas  a través de las palabras de lo que estaba ocurriendo en mi interior.
 

mantengo una cantidad innecesaria de estrés..

enero 25, 2016




Convertir pequeñas complicaciones en grandes problemas solo me aporta una cantidad innecesaria de estrés. Todos los días encontramos situaciones-problemas-, unos más importantes que otros. Pero no a todos hay que tratarlos igual. Tengo que aprender a seleccionar y a no dejarme llevar por el estrés generado por todo lo demás. Una de las mejores maneras para hacer la vida diaria más fácil, más ligera, más positiva y menos estresante es aprender cómo evitar crear problemas dónde no los hay. Pero cuando estamos estresados o muy ajetreados es fácil dramatizar los problemas y extrapolar la sensación de urgencia.

Para relajar mi mente ante todo lo que parezca un problema, debo plantearme si realmente eso importa y a quién, si es tan relevante como para seguir siendo un problema dentro de 5 semanas, 5 meses o 5 años. Debo mirar a mi alrededor y fijarme en los demás. Seguro que encontrare que hay personas que encaran objetivamente una situación más complicada y que son capaces de encontrar la paz a pesar del muro que enfrentan. 

Vivir deprisa hace que mis emociones se disparen, se confundan. Si disminuyo la velocidad de mis acciones físicas al moverme, al hablar o al hacer cosas (incluido conducir, comer o trabajar en mi escritorio) creo que mi nivel de estrés se reducirá automáticamente. Al reducir la velocidad se acumularán menos cosas en mi mente y podre percibir mejor los detalles. La reducción de la fatiga mental y física que conlleva reducir la velocidad me permitirá estar en sintonía conmigo mismo. Ordenar mi entorno mi ayudará a mantener ordenada mi mente. Un espacio limpio, colocado y simple trae claridad y orden a mi mente. Dedicar unos minutos diarios a ordenar y limpiar mi casa y mi espacio de trabajo es muy beneficioso para relajar la mente.

Mientras ordeno y limpio, no debo olvidar eliminar todo lo que es prescindible, especialmente aquello que me evoque malos recuerdos o genere pensamientos que sobrecarguen mi mente. No debo olvidar que cuanto más simple sea mi entorno, menos posibilidades hay de que me distraiga y termine convirtiéndose en un caos. Lo que pasó, pasó. Aceptar y dejar que se vaya. Da igual de quien fue la culpa o que podría haber pasado en otras circunstancias. Tengo que dejar que esos sentimientos se alejen dejando de darle vueltas. Para relajar mi mente tengo que desterrar todos esos pensamientos negativos y recuerdos desagradables que me perturban. Céntrame en el presente, en las oportunidades que tengo ahora. Afrontar el futuro libre de culpa y rencor.

Si tengo un problema o como yo digo "una situación" , debo resolverlo. No dejar que sea el tiempo el que decida por mi o el que dicte sentencia. Solucionar un problema me liberara de estrés y me permitirá dejarlo marchar. Debo enfrentar a mis problemas, incluso cuando la solución no me gusta o me cueste aceptarla. Cuanto más tiempo pase, más complicado será todo y más me pesará tomas decisiones o aceptar las consecuencias. Tener paz interior implica tener armonía y bienestar emocional, sentirse satisfecho con uno mismo a pesar de las luchas del día a día. Pero no es fácil liberar la mente cuando estamos siempre ocupados en un entorno agitado, a veces abrumador.

Alcanzar la paz interior es para muchos, como para mi persona, un deseo sin esperanza. Pero esto no tiene por qué ser así. Pequeños cambios y estrategias pueden ayudarnos a relajar nuestra mente y alcanzar esa paz que tanto necesitamos y tan beneficiosa es tanto para uno como para los nuestros. Sin embargo, el camino hacia la paz interior no es sencillo. Alcanzar la paz interior es un proceso que exige estar dispuesto a dejar ir lo que es inútil y a aceptar todas nuestras emociones. Alcanzar la paz interior implica estar dispuesto a descubrir quién eres en realidad y darse cuenta de que solo tú eres capaz de controlar tus respuestas y reacciones emocionales.

Si en mi vida como en  tu vida está demasiado saturada vamos a tener que establecer límites. Es posible que tengamos que dejar de hacer algunas de las cosas menos importantes. Debemos ser honestos y elimina aquello que realmente no necesitamos. Simplifica nuestra vida. Finalmente, la simplificación de la vida es uno de los pasos hacia la paz interior. Una simplificación persistente creará un interior y exterior de bienestar que nos procurará armonía.
 

Solo si acepto el final..

enero 22, 2016





Después de todos los esfuerzos, he superado mis finales y con ellos mi pasado: he entendido que un final es la oportunidad de volver a vivir otro comienzo. Siempre recuerdo y especialmente cuando lo necesito, aquella idea similar de que para que pueda darse un día nuevo tienes que haber visto cómo pasaba la noche. Cada día es una oportunidad para que sea nuestro mejor comienzo en cualquier ámbito o para mantenernos aquello que nos hace feliz. No hay que perder nunca la certeza de que de los malos momentos sacamos fuerzas que no pensábamos que teníamos y reconstruimos valores que estaban estancados.

El tiempo y los acontecimientos van a la par en el cambio y las personas cambiamos también con ello. Crecemos y aprendemos de los errores que cometemos y que cometen con nosotros, vivimos y soñamos con la felicidad que recogemos y aportamos. Por eso, un final puede ser mi mejor comienzo, tu mejor comienzo. Pasará cierto número de años y moriré. Ese quizá sea mi final definitivo, pero hasta entonces todos los días serán la suma de la gran historia de vida: una historia que quiero vivir y que se compone de otras muchas historias marcadas de momentos, sentimientos y vivencias que dan comienzo y que también acaban. Es así como todo empieza y todo finaliza. Las experiencias se superponen y ninguna me deja indiferente, porque tienen su duración necesaria para aportarme lo que deben y después irse. Lo peor que puedo hacer en este sentido, siempre lo he sabido, es seguir creyendo que algo dura cuando ya terminó.

Solo si acepto el final, creeré en el comienzo. Asumir que rendirse no es una opción es una de las premisas que más me he recordado siempre. En este contexto me parece apropiada porque es justo en el momento en el que me he dado cuenta de estoy aceptando que algo ha acabado cuando más he sentido que no me había rendido. No es una opción creerse que la realidad no es la que es: me obligo a aceptar que hay personas que se van o que yo puedo irme, que hay ciudades que tengo que dejar atrás o que algo que era ya no puede ser más veces. En otras palabras, no se trata de empezar de cero sino de aprender a ser con lo que soy y con quién puedo ser.

La incomprensión cuando ha llegado el momento de acabar con algo me ha provocado inseguridad, desorientación y dolor: todos nos vemos dentro de laberintos, situados justo en la puerta de salida, pero sin las llaves que nos permitan salir y continuar. En esos momentos yo, como todos, no vemos nada en claro y los finales parecen que se extienden en el tiempo sin concluir definitivamente. Me he dado cuenta, solo cuando he llegado al fondo de lo que ocurría, que tenía que llevar el mando de mi vida y ser yo quien esforzarme en cerrar completamente ese final inconcluso.

La capacidad de resiliencia es lo que nos da soporte y nos ayuda a mirarnos reflejados en el pozo para aprender de lo que vemos. De esta manera, aunque la incomprensión haya cortado mi risa alguna vez, he descubierto que aún puedo seguir riendo: a pesar de que todo esté perdido, puedo volver a encontrarme. 
 

Volver a empezar.

enero 22, 2016





Comienzo este escrito con una frase muy aplicable a nuestra realidad: "No se puede volver a empezar sin estar preparado".Creer que tenemos el futuro en nuestras manos es un arma de doble filo: por un lado, nos da seguridad y vitalidad; por otro, puede traernos un enorme vacío. Volver a empezar implica cerrar círculos y dejarlos ir porque algo ha salido mal y puede, incluso, que duela.Es probable que tú, como todos alguna vez, tengas la necesidad de parar en seco tu vida para darte otra oportunidad de ser feliz. Te verás dando vueltas sin rumbo por el mismo recuerdo de acontecimientos y cosas y no sabrás como salir de ahí, pero serás consciente de que tienes que hacerlo. Es así, el principio es saber que va a llevarte tu tiempo y este depende de muchos factores. Volver a empezar es tomar conciencia de que algo tiene que cambiar en nuestra vida y de que es necesario sanar heridas para mirar de nuevo al futuro.

El tiempo es fundamental, en las situaciones en las que nos encontramos perdidos, dado que solo así podemos reconstruir nuestros principios. Desde el primer momento en el que nos damos cuenta de que hay que volver a empezar notamos que algo ha cambiado dentro de nosotros y que no somos los mismos: es necesario reconocernos de nuevo. Saber quiénes somos después de los bloqueos emocionales que sufrimos es una obligación para construir relaciones con nuevas personas, desarrollarnos como lo que somos en cualquier ámbito de la vida o simplemente para ser felices con lo que hacemos. Justamente, no darnos el tiempo oportuno para ello es uno de los errores que más comúnmente cometemos: nos disponemos a volver a empezar cuando quizá el daño no esté reparado.

Estar preparado, como he dicho, es una obligación que lleva su tiempo. Este tiempo es muy personal y relativo: no existe una regla para ello, pues la única regla que puede haber depende del grado de pérdida interior, sufrimiento, voluntad y fuerza, entre otras cosas. Como personas somos diferentes y nuestra capacidad para afrontar distintas situaciones difiere de la del resto. Lo que sí es seguro es que, como todo proceso, este de volver a empezar tiene sus pautas y, de no cumplirlas, puede conducirnos a un retroceso: a veces, pensamos que estamos ya preparados para enfrentarnos a otro comienzo cuando la realidad llega y nos baña por completo. Esta es su forma de decirnos que nos equivocamos y que todavía queda mucho por avanzar.

Este proceso del que hablo, tiene sus idas y venidas y supone uno de los mayores esfuerzos que podemos hacer en nuestra vida: no mirar atrás salvo para seguir adelante es duro, aceptar algo que no entendemos es difícil, aprender a ser sin algo con lo que contábamos es desolador, ver cómo alguien se va antes de tiempo de nuestra vida puede superarnos… Sin embargo, volver a empezar nos enseña otras muchas cosas que en un principio no se ven y que nos hacen crecer. El esfuerzo que llegamos hacer cuando nos toca vivir algo así acaba por transformarse en una recompensa positiva que puede llenarnos mucho, en forma de experiencia y bienestar. Es sólo a través del trabajo y del esfuerzo doloroso, por la energía sombría y el valor resuelto, que pasamos a cosas mejores.

