Manifiesto literario de Patricio Varsariah

Escribo para detener el ruido. En un mundo que corre con prisa, mis palabras buscan abrir pequeños espacios de pausa donde el lector pueda respirar, pensar y recordar lo esencial.

No escribo para imponer verdades, sino para compartir preguntas.

Creo que muchas de las respuestas más valiosas nacen en el silencio interior de cada persona.

Mis textos nacen de la observación tranquila de la vida: del paso del tiempo, de la memoria, de las pérdidas, de la esperanza y de esos pequeños momentos que, aunque parezcan simples, contienen una profunda sabiduría.

Intento escribir con sencillez, porque las ideas verdaderamente profundas no necesitan ser complicadas para tocar el corazón.

Cada reflexión que comparto es una invitación a mirar la vida con un poco más de calma, con más comprensión y con una mayor ternura hacia nosotros mismos y hacia los demás.

Si alguna de mis palabras logra acompañar a alguien en un momento de silencio, si despierta una reflexión o si enciende una pequeña luz interior, entonces el propósito de escribir habrá valido la pena.

Porque al final, escribir también es una forma de recordar algo muy simple y muy humano: que todos estamos aprendiendo a vivir.

“Escribo para cuidar la luz de lo esencial.”

— Patricio Varsariah


La realidad que nos rodea.

enero 21, 2019


Comienzo este escrito con una frase: La señal de que no amamos a alguien es que no le damos todo lo mejor que hay en nosotros.Una persona que ama sobre todas las cosas, es capaz de dar lo mejor de sí misma. Se siente libre, feliz y plena. ¿Qué más necesita en la vida? Puesto que cada uno de nosotros es un ser que necesita que le amen, ¿a qué esperamos? Una vez que hemos generado la intimidad con esa persona que nos corresponde y nos quiere, todo es mucho más sencillo. 

Cualquier persona que siente cómo su corazón es pleno y está siendo correspondido, observará como lo que le rodea se contagia y toma otro color. Con el apoyo adecuado, no miramos el vaso medio vacío, sino medio lleno. Se produce una trasformación: el trabajo es menos abusivo, la familia menos dominante, el entorno menos estresante, las personas son más honestas, la ciudad menos gris… Por eso el mundo está lleno de corazones deseando que les amen. Porque, en el fondo, nuestro órgano más vital sabe que el amor nos hará libres y nos permitirá acceder a esa felicidad tanto tiempo añorada.
 
No hay que olvidar que los seres humanos deseamos ser amados. Es un estado en el que nos sentimos felices, plenos y completos. Por eso hay que luchar cada día por todo cuanto queremos. La verdadera libertad del hombre está en la explosión de las emociones. Por ello, al ser amados, somos capaces de permitir que salgan todos nuestros sentimientos con total libertad y, en ese momento, sentirnos felices. Recordando una escena de la divertida película “Notting Hill”. En ella, el personaje que interpreta Julia Roberts le cuenta al despistado librero cuyo corazón sufre de amor que “solo es una chica deseando que le amen”. Como es lógico, no es más que una película. Pero, ¿no es cierto que nuestro cine, literatura, pintura o escultura, por hablar de cuatro manifestaciones artísticas, se basan en la realidad que nos rodea?

Aquello que ocurre en “Notting Hill”, aún siendo fabulado por un guion cinematográfico, no deja de tener una correspondencia cercana con la realidad. Si nos detenemos un instante y miramos a nuestro alrededor, veremos a un gran número de personas esperando ser amadas. Deseamos ser queridos, comprendidos y protegidos. Es en el cumplimiento de este anhelo donde encontramos la fuerza para dar lo mejor que llevamos dentro. Como sucede en “Notting Hill”, pero como también sucede en cada relación en la que el amor termina floreciendo.

Cuando dos corazones se unen en el amor, hay pocas cosas en el mundo capaz de detenerles. Así que, si sientes que deseas ser conquistada o conquistado, déjate llevar y disfruta del viaje, porque tu vida va a ser mucho más bonita y feliz. Es por eso que necesitas dejar de ser una persona deseando que la amen. Es un buen momento para tomar la iniciativa, porque nada llega solo y para todo hemos de estar preparados. Debemos cambiar nuestra mentalidad, dejar de pensar en la mala suerte y sacar todo lo positivo que hay en nuestra alma. Creer en uno y descubriremos que somos una persona que merece que le amen. 

Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección.Ama con todas tus fuerzas y consigue que te amen. No obstante, no debemos olvidar que recibir también es dar. Si quieres que te amen, recuerda que tienes que amar sin esperar nada a cambio. Sin embargo, si te lo mereces, no te preocupes, porque llegarán toneladas de cariño y comprensión. Ser una persona deseando que la quieran y que no hay nada de malo en ello. Ser una persona capaz de dar sin esperar nada. Ser una persona plena y feliz. Ser una persona que ama con todas sus fuerzas. Ser una persona que une su corazón con el ser querido. Ser una persona libre gracias al amor y consigue esto siendo como tú quieras.

El amor, como tal, siempre será un ideal. Un tópico esencial de nuestra vida, que por darse en diferentes grados o niveles, nunca alcanzará su punto de perfección, como en las matemáticas o la física. No es una cifra; no son números. Es un sentir… Y los sentimientos no se miden: se expresan, se viven. Lo anterior, que en principio sería un gran limitan te para cualquier relación, puede volverse una gran ventaja: porque el amor siempre será susceptible de mejorar, en forma indefinida; es decir, nunca se agotará…

Patricio Varsariah.
 

Un mal momento no es el final de nada.

enero 14, 2019



Siguiendo con el tema de los malos momentos en nuestro diario vivir. Ya sé que en medio de una discusión o de un mal momento pueden surgir comentarios poco amigables. Esto se entiende y aunque pueden herir también es posible seguir adelante. Pero tendremos un problema si hacemos comentarios que lastiman a propósito. No vale traer a colación peleas anteriores, comparaciones o cosas que sabes que afectarán a la otra persona. 

En un primer momento pensaremos que tendremos ventaja de este modo, pero iremos perdiendo la confianza. No necesitamos lastimar a nadie para sentir que hemos ganado. Recordemos siempre que el otro lado también es una persona que no merece ser lastimada. En el peor de los casos podríamos encontrarnos con que las personas que amamos se alejarán de nosotros.

Los malos momentos son necesarios para encontrar la felicidad, analizar nuestras acciones y crecer. Aunque nos guste pensar que lo mejor son esos días que están llenos de risas y alegría, los que nos hace ser nosotros en  los menos agradables. Un mal momento, nos puede ayudar a avanzar. Algo que resulta clave en un mal momento son las decisiones que tomamos. La más básica es cómo te enfrentas a lo que sucede: con optimismo o con rechazo. A partir de aquí surgen muchos caminos. 

Esta vez quiero escribir para hacer una reflexión sobre de las decisiones que no debemos tomar en un mal momento. Por muy difícil que nos resulte, en algunas ocasiones es mejor mantener la calma y esperar a que la situación cambie. De no hacerlo así podríamos arrepentirnos por haber elegido mal. Situaciones complejas nos pueden hacer creer que la mejor decisión para ese mal momento es terminar la relación. 

Pero antes de dar por concluida una amistad o una relación de pareja debemos darnos tiempo para pensar en lo que pasa. Lo que en un inicio nos podría parecer tan grave, luego puede parecer una tontería. Incluso eventos como discusiones y decepciones pueden tener una solución si les damos algo de tiempo, lo importante es NO decir cualquier cosa que lastime al otro. 

Démonos un par de horas o un día para pensar la situación. Cuando estemos calmado podremos regresar y conversar sobre lo que pasó. Tanto en las relaciones de amistad como de pareja son comunes las discusiones.

Cuando pasemos un mal momento no debemos dejarnos llevar por las emociones. Demos un tiempo para analizar la situación. Es probable que realmente no estemos donde queremos y entonces sí es válido movernos a otra opción. Pero si solo creemos que estamos siendo sobrepasados debemos considerar tomarnos un descanso. Si no es posible tomar vacaciones en el momento, al menos procuremos aprovechar el fin de semana. Descansar o realizar actividades que nos ayuden a olvidar las obligaciones diarias.

Así como no debemos terminar ninguna relación cuando estamos en un mal momento tampoco debemos iniciar otras. En específico me refiero a aquellas que pueden afectarnos seriamente. Puedes pensar que esta clase de decisiones le darán estabilidad a nuestra vida. Sin embargo, para que la estabilidad sea real y duradera, la relación debe estar basada en sentimientos verdaderos. 

Si iniciamos una relación creyendo que esa persona solucionará nuestros problemas, estamos creando más problemas. Tomemos en cuenta que incluso las relaciones donde hay amor pueden fallar cuando existen otras carencias. Esto se agrava en las relaciones “de paso” o “salvavidas”.

Un mal momento no es el final de nada, no nos condena ni nos limita. Aprendamos a ver las situaciones negativas como lo que son: parte de la vida. Muchas veces cometemos el error de querer escapar de todo lo malo. En el proceso nos perdemos enseñanzas y momentos importantes. Lloremos si lo necesitamos, enojémonos cuando la situación lo merezca y alejémonos lo necesario para poner en orden las ideas. De esta forma procesaremos mejor toda la información, evitemos decisiones apresuradas y tendremos menos cosas de las que arrepentirnos.

Patricio Varsariah.
 

Ese mal momento cotidiano.

enero 14, 2019


Todos experimentamos situaciones complejas a lo largo del día. No obstante, hay quien tolera un poco peor ese mal momento de la mañana, hasta el punto de acumular tanta rabia e indignación al medio día, que acaba acudiendo a la cama con dolor de cabeza pensando que la suya, es realmente “una mala vida”. La vida es saber aceptar que nos traerá buenos y malos momentos.

Si no estamos preparados para asumir ese mal momento cotidiano, se nos escaparán todos los buenos porque seguiremos encallado en esas emociones negativas: debemos aprender a dejar ir. Es muy probable que también tú tengas cerca a ese tipo de personas que ante una discusión, son casi incapaces de darle fin y avanzar. En su mente sigue rondando la ira, la rabia, el “yo tengo razón”, el “me has amargado el día”  y el “no puedo dejar de pensar en eso”.

El enfado constante, el no saber gestionar el mal momento hasta el punto de hacer una auténtica bola de nieve de cada aspecto, es reflejo de alguien que se obstina en negar la realidad, o al menos afrontarla. Si algo nos molesta, si algo inesperado sucede reaccionamos siempre hacia fuera mediante la rabia, las palabras subidas de tono y la gestualidad. Las personas que hacen de un mal momento una mala vida viven siempre a la defensiva, viendo al mundo como nuestro enemigo.

El mundo no es nuestro enemigo, hay quien se enfada ante lo que no entiende o lo que no puede controlar: una discusión de pareja, por ejemplo, es algo normal, pero hay personas que no tienen adecuadas estrategias y ven cada palabra como un agravio, son incapaces de empatizar, de entender la visión del otro. Los malos momentos los trae la vida casi a diario, y en lugar de reaccionar pensando “que todo lo malo me pasa a mi” es mejor entender cuanto antes el origen de ese mal momento, resolverlo, aceptarlo… Y permitir que el día vuelva a ser nuestro.

Hoy he decidido que un mal momento, una discusión, o una crítica desafortunada, van a ser sólo nubes pasajeras que no estropearán más mis días, porque un mal instante no es sinónimo de una mala vida, y yo, merezco ser feliz. Estoy seguro de que también tú habrás pasado una de esas épocas en que un mal momento parece encadenarse con otro más hasta tejer, sin saber cómo, una temporada de indefensión y de sensaciones muy negativas. Son esas etapas en que el estrés y la ansiedad se adhieren como una segunda piel en nosotros.