Finalmente, tras mucho sacrificio, nos sentiremos libres y plenos emocionalmente: sabremos lo que hemos vivido y nos quedaremos con aquello que de verdad nos es útil, habremos aprendido a vivir con lo que tenemos en el presente y podremos marcar nuestra vida en función de los nuevos principios ya reconstruidos. Volver a empezar será ya el nuevo comienzo que ha surgido del final de otra etapa más que tenía que estar ahí, pero ya no.

Lo que tenga que ser será, a su tiempo y en su momento, porque el destino es incierto y a veces simplemente los vientos no soplan a nuestro favor ni nuestras velas están por la labor de izarse a pesar de nuestro empeño. Dicen que las mejores cosas no se planean, que simplemente suceden y que es mejor no presionar al tiempo. Porque realmente si algo debe pasar, sucederá de todas maneras. Y si no debe hacerlo, pues no lo hará. Es simple. Por eso de vez en cuando es bueno no planear ni esperar, dejar de exigir razones por las que seguir avanzando por un camino que no vemos muy claro y bajarnos del mundo de las expectativas y de las programaciones.
 

La buena educación

enero 20, 2016




Hoy quiero escribir sobre dos dos palabras mágicas que nos abrirán fácilmente muchas de las puertas a las que llamemos en nuestra vida. Esto es así porque a todos nos gusta que nos hablen con respeto, que nos pidan permiso y que muestren agradecimiento. Esta es una costumbre que no debemos perder, pues es la base del civismo y de la educación en nuestra sociedad. Es pedir permiso, saludar con una sonrisa y tratar a la gente con amabilidad lo que marca la diferencia. Son valores y es educación tratar con respeto a las personas que nos rodean y rescatar los buenos días, las buenas tardes y las buenas noches, así como la nobleza que se esconde detrás de la amabilidad.

Es probable que desde niños nos hayan inculcado la importancia de las palabras mágicas y de ser amables con los demás. Ser agradecidos y generosos nos ayuda a mejorar la relación con aquellas personas que nos rodean, así como a sentirnos bien con nosotros mismos. Ser amables y respetuosos nos hace nobles y fortalece nuestras cualidades, pues de alguna manera la educación que promovemos con nuestras acciones, revierte en buenos actos hacia nosotros. O sea, ponerle a la vida el color de una sonrisa, del respeto y de la retribución es sin lugar a dudas una gran decisión. 

Como decía, debemos de esforzarnos por seguir inculcando en nuestros niños valores como el respeto o la amabilidad. ¿Cómo? Dando ejemplo y estableciendo límites claros que no violen las libertades de los demás. Por libertades entendemos el respeto a la capacidad de opinión, a la expresión de sentimientos, a las peticiones, a las conversaciones y a los derechos varios. A ser respetuoso se comienza teniendo una consideración básica hacia los sentimientos de los demás. Para conseguir esto basta con preguntar cómo nos gustaría que nos tratasen a nosotros. Mantener siempre respeto hacia los demás aunque no nos guste lo que nos cuentan es esencial si queremos que nuestras relaciones sean satisfactorias. Así, nunca debemos dejar de lado la cortesía. 

Para ello tenemos que tomar la costumbre de: No estar con el teléfono móvil mientras nos hablan. No adelantarnos o interrumpir conversaciones. Decir por favor o gracias. Pedir perdón cuando herimos o hacemos algo mal. Saludar y enviar buenos deseos. No discriminar a los demás y evitar juicios personales.No invadir el espacio personal de los demás ni su intimidad..etc.. Es importante que entre nuestras habilidades integremos la capacidad de mantener respeto hacia los demás, así como de ser delicados, emplear el Yo correctamente, aceptar cumplidos y gestionar bien la expresión de nuestros sentimientos, emociones y opiniones.

A la hora de relacionarnos con los demás podemos fallar en la habilidad para manejar situaciones de tipo social, lo cual puede generar rechazo, aislamientos, insatisfacción por la forma de actuar y demás. Para eso debemos tener en cuenta que cualquier tipo de relación con los demás tiene que perseguir al menos tres objetivos: Alcanzar la meta que se ha marcado (por ejemplo, expresar una opinión) Fomentar una relación positiva con otra persona. Mantener un buen nivel de satisfacción personal.

Hay muchas maneras de mostrarse hostil o maleducado ante los demás. Por ejemplo, hablar en exceso de uno mismo, insultar tanto de manera sutil como directa, abusar del sarcasmo, no mirar a la persona que habla, pensar en la respuesta en vez de escuchar, acaparar una conversación, interrumpir, hablar simultáneamente… Como vemos, las opciones son ilimitadas y muy diversas, por eso debemos considerar cuáles son las normas de relación no escritas en nuestro contexto. Para ello es adecuado que nos preguntemos si nuestras contribuciones respetan al otro y garantizan un buen ambiente.

El respeto es la base del buen funcionamiento a nivel social y personal. Practicar los buenos modales y ser respetuoso hacia los demás es indispensable pues, como he dicho, la buena educación es lo que marca la diferencia.
 

El amor y el desamor

enero 20, 2016





Cuando escribo sobre el amor, y de su capacidad para cambiar la vida de las personas, también entra en juego el desamor, quien es un buen desencadenante para destrozar existencias si permites que sea el dominante en tu corazón y tu mente. Se dice que el Amor y desamor, son dos caras de una misma moneda. Por desgracia, en la mayor parte de las ocasiones, el amor también puede acabar unido al desamor. No obstante, no debemos pensar en ello como un problema, sino como una cara de la moneda que no siempre tiene por qué ser la predominante.

Es evidente que cuando te enamoras de una persona, todo parece perfecto y maravilloso. Sientes que vas caminando sin rozar el suelo y todo el mundo es más bonito, bucólico e idílico de lo que antes parecía. De pronto, das con una persona que es perfecta para ti. Te entiende en todo cuanto haces y dices, te apoya siempre, no le huele el aliento y parece que no haya un solo desperfecto en su físico y forma de ser. Sin embargo, es obvio que esto no es algo que dure para siempre. Con el paso del tiempo, observas que esa persona que antaño era maravillosa, tiene sus propios problemas, tal vez ronca por las noches y a veces hace cosas que no comprendes. De todas formas, es importante que no decaiga tu capacidad para el amor por el simple hecho de que la otra persona es un ser humano, con sus miserias y sus grandezas, como todos tenemos. Aun así, es posible descubrir que el amor de tu vida no es perfecto, o bien sentir cada día que nuestra relación se deteriora, pero no tiene por qué ser óbice para que dejarlo todo. Simplemente debemos luchar con las armas que tenemos para mantener viva la llama.

Pero, si hemos usado todo cuanto está en nuestra mano para llevar adelante nuestra relación, y nada funciona, es cuando llega el momento crítico del desamor, que nos cubre por doquier como un oscuro manto de ébano y hace que todo sea mucho más triste, desolado y deprimente. Y ahí llega el momento en el que nos habremos dado cuenta de que el amor ha cambiado nuestra vida. Esa es la ocasión en que nos fijaremos si de verdad somos capaz de reponerte y mirar hacia el futuro con esperanza.

El desamor puede provocarnos que nos encerremos en nosotros mismos, retomando fuerzas para ser más desconfiado, prudente, protector y alarmista. La próxima vez que el amor se presente ante nuestra puerta, iremos con pies de plomo, con nuestra coraza bien pertrechada… y tal vez perdamos una oportunidad maravillosa. Porque el amor es apertura, felicidad, alegría y esperanza. Y si un desamor logra que no volvamos a confiar por miedo a que nos hagan daño, en realidad eres tú la persona que más daño se está haciendo a sí misma, ya que no estás siendo sincero o soncera con tu corazón, y estás denostando a otros seres por puro miedo, aunque tal vez todo en tu alma te pide a gritos que te arriesgues.

Por eso el amor es capaz de cambiarte la vida. Porque cuando vives con el amor muy presente, no tienes tanta preocupación de protegerte, pero sí estás totalmente abierto a ser feliz, dar tu corazón a quien se lo sabe ganar y lo merece, y mirar hacia el futuro con esperanza mientras vives un presente feliz y luminoso. Te amo para amarte y no para ser amado, puesto que nada me place tanto como verte a ti feliz. Vivir en el amor y permitir que te cambie la vida no significa estar permanentemente enamorado, sino estar dispuesto a vivirlo, recibirlo y sentirlo con cada poro de tu piel. Dejar que el amor te cambie la vida significa no cerrarse en banda a las experiencias que éste te guarda, sino dejar que aparezca en tu corazón y lo llene de dicha y felicidad, aun cuando te han hecho daño.

Finalmente no debemos quedarnos únicamente con lo malo y vivir tras una coraza de miedo y falsedad. Dejemos que el amor entre en nuestro corazón y cambie nuestra vida, porque hay mucha gente buena y cariñosa que está dispuesta a hacernos feliz.
 

Nuestra actitud

enero 20, 2016





Se dice que “El sentido de las cosas no está en las cosas mismas, sino en nuestra actitud hacia ellas.” y que es la actitud..Básicamente se trata de la manera en la que enfocamos las diferentes situaciones que tenemos que afrontar. Podría decirse que la actitud son los hábitos que nos caracterizan y que todo el mundo conoce de nosotros. Por ejemplo, si cuando entramos a una tienda saludamos amablemente a los vendedores o al ver a una persona en situación de necesidad no dudamos en asistirla, estamos demostrando varias actitudes: amabilidad, educación, generosidad o altruismo.

Esta palabra se suele usar en el ámbito empresarial o en las relaciones de pareja, pero no nos damos cuenta de que la actitud es aplicable a todo lo que nos sucede. ¡Esa es la actitud! Se escucha cuando alguien enfrenta los obstáculos, se levanta después de caer o va subiendo poco las dificultades de las metas que enfrenta.