Un mal momento que no se gestiona como es debido, puede transformarse en desconsuelo, rabia o frustración: las emociones negativas que no se afrontan, son como el humo oscuro de una chimenea que necesita salir fuera, de lo contrario las consecuencias son imprevisibles. En el fondo, y si pensamos en ello por un segundo, nos daremos cuenta de que pocos días son los que llegan a la noche sin que al menos, hayamos pasado un mal momento, por insignificante que sea.

Una discusión, un malentendido, una decepción, un encuentro inesperado que no deseábamos, un error, un mal gesto, un desaire, una mala noticia, algo que se rompe, algo que se pierde, un recuerdo que viene a nuestra memoria… Son aspectos, como dije, muy comunes. Ahora bien, en este espectro entran sin duda cosas sin apenas importancia y aspectos un poco más serios. Y tanto unas cosas como otras debo y deben afrontarse con adecuada serenidad e Inteligencia Emocional.

El momento en que dejas de preocuparte, empiezas a disfrutar de la vida. Es fácil escribirlo y decirlo, pero… ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo puedo dejar de preocuparme de las cosas así, sin más?. Bueno he aquí mi respuesta y que debo aplicar para disfrutar de la vida : 

Primero procurando mantener un adecuado equilibrio en nuestra vida, y priorizando aquello que de verdad es importante: y mi bienestar y el tuyo lo es. Todo puede cambiar en cualquier momento, lo esencial es que vistamos una buena actitud, que tu corazón y el mío almacene esperanzas y no rencores para poder disfrutar de esos instantes con autenticidad.

Segundo : Debemos permitirnos ser feliz, y por ello, merece la pena tener en cuenta de qué manera deberíamos gestionar esos malos momentos cotidianos. Entendamos que todo pasa, que ese error tiene solución, que esa crítica no nos define, que quien nos hace infeliz no merece tu atención ni tampoco más lágrimas en tu rostro.

Tercero : Desactivemos toda emoción negativa entendiéndola primero y después, canalizándola. Una discusión no se acaba levantando la voz, tal vez necesitemos dejarlo para otro momento, desconectar y aclarar ideas con calma. Ese mal momento cotidiano puede ir seguido de un día excelente si tu o yo lo permitamos. Digamos no a los pensamientos recurrentes y negativos, controlemos las actitudes fatalistas, esas que nos hacen pensar que la nuestra, es en realidad una mala vida. Evitemos todo este ruido mental que tan graves consecuencias trae. Desconectemos del rumor negativo, tomemos un instante para nosotros y reflexionando venceremos las emociones negativas con nuevas ilusiones, con proyectos nuevos a corto plazo. 

Un momento dedicado a la reflexión, a la calma y a preocuparnos por nosotros mismos es invertir en nuestro futuro.

Patricio Varsariah.
 

Los vínculos amorosos.

enero 8, 2019
Los vínculos amorosos.


Los enemigos como el odio y el apego carecen de piernas, brazos y demás miembros, y no tienen coraje ni habilidad, ¿Cómo, entonces, han conseguido convertirme en su esclavo?”. Es indiscutible la necesidad que todos tenemos de los demás. Como especie, nos necesitamos. Palidecemos o morimos si no hay otro ser humano a nuestro lado. Sin embargo, hay una gran diferencia entre ese vínculo instintivo que garantiza nuestra supervivencia y las dependencias neuróticas que a veces desarrollamos en la vida adulta.

El ser humano alberga una necesidad biológica orientada a la formación de vínculos afectivos ya que, entre otras funciones, cumplen la de aportar seguridad a nivel psicológico. Así, las relaciones de pareja constituyen, en la edad adulta, uno de los vínculos que proporcionan mayor sensación de protección y equilibrio emocional. Pero, ¿de qué depende la calidad de los vínculos afectivo en la pareja?.

Los vínculos amorosos vienen determinados por diferentes estilos de apego, cuyo objetivo es buscar protección y seguridad emocional. Así, la calidad del vínculo de apego dependería de las estrategias que nos fueron útiles en la infancia para lograr esta sensación seguridad con nuestros padres o cuidadores.

Creo que puedo identificar cuatro estilos de apego que influyen de forma determinante en la dinámica de las relaciones de pareja y los vínculos afectivos que se establecen con el resto de personas: apego seguro, preocupado, huidizo (alejado o temeroso) y desorganizado.Las personas que establecen un vínculo con su pareja a través del tipo de apego seguro son autónomos en diferentes áreas de su vida y se sienten seguras porque confían en sí mismas y en la respuesta positiva de los demás.

Las personas seguras no desconfían de sus “figuras de apego” (padres, amigos, pareja),  cuentan con la certeza de que les ayudarán cuando lo necesiten. Así, las características de los vínculos afectivo de apego seguro fundamentales son: Los recuerdos de los vínculos afectivos de la infancia son en su mayoría positivos. Son abiertos, fáciles de conocer, autónomos, con alta autoestima y una imagen positiva de los demás. Carecen de problemas interpersonales graves y muestran confianza en los demás. Disfrutan de un equilibrio entre las necesidades afectivas y la autonomía personal.

El apego preocupado, también denominado ambivalente o dependiente, se caracteriza por sentir inseguridad respecto a la disponibilidad de las figuras de apego, en este caso de la pareja. La persona preocupada desarrolla un estado de ansiedad e ineficacia que le hace sentir que no es suficientemente querida o querido, por lo que constantemente busca la confirmación de que es amada o amado por la otra persona y, al mismo tiempo, sufre temor al posible rechazo o abandono. Así, otras de las peculiaridades de este tipo de vínculos afectivos son: Falta de autoestima que conlleva una actitud dependiente y un deseo desmedido por conseguir la aprobación ajena.Alta preocupación en sus relaciones.Demandas constantes de atención. 

Las personas con apego huidizo (alejado o temeroso)mantienen relaciones basadas en la distancia afectiva y frialdad emocional. En las personas huidizas alejadas, la aparente autosuficiencia emocional actúa como mecanismo de defensa ante el posible rechazo que pudieran experimentar. Las características de las personas que presentan estos tipos de vínculos afectivos son: Idealización de las relaciones con los padres, donde las únicas experiencias recordadas se basan en el rechazo y la frialdad de sus progenitores. Anteponen la valoración de sus logros y niegan la existencia de necesidades afectivas. Mantienen alejados a los demás para conservar su coraza y no desequilibrar sus emociones.

Tienen un modelo mental positivo de sí mismo pero negativo de los demás.Se sienten incómodos en la intimidad y consideran las relaciones interpersonales como algo secundario en su vida. Pueden mostrar un estado de desapego ante situaciones de separación o pérdida mediante la supresión de sus emociones.

Las personas que establecen un vínculo afectivo a través de un tipo de apego huidizo temeroso también funcionan con un modelo mental negativo hacia sí mismos y hacia los demás, falta de asertividad, baja confianza y autoconcepto, además de un potente miedo al rechazo. La diferencia con el tipo huidizo alejado reside en que los temerosos obtienen su fuente de seguridad a través de la aprobación de los demás.

Asimismo, cumplen con los siguientes patrones en sus relaciones: Su temor al rechazo les impide iniciar relaciones íntimas, por lo que su red social es mínima. Combinan al mismo tiempo dependencia extrema y evitación, por lo que fácilmente se ven afectados por la soledad, frustración y depresión. Su comportamiento es pasivo.

Vínculo afectivo de apego desorganizado, este estilo de apego tiene su origen en una infancia de maltrato o abusos en la que los cuidadores representaban al mismo tiempo una figura de temor o malestar por lo que los niños no podían recurrir a ellos como fuente de apoyo y/o seguridad. El patrón de sistema de apego desorganizado es el más disfuncional porque las personas buscan cercanía física al mismo tiempo que distancia mental, lo que causa gran desorientación, además de: Condicionar su valía a través de acciones defensivas basadas en una extrema necesidad de agradar y cuidar a otros de forma controladora. Incapacidad para valorar las situaciones consideradas amenazantes.

En este sentido, los estilos de apego inseguro se han instaurado cuando en la infancia, la búsqueda de proximidad no se ha resuelto y se han utilizado otras estrategias para conseguirla. En el adulto, estos sistemas se mantendrían en el tiempo por la resistencia al cambio de los modelos mentales de relación.  Es decir, estas creencias rígidas sobre las relaciones ya conforman la personalidad y el concepto de uno mismo.

Asimismo, los patrones de relación se automatizan, activando la conducta repetitiva de forma inconsciente y filtrando todos los indicios que no los sustentan. Una solución consistiría en ser consciente de cuál de estos modelos de relación o vínculos afectivos se está fomentando para poder revisarlo y valorar si sigue siendo válido para nuestro bienestar.

Es muy importante practicar la flexibilidad mental y fortalecer la confianza en uno mismo y los demás, además de admitir la posibilidad de relacionarse con la pareja de una manera más segura, relajada y placentera.

Patricio Varsariah
 

Los padres brillantes.

enero 8, 2019


Los niños no necesitan padres gigantescos, sino seres humanos que hablen su lenguaje y que sean capaces de penetrar en sus corazones. Los buenos padres, dentro de sus recursos, se encargan de satisfacer los deseos de sus hijos. Les hacen fiestas de cumpleaños, les compran zapatos, ropa, productos electrónicos e incluso les proporcionan viajes. Los padres brillantes dan a sus hijos algo incomparablemente más valioso, algo que todo el dinero del mundo no puede comprar: su ser, su historia, sus experiencias, sus lágrimas y su tiempo.

Los padres brillantes, cuando tienen los medios, dan regalos materiales a sus hijos pero no los alientan a ser materialistas, porque saben que el consumismo puede aplastar la estabilidad emocional, así como generar pensión y placeres superficiales. Los padres que siempre están dando regalos a sus hijos son recordados por un momento. Los padres que se preocupan por dar a sus hijos una historia se vuelven inolvidables. ¿Quiere usted ser un padre o una madre brillante? Tenga el valor de hablar con sus hijos acerca de los días más tristes de su propia vida y la audacia de hablarles de sus dificultades en el pasado. Cuénteles sus aventuras, sus sueños y los momentos más felices de su existencia. Humanícese. Transforme su relación con sus hijos en una aventura. Cobre conciencia de que educar es penetrar en el mundo de otros.

Muchos padres trabajan para dar el mundo a sus hijos, pero se olvidan de abrirles el libro de sus vidas. Por desgracia, los hijos sólo admirarán a los padres el día que estos mueran. ¿Por qué es fundamental para la formación de la personalidad de los hijos que los padres permitan que los conozcan?

Ésta es la única forma de educar las emociones y crear vínculos sólidos y profundos. Cuanto más baja es la escala biológica de un animal, menos depende de sus padres. Entre los mamíferos, los hijos dependen en gran medida de sus padres, ya que no solo necesitan el instinto, sino que deben aprender de la experiencia de sus padres para poder sobrevivir.

En nuestra especie esa dependencia es intensa. ¿Por qué? Porque las experiencias aprendidas son más importantes que las instintivas. Un niño de siete años es muy inmaduro y dependiente de sus padres, mientras que muchos animales de la misma edad son ya ancianos. ¿Como ocurre este aprendizaje? Podría escribir cientos de páginas sobre esta materia, pero prefiero comentar solo algunos de los fenómenos involucrados en el proceso. El aprendizaje depende del registro diario de miles de estímulos externos (visuales, auditivos, táctiles) e internos (pensamientos y reacciones emocionales) en las matrices de la memoria.

Este hábito de los padres brillantes contribuye a desarrollar en sus hijos: autoestima, protección emocional, capacidad de manejar la pérdida y la frustración, y de filtrar los estímulos estresantes, de dialogar, de escuchar.

Patricio Varsariah
 

Nuestra relación con la edad.

enero 5, 2019



Aferrarse a la juventud no es solo una preocupación de los egos superficiales y neuróticos. Esta angustia es también el fruto del funcionamiento de nuestra sociedad individualista, utilitaria, en donde cada uno tiende a existir únicamente por su rendimiento, y por su valor en el “mercado de la seducción”. En el discurso dominante, la vejez es casi siempre evocada en términos de inutilidad, de pérdida y de decadencia.

Dejar de gustar, ser menos eficaz y perder cierta autonomía, implica correr el riesgo de perder un lugar en la sociedad, verse excluido del mercado laboral o incluso, del amor. Implica simbólicamente estar condenado a desaparecer.

Y entonces, cuando ya no somos muy jóvenes, tratamos de parecerlo. Y si no es para complacernos a nosotros mismos, al menos para complacer a los demás, para preservar durante más tiempo la posibilidad de ser deseados y de convocar la mirada interesada del otro.

Los códigos sociales han cambiado y que, según las estadísticas, el sentimiento de “ser viejo” aparece recién alrededor de los 68 años de edad.

Cien años atrás, para determinar los tipos de edades, disponían de criterios objetivos como por ejemplo las aptitudes para trabajar, o para ir a la guerra en el caso de los hombres, o la capacidad para procrear en el caso de las mujeres. Cada uno sabía qué lugar ocupaba en la sociedad, porque la edad lo determinaba.

Hoy en día, los roles se han visto alterados y vemos cómo la infancia dura poco y aparece más temprano la adolescencia. Cada vez más seguido escuchamos hablar de “pre pubertad precoz”.

Luego, accedemos a nuestro primer crédito y como a los 30 años en promedio, las personas logran independizarse. Pero ya, a los 45 años, en el aspecto laboral nos vienen pisando los talones los más jóvenes y con la sangre nueva que aportan nos confrontan con nuestros propios límites y nos empujan a la salida. ¡No hemos tenido tiempo para respirar y ya tenemos que empezar a pensar en la jubilación!

Pero gracias a los progresos de la medicina, la esperanza de vida actualmente es de 80 años en promedio para ambos sexos. Cada vez somos “viejos” más temprano desde el punto de vista social, mientras que envejecemos más tarde desde el punto de vista biológico. Esta distorsión entre real y simbólica produce una situación psicológica de ansiedad: el miedo a la vejez comienza a atormentarnos antes que nuestro organismo sienta los efectos. Y este miedo es a menudo peor que la vejez en sí misma.

Ahora bien si hacemos un balance en materia de vejez, cada década genera sus propias inquietudes.

A los 30, el reloj biológico de las mujeres empieza a alterarse y caen en la cuenta de que es hora de tener bebés y formar una familia. Esto también nos pesa a los hombres.

A los 40, comienzan un balance sobre “¿Qué hice? ¿A dónde voy? ¿Hice buenas elecciones?” En este momento nos damos cuenta de los aciertos y de los errores y nos ponemos en marcha para rectificar o ratificar y poder vivir mejor la segunda mitad de nuestras vidas.

A los 50, los sentimientos van variando conforme las personas hayan vivido su vida. Si las mujeres formar una familia y se tienen hijos grandes, se concentran en ellas mismas y buscan darles sentido a sus vidas porque saben que aprendieron a aprovechar el tiempo.

Pero en caso de que las mujeres estén solas, se plantean si deben renunciar al amor y aparecen las dudas sobre cómo llevar adelante una relación de pareja.

Además, el cuerpo comienza cambiar y la menopausia confirma que es el fin de la maternidad.

A los 60, nos sentimos bien, pero empezamos a preocuparnos por la edad y los efectos que genera. Enfermedades, miedo a la incapacidad… ¿Acaso ya no lo hemos vivido con nuestros padres?

Según los psicoanalistas, la verdadera edad no es la de nuestras arterias, sino la de nuestra libido. Cuando esta energía física deja de circular, nos replegamos sobre nosotros mismos, preguntándonos qué sentido tiene amar o desear. Nos consideramos indignos de interés e incluso en algunos casos, sentimos que provocamos desagrado. Y somos finalmente viejos cuando frente a los nuevos desafíos y a los nuevos aprendizajes decimos: “esto no es para mí”.

Una pena de amor, una pérdida, la muerte de un ser querido; nos hacen sumar varios años de golpe; mientras que un encuentro amoroso que exalte nuestros sentidos, alimente nuestro ego y nos dé confianza en nosotros mismos, nos hará volver a tener 20 años. Detrás del miedo a encontrarnos aislados y excluidos, se disimulan a menudo problemas de autoestima o un estado depresivo.

¿Cuántas veces nos hemos cruzado con una mujer de 40 años que parecía de 60? O al revés, ¿cuántas veces nos hemos cruzado a una mujer de 50 que parece de menos de 40? ¿Cuántas personas conoces que a los 60 años participan en caminatas por la montaña o realizan actividad física sin quejarse?

En primer lugar, debemos decirnos a nosotros mismos que si ellos pueden, nosotros también podemos. Simplemente es una elección o la consecuencia de una sucesión de elecciones y nunca es tarde para empezar. Cuidar nuestro cuerpo y nuestra piel, comer mejor, practicar deporte… ¡Los efectos beneficiosos de estos nuevos hábitos no se harán esperar!

Una de las mejores maneras de eliminar este miedo a envejecer, consiste en mantener nuestro cuerpo saludable, y porque no, fijando los nuevos desafíos. ¿Nunca pudiste aprender a nadar? Es una buena oportunidad para aprender algo nuevo, disfrutar de una actividad placentera y ejercitar nuestro cuerpo. O también, ¿por qué no dejar el auto en casa y hacer las compras a pie?

Cuanto más orgulloso estés de tu cuerpo, y de lo que puede lograr, incluso las cosas más superficiales, menos temor tendrás de la vejez.

Pero también están los que disfrutan de la vejez, y esto también es una elección. ¿Te diste cuenta de que puedes cumplir con determinadas tareas de manera rápida y eficaz y sorprende ver que los más jóvenes no sean incapaces de hacerlas o se tomen tanto tiempo?. Es uno de los frutos de “la vejez” porque eso se llama: experiencia.

Todos los días puedes ganar tiempo en ciertas tareas que luego podrás dedicar a lo que te gusta. Los beneficios de la experiencia son muchos. Esto nos permite encontrar la solución a nuestros problemas de manera mucho más fácil, evitando los obstáculos en los que ya hemos caído en el pasado y que son motivos para hacerte sentir feliz.

Y más que rechazar o posponer la cita con los médicos por miedo a que no se encuentren “algo”, aumenta la frecuencia, para que las pequeñas cuestiones de salud que puedan aparecer, no se transformen en graves problemas por haber dejado pasar el tiempo.

Fatalidad u oportunidad, la vejez es percibida de manera diferente por cada persona. Lo único que sabemos, es que es inevitable. La tecnología y la ciencia han hecho que nuestra relación con la edad, se modifique profundamente. Hoy, la vejez se vive con buena salud y con la permanente posibilidad de aprender cosas nuevas de acuerdo a nuestras aptitudes y capacidades. ¡Descubre cuáles son las tuyas!

Patricio Varsariah.
 

2019 empezar de nuevo sin los rencores y frustraciones.

enero 4, 2019



La vida está llena de experiencias y vivencias, tanto positivas como negativas. En nuestro corazón se aloja todo cuanto vivimos con pasión: lo bueno y lo malo. A veces las cosas malas que nos han pasado ocupan demasiado sitio en nuestro corazón.

Pero hay esperanza, pues al igual que en nuestros hogares, la limpieza y el orden es posible, y nuestro corazón también requiere de dicho cuidado. Si aprendemos a desechar lo malo podremos disfrutar al fin de cada día que vivimos…

Hoy empecé limpiando mis papeles y notas, tirando las cosas que no me sirven pero que guardaba quién sabe porqué, cosas de las que me costaba deshacerme pese aparentemente no me aportaban nada. Finalmente me animé a tirarlas y pensando en ello me di cuenta que con nuestra mente y corazón nos ocurre lo mismo:

Siempre estamos guardando muchas cosas en nuestro corazón, cosas como el daño que una vez nos hicieron, las veces que tuvimos que recoger los pedazos de nuestro corazón, motivos de lágrimas que mojaron nuestra almohada, noches de insomnio por no poder resolver tareas pendientes, y todo malos sentimientos que guardamos dentro de nosotros mismos… 

A lo largo de la vida acumulamos innumerables cosas innecesarias o que incluso llegan a sernos perjudiciales, cosas que no nos dejan ver la luz. Nuestra vida podría llegar a ser mejor si sacamos de ella esas cosas que acumulamos y solo estorban.

A muchas personas les pasa como si cada día algo malo les ocurriese, sufren una pérdida diaria, sienten que los días son grises, y es que no pueden ver más allá de los problemas que tienen porque ya están a tope con todo cuanto les sucede y ha sucedido, durante años han acumulado experiencias negativas, y ya no pueden ver más allá. En momentos así hay que saber detenerse y hacer un balance, empezar a valorar si realmente merece la pena seguir cargando con esas cosas o si es mejor dejarlas a un lado, tirarlas, desecharlas y empezar de nuevo sin los rencores y frustraciones que no nos permiten seguir o mirar hacia adelante.

Cuando tenemos un corazón limpio de buenos sentimientos hay espacio para poder llenarlo de nuevo de amor, de más comprensión y paciencia hacia nuestros seres que nos rodean. Debemos dejar las culpas a un lado si no queremos sentirnos tan miserables en la vida. Hoy mismo es un buen día para cambiar esas actitudes y dar un paso a la felicidad, porque no importa cual injustas puedan ser las cosas que tengamos que estar cargando, sí somos capaces de limpiarnos de las malas actitudes que hemos guardado.

Cuando hemos acumulado por querías en nuestro corazón, todo cuanto nos rodea se ve afectado por ello. Hemos alejado a nuestras amistades, nuestra pareja e incluso nos hemos alejado de Dios. Todo esto lo podemos recuperar, nuestras vidas pueden volver a tener sentido, pueden volver a tener luz… Pero hemos de darles cabida a estas cosas, debemos limpiarnos para hacer lugar a las cosas buenas que la vida nos da.

Los recuerdos siempre serán parte nuestra, pero hay que mirarlos como lo que son, simplemente "recuerdos". Es bonito recordar, incluso llorar por las cosas que un día nos hicieron sonreír, se puede vivir con esos sentimientos que siempre ocuparan un espacio en un rincón de nuestro corazón, pero sólo eso son: recuerdos.

Limpiemos nuestras heridas así como limpiamos nuestro hogar que siempre queremos que se vea limpio y ordenado. Si tienes un lugar en el que puedas estar tranquila escuchando suaves melodías que te den paz, un lugar en el que puedes estar en un silencio que solo te pertenece a ti, ve a ese lugar y pasa ese tiempo personal contigo misma. Dedícate el tiempo que sea necesario, luego levántate y vuelve con una actitud buena y dispuesta a querer ver la vida a colores.

Nuestro cuerpo es como nuestra casa, si la mantenemos en orden, incluyendo nuestros sentimientos, siempre quedará más espacio para llenarlo con lo mejor de nosotros, la amistad, la comprensión, paz, amor, y buenas intenciones. Solo así lograremos un perfecto equilibrio en nuestra vida.

Nunca es bueno guardar los malos sentimientos, sobretodo si te hacen daño, como los celos, la ambición, el egoísmo, las malas actitudes con tus seres amados… Saca todo eso y tíralo, que todo quede limpio y dispuesto a recibir lo que el Universo (Dios) con tanto amor nos ha regalado.