Ahora bien, la actitud ¿se nace o se hace?. Partiendo de la base de que nuestra intención es hacer el bien y tenemos a nuestro alcance los recursos necesarios para avanzar con esta premisa -aptitudes-, es fácil pensar que la actitud es innata. Sin embargo, no es tan sencillo. Los mensajes que recibimos de la sociedad, en referencia a lo que está bien y lo que está mal, y la acumulación de nuestras propias experiencias también tienen mucho que decir en la configuración de nuestra disposición ante la vida y ¿Por qué? Porque nuestras actitudes son muy sensibles al refuerzo que reciben. Si cuando somos pequeños, nuestras personas de referencia premian el hecho de que cuando entremos en un sitio saludemos a las personas que están en él, probablemente pasaremos a realizar el mismo comportamiento en situaciones parecidas. Además, no solo haremos eso, sino que comportamientos parecidos, como el de quitarse el sombrero o la gorra a a la hora de entrar en un sitio cerrado, los adquiriremos con mayor facilidad.

Cada vez que decimos o hacemos, estamos comunicándonos con las personas que nos rodean. Eso puede tener consecuencias positivas o negativas. No importa realmente lo que estemos pensando porque nadie puede introducirse en nuestra cabeza. Por ello sólo valen los hechos y que nuestras palabras vayan de nuestra mano. De nada sirve pensar “ayudaré a esta persona” si en realidad no lo haces. Procediendo de esta manera, te estás mintiendo a ti y al otro, si se lo cuentas. Estás proyectando en ti y en los demás la imagen de ser alguien poco fiable, cuyas palabras solamente son una fuente de incertidumbre, ya que nadie -ni siquiera tú- apostaría demasiado porque las fueras a cumplir.

No sólo estoy hablando de nuestras relaciones con los demás, sino también de nuestros propios sueños, ideas u objetivos que tengamos. Por más de que sean los mejores del mundo, si no los llevamos a la acción, de nada nos servirá. Seguro conoces la frase “las palabras se las lleva el viento”. Hablar y hablar, pero no actuar, también es una manera de condenarnos a que tengan una impresión errónea sobre nosotros. Si deseamos transmitir algo y que nuestros dichos encierren la verdad que pretendemos, debemos acompañarlos con actitudes. Recordemos que las acciones no vuelan lejos ni quedan en el olvido. Es preciso que saquemos a relucir toda la autenticidad que tenemos dentro, que seamos fiel a nuestros valores y que no prometamos algo que no sabemos si podemos cumplir.

No importa los títulos universitarios que tengamos, cuál sea nuestro trabajo o dónde vivamos. La manera en que nos relacionamos con los demás es la que dice todo de nosotros. Así es, las actitudes que mantengamos con alguien que nos necesita, con aquellos que nos aman e incluso con aquellos que no nos caen demasiado simpáticos. La amabilidad, el altruismo y la solidaridad son palabras fáciles de pronunciar, sin embargo conseguir que sean el emblema de nuestros comportamientos es más complicado. Si lo conseguimos, ellas serán las que definan nuestra personalidad y por las que seremos recordados. No es nuestra ropa, ni nuestro peinado, ni la forma en que caminamos… lo que realmente nos diferencian del resto es nuestra actitud ante las dificultades y los logros, ante las victorias y las derrotas. Estamos acostumbrados a los productos hechos en serie y por eso nos olvidamos de los fabricados a mano, únicos e irrepetibles.

¡Tenemos que ser como esa pieza que cuesta más en la tienda por el trabajo que llevó su diseño y constricción! Para poder evitar estar dentro de la masividad y lo “idéntico al resto”, es preciso que seamos responsables, no pongamos excusas, no nos adelantemos a los hechos, seamos positivos y tengamos la habilidad para gestionar nuestras emociones. No olvidemos cumplir con nuestras promesas, pensar antes de actuar y analizar qué cosas hacemos para mejorar la impresión o la definición que tú y Yo y los demás tienen sobre todos nosotros.
 

La realidad que nos rodea.

enero 20, 2016





Comienzo este escrito con una frase para reflexionar : La señal de que no amamos a alguien es que no le damos todo lo mejor que hay en nosotros.Una persona que ama sobre todas las cosas, es capaz de dar lo mejor de sí misma. Se siente libre, feliz y plena. ¿Qué más necesita en la vida? Puesto que cada uno de nosotros es un ser que necesita que le amen, ¿a qué esperamos? Una vez que hemos generado la intimidad con esa persona que nos corresponde y nos quiere, todo es mucho más sencillo. 

Cualquier persona que siente cómo su corazón es pleno y está siendo correspondido, observará como lo que le rodea se contagia y toma otro color. Con el apoyo adecuado, no miramos el vaso medio vacío, sino medio lleno. Se produce una trasformación: el trabajo es menos abusivo, la familia menos dominante, el entorno menos estresante, las personas son más honestas, la ciudad menos gris… Por eso el mundo está lleno de corazones deseando que les amen. Porque, en el fondo, nuestro órgano más vital sabe que el amor nos hará libres y nos permitirá acceder a esa felicidad tanto tiempo añorada.
 
No hay que olvidar que los seres humanos deseamos ser amados. Es un estado en el que nos sentimos felices, plenos y completos. Por eso hay que luchar cada día por todo cuanto queremos. La verdadera libertad del hombre está en la explosión de las emociones. Por ello, al ser amados, somos capaces de permitir que salgan todos nuestros sentimientos con total libertad y, en ese momento, sentirnos felices. Recordando una escena de la divertida película “Notting Hill”. En ella, el personaje que interpreta Julia Roberts le cuenta al despistado librero -cuyo corazón sufre de amor- que “solo es una chica deseando que le amen”. Como es lógico, no es más que una película. Pero, ¿no es cierto que nuestro cine, literatura, pintura o escultura, por hablar de cuatro manifestaciones artísticas, se basan en la realidad que nos rodea?

Aquello que ocurre en “Notting Hill”, aún siendo fabulado por un guion cinematográfico, no deja de tener una correspondencia cercana con la realidad. Si nos detenemos un instante y miramos a nuestro alrededor, veremos a un gran número de personas esperando ser amadas. Deseamos ser queridos, comprendidos y protegidos. Es en el cumplimiento de este anhelo donde encontramos la fuerza para dar lo mejor que llevamos dentro. Como sucede en “Notting Hill”, pero como también sucede en cada relación en la que el amor termina floreciendo.

Cuando dos corazones se unen en el amor, hay pocas cosas en el mundo capaz de detenerles. Así que, si sientes que deseas ser conquistada o conquistado, déjate llevar y disfruta del viaje, porque tu vida va a ser mucho más bonita y feliz. Es por eso que necesitas dejar de ser una persona deseando que la amen. Es un buen momento para tomar la iniciativa, porque nada llega solo y para todo hemos de estar preparados. Debemos cambiar nuestra mentalidad, dejar de pensar en la mala suerte y sacar todo lo positivo que hay en nuestra alma. Creer en uno y descubriremos que somos una persona que merece que le amen. 

Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección.Ama con todas tus fuerzas y consigue que te amen. No obstante, no debemos olvidar que recibir también es dar. Si quieres que te amen, recuerda que tienes que amar sin esperar nada a cambio. Sin embargo, si te lo mereces, no te preocupes, porque llegarán toneladas de cariño y comprensión. Ser una persona deseando que la quieran y que no hay nada de malo en ello. Ser una persona capaz de dar sin esperar nada. Ser una persona plena y feliz. Ser una persona que ama con todas sus fuerzas. Ser una persona que une su corazón con el ser querido. Ser una persona libre gracias al amor y consigue esto siendo como tú quieras.

El amor, como tal, siempre será un ideal. Un tópico esencial de nuestra vida, que por darse en diferentes grados o niveles, nunca alcanzará su punto de perfección, como en las matemáticas o la física. No es una cifra; no son números. Es un sentir… Y los sentimientos no se miden: se expresan, se viven. Lo anterior, que en principio sería un gran limitante para cualquier relación, puede volverse una gran ventaja: porque el amor siempre será susceptible de mejorar,en forma indefinida; es decir, nunca se agotará…
 

Tu mejor comienzo

enero 19, 2016




Después de todos los esfuerzos, he superado mis finales y con ellos mi pasado: he entendido que un final es la oportunidad de volver a vivir otro comienzo. Tú también puedes hacerlo. Puedes recordarte cuando lo necesites aquella idea similar de para que pueda darse un día nuevo tienes que haber visto cómo pasaba la noche. Cada día es una oportunidad para que sea tu mejor comienzo en cualquier ámbito o para mantener aquello que te hace feliz. No hay que perder nunca la certeza de que de los malos momentos sacamos fuerzas que no pensábamos que teníamos y reconstruimos valores que estaban estancados.

El tiempo y los acontecimientos van a la par en el cambio y las personas cambiamos también con ello. Crecemos y aprendemos de los errores que cometemos y que cometen con nosotros, vivimos y soñamos con la felicidad que recogemos y aportamos. Por eso, un final puede ser mi mejor comienzo, tu mejor comienzo. Mi pasado no es un recuerdo, es la fuerza que me apoya, me impulsa y me guía, no es que comprenda hacia donde me lleva, pero como en cualquier historia, el pasado necesita determinación, porque el pasado es el comienzo. 

Pasará cierto número de años y moriré. Ese quizá sea mi final definitivo, pero hasta entonces todos los días serán la suma de la gran historia de vida: una historia que quiero vivir y que se compone de otras muchas historias marcadas de momentos, sentimientos y vivencias que dan comienzo y que también acaban. Es así como todo empieza y todo finaliza. Las experiencias se superponen y ninguna me deja indiferente, porque tienen su duración necesaria para aportarme lo que deben y después irse. Lo peor que puedo hacer en este sentido, siempre lo he sabido, es seguir creyendo que algo dura cuando ya terminó.Solo si acepto el final, creeré en el comienzo

Asumir que rendirse no es una opción es una de las premisas que más me he recordado siempre. En este contexto me parece apropiada porque es justo en el momento en el que me he dado cuenta de estoy aceptando que algo ha acabado cuando más he sentido que no me había rendido. Nada está perdido si se tiene el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo. No es una opción creerse que la realidad no es la que es: me obligo a aceptar que hay personas que se van o que yo puedo irme, que hay ciudades que tengo que dejar atrás o que algo que era ya no puede ser más veces. En otras palabras, no se trata de empezar de cero sino de aprender a ser con lo que soy y con quién puedo ser.