Entrega amor, compasión y perdón para que sean perdonadas tus faltas. Todas las personas somos imperfectas, todos hemos cometido errores, pero no hay nada que no podamos superar si así lo deseamos. Por esa razón es muy bueno deshacernos de todo, que la maldad no haga su morada en nuestro corazón.

¿No encuentras formas para recuperar tu corazón herido por el amor? Este es el más doloroso de los recuerdos que siempre tenemos en nuestro corazón, solo vívelo, nadie lo podrá hacer por ti, es un luto que llevará un tiempo, no es fácil querer tirar lo que tanto se amó, pero sí podemos tener ganas de volver a empezar de nuevo con nuestras vidas y con nuestro deseo de que la limpieza llegue también a nuestro interior, quizás un día no muy lejano estés preparado o preparada para volver a recibir lo que hoy encuentras imposible.

Patricio Varsariah.
 

No sufras inútilmente.

diciembre 31, 2018


La vida no está hecha para sufrir por cosas que a veces no deberíamos. Es más, deberíamos eliminar todos aquellos errores que nos hacen sufrir inútilmente.

En la vida que nos rodea vemos solo negatividad, todo fracaso es malo, todo error es malo y nos encontramos, continuamente, en una búsqueda de la felicidad que parece que nunca llega…

El sufrimiento inútil provoca un desgaste exagerado a nivel físico, una irritabilidad creciente a nivel psíquico y un desplome enorme de nuestro control emocional

Hoy te reconocerás en 7 errores que, seguramente, cometes y que te hacen sufrir inútilmente.

Para el 2019 te invito a descubrir y eliminar estos errores que te hacen sufrir cada día. ¡Adelante!

1. “Darle vueltas” al pasado
A veces no podemos evitarlo y pensamos en algo que ha sucedido en el pasado, removiéndolo y reviviéndolo en nuestro presente. Esto puede ser positivo si es para analizar nuestra conducta en el presente. ¿Estamos actuando de la misma manera? ¿Cambiamos aquello que hicimos mal?. Lo que no podemos hacer es culparnos o frustrarnos por no poder dar marcha atrás en el tiempo y solucionar aquello que nos ha hecho daño, porque ¡ya ha pasado! Siempre y cuando aprendamos de nuestro pasado podemos volver a el, pero ¡cuidado! Porque a lo mejor te estás revolviendo en el sufrimiento que te ha causado.

2. No aceptar lo inevitable
Existen muchas situaciones “inevitables” que se sucederán a lo largo de nuestra vida, pero ¿podemos evitarlas? No, así que no pierdas energías en intentar evitar algo que sucederá sí o sí. Las enfermedades y la muerte son los hechos más difíciles de aceptar. Pero, no aceptando este hecho no estamos en absoluto ayudando sino todo lo contrario. Debemos aceptar lo que no podemos cambiar, lo que sucede porque así ha sido e intentar ayudar, superar y avanzar. Piensa que hay muchas cosas en esta vida que no se pueden elegir y que sin duda aceptamos, por ejemplo, a nuestra familia.

3. Creer que lo sabemos todo
Es importante admitir que no lo sabemos todo, que no siempre estaremos en posesión de la verdad y que nos podemos equivocar. Equivocarse implica aprender, cometer errores deriva en avanzar; así que no pienses que creer que lo sabes todo te hace una mejor persona, una persona cuya inteligencia es superior, porque no es así. Lo único en lo que puede derivar esto es en convertirnos en seres detestables, odiosos y estúpidos que defienden una verdad que solo existe en nuestra mente. Teniendo como consecuencia en ocasiones el rechazo de los demás.

La persona que siempre cree estar en posesión de la verdad demuestra una ignorancia suprema, además de una arrogancia intolerable.

4. No confiar en nosotros mismos
La inseguridad es algo con lo que muchas personas tienen que lidiar cada día. Desconfían de sí mismas, dudan de todo y no son capaces de tomar decisiones. El resultado de no confiar en uno mismo genera que esta confianza la depositemos en los demás. Por ejemplo, toda solución la tendrá un amigo o un familiar, pero nunca nosotros mismos.  ¿Por qué te menosprecias tanto? Busca el origen de esta desconfianza y empieza a tener seguridad en ti mismo desde hoy mismo.

5. Echarle la culpa a los demás
Hay personas que siempre intentan echarle la culpa a los demás. Probablemente tú hayas sido un afectado y, a lo mejor, haces lo mismo por recibir eso de los demás. Esta actitud nos libera de toda responsabilidad, aunque con el tiempo se vuelve en nuestra contra. Puede funcionarnos durante un tiempo. Huir de aquello de lo que somos culpables, evitar ese error que hemos cometido, provocará que no superemos los obstáculos. Ten seguridad en ti mismo, acepta tus errores y aprende de ellos. No es malo errar, pues es de humanos, lo que sí es negativo es echarle la culpa a los demás. No sufras cuando te veas solo, no sufras cuando los demás te cuestionen, la culpa es tuya por echarles la culpa a los demás. Todo se volverá en tu contra, aprende a aceptar tus errores.

6. Pensar trágicamente
En muchas ocasiones, quizás nos pongamos en lo peor. Tenemos pensamientos sobre algo para lo que no le vemos final, ¡no hay salida! Si piensas negativamente, no lograrás encontrar la solución que probablemente haya. Tu mente es poderosa y todo lo que pienses así sucederá. Todo tiene solución, absolutamente todo. No es cuestión de reparar, sino de mirar hacia delante. Si no la encuentras, si te encuentras tan cegado que no la ves ¡habla con alguien! No estás solo, no te limites. Las soluciones están ahí, solo que a veces ¡no las ves!

7. Cuidado con los cambios drásticos
En ciertos momentos de nuestra vida, adoptamos soluciones drásticas que parece que no nos cuestan nada. Esto es algo que hemos aprendido y que realizamos inconscientemente. Si nos encontramos inmersos en una situación problemática, escapamos, huimos. Una frase que podría resumir esto muy bien es “cortar por lo sano”, así, sin pensarlo.

 Muchas veces, cuando nos sentimos mal lo primero que se nos ocurre son soluciones irracionales, llenas de subjetividad y plagadas de errores”

Las cosas hay que pensarlas porque si no esas soluciones drásticas que estamos adoptando, probablemente, sean erróneas o surjan de nuevo en un futuro cercano.

¿Qué es lo que te hace sufrir a ti? Descúbrelo y ponle hoy solución. No sufras inútilmente, ya que ello te alejará cada vez más de encontrar tu propia y plena felicidad.

Que el 2019 te de solamente buenas noticias y mucha salud.

Patricio Varsariah.
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Año 2019

diciembre 26, 2018


En el Año 2019 debe de volver a estar en los corazones de cada uno: la esperanza.

Esperanza en que todo sea de la manera que realmente tiene que ser, que todos "despertemos" de nuestro largo letargo y encontremos el camino que nos corresponde, y que cada uno sea responsable de hacer lo posible para que el de al lado también se encuentre.

No es un cuento, es una realidad y o se hace, o la grandeza de la vida se perderá por nuestros actos y peor aún, no habremos encontrado el verdadero significado de estar vivo, vivir.

El mundo sufre nuestros actos, su estado actual es un reflejo de nuestro comportamiento.

Difícilmente podremos llevar acabo aquello que queremos hacer si no ponemos remedio a nuestras situaciones actuales. Por mucho que hablemos, leamos o compartamos pensamientos con otros, si no actuamos, si no intentamos de cualquier manera cambiar aquello que no es "correcto", jamás nos sentiremos realizados.

No consiste únicamente en leer, no consiste únicamente en compartir, consiste en actuar. Seguir los dictados de tu corazón no es una tarea fácil, pero es peor quedarte sentado y no moverte, sí tienes las herramientas, sí dispones de los conocimientos adecuados para cambiar las cosas, hazlo.

Es como disponer de agua y no regar tu jardín, al final todas tus flores se mueren.

Un Saludo desde el corazón con la esperanza de días mejores en el próximo año 2019 el año de la "Esperanza" y de las buenas noticias.

Patricio Varsariah.
 

La fuerza de voluntad.

diciembre 26, 2018


Por si no fueran suficientes los pequeños o grandes empeños de cada día, con el cambio de año quien más quien menos se hace una lista, no necesariamente por escrito, de buenos propósitos. 

Los deseos de año nuevo, llámese dejar de fumar, hacer ejercicio físico, ponerse a dieta u otros más íntimos, son la prueba inequívoca de que existe el futuro –una convicción que declina con la edad– y del afán de superación. 

La razón de que en muchos casos estas intenciones se esfumen con el tiempo se suele atribuir a la falta de voluntad, pero esto es un argumento muy burdo para las mentes inquisitivas que quieren plantearse en términos científicos qué es eso de la voluntad y cómo se fortalece.

La fuerza de voluntad pasa por ser como un músculo, que se entrena y pone a punto como la masa muscular. Pero en realidad es algo mucho más esquivo cuando se trata de observar. La voluntad es mucho más que la atención, el poder de concentración y otras capacidades mentales fácilmente mensurables; tampoco es exactamente el auto control, porque tiene que ver además con la determinación, con los valores y con las intenciones, conceptos todos ellos que resultan esquivos para la neurociencia. 

Incluso para las técnicas de neuro imagen funcional el músculo de la voluntad resulta invisible, puesto que con estas nuevas herramientas solo puede verse lo que tiene base anatómica o se sustenta en un paradigma bien establecido. 

Hay, sin embargo, investigadores que no se dan por vencidos fácilmente y se han propuesto acosar a la voluntad, muestran que una conducta que exige un cierto grado de auto control reduce la glucosa en sangre, que este menor nivel de glucosa predice que en una tarea posterior habrá menos auto control y que esta menor capacidad se puede compensar con una bebida glucosa.

En otros estudios se ha relacionado también el ánimo positivo y la risa con una mayor fuerza de voluntad. Pero esto, en realidad, tampoco prueba gran cosa, del mismo modo que reconocer la necesidad de glucosa para cualquier función cerebral es casi una obvie dad. 

La capacidad de una persona para superar obstáculos o dificultades o para cumplir con sus obligaciones, como se define la fuerza de voluntad, tiene que ver con la historia personal del individuo y sus aspiraciones. La glucosa puede ayudar y quizá la voluntad pueda reforzarse en el futuro con fármacos. 

Pero, hoy por hoy, la mejor manera de llevar a buen términos los nuevos propósitos es planteárselos en pequeñas dosis, a medida de las propias fuerzas y, lo que no es menos importante y más difícil de averiguar, en consonancia con lo que a uno de verdad le interesa en la vida.

Patricio Varsariah.
 

Nuestra actitud ante la vida

diciembre 26, 2018


El problema no está, en si la vida es fácil o difícil, sino en cómo reaccionamos ante los obstáculos. Si un día se te cierra una puerta, la solución no es romperte la cabeza dando contra ella, sino preguntarte si no habrá, al lado de ella o en la misma dirección, alguna otra puerta por la que puedas pasar.

En la vida tienes que aceptar a veces salidas de emergencia, aunque te obliguen a dar un pequeño rodeo. Procura, al mismo tiempo, tener siempre encendidas tres o cuatro ilusiones; así, si te apagan una, aún tendrás otras de las que seguir viviendo. Distingue siempre entre tus ideales y las formas de realizarlos.

Aquellos son intocables, estas no. Si alguien pone obstáculos a tu ideal, pregúntate si se opone de veras a tu ideal o a la forma en que estás realizándolo. Y no veas problema en cambiar de forma de buscarlo, siempre en cuanto sigas buscando el mismo ideal. Aprende en la vida a ser persistente y tenaz, pero no confundas la tenacidad con la cabeza dura.