Aunque la incomprensión corte esta risa, aún puedo reír. La incomprensión cuando ha llegado el momento de acabar con algo me ha provocado inseguridad, desorientación y dolor: todos nos vemos dentro de laberintos, situados justo en la puerta de salida, pero sin las llaves que nos permitan salir y continuar. En esos momentos yo, como todos, no veía nada en claro y los finales parecía que se extendían en el tiempo sin concluir definitivamente. Me he dado cuenta, solo cuando he llegado al fondo de lo que ocurría, que tenía que llevar el mando de mi vida y ser yo quien esforzarme en cerrar completamente ese final inconcluso. Estoy un poco lastimado, pero no estoy muerto. Me recostaré para sangrar un rato. Luego me levantaré a pelear de nuevo.”

La capacidad de resiliencia es lo que nos da soporte y nos ayuda a mirarnos reflejados en el pozo para aprender de lo que vemos. De esta manera, aunque la incomprensión haya cortado mi risa alguna vez, he descubierto que aún puedo seguir riendo: a pesar de que todo esté perdido, puedo volver a encontrarme. Un final es la oportunidad de un nuevo comienzo
 

Depurar el pasado es una tarea ...

enero 19, 2016






Somos esencialmente pasado, aunque tengamos que actuar en el presente y en función de lo que nos imaginamos que será el porvenir. De ahí que el pasado sea en realidad ese factor que catapulta o que obstaculiza nuestros avances por la vida. Es verdad: el pasado siempre está sucediendo. En el trabajo que realizamos hoy tan eficientemente en la oficina, también está el niño que aprendió a recibir estrellitas doradas por cada tarea terminada. En esa persona que hoy se enamora apasionadamente, también está ese pequeño que permanecía atento a los gestos de aprobación y desaprobación de su madre.

La infancia es la etapa decisiva de nuestra existencia. Es el tiempo original de nuestro ser, la época en la que absorbemos y procesamos una postura frente a nosotros mismos y al mundo. Los otros tiempos de la vida son adaptaciones y reacomodaciones de ese pasado. Tengo una frase que dice “el mayor regalo que un ser humano puede hacerle a otro es una infancia feliz”. Desafortunadamente, también ocurre lo contrario: los mayores daños en la existencia nacen de una infancia desdichada. Son heridas que pueden tardar toda una vida en sanar, o no sanar nunca.

Todo lo anterior no quiere decir que una vez establecido el pasado ya no hay nada que hacer. En realidad, cada uno de nosotros puede tomar esas experiencias vividas y convertirlas en un factor enriquecedor o limitante. De pasados traumáticos han nacido maravillosas obras del arte y el pensamiento, así como de infancias afortunadas surgen personas que “ni suenan, ni truenan”, como dice el refrán. El pasado otorga una materia prima que, en esencia, es inmutable. Pero esa materia prima, como su nombre lo indica, es solo un material de base. Lo que se construye con ella depende tanto de la sustancia misma, como del trabajo de quien la modele.

Nadie escapa a las experiencias duras, difíciles o injustas. Pero lo duro, lo difícil o lo injusto de esas vivencias puede potencializarse o minimizarse, dependiendo de la forma como se procese. De todos modos, la peor de todas las alternativas es pretender hacer lo negativo a un lado, con el propósito de ignorar el dolor y hacer como si nada hubiese ocurrido. Esa negación del pasado doloroso únicamente lleva a confusiones cada vez más difíciles de resolver. Si alguien ha vivido, por ejemplo, el desamor o el rechazo de sus padres y busca ignorar todo el dolor que esto genera, probablemente se va convirtiendo en alguien aparentemente insensible, a quien le cuesta intimar con los demás, pero que rompe en llanto mirando un comercial. Sentirá una gran inconformidad consigo mismo y, por lo tanto, con quienes le rodean. Probablemente sea desmedidamente exigente y al mismo tiempo hipersensible a la crítica. Tendrá dificultades para evaluar con objetividad el valor de sus acciones y por lo general se sentirá o mucho mejor, o mucho peor con los demás, nunca igual.

Este conjunto de actitudes y emociones configuran toda una vida, en la que la nota predominante será el conflicto y la insatisfacción. Sin embargo, todo ello no proviene en sí de ese desamor o rechazo del que fue objeto cuando era un niño vulnerable, sino de la negativa a revisar esas experiencias para otorgarles un sentido constructivo. De la negativa a experimentar todos los rezagos de dolor que deja una situación semejante. Por eso tantas veces las cosas no nos resultan. No se trata de que necesitemos de un postgrado, o de una pareja mejor, de unos hijos más obedientes, o de una casa más bonita. La respuesta al estancamiento seguramente está en el pasado, en esos cabos sueltos que no terminamos de atar, en esos dolores que no terminan de sanar.

Depurar el pasado es una tarea que todas las personas debemos realizar en algún punto de nuestras vidas. Especialmente en aquellos en los que notamos que nuestros esfuerzos no se ven compensados con resultados alentadores. No es que tengamos “algo malo” o algo deficiente. Es que tal vez no hemos descubierto que para avanzar necesitamos un pasado sano. Avanzar en la vida significa crecer, desarrollar las potencialidades, diseñar proyectos personales, profesionales y sociales, y lograrlos. Sin embargo, más de una vez te das cuenta de que ese avance no se produce, que el pasado aún está presente o se da a un ritmo demasiado lento, a pesar de que empeñes gran esfuerzo en ello. ¿Qué sucede? Lo usual es que se busquen las causas del estancamiento en las circunstancias externas que rodean el presente. Aparecen entonces explicaciones que se relacionan con deficiencias del entorno y se les adjudica a ellas la responsabilidad. Aunque no se debe subestimar la incidencia de esos factores, lo cierto es que en lo fundamental, el avance siempre depende de uno mismo.

Finalmente, muchas veces simplemente no logramos avanzar porque hay algo en el pasado con la suficiente fuerza como para entorpecer nuestra evolución personal. Es un error pensar que el pasado simplemente se quedó atrás y ya no cuenta. De hecho, ocurre todo lo contrario: de todos los tiempos de la vida, el pasado es el más determinante.“Deberíamos usar el pasado como trampolín y no como sofá.”
 

La rueda de la vida.

enero 16, 2016





A lo largo de nuestro ciclo vital deberíamos tener como propósito el avanzar siempre con la mochila ligera de rencores, odios y frustraciones, y almacenar únicamente emociones positivas: gratos recuerdos, experiencia vivida, ilusiones, humildad y el amor en cada una de sus formas.Hay quien trae una luz tan grande a nuestro mundo, que aún a pesar de habernos dejado esa chispa aún permanece alumbrándonos en el día a día. Toda pérdida, sea como sea, supone tener que experimentar y afrontar un duelo. Puede que hayamos perdido a un ser querido, o puede también que nuestra relación afectiva se haya terminado. Sea cual sea el origen, al final de ese proceso de sanación interior, es conveniente que siempre quede en nosotros emociones positivas.

Pongo un ejemplo; alguien llega de improviso a nuestra vida, nos la cambia, nos hace sentir la autenticidad del amor, la pasión y la más sentida complicidad. No obstante, ese amor no permanece. Por las razones que sean, se termina. Lo más probable es que tras la ruptura de ese vínculo lo que sintamos primero es rabia, luego tristeza, desconsuelo y es posible que ese cúmulo de sentimientos desemboque en frustración. Toda emoción negativa va a ocasionar cambios muy profundos en nuestro carácter y equilibrio personal. Nos hará ser más desconfiados e inseguros. Y es posible que llegues a pensar que es mejor no amar para no sufrir. Entiende, que si le cierras la puerta a tu corazón por algo que no permaneció, de algún modo te estás negando a vivir. El rencor nos hará esclavos del pasado y nos impedirá avanzar en nuestro presente.

La clave de todo esto reside en saber afrontar la pérdida, aceptarla y quedarnos con todo lo experimentado, con todo lo vivido. Quédate con el amor sentido y los buenos momentos, quédate con ese buen capítulo y permite que las heridas sanen como deben para permitirte ser feliz de nuevo.

He aprendido que en esta vida nada permanece: todos somos breves pasajeros de un mundo que en ocasiones, se lleva lo que más queremos. He aprendido también a irme y a dejar ir, a no aferrarme a lo que  duele, y hacer del cariño y del amor auténtico, mi prioridad. Todos hemos aprendido que en ocasiones, la vida, duele. Y es dolorosa porque nos obliga a experimentar cambios que no esperábamos, a romper vínculos, a perder personas y probar el sabor de la tristeza en todos sus matices, y a entender también, que a veces, ser fuerte implica conocer nuestras debilidades.

Lo único que de verdad permanece en esta vida son las emociones: el amor, ése que se llevarán tus seres queridos cuando te dejen, o ese que aún a día de hoy, conservas en tu memoria de quien habitó por primera vez en tu corazón. El amor que es auténtico es el que de verdad perdura y nos enriquece. Hablamos de ese cariño sincero entre padres e hijos, entre hermanos, y por qué no, el amor que sentimos por alguien que a pesar de no ser ya nuestra pareja, conservamos en lo más hondo de nuestra memoria como un grato recuerdo.

Las emociones positivas son las que nos edifican, la que nos construyen por dentro y nos dan fuerza, aliento y refugios. Amar es vivir, es expandirnos y es aprender. No obstante, la rueda de la vida nunca se detiene, y quien se va es posible que nunca regrese. Y el que llega, puede que no permanezca. Es necesario aprender a superar las perdidas en cada una de sus expresiones. Tengamos claro que a lo largo de nuestro proceso de duelo, es necesario conservar los buenos momentos. Hacer del amor vivido ese viento tibio que debe arroparnos en los instantes de frío y desconsuelo. Ahora, vale la pena recordar que todo lo que perdemos físicamente, sigue habitando en nuestro corazón.

La vida nos enseña que por muy fuerte que abracemos a una persona, es imposible mantenerla a nuestro lado para siempre, a veces, incluso la propia vida se encapricha de ellas y nos las roba sin que entendamos muy bien por qué. No es fácil llegar a aceptar una pérdida, que quien una vez estuvo con nosotros se ha ido para siempre, que quien ha regresado quiere ahora volverse a ir. La vida es también afrontar las despedidas, y no todas, lamentablemente, pueden hacerse en una estación de tren con un penúltimo abrazo.

Es necesario asumir la no permanencia de las cosas y aprender a valorar el momento, el aquí y ahora con la máxima plenitud posible. Quien ya no está a tu lado, sin lugar a dudas te hizo un gran regalo con su compañía, con su cariño, con esos pasos caminados en conjunto, con tantos momentos compartidos. Todo ello, es un legado que conservar en tu memoria y en tu corazón con una sonrisa plácida. Tu corazón y tu memoria tienen un límite insospechado para guardar en él grandes cantidades de cariño vivido y amor experimentado. Es el tesoro de la vida, ese que debemos cultivar cada día, ese que nos acompañará cuando quien más queremos, ya no esté a nuestro lado.

Feliz fin de semana.
 

Quien enseña a quien..

enero 15, 2016




Siempre me han gustado los animales y he tenido alguno en casa, ya sea un perro un gato o unos pajaritos como Mr.popocho y Miss popocha que hoy comparten su vida. Creemos que nosotros somos los encargados de enseñarles a ellos… ¡Pero es al revés! Las lecciones que podemos aprender de las mascotas y de cualquier especie en general son realmente muy valiosas. Quizás tengas un perro o gato en casa y te sea más simple comprender qué cosas te puede enseñar. Sin embargo, en el reino animal hay muchos aprendizajes “escondidos”. Las Vacas, hámsteres, gansos y salmones son sólo algunos de los maestros estrella de este escrito.

Comienzo con los perros que son lo más cercano que tenemos y podemos sacar mucho provecho de las actitudes o formas de vivir que tienen y manifiestan en el día a día. Además, son los llamados “animales de compañía” por excelencia. En primer lugar, los perros nos enseñan qué es la lealtad y el compañerismo. Los perros no se separan de sus dueños ni por un instante. Para ellos existe un único amo y lo siguen a sol y a sombra. Incluso aunque la persona no les dé importancia. Seguramente has experimentado esto al llegar a casa y que tu mejor amigo te esté esperando detrás de la puerta moviendo la cola.

Al elegir un perro nunca más estarás solo. Siempre estará disponible para ti, no importa si está cansado o la hora que sea. Si te quedas hasta tarde estudiando o trabajando, lo tendrás rondando tus pies. Si estás enfermo se colocarán al lado de la cama. Si estás mirando televisión se acostará a tus pies. Además, los perros tienen la capacidad de entender lo que le pasa al otro sin necesidad de usar las palabras. Entonces la próxima vez que alguien de tu familia o círculo íntimo se sienta abatido, cansado o con muchas obligaciones, ofrécele tu compañía, como hace contigo tu perro. Quizás ese apoyo es lo que está necesitando…

En esta ciudad donde vivo, tenemos muchos gansos que surcan los cielos, son unas aves que si las observas detenidamente y si necesitas un subidón anímico para el trabajo en equipo no dudes en prestar atención al sistema que tienen estas aves que vuelan en bandadas hasta llegar a destino. Para empezar, su forma de vuelo es de una “V” porque de esa manera la resistencia al viento es menor y deben hacer menos esfuerzo para ir más lejos. Cuando un ganso deja su lugar en la formación inmediatamente regresa al grupo porque se da cuenta de que no puede volar solo. El ejemplar que va en la delantera es el primero en cansarse porque es el que recibe todo el viento de frente y además el que se encarga de guiar a los demás. En el momento en que sus fuerzas ya no lo ayudan, pasa al último puesto y el segundo toma su sitio. Ninguno discute ni se excusa, simplemente siguen el orden establecido. Los que están más atrás emiten sonidos mientras vuelan para alentar a los de adelante y si alguno se enferma o se encuentra herido lo llevan entre dos compañeros hasta un lugar seguro, esperan a que se recupere o recién cuando muere vuelven a la formación.

Los gansos nos enseñan la importancia que tienen las personas que están a nuestro alrededor. Ya sea en la familia, en el grupo de amigos o con los compañeros de trabajo. Una red fuerte de seres queridos nos permite avanzar juntos y a pasos más agigantados.

De los gatos hay mucho que aprender,merece un escrito aparte.Los gatos toman siestas de entre 12 y 16 horas. Por supuesto que no podríamos tomar siestas de esa duración, sin embargo una siesta de 30 minutos  al día nos hará aumentar la creatividad, la memoria, el aprendizaje, aliviar la tensión y mucho más.Los felinos son unos interlocutores muy locuaces que despliegan gran cantidad de información, y no solo a través de sus maullidos, sino también mediante su expresivo lenguaje corporal.

Y que puedo decir de las vacas, bueno a nosotros nos pasa muy amenudo que el cerebro te dice “basta” cuando quieres aprender o leer algo. Sin embargo, una vez que vences ese obstáculo inicial y añades nuevos conocimientos te invade una sensación hermosa que los científicos reconocen como “sistema de recompensa”. Es como saborear el logro una vez que lo hemos conseguido. En el caso de las vacas está comprobado que se emocionan cuando pueden lograr algo. Al mejorar cierta tarea o hacer algo nuevo, el ritmo cardíaco aumenta y sus movimientos son más rápidos. Es como si al terminar una cosa que era difícil dijeran para sus adentros “¡Leticia!, ¡Lo he conseguido!”. Pues entonces, tomemos como ejemplo a las vacas y emocionémonos cada vez que consigamos algo. La victoria en una dura batalla o llegar a la meta del camino, se merece que lo celebremos y reconozcamos nuestro esfuerzo.

Si pensabas que la relación con tu mejor amig@ era la más fuerte y duradera del mundo… ¡es porque no conoces cómo viven las ovejas y los delfines con sus colegas! Los delfines y las ovejas tienen un gran sentido de la amistad y lo demuestran continuamente. Incluso están dispuestos a sufrir o morir por un amigo. En las actividades cotidianas no permiten que si el otro está cansado o lastimado trabaje, le proporcionan comida y lo resguardan de los predadores y peligros. Algunos amigos animales permanecen juntos durante muchos años. Los cetáceos son una buena lección de amistad sin dudas (por ello el delfín es el símbolo empleado para las amistades verdaderas). Y un dato llamativo… ¡las ballenas jorobadas se reúnen con sus amigas cuando comienza el verano!

Seguro que recuerdas la famosa e increíble historia de “Trazan”, ese bebé que fue rescatado por una simio al encontrarlo en la cuna luego de que sus padres muriesen asesinados en la selva. Más allá de la ficción lo cierto es que los primates tienen una gran capacidad altruista, es decir, de dar sin importar qué ni a quién. Por ejemplo pueden ayudar a un compañero que tiene miedo, criar un bebé cuya madre ha muerto, quedarse al lado de los heridos e incluso mostrar compasión por los que sufren o están a punto de morir.

Para terminar, quisiera que prestes atención a las siguientes líneas motivadoras que podrían sin problemas decirte los animales (si entendieras su idioma o bien si pudieran hablar en español) y te ayudarían a crecer tanto personal como socialmente: “No te rindas fácilmente” (el salmón)- “Ejercita a diario” (el hámster)-“Toma más siestas” (el gato)-“Trabaja arduamente” (la hormiga)-“No juzgues ni discrimines” (el perro)-“Cuida a tus hijos hasta que puedan valerse por si mismos” (el pájaro)
 

Cada día nuevas oportunidades.

enero 14, 2016





Se dice que la vida acontece cada día, y que debemos dejarnos llevar por ella, y me pregunto y quizá tu también te preguntas :  ¿Cómo dejarnos llevar por lo que nos trae la vida?, ¿quiere decir esto que no hemos de luchar, que no hemos de esquivar aquello que no deseamos? a lo que me respondo : En absoluto. Existen matices: dejarse llevar por la vida es básicamente permitirnos “vivir” y aprender y disfrutar de todos sus detalles.

La vida nos regala cada día nuevas oportunidades: permitámonos ser felices otra vez, dejemos que lo improvisto nos encuentre y nos de vista de ilusiones renovadas, que pinte en nuestro rostro alegrías, y estrellas que deslumbren nuestro corazón. Lo creas o no, hay muchas personas que no se permiten “vivir”, que no saben inscribir en su cotidianidad el don de la apertura, del optimismo, de la esperanza y de la capacidad de ser feliz y hacer felices a los demás.

La vida, en ocasiones, no es fácil, nos puede traer decepciones, pérdidas y errores. El quedarnos atascados con las vivencias del ayer nos cierra ventanas en el presente. Y una mente y un corazón con las ventanas cerradas se envenena de resentimiento. No dejemos que nuestras heridas nos conviertan en alguien que no deseamos ser: alguien infeliz. Si nos limitamos a mirar a los demás preguntándonos cómo lo hacen, “como consiguen ser felices”, es que aún no conocemos el secreto y es muy simple: las personas aceptan sus pasado, lo asumen y afrontan el presente con optimismo.

Lo mejor en la vida llama a tu puerta sin que lo esperes, porque en ocasiones, el secreto de la felicidad está no en buscar sino en dejarse encontrar, en ser paciente y mantener siempre el corazón encendido de ilusiones, de esperanzas… Y a ti, ¿te ha sorprendido la vida alguna vez con esos engranajes inexplicables? En ocasiones, nos aferramos a dibujar en nuestra mente cómo debe ser nuestro futuro, y qué rostro debe tener ese amor que nos traerá la felicidad. Ahora bien, en realidad, a veces basta sólo con “dejarnos llevar”. Sé paciente, ten calma. Porque cuando menos lo esperes todo tendrá sentido y la vida se acomodará a tus necesidades, a tus anhelos; basta con dejarse llevar y recordar que el protagonista de tu día a día, siempre eres tú y que mereces lo mejor.

Si hay algo que tenemos claro es que no es fácil tener paciencia ni convencernos de que basta sólo con confiar, para que todo lo bueno acontezca de pronto. En realidad, se trata de algo más: de tener la actitud adecuada. Son nuestros pensamientos quienes dan fuerza a nuestras emociones y quienes trasforman nuestra realidad. Si nos encerramos en nosotros mismos y cultivamos el resentimiento y la frustración, es muy difícil que dejemos una ventana abierta para que la vida nos inunde con su magia repentina.

Mantengamos una actitud fuerte, enérgica y positiva donde Tu siempre seas lo más importante, tú eres quien merece ser feliz. Practiquemos la sencillez, la pasión por vivir y no cerremos la puerta a nada: las mejores experiencias las trae la casualidad.
 