No cedas ni en tus ideas ni en tus convicciones, pero no olvides que una verdad puede decirse de mil maneras y que no siempre vale la pena sufrir por ciertos modos de expresión. Y cuando llegue una ola que sea más fuerte que tú, agáchate, déjala pasar, espera.... Y luego, sigue nadando. Intenta convertirte en lo mejor que puedes ser. Muchos tienen miedo de lograr su potencial porque temen encontrarse con una puerta cerrada. Esto no es una actitud correcta.

Debes desarrollarte a ti mismo lo mejor posible. Aún la persona más pequeña tiene el potencial más grande si utiliza todo lo que está dentro de ella. Hoy podríamos preguntarnos cuál es nuestra actitud ante la vida. Quizás es el momento de empezar a modificar todo aquello que no nos permite avanzar o que pone freno a nuestras ilusiones.

A veces somos tercos y ni siquiera intentamos cambiar un poco y al pasar los años, cuando ya estamos cerca del final mirando hacia atrás nos decimos: - Si hubiera hecho.... Si en aquel momento.... Si se me hubiera ocurrido....

Nuestra actitud ante la vida es la que encierra la respuesta a muchos de nuestros interrogantes, solo que a veces no vemos nada, o creemos ser fantásticos y preferimos convencernos y culpar al entorno de todo cuanto nos sucede. Todos vivimos inmersos en nuestro entorno y en nuestra circunstancia.... Entorno y circunstancia que la mayoría de las veces son difíciles o imposibles de modificar, de modo que, en cierta medida, somos un poco esclavos de ellos.

Pero lo que si podemos modificar es nuestra actitud ante esos factores.... Podemos dejar que nos abatan y nos dominen.... O podemos triunfar ante ellos.

Esos que triunfan, esos que pese a todo lo que se les pone a su paso, logran beber la vida como viene, sin tribulaciones, esos que logran atrapar entre sus manos lo que verdaderamente tiene sentido y dejan de lado todo lo superfluo, esos habrán dado con la clave.... Y serán los poseedores de la felicidad.

Con todo mi dulce afecto.

Patricio Varsariah
 

Navidades 2018

diciembre 26, 2018



Quiero regalarte siempre y en estas Navidades...... Amistad, para que cuando tu alma añore un(a) amigo(a), sin pensarlo busques, y ese alguien corra a tu lado.

Sonrisas, para que cuando tus lágrimas escurran tras la cascada de tu mejilla en un día gris, sean las risas las que iluminen tus tristezas. Grandes sueños, para que cuando en tu mente exista un vacío, sean aquellos bosques cubiertos de invierno los que atrapen la atención de tu pensamiento.

La fuerza de unas manos, para que cuando tus tobillos se cansen, los hombros de alguien te sirvan de fuerza al andar.

Un ramo de abrazos, para que cuando los tropiezos te dificulten el andar, sean los ánimos una esperanza que te ayuden a continuar. Una estrella joven, para que cada vez que el sol descanse, sea esa fiel luz la que te acompañe.

Un pedacito de humildad, para que cuando los éxitos engrandezcan tu persona, sea la sabiduría el aire mágico que te haga valorar lo que otros desprecian al llegar a una nueva orilla.

Mi cariño sincero, para que cuando sientas que nadie te acompaña, recuerdes que en paisajes verdes o valles áridos mi pensamiento siempre te lleva de la mano.

Un abrazo inmenso, para que cuando necesites sentir tus fuerzas sean éstos, el puerto de tus emociones.

Un par de lágrimas, para que se alberguen entre tu alma y corazón; así, si en algún segundo la soberbia daña tu andar, sea una muestra de sensibilidad ajena la que te ayude a no cometer injusticias.

Hoy y siempre quiero desearte que compartas tus alegrías con los seres que amas, para que cuando creas que caminas en la soledad, mil ángeles resguarden tu mirada.

Hoy y siempre quiero obsequiarte lo más bello que puedas recibir mientras transformas estas líneas en un espejo; donde la ternura que aquí encuentres y donde la belleza que aquí nazca, te de la certeza de que no estás solo(a). la alegría y la satisfacción de servir.

Patricio Varsariah

 

Experiencias más o menos dolorosas

diciembre 20, 2018


El trato con los demás no siempre resulta sencillo. A lo largo de un solo día vamos encontrándonos con caracteres tan diferentes entre sí, que hacen de la relación interpersonal un ejercicio de equilibrios difícil, siempre y cuando se pretenda una cierta armonía y una convivencia feliz o, por lo menos, eficaz.Sinceramente, pienso que hay personas muy extrañas y complejas de trato, y digo esto, contextualizando y asumiendo que habrá otros que piensen exactamente igual de mi.

Por ejemplo, hay personas que prácticamente no hablan con quienes les rodean, ensimismadas en un mundo impenetrable. Otras que si lo hacen, pero sólo si pueden obtener algún beneficio de ello a cambio, porque sino la conversación con los demás pierde interés. Hay gente de un solo tema de conversación y gente de conversación inabarcable. Sobre lo que sea, porque ‘dominan’ cualquier temática sin cuestionar que quizá no tanto. En fin, hay personas que transpiran paz y otras de gesto bélico. Gente que te recibe siempre con una sonrisa (bien por ellos) y gente a la que les cuesta ‘mascullar’ un saludo. Y dibujando tipologías podría seguir un rato largo…

Y es curioso, que si te esfuerzas por intimar y trata de sacar de su ensimismamiento al ensimismado, rebajar la hostilidad del beligerante, arrancar un saludo efusivo al maleducado o cambiar de tema de conversación con el monotemático, la mayor parte de las veces te encuentras incomprensión, cuando no antipatía, al otro lado y decides que ya somos mayorcitos para andar por ahí como un Robin Hood a la inversa, es decir: quitándote tú propia alegría para dársela a los ‘especiales’ de la película que nunca regalan ningún esfuerzo.

Eso lo comprendes en determinado momento de tu vida. Al igual que comprendes que lo mejor es ser tú mismo y obviar, directamente, la opinión que tengan de ti los demás. Pecado de juventud es intentar agradar a todos, no siendo conscientes de que por bien que lo hagamos, o por buenos que seamos, siempre habrá gente a la que le caigamos mal. ¿Y qué importa eso?.

Luego también la vida te va enseñando, a base de experiencias más o menos dolorosas, que hay gente de la que te debes apartar y gente a la que te tienes que pegar. Que de entrada es razonable y positivo confiar en todo el mundo, pero es de locos poner la confianza de nuevo en alguien que te traicionó. Que entre los amigos hay que alejarse de aquel que habiéndote podido ayudar en un momento de necesidad, no lo hizo y, sin embargo, dar el alma por ese otro que está cuando todos los demás se han ido.

He dicho...

                  Patricio Varsariah.

 

El Superviviente.

diciembre 20, 2018


Siempre me han sorprendido aquellas personas que no se arrugan ante la adversidad. Son aquellos que yo llamo "supervivientes". Y es que el no "tenerlo fácil" en la vida es uno de los mayores pilares de fortaleza que puede tener el ser humano. No se trata de ir buscando el sufrimiento, ni mucho menos, pero sí que me he dado cuenta que muchas veces los que más se quejan son precisamente los que menos razones tienen para ello.

Cuando una persona ha tenido que enfrentarse a cuestiones verdaderamente difíciles empieza a ampliar su conciencia, a darse cuenta de lo que verdaderamente tiene importancia, a valorar lo que AHORA tiene y dejar de añorar lo que pasó o lo que teóricamente falta. Curiosamente no se verán nunca a esas personas sentadas frente al televisor ociosamente quejándose de lo vacías que están sus vidas.

El superviviente sabe que tiene que moverse, que el tiempo es oro y que no debe de esperar por nada ni por nadie porque entonces estaría a merced del "afuera", y por tanto, siempre será dependiente de que "las circunstancias sean favorables", sin saber que las circunstancias las creamos nosotros a cada momento.

La falta de motivación frente a las cosas, muchas veces (no siempre, tampoco me gusta generalizar) nace de la pura comodidad. Porque somos cómodos, sí, ante todo queremos seguridad, "no dar pasos en falsos" (¿Cuántas veces habré escuchado esta expresión?) Precisamente por no dar pasos en falso se pierden grandes oportunidades en la vida. Cuando sentimos que arriesgamos y nos frena el miedo a perder es porque nos encontramos cara a cara con nuestra inseguridad. Ese es el momento de decidir si seguir adelante siendo fiel a nuestro ser y apostar por nosotros mismos o seguir en nuestro cerco de seguridad, sin perder, pero también sin ganar.

Las dificultades nos empujan, los retos nos ayudan a superarnos. Por ello dicen que cada crisis encierra siempre una gran oportunidad. No nos quedemos con lo fácil, no esperemos la suerte, los cambios, el amor...No nos quedemos sentados esperando, tenemos la capacidad de crear la oportunidad de que todo esto se manifieste en nuestra vida. Enfrentemos los miedos, las caídas, los fracasos. Éstos nos harán más fuertes y nos irán acercando cada vez a algo mejor, a algo que merezcamos de verdad puesto que lo hemos peleado con todas sus consecuencias.

Y si hay algo que queríamos con todas nuestras fuerzas y se nos escapa: un trabajo, una amistad, un amor, lo que sea...cualquier cosa por la que arriesgamos y salió rana, entonces aprendamos a verlo como algo que no estaba para nosotros. Muchas veces es porque merecemos algo mejor. Otras, porque no estábamos preparados y el contratiempo nos sirve para mirar dentro y ver qué podemos mejorar para la próxima ocasión.

La cuestión es que todo sirve, si así somos capaces de verlo.

He dicho...

                     Patricio Varsariah.
 

Diciembre 2018

diciembre 20, 2018


Las hojas de mi calendario han ido cayendo una a una. Algunas sin prisa y otras sin pausa. No sé si sumar un nuevo diciembre o restar un año. No me salen las cuentas. Me fallan los cálculos cuando de hacer recuento de mi vida se trata. Lo que ayer sumaba, hoy puede que sólo sea una resta. Lo que ayer multiplicaba, hoy quizás es una simple división. Vaya, ¡que los números son mi fuerte! Otro otoño, otra Navidad. 

En esta época del año suelo estar especialmente sensible y hasta susceptible, porque tengo la sensación de que "es obligatorio" mostrar tu mejor sonrisa, pasar por alto determinados problemas y estar más unidos que nunca. Es como si fuera necesario hacer balance de lo que ha pasado en nuestra vida en el último año y plantarnos propósitos de enmienda.

Enfrentarnos a nuestros logros y sobre todo a nuestras equivocaciones. Analizar lo que hemos hecho y lo que se nos ha quedado en el camino. Tratar de limar asperezas, y si me apuran, hasta quitar "callosidades" que sabíamos que estaban ahí, pero claro, en diciembre todo se ve diferente. 

Parece que en esta época del año necesitamos ser mejores personas, más solidarios, más amables, más receptivos a los problemas de los demás. En definitiva, es como si necesitáramos ser más humanos.

No soy de esas personas que esperan con ilusión la Navidad, que la viven y la sienten como una de las épocas más entrañables del año. Creo que realmente nunca lo he sido, con lo cual, no se trata de una fiesta que haya dejado de gustarme por alguna razón especial. Sencillamente, como decía al comienzo, no me gusta la sensación de "obligatoriedad". Si soy honesto, tengo muchísimos motivos por los que brindar, muchísimas razones por las que estar contento; así como otros tantos por los que esperar que el nuevo año sea más próspero en determinados aspectos de mi vida. 

Por eso, aunque la Navidad o mejor dicho, casi todo lo que ella conlleva, no sea santo de mi devoción, este año quiero pensar diferente. No porque deba ser así, sino porque para mi, diciembre también implica otras muchas cosas. El frío que se cuela por todos los rincones, testigo mudo de tardes interminables de sofá y manta, acurrucado en mi sofá (aunque no sea el más cómodo del mundo). 

Pasear en mi dia libre sin ningún destino (por cierto, qué bien me sienta mi abrigo nuevo), mientras el resto del mundo hace sus compras navideñas y me ponen un poco melancólico las luces navideñas y los villancicos que resuenan por doquier. En fin, que aún no he hecho recuento de lo que este año ha supuesto en mi vida. Aún no he valorado lo que he ganado ni lo que he perdido (aunque más que perder, prefiero pensar que sencillamente son cosas que dejé atrás). Todavía no me he puesto a hacer ese balance tan propio de esta época del año. 

No me he parado a ordenar mis experiencias, pero sin duda, este año ha sido un año muy importante. Un año de idas y vueltas, de tiras y aflojas, de blancos y negros, de luces y sombras.

Un año de llantos, amores perdidos como la muerte de mi Madre. Un año de sueños pendientes, metas cumplidas y propósitos olvidados. Un año de mucho bueno y un año de mucho malo. Un año perdido y un año ganado. Pero si tengo que destacar una sola cosa, haré uso de una frase..."Este es el segundo año en el que mi salud a mejorado un poco mas ". 

Por todo lo dicho, y por todo lo que callo, creo que me equivoqué al comienzo de este escrito, así que voy a rectificar: "Las hojas del calendario han ido cayendo una a una. Algunas sin prisa y otras sin pausa. Sumo un nuevo diciembre, sumo otro año". Y además, sumo , sumo SUEÑOS, sumo PROYECTOS, sumo SONRISAS, sumo PROMESAS, sumo BESOS, sumo CARICIAS y lo más importante te sumo a Ti, mi companera del camino. Y todo lo que suma crece, todo lo que suma aumenta. 

He dicho...
                     Patricio Varsariah.
 

El pasado es eso pasado.

diciembre 20, 2018


Para alguien a quien le gusta escribir y compartir sus letras, como es mi caso, el hecho de saber que hay personas que por algún motivo siguen tus idas y venidas, es una gran satisfacción. La mayoría de la gente que a menudo entra a mi página WEB, lo hace desde el cariño.

Otras por mi forma de expresar lo que siento en cada momento.

Hay quienes lo hacen porque comparten la afición de escribir, y también las hay (aunque me consta que son la minoría), que lo hacen simplemente esperando encontrar un escrito con el que puedan deducir que mi vida no anda bien. A esas personas es a quien les dedico hoy estas letras. A esas personas que prefieren culpar a los demás, de sus fracasos personales, emocionales o sentimentales. Cuando son ellas, las únicas culpables de cómo han manejado los hilos de su vida. A esas personas que entran aquí a cotillear en busca de algún episodio de novela negra, algún capítulo del que pudiera avergonzarme o alguna página que debiera arrancar de mi vida. 

A esas personas sólo quiero decirles, que estoy plenamente orgulloso de cada una de las cosas que he vivido (buenas, malas o regulares). Orgulloso de cada uno de mis tropiezos, porque de ellos he aprendido y madurado. Orgulloso de cada una de las personas que han entrado en mi vida. De las que se han ido y de las que se han quedado, porque de todas aprendí algo…con todas viví algo único e irrepetible.

El tiempo no se puede detener ni rebobinar. El pasado es eso, pasado. Experiencias y lecciones que conforman nuestro particular cuaderno de vida. Orgulloso de mis fracasos porque han supuesto una nueva oportunidad de recomponerme y mirar al frente. Con cada uno de ellos he madurado, me he enriquecido y sobre todo, me han demostrado lo fuerte que soy. 

Orgulloso de las lágrimas que he derramado, porque la vida me ha compensado con un montón de sonrisas. Orgulloso de lo que he hecho, aún cuando mis acciones hayan sido erróneas, porque tengo la tranquilidad de que jamás he hecho nada con la intención de hacer daño gratuito. A esas personas que se atreven a hacer juicios de valor sobre mi persona, sin tan siquiera conocerme, sólo puedo darles las gracias. Gracias por hacerme importante en sus vidas, porque aunque sólo sea para juzgarme o criticarme, se toman la molestia de tenerme presente.

Sé que es mucho más fácil arremeter contra los demás, en lugar de mirarnos en el espejo y preguntarnos cuál es nuestro nivel de responsabilidad en esto o en aquello. Es menos doloroso buscar culpables a nuestra infelicidad fuera de casa, fuera de nuestro alcance, porque así podemos justificar mejor nuestros propios errores. Es más sencillo pensar que nada hubiera pasado si tal persona, no se hubiera cruzado en nuestra vida, pero nadie se cruza en la vida de nadie por casualidad, y la decisión de si ese alguien se queda o no, es nuestra. Somos nosotros quienes abrimos o cerramos la puerta a quienes aparecen en nuestra vida. Somos nosotros quienes tenemos la última palabra. 

Cuesta menos criticar e injuriar a otro, que hacer examen de conciencia. Sí, me he podido equivocar en muchas de mis decisiones, pero soy el único responsable de ellas. Cada uno de los escritos de esta WEB, es un pedazo de mi vida. Cada uno de mis retales es un trozo de mi alma.

He amado y he querido (que no es lo mismo), y también he confundido alguna vez el amor con otros sentimientos. He sido el primero para algunas personas, y el ultimo para otras tantas. Me han querido con locura, y también me han querido desde la locura. Me han desarmado el corazón y también me lo han recompuesto. Me han dado nuevas oportunidades y también las he dado. Me han hecho grande y también pequeño. Me han hecho creer en la vida por encima de todo y también me han matado en vida. 

Me han regalado lunas y estrellas y también me han bajado a los infiernos, han perdonado mis errores y yo también he perdonado. Me han hecho sentir el hombre más feliz del mundo y también el más desdichado. Me han endulzado el oído, mientras me daban de beber el veneno de la traición. Y me quedo con TODO…porque todo forma parte de mi vida.

He perdido muchas batallas, pero voy a ganar una guerra. La más importante, la única que me preocupa… la guerra contra mí mismo. La guerra contra mi “quiero y no puedo”. Por eso no me avergüenzo de NADA de lo que he hecho. He sorteado las muchas dudas que me han traído hasta aquí. He cometido muchos errores pero que nadie olvide que en la oscuridad es muy fácil tropezar con cualquier obstáculo. 

Así que a esas personas que me siguen, con el único interés de abrir un día mi página WEB y encontrar algo que les haga regocijarse en mi dolor, sólo decirles que ese día, también estaré orgulloso. Lastimado, pero orgulloso, porque el dolor también es un sentimiento, y mientras sea capaz de sentir, significará que estoy vivo. 

Antes de concluir, sólo una cosa más: 

No te culpo de culparme, ni te juzgo por juzgarme. Puedo llegar a entender tu rabia y hasta tu dolor, porque como sé que me sigues, sabrás que he pasado por algo similar. Sólo permíteme que te recuerde que el amor todo lo puede, y todo lo perdona. Es duro darse por vencido cuando aún se siente, pero para que el amor se sostenga tienen que haber dos corazones latiendo al mismo son.

He dicho...
                 Patricio Varsariah.
 

Mi sufrimiento tomó forma de depresión...

diciembre 13, 2018


He sido la mayor parte de mi vida, triste y solitario, una ola deprimida en el océano cósmico de la vida. Me sentía totalmente separado de ese océano, y vivía en lucha constante conmigo mismo y con los demás, sin disfrutar jamás de un solo momento de descanso.

Pasé muchos años intentando desesperadamente encajar, triunfar, conectarme con los demás, encontrar el amor, descubrir mi sitio en el mundo, pero, a pesar de todos mis esfuerzos, caí en una depresión cada vez más profunda.

Culpaba a todo y a todos de cómo me sentía: a mis genes, la química de mi cerebro, la educación que recibí, mis padres, mis amigos, mi jefe, la crueldad de la vida, nuestra sociedad obsesionada con el dinero, los medios de comunicación, los carnívoros, los políticos, las corporaciones, los «malhechores»... Mi desdicha nada tenía que ver conmigo, o eso creía yo.

Era la única respuesta posible a una vida que se había vuelto contra mí. La vida era cruel, era injusta, era hostil; la vida me había maldecido. La culpaba de mi desdicha, y sentía que tenía perfecto derecho a hacerlo. «Si hubieras pasado por lo que yo he pasado, ¡tú también te sentirías como yo!»: así es como me gustaba justificar mi desdicha ante los demás.

La vida no había estado a la altura de mis expectativas, la gente me había defraudado y, por más que lo intentara, no tenía ningún control sobre el rumbo que mi existencia había tomado. A consecuencia de todo ello, acabé postrado en cama, sin energía para levantarme, asqueado, con un sentimiento de opresión y ganas de morir, sin fuerzas ni ánimo para hacer frente al día que se presentaba. ¿Qué sentido tenía salir de la cama? Detrás de la puerta de mi habitación, lo único que me esperaba era más desdicha. Sabía lo que era la vida, y quería eludirla a cualquier precio. La vida era dolor, y yo no quería sentir dolor.

¿Cómo había terminado así?

En pocas palabras, a lo largo de los años había forjado muchas ideas sobre cómo debía ser la vida. Había recopilado muchas creencias acerca de la realidad, muchas teorías sobre la manera en que realmente funcionaban las cosas, muchos conceptos sobre lo que debía y no debía suceder en el mundo. Había llegado a infinidad de conclusiones sobre lo que estaba bien y lo que estaba mal, sobre lo que era bueno y era lo malo, lo que era normal y anormal, apropiado e inapropiado.

Y tenía muchas imágenes de mí mismo que había intentado sostener en pie, muchas exigencias sobre cómo quería que los demás me vieran y cómo quería verme a mí mismo. Deseaba ver y que los demás vieran en mí a un triunfador, a un hombre atractivo, inteligente, generoso, bueno, compasivo y virtuoso. Pero la vida se interponía continuamente en mi camino impidiendo que se cumplieran mis deseos; la vida, sencillamente, no me dejaba ser quien yo quería ser. La vida no me entendía.

Nadie captaba quién era yo. ¡Nadie me entendería jamás! El hecho de ver frustradas mis expectativas de la vida y de juzgarme, además, a mí mismo continuamente me acarreaba dolor, y yo detestaba el dolor y no quería tener que soportarlo ni un minuto más.

A pesar de todo, alrededor de los veinticinco años, tras una serie de percepciones muy lúcidas, empecé a entender con claridad que, en el nivel más básico, la depresión que sufría era en realidad la experiencia de mi profunda resistencia a la vida. No es que experimentara algo ajeno a mí llamado depresión. No es que algo llamado depresión me estuviera sucediendo. Lo que experimentaba era mi propia guerra interior con la manera de ser de las cosas, y, en la raíz de esa guerra, estaba mi propia ignorancia de quién era realmente.

Había dejado de ver la completud de la vida; había olvidado cuál era mi verdadera naturaleza, e, indignado, me había lanzado a combatir la experiencia presente. Incapaz de darme cuenta de quién era en realidad, e identificándome por tanto como un «yo» separado, había entrado en guerra con el momento presente.

La depresión estaba enteramente relacionada con mi forma de ver el mundo: con los juicios que hacía de él, las creencias que tenía de él, las exigencias que albergaba sobre cómo debería ser este momento. Por debajo de aquella tentativa de controlar la vida con el pensamiento, estaba el miedo a los desafíos, a las pérdidas y, en última instancia, a la muerte.

La resistencia que le oponía a la vida me llevó a una depresión extrema, suicida..., pero todos estamos desconectados de la integridad en mayor o menor medida, y el grado en que nos desconectamos de la integridad es el grado en que sufrimos.

Yo me había desconectado de la vida totalmente, y el sufrimiento se hizo insoportable. Me había convertido en un cadáver andante, pero no era la vida la culpable de ello; inocentemente, lo había hecho yo, en mi porfiada búsqueda de una integridad futura que nunca iba a llegar.