La pareja que escogemos

enero 14, 2016





Una relación entre dos personas basada en el amor incondicional presenta un principio eterno: descubrir una persona que siempre habrá marcado nuestro corazón de forma positiva, aprendiendo y compartiendo lo que desconocíamos. Por ello, podríamos considerarlo como una aventura con inicio pero sin final. Una relación sana es una aventura entre dos seres increíbles donde descubrimos y aceptamos lo que no es nuestro. Al principio cualidades que nos hacen ver a la otra persona perfecta, pero que con el paso del tiempo podemos sentir en determinados momentos sus defectos. Carencias que si amamos incondicionalmente las haremos nuestras sin dejarlas de lado, pero sí sacando su lado más positivo. Ser profundamente querido por alguien te da fortaleza, y querer profundamente a alguien te da valor.

Los miembros de la pareja sana crecen aprendiendo y complementándose, eligiendo y escogiendo cada día el camino que les lleve a evolucionar, o determinar si ha llegado el momento de abandonar esta historia nacida siempre para aprender. Por ello, elegimos tener una relación o no con determinada persona: para aprender a gestionar y vivir un verdadero amor gracias a la comunicación sincera. La misión y prueba que nos coloca la vida cada día para ser mejores y entender nuestra verdadera grandeza como seres humanos: el don de compartir que conservamos todos en nuestro interior. Algo que ahora la ciencia nos puede confirmar y volver a regalar. Lo que alguna vez hemos disfrutado, nunca lo perdemos. Todo lo que hemos amado profundamente se convierte en parte de nosotros mismos.

Vivir el amor es probablemente la emoción más poderosa y llena de magia que podemos sentir como regalo de la vida. El amor alberga las mejores sensaciones que nos empujan a ser mejores personas, seres humanos y almas eternas. Nos lleva a desarrollar y sacar a la luz la mejor versión de nosotros mismos para y con los demás, sin olvidarnos del amor propio. A lo largo de nuestra existencia nuestro corazón aprende y crece con distintas experiencias o personas completamente diferentes entre sí. Podemos enamorarnos perdidamente de cada una de ellas, o incluso pueden pasar desapercibidas en nuestro día a día porque simplemente no nos toca descubrirlas en esta vida. Pero a veces, no entendemos por qué nuestra alma elige “desear dar todo lo mejor de nosotros” a uno u otro ser humano, llegando a vivir emociones poco positivas que difícilmente gestionamos. 

Por ello, hoy quiero escribir sobre como creo Yo que es el proceso de selección interior que cada uno de nuestros corazones lleva a cabo en cuanto amar se refiere. Se dice que aprendemos a amar no cuando encontramos a la persona perfecta, sino cuando llegamos a ver de manera perfecta a una persona imperfecta. Nos unimos a aquellos que reviven nuestra primera experiencia con el amor. Amamos y nos unimos a una persona de por vida sin saber cómo, de forma inconsciente a veces. Incluso nos preguntamos infinidad de veces qué tiene ella o el que tan locos de amor nos hace sentir nuestro día a día sin entenderlo del todo.

Pero como es natural y hermoso, esta vivencia tiene un origen en el recuerdo de aquellas personas que marcaron nuestra infancia en cuanto al amor se refiere: nuestros padres, hermanos, personas que nos criaron y que un día nos hicieron sentir un destello de luz marcado en nuestro corazón. Esas experiencias hacen referencia a cómo sentíamos y percibíamos de niños el amor. Tanto su existencia como falta también. Entonces, cuando somos adultos, elegimos a una persona similar a aquella que nos marcó en un determinado momento de nuestra vida como en la infancia. Y poco a poco nuestro corazón desea acercarse más hacia ella.

Porque nuestras almas se complementan. Cuando estamos enamorados percibimos a nuestra pareja como un alma gemela similar a nosotros, complementando nuestra alma sus diferencias personales. De esta forma aprendemos de ella o de el y evolucionamos con nuestros potenciales y cualidades probablemente desapercibidos hasta entonces.  El amor nos enseña y nos hace mejores por ello, agradeciendo a la vida el haber encontrado a la persona que nos despertó.

También muchos estudios científicos relacionados con la elección inconsciente del amor entre las personas, indican que la pareja que escogemos es una versión de nuestros progenitores perfeccionados: una persona que es parecida a nuestro padre o madre. De ahí que sepamos relacionarnos con ella o el tan bien. Pero que además, y esto es muy importante,que la pareja que escogemos, conserve desarrollado en altos niveles aquello que nuestros padres no pudieron compartir con nosotros y que nos supuso de pequeños una carencia.
 

Un mal momento no es el final de nada.

enero 14, 2016





Siguiendo con el tema de los malos momentos en nuestro diario vivir. Ya sé que en medio de una discusión o de un mal momento pueden surgir comentarios poco amigables. Esto se entiende y aunque pueden herir también es posible seguir adelante. Pero tendremos un problema si hacemos comentarios que lastiman a propósito. No vale traer a colación peleas anteriores, comparaciones o cosas que sabes que afectarán a la otra persona. En un primer momento pensaremos que tendremos ventaja de este modo, pero iremos perdiendo la confianza. No necesitamos lastimar a nadie para sentir que hemos ganado. Recordemos siempre que el otro lado también es una persona que no merece ser lastimada. En el peor de los casos podríamos encontrarnos con que las personas que amamos se alejarán de nosotros.

Los malos momentos son necesarios para encontrar la felicidad, analizar nuestras acciones y crecer. Aunque nos guste pensar que lo mejor son esos días que están llenos de risas y alegría, los que nos hace ser nosotros pueden ser los menos agradables. Un mal momento, nos puede ayudar a avanzar. Algo que resulta clave en un mal momento son las decisiones que tomamos. La más básica es cómo te enfrentas a lo que sucede: con optimismo o con rechazo. A partir de aquí surgen muchos caminos. 

Esta vez quiero escribir para hacer una reflexión sobre de las decisiones que no debemos tomar en un mal momento. Por muy difícil que nos resulte, en algunas ocasiones es mejor mantener la calma y esperar a que la situación cambie. De no hacerlo así podríamos arrepentirnos por haber elegido mal. Situaciones complejas nos pueden hacer creer que la mejor decisión para ese mal momento es terminar la relación. Pero antes de dar por concluida una amistad o una relación de pareja debemos darnos tiempo para pensar en lo que pasa. Lo que en un inicio nos podría parecer tan grave, luego puede parecer una tontería. Incluso eventos como discusiones y decepciones pueden tener una solución si les damos algo de tiempo, lo importante es NO decir cualquier cosa que lastime al otro. Démonos un par de horas o un día para pensar la situación. Cuando estemos calmado podremos regresar y conversar sobre lo que pasó. Tanto en las relaciones de amistad como de pareja son comunes las discusiones.

Cuando pasemos un mal momento no debemos dejarnos llevar por las emociones. Demos un tiempo para analizar la situación. Es probable que realmente no estemos donde queremos y entonces sí es válido movernos a otra opción. Pero si solo creemos que estamos siendo sobrepasados debemos considerar tomarnos un descanso. Si no es posible tomar vacaciones en el momento, al menos procuremos aprovechar el fin de semana. Descansar o realizar actividades que nos ayuden a olvidar las obligaciones diarias.

Así como no debemos terminar ninguna relación cuando estamos en un mal momento tampoco debemos iniciar otras. En específico me refiero a aquellas que pueden afectarnos seriamente. Puedes pensar que esta clase de decisiones le darán estabilidad a nuestra vida. Sin embargo, para que la estabilidad sea real y duradera, la relación debe estar basada en sentimientos verdaderos. Si iniciamos una relación creyendo que esa persona solucionará nuestros problemas, estamos creando más problemas. Tomemos en cuenta que incluso las relaciones donde hay amor pueden fallar cuando existen otras carencias. Esto se agrava en las relaciones “de paso” o “salvavidas”.

Un mal momento no es el final de nada, no nos condena ni nos limita. Aprendamos a ver las situaciones negativas como lo que son: parte de la vida. Muchas veces cometemos el error de querer escapar de todo lo malo. En el proceso nos perdemos enseñanzas y momentos importantes. Lloremos si lo necesitamos, enojémonos cuando la situación lo merezca y alejémonos lo necesario para poner en orden las ideas. De esta forma procesaremos mejor toda la información, evitemos decisiones apresuradas y tendremos menos cosas de las que arrepentirnos.
 

Ese mal momento cotidiano.

enero 14, 2016





Todos experimentamos situaciones complejas a lo largo del día. No obstante, hay quien tolera un poco peor ese mal momento de la mañana, hasta el punto de acumular tanta rabia e indignación al medio día, que acaba acudiendo a la cama con dolor de cabeza pensando que la suya, es realmente “una mala vida”. La vida es saber aceptar que nos traerá buenos y malos momentos. Si no estamos preparados para asumir ese mal momento cotidiano, se nos escaparán todos los buenos porque seguiremos encallado en esas emociones negativas: debemos aprender a dejar ir. Es muy probable que también tú tengas cerca a ese tipo de personas que ante una discusión, son casi incapaces de darle fin y avanzar. En su mente sigue rondando la ira, la rabia, el “yo tengo razón”, el “me has amargado el día”  y el “no puedo dejar de pensar en eso”.

El enfado constante, el no saber gestionar el mal momento hasta el punto de hacer una auténtica bola de nieve de cada aspecto, es reflejo de alguien que se obstina en negar la realidad, o al menos afrontarla. Si algo nos molesta, si algo inesperado sucede reaccionamos siempre hacia fuera mediante la rabia, las palabras subidas de tono y la gestualidad. Las personas que hacen de un mal momento una mala vida viven siempre a la defensiva, viendo al mundo como nuestro enemigo. El mundo no es nuestro enemigo, hay quien se enfada ante lo que no entiende o lo que no puede controlar: una discusión de pareja, por ejemplo, es algo normal, pero hay personas que no tienen adecuadas estrategias y ven cada palabra como un agravio, son incapaces de empatizar, de entender la visión del otro. Los malos momentos los trae la vida casi a diario, y en lugar de reaccionar pensando “que todo lo malo me pasa a mi” es mejor entender cuanto antes el origen de ese mal momento, resolverlo, aceptarlo… Y permitir que el día vuelva a ser nuestro.

Hoy he decidido que un mal momento, una discusión, o una crítica desafortunada, van a ser sólo nubes pasajeras que no estropearán más mis días, porque un mal instante no es sinónimo de una mala vida, y yo, merezco ser feliz. Estoy seguro de que también tú habrás pasado una de esas épocas en que un mal momento parece encadenarse con otro más hasta tejer, sin saber cómo, una temporada de indefensión y de sensaciones muy negativas. Son esas etapas en que el estrés y la ansiedad se adhieren como una segunda piel en nosotros.

Un mal momento que no se gestiona como es debido, puede transformarse en desconsuelo, rabia o frustración: las emociones negativas que no se afrontan, son como el humo oscuro de una chimenea que necesita salir fuera, de lo contrario las consecuencias son imprevisibles. En el fondo, y si pensamos en ello por un segundo, nos daremos cuenta de que pocos días son los que llegan a la noche sin que al menos, hayamos pasado un mal momento, por insignificante que sea. Una discusión, un malentendido, una decepción, un encuentro inesperado que no deseábamos, un error, un mal gesto, un desaire, una mala noticia, algo que se rompe, algo que se pierde, un recuerdo que viene a nuestra memoria… Son aspectos, como dije, muy comunes. Ahora bien, en este espectro entran sin duda cosas sin apenas importancia y aspectos un poco más serios. Y tanto unas cosas como otras debo y deben afrontarse con adecuada serenidad e Inteligencia Emocional.

El momento en que dejas de preocuparte, empiezas a disfrutar de la vida. Es fácil escribirlo y decirlo, pero… ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo puedo dejar de preocuparme de las cosas así, sin más?. Bueno he aquí mi respuesta y que debo aplicar para disfrutar de la vida : 

Primero procurando mantener un adecuado equilibrio en nuestra vida, y priorizando aquello que de verdad es importante: y mi bienestar y el tuyo lo es. Todo puede cambiar en cualquier momento, lo esencial es que vistamos una buena actitud, que tu corazón y el mío almacene esperanzas y no rencores para poder disfrutar de esos instantes con autenticidad.

Segundo : Debemos permitirnos ser feliz, y por ello, merece la pena tener en cuenta de qué manera deberíamos gestionar esos malos momentos cotidianos. Entendamos que todo pasa, que ese error tiene solución, que esa crítica no nos define, que quien nos hace infeliz no merece tu atención ni tampoco más lágrimas en tu rostro.

Tercero : Desactivemos toda emoción negativa entendiéndola primero y después, canalizándola. Una discusión no se acaba levantando la voz, tal vez necesitemos dejarlo para otro momento, desconectar y aclarar ideas con calma. Ese mal momento cotidiano puede ir seguido de un día excelente si tu o yo lo permitamos. Digamos no a los pensamientos recurrentes y negativos, controlemos las actitudes fatalistas, esas que nos hacen pensar que la nuestra, es en realidad una mala vida. Evitemos todo este ruido mental que tan graves consecuencias trae. Desconectemos del rumor negativo, tomemos un instante para nosotros y reflexionando venceremos las emociones negativas con nuevas ilusiones, con proyectos nuevos a corto plazo. 

Un momento dedicado a la reflexión, a la calma y a preocuparnos por nosotros mismos es invertir en nuestro futuro.

 

Para muchos, parar y descansar es todo un logro

enero 11, 2016




Hoy quiero escribir sobre la importancia de la relajación para mejorar la productividad, se que para muchos productividad y relajación son términos completamente incompatibles. Pero nada más lejos de la realidad. De hecho, relajarse es fundamental para “resetear” la mente y prepararse para un periodo de productividad eficaz y satisfactorio. El cansancio y el estrés se van acumulando a lo largo de la semana. Por eso es conveniente descansar el fin de semana. Lo mismo ocurre a lo largo del día, y por eso es necesario parar y relajarse, de modo que el tiempo empleado a las tareas dé mejores frutos. Algunas investigaciones muestran que las personas tienden a requerir más tiempo libre cuando están estresados.  Este extra de relajación se utiliza para compensar la caída en el estado de ánimo que puede provocar el exceso de estrés. Esta compensación ayuda a reducir el estrés y favorece el aumento de la productividad y el equilibrio personal.

Disfrutar de tiempo libre es una buena manera de aliviar el estrés y ser más productivos. Sin embargo, el principal problema con el uso del tiempo libre para el alivio del estrés es que solo disponemos de una cantidad limitada de este tiempo en el día. Es más, muchas personas apenas incluyen tiempo libre en su agenda. Incluso el tiempo para comer está limitado. Mucha gente cree que aumentar el tiempo de ocio puede ser contraproducente cuando se está muy ocupado, que relajarse es perder el tiempo y que este tiempo es tiempo perdido que solo ayuda aumentar el estrés pensando que todavía queda mucho por hacer. Pero el tiempo libre es fundamental para mantener el equilibrio, liberar la tensión acumulada y prepararse para afrontar el siguiente reto. Descansar es vital para cargarse de energía y maximizar la productividad. La hormiga es sabia, pero no lo suficiente para tomarse unas vacaciones.

Saber cuáles son tus metas en tu tiempo de ocio y tener en mente una lista de cosas que puedes hacer para cumplir con estos objetivos te ayudará a valorar más tu tiempo de ocio y planificar el tiempo suficiente para conseguirlos. Tus objetivos para tu tiempo libre pueden ser aliviar una mente fatigada o mejorar tu estado de ánimo, por ejemplo. Nadie mejor que tú sabe lo que necesita y cuánto tiempo requiere para lograrlo. Hay más en la vida que ganarse la vida. No trabajes más de lo que vives.

Uno de los problemas para beneficiarse del tiempo libre es que la mayoría de la gente tiene agendas muy apretadas. Por eso es importante encontrar formas de relajarse que no requieran mucho tiempo y que sean del gusto de cada uno. Así, en poco tiempo, se pueden obtener grandes beneficios. Estas actividades pueden ser ver o escuchar un programa de humor, leer, pasear o correr o salir a tomar un café fuera del lugar de trabajo, entre otras muchas posibilidades.  Para muchos, parar y descansar es todo un logro, ya que tienen que vencer muchos prejuicios acumulados a lo largo de los años. Pero ese descanso te va a ayudar a rendir más y a sentirte mucho mejor al terminar, a no desgastarte y a encontrar mayor satisfacción y motivación en lo que haces. Si eres de esos, haz el esfuerzo de motivarte a ti mismo en positivo. Descansar te ayudará a evitar la sensación de agotamiento y a profundizar mejor en lo que tienes que hacer, a aclarar tu mente y a encontrar soluciones más creativas y eficaces los problemas que te encuentres.

Cuando los niveles de estrés son más bajos, somos menos propensos a necesitar tanto tiempo libre para equilibrar esos días estresantes. Creando el hábito de tomar pequeños momentos libres podemos evitar la acumulación del estrés y también aumentamos la capacidad de controlar las reacciones cuando el estrés aumenta.
 

¡te mereces lo máximo! No te resistas a lo diferente

enero 11, 2016




Se dice que en la vida hay cosas que debemos dejar ir para poder encontrar la felicidad, pero ¿Cómo podemos dejar ir lo que nos pesa? Imaginemos que estamos haciendo una caminata y llevamos una mochila repleta de cosas. Empieza a dolernos  la espalda, nos  detenemos  y la abrimos para ver qué hay dentro. Nos damos  cuenta de que hay varios objetos que no precisamos y nos deshacemos de ellos enseguida. ¿Cómo nos sentiríamos ahora? ¡Mucho más livianos! Podremos dar muchos pasos sin cansarnos y llegar bien lejos. Bueno, algo similar ocurre con los sentimientos y actitudes que se van acumulando a lo largo de los años. En el momento en que aprendes a eliminar todo lo que no necesitas comenzarás a andar por la vida de otra manera, más feliz y más libre.

Entre las cosas que deberíamos tratar de dejar ir están todas aquellas que no nos ayudan a relacionarnos con los demás ni ser buenos con nosotros mismos. Todas esas actitudes que nos limitan y nos  impiden avanzar en nuestro crecimiento tanto con los demás como con nostros mismos. En primer lugar, dejemos  de lado la necesidad de siempre tener la razón. ¡Comencemos con algo difícil! Es posible que no soportamos la idea de equivocarnos y esto te traiga muchos problemas con las personas que quieres. Si tu ego es más grande que las ganas de llevarte bien con tu pareja, tus padres o tus amigos, replantea ese sentimiento ¡y échalo fuera!

Por otra parte, sería bueno que eliminemos el afán de controlar todo, mayormente lo que ocurre a nuestro alrededor. Permitamos que los demás “sean”, como nosotros pretendemos ser. Tampoco es preciso que busques culpables o responsables donde no los hay… ¡o donde tú deberías hacerte cargo! Es más fácil señalar con el dedo al que tenemos al lado, pero muy complicado bajar la cabeza y decir “fui yo”. A diferencia de lo que se cree, eso no es de cobarde, sino de valiente.

Además, deja esa necesidad que te gobierna por querer impresionar a todo el mundo. No puedes pretender ser algo que no eres únicamente para caerle bien al resto. Intentar agradar a quienes te rodean, en realidad te está llenando de malos amigos quienes ante el primer problema que tengas te abandonaran. Lo mismo se aplica a la pareja, al trabajo o a quien se te ocurra. Desde el momento en que te quites la máscara y hables con la verdad mantendrás a tu lado a aquellos que realmente valen la pena.

Hasta ahora te he dicho algunas actitudes que deberíamos soltar en relación a los demás. Pero por supuesto que hay mucho en lo que trabajar si nos referimos a nosotros mismos. Lo que más nos pesa en nuestro andar son los pensamientos negativos y autodestructivos. Con tu manera de pensar estás evitando triunfar, salir adelante y continuar aprendiendo. No creas el 100% de lo que aparece en tu mente, sobre todo lo pesimista y aquello que te hiere. No olvides que el cerebro se puede usar para bien o para mal… y eso depende de ti.