En la raíz de la depresión estaba el sentimiento de que yo era una persona separada..., un yo individual, una entidad desvinculada de la vida en sí y apartada de este momento. Y aquel yo individual tenía que encontrar la manera de mantener, sostener y sustentar algo llamado «mi vida»..., de orquestarlo, de hacer que tomara la dirección en la que yo quería que fuera, de tener control sobre ello.

Eso es lo que me habían enseñado desde muy niño, y eso es lo que el mundo me había estado gritando: se esperaba de mí que tomara las riendas de mi vida, que supiera lo que quería y fuera capaz de lanzarme a conseguirlo. Los demás parecían saber todos dónde estaban, qué hacían, adónde iban, y yo, en cambio, era incapaz de sostener en pie el relato de mi vida sin que me cayera encima y me aplastara.

La depresión fue la experiencia de no ser capaz de mantener mi vida en pie y de sentir, como consecuencia, que mi vida, literalmente, me deprimía.

En la actualidad, veo que a todos nos «deprime» (del latín premere, «presionar», y de, «hacia abajo») el peso de nuestras vidas, el peso de nuestra historia y de nuestros futuros imaginados. En este sentido, puede decirse que ¡todos estamos deprimidos en mayor o menor medida!, pese a que solo cuando el peso se vuelve prácticamente imposible de acarrear nos atribuyamos el calificativo de «deprimidos» y nos separemos de nosotros mismos y de los demás. Aunque no todos suframos de depresión clínica, todos vamos por ahí cargados con un relato de nosotros mismos que hemos ido elaborando, intentando hacer que nuestra vida vaya por donde queremos que vaya. Y, en uno u otro nivel, todos fracasamos en esa tentativa de ser quienes no somos.

Mi sufrimiento tomó forma de depresión, angustia existencial, timidez enfermiza y total falta de intimidad en mis relaciones. Pero todos sufrimos a nuestra manera; ahora bien, o vemos en el sufrimiento un estado terrible que se ha de evitar a toda costa o lo vemos por lo que realmente es: una señal muy clara que nos indica el camino de vuelta a casa.

En medio de la depresión extrema, brilló de pronto otra posibilidad: quizá mi fracaso al intentar sostener mi vida no fuera en realidad una enfermedad, una perturbación mental ni una señal de debilidad o de disfunción. Quizá, de entrada, aquella no fuera mi vida, la vida que debía sostener en pie, y yo no fuera quien pensaba que era. Quizá la verdadera libertad no tuviera nada que ver con ser una ola mejor dentro del océano, con perfeccionar el relato de mí mismo que me contaba.

Quizá la libertad tenía que ver sola y exclusivamente con despertar del sueño en el que somos olas separadas, y con abrazar todo lo que aparece en el océano de la experiencia presente. Quizá ese fuera mi trabajo, mi verdadera vocación en la vida: aceptar profundamente la experiencia presente, desprenderme de todas las ideas sobre cómo debería ser este momento, en vez de empeñarme en sostener una falsa imagen de mí mismo.

Empecé a perder interés en fingir que era lo que no era. Empecé a perder interés en oponer resistencia al momento presente. Empecé a enamorarme de la experiencia presente. Descubrí la profunda aceptación inherente a cada pensamiento, a cada sensación, a cada sentimiento, y el sufrimiento comenzó a caer en picado. Me di cuenta de que no era un ser defectuoso ni nunca lo había sido, y de que esto era igualmente aplicable a todos los demás seres humanos del planeta.

El sufrimiento humano puede parecer tan insondable, incontrolable, impenetrable..., un problema demasiado descomunal para poder remediarlo. A veces parece tan sin sentido, tan inexplicable o tan fortuito y repentino que lo único que uno puede decir es: «¿Qué me pasa? ¿Qué es lo que estoy haciendo mal?», «¡Debe de ser por mí, por mi forma de ser!», «Será que es mi sino sufrir así», «Seguro que es la genética, o algún desequilibrio químico del cerebro».

Yo no creo que haya nadie fundamentalmente incapacitado para la vida, que nadie tenga que sufrir, que haya ninguna desdicha predestinada o inherente a nosotros en modo alguno.

Lo que sí veo es que mucha gente busca, intentando escapar de lo que piensan y sienten en el momento. Oponen una resistencia férrea a la experiencia presente, pero no se dan cuenta de que es eso lo que hacen, y tienen así la sensación de que el sufrimiento les invade, casi como si les llegara del exterior y fueran víctimas de él. Si se dieran cuenta de la magnitud de su resistencia al momento, no tendrían que seguir recurriendo a todo tipo de extrañas teorías para explicar o justificar su sufrimiento. Dejarían de culpar de su sufrimiento a la vida, dejarían de culparse a sí mismos, a los demás o a las circunstancias; dejarían de culpar a la alineación de los planetas o de las estrellas, a las fuerzas electromagnéticas o las energías cósmicas, a su karma, a su gurú, a Dios o al diablo, y serían responsables en el auténtico sentido de la palabra: capaces de responder a la vida tal como es en este mismo instante, y no a la vida como imaginan que es o que debería ser.

Todo mi sufrimiento resultó ser un regalo, no una maldición. La depresión apareció para hacerme ver –de la manera más dramática que cabe– hasta qué punto me había desconectado de la vida. Visto así, el sufrimiento siempre es una señal que nos indica el camino de vuelta a la integridad.

Con frecuencia, solo cuando empezamos a sufrir comenzamos a escuchar a la vida. Así que, de algún modo, a todos se nos provee de la cantidad de sufrimiento exacta que necesitamos para reconocer quiénes somos realmente.

Cada ola es una expresión única del océano, y cada ola sufrirá de una manera distinta. Tu sufrimiento es tu invitación sin par a que retornes al océano.

Mi depresión apuntaba directamente al despertar espiritual. Mi depresión indicaba el camino de vuelta a quien soy realmente, que está siempre en profundo reposo; era una invitación a soltar la carga de mi pesado relato sobre el pasado y el futuro, y a descansar profundamente en la experiencia presente; era una invitación a despertar del sueño de la separación. Solo que tardé cierto tiempo en aceptarla.

Comprender que nada exterior a nosotros provoca en realidad nuestro sufrimiento es la clave de una increíble libertad. Las circunstancias nunca pueden ser realmente la causa de nuestro sufrimiento; es siempre la respuesta que damos a las circunstancias la que nos hace sufrir. Sufrimos solo cuando buscamos la forma de escapar de ciertos aspectos de nuestra experiencia presente y, al hacerlo, nos separamos de la vida y entramos en guerra con nosotros mismos y con los demás –a veces de manera obvia y a veces de manera muy sutil–. Nuestro sufrimiento tiene sus raíces en la negativa a sentir lo que sentimos, a experimentar lo que experimentamos ahora mismo. El sufrimiento es inherente a nuestra guerra con la vida tal como es, inherente a la ceguera que nos impide ver que todo lo que sucede en el momento está siempre aceptado, en el sentido más profundo.

Saludos

Patricio Varsariah
 

Es la eterna crucifixión de Eso que no puede ser crucificado.

diciembre 6, 2018



Todo aquello que alguna vez has anhelado ya está presente, aquí y ahora –que es, por supuesto, el último lugar donde has buscado–. ¡Qué ingenioso es esto! Cada respiración. Cada sonido. Cada sensación que surge. Aquello que ya ha sido permitido. Aquello que nunca puede ser bloqueado. Incluso el dolor, el aburrimiento, la desesperación, incluso esas olas aparentemente no queridas y no deseadas de experiencia oceánica pueden por fin anegar el espacio donde «tú» no estás, y donde nunca has estado. El vacío está rebosante de vida.

La paradoja es la siguiente: ninguna de estas sensaciones puede volverte a tocar; ni tan siquiera la tristeza más grande. Eres teflón cósmico, y todo se desliza fuera. E incluso esto no es verdad, puesto que lo sientes todo con más intensidad que nunca antes, incapaz de bloquear nada de ello, incapaz de alejarte de tus propios hijos, de tu propia carne y de tu propia sangre, de estas olas de ti mismo. ¿Quién huiría, cómo y de qué? 

Esto es vida en su plenitud íntima,sin tabúes. Es la eterna crucifixión de Eso que no puede ser crucificado.

¿Qué queda sino la gratitud? Gratitud por el hecho de que lo que ha ocurrido ha tenido lugar. Gratitud por el misterio de ello. Por la aventura de ello. Y si nunca ocurre nada más, sé consciente de esto, querido lector: has estado aquí para ser testigo de todo. Lo has conocido. Lo has saboreado. Lo has sentido. Lo has olido. Lo has visto: el reflejo de una luna menguante en la ventanilla de un coche. La textura del agua calmada. La fragancia del algodón. Las profundidades silenciosas de la meditación. La rabiosa intensidad del miedo. La conmoción del dolor. El drama del romance. La dicha de la soledad. 

¡Oh, ha sido más que suficiente! Ha sido demasiado, de hecho. Demasiada gracia. Un exceso de gracia. Inmerecidas cantidades de gracia. El yo separado huyó despavorido de la inmensidad que no pudo comprender en un millón de años, de manera que buscó más, y se agarró a lo que pensó que tenía, buscando una salvación futura o una iluminación que nunca vino, y que no puede venir con el tiempo.

Pero la vida nunca dejó de cantar su canción de amor, escrita justamente para «ti». Asómbrate y maravíllate, amigo mío. Asómbrate y maravíllate.
Tan solo vivirás un día. Solamente tendrás que afrontar un día. Y este día es hoy, este día vivo, este día Único, este día eterno, el único día que de verdad importa. Nunca antes ha sido vivido y nunca volverá a serlo. No hay otro como él.

Podemos confiar todos nuestros sueños y esperanzas al mañana, podemos esperar una salvación o un salvador futuros y languidecer por una iluminación final u otra vida que puede o no venir... pero no nos olvidemos nunca de hoy, de este día que rebosa de vida.

No olvidemos este momento, esta respiración, este latir del corazón, esta vitalidad vibrante que llamamos cuerpo, la cercanía, intimidad y presencia de las cosas como son, esta gracia-misterio que se mueve en nosotros, a través de nosotros y como nosotros.

Puesto que en realidad el aquí y ahora puede ser todo lo que tenemos, y todo lo que hay de veras. Podemos estar muertos mañana sin ninguna esperanza de continuidad, y esto es lo que hace al aquí y ahora tan infinitamente valioso, gozoso y frágil en su belleza, y merecedor de nuestra más gentil atención, así como de nuestro más profundo respeto y gratitud.

Es tan solo a través de la contemplación de la posibilidad de la muerte como la vida se ve afirmada y dotada de perspectiva y significado. Es esto lo que hace que valga la pena vivir, e incluso celebrar, en este día todos los días. 
Verás, la aseveración de que «tan solo existe el Ahora» no es algún tipo de filosofía inteligente, o un juego de palabras, o una creencia que tenga que ser probada o desmentida o sobre la que se pueda discutir, sino una invitación profunda y abierta a todos los seres humanos a que degusten profundamente el sabor y la fragancia de esta preciosa vida, no «como debería ser» sino «como es», quizá por última vez, y acaso por vez primera.

Este día aún tiene que ser vivido. Está repleto de potencial.

Eres una enorme sala. Tus contenidos son los pensamientos, las imágenes, las sensaciones, los sonidos y los sentimientos. Tus contenidos están constantemente moviéndose, cambiando, reajustándose a sí mismos, pero la sala que eres permanece siempre en perfecta quietud.

Nunca estás limitado, atrapado, definido o comprendido, completado o amenazado por tus contenidos. Contienes y abrazas sin esfuerzo pensamientos, sensaciones y sentimientos, así como una madre abraza a su recién nacido, y de la misma manera que el universo abraza el nacimiento de las estrellas.