A su vez, deberías eliminar la creencia de que no sirves para hacer tal o cual cosa. No hay nada tan imposible de lograr como piensas. Nada ni nadie (ni siquiera tú mismo) puede impedir que seas feliz y que cumplas tus sueños. Despliega tus alas y vuela. Haz aquello que te permite ser mejor persona y estar cada vez más cerca de tus objetivos. Recuerda que puedes ser tu peor enemigo si no confías en tus capacidades. La resistencia al cambio es otra de las cosas que mejor quitar de tu pesada mochila. Así podrás seguir tu camino bastante más liviano. Los cambios son buenos aunque pienses lo opuesto. Sal de tu zona de confort, no te conformes con lo mínimo… ¡te mereces lo máximo! No te resistas a lo diferente. Dale una oportunidad y se te abrirán muchas puertas. Estos tres sentimientos o pensamientos son muy pesados y no te sirven para nada. El temor es pensar que algo malo te ocurrirá y por ello no te animas a seguir. Si tienes miedo es más probable que fracases. A lo único que debemos temer es al propio miedo porque es limitante y evita que avances.

Los pretextos solo son un escudo para no aceptar lo que te ocurre. Puede deberse a que no te animas, a que te preocupa el futuro, a que no estás del todo seguro de tus capacidades, etc. Muchas veces las excusas son auto-inventadas y no verdaderas. No te quedes estancado en un sitio “porque llueve”, “porque no sé hacerlo”, “porque voy a fallar”, etc.

Y por último, el pasado, ese flagelo que tanto nos pesa. No solemos recordar aquellos acontecimientos bonitos de días anteriores, sino los malos, los que han dejado huellas muy profundas. El pasado ha de ser ignorado porque enfocarte tanto en él no te deja ver el hoy y mucho menos el mañana. Para terminar comparto contigo esta frase : Dejándolo fluir todo llega. El mundo es para los que dejan ir. Cuando lo intentas todos acaban ganando.
 

saber si estamos viviendo lo que deseamos

enero 9, 2016





Cuando vivimos esperando que la vida funcione como queremos, que las cosas salgan como nos gusta o que los demás nos traten como creemos merecernos estamos siendo, en realidad, esclavos de lo que esperamos. Vivir con expectativas nos convierte en personas débiles a nivel emocional, ya que esperamos que las cosas sucedan tal y como deseamos y no siempre va a ser así. De hecho, en un porcentaje considerable de veces, la vida va a tomar un giro distinto del que esperábamos y no queda otra que aceptarlo con el mayor sosiego posible. Si no nos entrenamos bien para soltar las expectativas y abrazar lo que viene, corremos el riesgo de sufrir considerablemente, de deprimirnos o llenarnos de ansiedad. Cada cual elige qué es lo que prefiere pues cada uno es dueño de su propio estado emocional.

Hay días en los que nos levantamos y nos preguntamos por qué estamos junto a una persona que no nos quiere o no nos respeta, por qué vamos todos los días a trabajar a un trabajo que no nos apasiona, o por qué en general no tenemos la vida que habíamos soñado. Todas esas preguntas nos llevan a reflexionar sobre una serie de elecciones que hemos hecho a lo largo de nuestra existencia y que quizás no han sido nuestras elecciones, o son caminos que hemos escogido por miedo, por falta de coraje para vivir nuestros sueños. 

Tendemos a aferrarnos a cosas o a personas que realmente deberíamos dejar ir, porque no nos aportan nada bueno, porque nos hacen daño o porque es hora de evolucionar y cambiar. Es importante aprender a dejar ir, nos dolerá, pero al pasar el tiempo, nos daremos cuenta que a veces hay que dejar ir cosas o personas para que entre aire nuevo en nuestra vida. Si pensamos detenidamente en nuestra vida, a veces podemos darnos cuenta de que estamos viviendo y eligiendo lo que hace feliz a otros, no lo que nos hace feliz a nosotros. No es cuestión de dar una satisfacción a los demás sino de ser felices. En realidad, las personas que nos quieren, desean vernos felices, pero deben distinguir entre lo que piensan que nos hace felices y lo que nos hace realmente felices.

Hay una serie de preguntas que nos podemos hacer para dar sentido a nuestra vida y saber si estamos viviendo lo que deseamos. A continuación, comparto con Ustedes y dejo para vuestra reflexión. Pensemos por un momento, como sería tu vida dentro de 5 años; si continuamos en la situación en la que estamos. Quizás la idea de ese futuro te hace feliz y no quieres que cambie nada o a lo mejor, la idea de ese futuro es algo que no quieres vivir. Debemos reflexionar sobre si la vida que llevamos actualmente nos lleva a ese ideal de vida soñado que queremos o tenemos que cambiar las cosas que hacemos.

El miedo es paralizante y cuando se trata de salir de nuestra zona de confort inventamos cualquier excusa para quejarnos sin hacer nada por buscar soluciones y cambiar lo que nos molesta. Piensa en lo que harías si no tuvieras miedo, a qué te atreverías, visualiza esa situación que te gustaría vivir y hazlo sin miedo, ¿cómo te sientes?. Lo realmente importante es luchar por vivir la vida, para sufrirla y para gozarla, perder con dignidad y atreverse de nuevo. La vida es maravillosa si no se le tiene miedo.

A veces, vemos todos nuestros defectos, pero no somos capaces de apreciar nuestros talentos. ¿Qué es lo mejor que haces?, ¿qué te apasiona? Y la pregunta más importante: ¿Te dedicas a ello? Estas preguntas nos harán pensar en qué destacamos y por qué no nos dedicamos a lo que más nos gusta. Por un momento piensa en lo que es más importante en tu vida, qué te hace realmente feliz, y reflexiona sobre si ese algo está en tu vida o no. Quizás ha llegado el momento de cambiar algo o de cambiar todo.

Cada uno de nosotros tenemos un sueño de niños que nos imaginábamos cumplido de adultos. Piensa en lo que soñabas hacer cuando eras pequeño y en qué ha sucedido para que no estés viviendo ese sueño ya. Además, puedes pensar en qué cosas es posible que hagas para ir acercándote poco a poco a tu sueño de infancia.  La opinión de otras personas es algo que tememos siempre que nos planteamos cambiar algo en nuestra vida, pero imagina que nadie te va a juzgar, ¿qué cambiarías en tu vida? Al igual que el miedo a lo que sucederá si cambiamos, tenemos miedo a lo que opinen los demás. Muchas veces nos quejamos de nuestro trabajo, de nuestro jefe, de nuestros horarios, de nuestros compañeros de trabajo, pero no hacemos nada para cambiar eso, por miedo, por opiniones ajenas, por no cambiar nada, aunque no nos guste. Nos conformamos, sin atrevernos a arriesgarnos a vivir nuestra vida al máximo.

Finalmente, malgastamos mucho tiempo en las redes sociales, con el móvil o con la televisión, pero pregúntate si harías eso en el caso en que te quedara un mes de vida. Seguro que no, que nos dedicaríamos a disfrutar cada segundo de las personas que queremos, de los lugares que nos gustan, de cada pequeño detalle que nos hace felices. Volví a sentir unas inmensas ganas de vivir cuando descubrí que el sentido de mi vida era el que yo le quisiera dar.
 

¿Qué revolución?

enero 9, 2016





Nos pasamos la mitad de la vida siendo lo que otros quieren. La otra mitad fantaseando sobre quienes queremos ser. Nos colocamos con una fantasía que nos alivia momentáneamente. Pero moriremos y todo seguirá igual. Todas esas ganas de vivir trituradas por la asunción de convencionalismos hipócritas que en el fondo odiamos.

Luego está la otra parte. El dinero, el trabajo, la política… Cosas que en el fondo importan un rábano. En momentos realmente complicados nos martirizan con soflamas de cambio que sólo afectan a lo superficial. Porque somos una sociedad superficial. Nos machacamos en el gimnasio para obtener un modelo de cuerpo diseñado por algún asesor de marketing. Vivimos sueños creados por alguna multinacional. Pensamos y somos de cara a la galería. Copias unos de otros. Fabricados en una cadena de montaje. Disciplinados por el pensamiento único. Amortajados por el colectivo.

Hablamos de Revolución. ¿Qué revolución? ¿Creemos acaso que modificar un par de leyes o cambiar los representantes azules y rojos por los naranja y morado es revolucionar algo? ¿Qué subir o bajar los impuestos marca la diferencia? ¿Qué si pintamos la casa de otro color esta será más acogedora? Chorradas. Un cambio, o mil, como este, no valen siquiera las neuronas con que se diseñan. La tensión entre la realidad y el deseo seguirá avanzando con semblante imperturbable. ¿Revolución? ¡Sí! ¡Pero planteémosla en serio! No maquillajes, no remaches, no medias tintas. Sólo tenemos que focalizar bien el objetivo. Los convencionalismos. Morales, familiares, sociales, económicos, laborales. Y esto no es colgarse el fusil y echarse al monte. Las minorías heroicas que ennoblecen el sufrimiento no merecen ni el elogio ni la compasión.

Porque son un recuerdo doloroso de que lo desagradable todavía existe y que, en realidad, ninguna mayoría significativa va a mover un solo dedo para cambiar nada. No. Las armas no son las balas, ni siquiera los discursos. El arma es el pensamiento. El pensamiento y el sentimiento ¡Pero no el pensamiento para pensar siempre igual, y el sentimiento para sentir siempre lo mismo! ¡El pensar y el sentir deben ir dirigidos a explorar la dimensión dionisíaca de la Vida! ¡A despojarnos de esos ropajes asfixiantes que son los tabúes para entregarnos a la Vida, incluso en su dimensión trágica! A tomar, en definitiva, el timón de nuestra existencia, con toda la amplia gama de sensaciones que lleva aparejada. Exprimiéndola hasta la última gota. No siendo meros espectadores grises tristes y envejecidos. Castrados. Miserables. ¿Paz? ¡Guerra! Guerra al pensamiento único, a la superioridad moral, a la muerte lenta que la rutina social nos impone. Guerra a la estupidez, a la ignorancia, a la intolerancia. Guerra a la dictadura del qué hacer. Guerra al racionalismo austero y sin color. Guerra a la negación de la Vida.

¿Seguimos aun hablando de Revolución? Empecemos por aquí. La Política es un medio para un fin. Un juego feo que aguantamos, al menos de momento. La Revolución debe ir dirigida al cambio no sólo político, sino también social. Y el cambio social no es ni la Religión ni la Lucha de Clases. Es la guerra al convencionalismo. La guerra a la Norma. ¡Algo más que el simple pataleo, para poder gritar a viva voz que no me da la gana de vivir acorde con vuestros valores! ¡Que quiero hacerlo acorde con mi propia concepción de la vida! ¡Que quiero crear yo mismo mis sentimientos y mis valores ¡Que quiero ser soberano y no esclavo!
 

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