Saber quién eres –el abrazo incondicional del contenido de este momento– es auténtico contentamiento.

¿Quién eres? ¿Quién ve con tus ojos? ¿Quién oye con tus orejas? ¿Quién respira?

Debes ser tú quien está leyendo estas palabras en este momento. Debes ser tú quien es consciente de los sonidos y sensaciones presentes. Debes ser tú quien está presente en medio de cada respiración; presente, siempre, aquí y ahora, no en ningún otro lugar, ni en ningún otro tiempo. La historia de «una persona con un pasado y un futuro» no es, ni ha sido nunca, quien realmente eres. Tu verdadera identidad reside en este mismísimo momento; no en tu historia o en tus sueños.

¿Quién es consciente de los pensamientos a medida que van y vienen? ¿Quién conoce el surgimiento de los sentimientos y su paso? ¿Quién entiende el paso del tiempo? ¿Quién observa cómo envejece el cuerpo?

Tú. Tú eres quien siempre ha estado aquí. Tú eres quien ve la creación y el juego del «yo».

Tú eres aquel por quien baila el universo. Tú eres la presencia en la que los pensamientos, sentimientos e imágenes, e incluso estas palabras, surgen y se disuelven como olas en el océano. Tú no estás en el mundo; un mundo aparece para ti, en tu presencia.

Tu propia presencia es lo más íntimo, simple y obvio, lo menos cambiante y dramático, el escenario silencioso donde baila la vida. Todas las preguntas y respuestas se sumergen en ti. Todos los sueños caen en tu abrazo. Todo se origina en ti y vuelve a ti. Y aquello a lo que llamamos muerte no es más que una relajación total dentro de tu propia presencia.

Para encontrarte a ti mismo, toma cualquier respiración y pregunta: «¿Quién está respirando?». ¿Está respirando alguien del pasado? ¿Está respirando la imagen que tienes de ti mismo? ¿Está respirando tu nombre? ¿Tal vez una historia? ¿O un pensamiento? ¿Está respirando la frase «estoy respirando»? ¿Acaso lo está haciendo tu sueño de ti mismo? ¿O no hay otra cosa que respiración, teniendo lugar en Ti?

Tendemos a ver nuestra experiencia presente como una especie de barómetro cósmico para medir lo lejos que hemos llegado en el camino, lo lejos que estamos de nuestras metas. Si en nuestra experiencia presente se mueve el dolor, o el miedo, o la duda, o la tristeza, lo cual concebimos como experiencias equivocadas, concluimos que debemos de estar haciéndolo mal.

En cambio, si sentimos dicha y gozo justo ahora, juzgamos que debemos de estar haciéndolo realmente bien, que nos estamos acercando al momento perfecto que nos aguarda en el futuro.

Pero este barómetro es falso. En realidad no hay ningún indicador, puesto que no existe ninguna autoridad en experiencias correctas. No hay un destino fijo hacia el que nos estemos moviendo, ningún lugar final de descanso. La experiencia actual nunca es un signo de otra cosa, ni un escalón hacia ella. Nunca es un barómetro de nuestro éxito o fracaso, ni una advertencia sobre lo cerca o lejos que estamos del Hogar. Es el propio Hogar, no importa lo que esté sucediendo.

El amor mordisqueará y roerá tus huesos hasta que tus rodillas se doblen y te caigas al suelo, donde el amor te susurrará al oído:—Mira, no puedes sostenerte a ti mismo.—Entonces ¿qué me sostiene? –preguntarás.Tus ojos se encontrarán con los suyos y lo sabrás.

*Pasaje de mi libro "Extasis de la vida"

Patricio Varsariah.
 

En la película de nuestra vida.

diciembre 3, 2018


Si el camino que tienes ante ti aparece despejado, estás probablemente en el camino de otro.
Afrontemos: nuestra vida nunca va a arreglarse. ¡Aleluya! Es decir, la historia de nuestra vida será siempre imperfecta. Esta es la naturaleza de esta historia: siempre está incompleta, siempre está buscando una conclusión, siempre está sujeta al tiempo y al cambio.

En la película de la vida, las cosas no van siempre según el plan. Las personas no siempre te comprenden. Te escuchan mal, citan erróneamente tus palabras y se hacen una idea equivocada de ti. Se forjan sus propias opiniones sobre ti, por más diáfano que pretendas mostrarte. Tu éxito puede convertirse en fracaso. Tu riqueza puede desembocar en pobreza. Las personas a quienes amas pueden dejarte. Los problemas que llegan a solucionarse pueden llevar a nuevos problemas. 

No importa cuánto tengas, puedes tener más o perder más. La historia de «mi vida o de Tu vida» nunca va a ir bien. E incluso si va bien, sea lo que sea lo que esto signifique para ti, tú aún estarás aquí, en este momento, ahora. Este es el único lugar donde las cosas pueden «ir bien», si alguna vez lo hacen.

En realidad, las cosas ya han «ido bien», si nos situamos más allá de la historia. Puesto que en este momento, en realidad, ya no hay ningún objetivo, ninguna imagen de perfección, ninguna comparación, ningún «debería» o «no debería», y los pensamientos, sensaciones, sentimientos, sonidos y olores que aparecen en este momento son totalmente apropiados; encajan maravillosamente y perfectamente a tiempo en este momento en la película de tu vida de mi vida.

Si no hay un guion, ¿cómo podría este momento salirse del guion? Si no hay un plan, ¿cómo podría la vida no ir de acuerdo con un plan? Si no hay un camino, ¿cómo podrías salirte del camino?

Darte cuenta de que el hecho de que tu vida nunca va a arreglarse, de que incluso no puede arreglarse y de que ni tan siquiera se supone que tenga que arreglarse constituye el mayor alivio y aporta la mayor tranquilidad; te conduce profundamente dentro de la sacralidad de las cosas tal como son. La vida puede ser imperfecta, un desastre, pero es un desastre imperfecto perfectamente divino; es una obra de arte sagrada, incluso si a veces lo olvidas.

La humillación se convierte en humildad en el plazo de un latido. Todo lo que queda es caer de rodillas con gratitud por lo que nos ha sido dado y por lo que aún no nos ha sido arrebatado.

No tengo ninguna religión. No tengo ningún dios, incluidos los dioses del dinero, la ciencia y el ateísmo. No sostengo teorías fijas sobre la realidad, incluida esta. Veo el cielo y el infierno, el karma, la reencarnación y la búsqueda de la iluminación como hermosos cuentos de hadas. No tengo gurú, linaje ni maestro, y, de este modo, todo me enseña. Veo la duda y el misterio profundo como mis compañeros más confiables. No recorro ningún camino aparte del que está apareciendo directamente frente a mí. No tengo ningún otro hogar además de mi propia presencia. No creo en nada más que en lo que realmente sucede. No le encuentro sentido a la vida más allá del de vivirla sin miedo. Sé que hoy podría ser mi último día. Me siento agradecido por todo lo que se dio y por todo lo que se perdió con el tiempo.

Veo la limitación inherente del lenguaje y aun así amo jugar con él. Veo la broma implícita en el uso de las palabras yo, mí, me y mío, y aun así me deleito usándolas. Me doy cuenta de que no soy mi historia, e incluso me doy cuenta de que no es más que una historia.

Encuentro imposible decir algo sobre mí mismo, porque la experiencia está constantemente cambiando. Por el contrario, encuentro fácil hablar del yo que soy que nunca cambia. Sé que, en el nivel más profundo, soy inmensamente igual a ti. Sé que todas estas frases son pálidas imitaciones de la verdad.

No creo en nada. No tengo ninguna religión.Tan solo creo en cada respiración. Y en un asombro cada vez y por siempre más profundo.

Amor sin necesidad. este es el sentimiento más brutalmente honesto, liberador y amoroso: «Te amo. Te respeto. Adoro estar contigo y pasar tiempo contigo. Pero no te necesito para estar contento. No eres responsable de mi felicidad. Nunca te he culpado, ni te culparé, de mi desdicha. Estás libre del peso intolerable de tener que elevarte hasta mis expectativas, de tener que cambiar para satisfacer mis necesidades interminables, de tener que ser quien me completas, puesto que ya soy completo tal como soy. Te amo. Te respeto. Tal como eres».

Cuando un ser querido abandona su forma física, o aparece un diagnóstico inesperado, o una relación finaliza, o experimentamos algún tipo de pérdida o conmoción profunda, podemos vernos «bruscamente despertados» de nuestro sueño, sacudidos por esa vieja y querida amiga que es la aflicción. «Esto no estaba en el plan», nos decimos. Parece como si la vida de alguna manera se hubiese equivocado, como si el universo hubiese recibido un golpe que ha alterado su curso. Sentimos que «nuestra» vida tal vez se ha acabado y que recuperarse es imposible.

Pero ¿qué ha ocurrido en realidad, aparte de que un sueño se ha acabado? ¿Qué ha muerto en realidad, aparte de nuestros planes aparentemente sólidos para el futuro? 

Soñamos con caminar juntos hacia el ocaso, soñamos con todas las cosas que íbamos a hacer juntos, con todo lo que nos íbamos a divertir, con todo lo que íbamos a lograr. Vivimos durante tanto tiempo con esos sueños, esos planes, esas expectativas que nos olvidamos de que tan solo estábamos soñando, y tomamos los sueños por la realidad de «nuestra vida». Ahora que los sueños se han desmoronado, ¿qué queda?

Pero esas películas futuristas nunca iban a tener lugar de cualquier modo. No es que nuestros planes y sueños, que estaban a punto de hacerse realidad, resultasen frustrados por nuestra incompetencia o mala suerte, sino que nunca iban a tener lugar. ¿Por qué? Porque no tuvieron lugar. Esta es la realidad, por más ganas que tengamos de discutir con ella.

Hay una enorme diferencia entre la pérdida irreversible de algo que era «mío» y la comprensión de que lo que era «mío» nunca fue mío en absoluto. Estamos literalmente llorando sobre nuestras propias identidades, imágenes y yoes perdidos. Parece que estamos llorando por algo o alguien que está «ahí fuera», pero en realidad la muerte se encuentra mucho más cerca y es más íntima que esto.

Y la invitación de la vida es esta: permanece con esta muerte interior. Permanece en ese caos. No hagas ni un solo movimiento que te saque de la experiencia presente. Ahí puede haber oro oculto, pero nunca lo sabrás si intentas alejarte. Permanece cerca de la aflicción, del dolor universal de la pérdida, para que no se solidifique como amargura y depresión, como una creencia sobre lo terrible que es el mundo y lo cruel que es la vida, como una historia pesada sobre tu «terrible mala suerte», una historia que puedes llevar contigo durante el resto de tus días. Esto no tiene por qué ser así.

La vida no es cruel, porque la vida lo es todo. Es la pérdida de nuestros sueños la que se siente «cruel» al principio. Pero dentro de esta pérdida hay una invitación secreta: la de despertar de todos los sueños. La de ver la perfección inherente en todas las cosas, en todos los movimientos de la vida, no como una idea o creencia flácida, sino como una realidad viva. La invitación a ver que la vida nunca se equivoca, porque no hay ningún objetivo que perder, y que incluso la intensa aflicción que sentimos es un movimiento de amor, incluso si esto no parece ser así en este preciso momento.

Es porque amamos tanto la vida y nos amamos tanto entre nosotros por lo que lo sentimos todo con tanta intensidad. Y somos lo suficientemente inmensos como para contenerlo todo –la dicha y el dolor, la alegría y la aflicción, los planes y la destrucción de estos planes–. Lo que somos no se ha deshecho, y nunca se ha perdido. Tan solo nuestros sueños y esperanzas inocentes se ven aplastados.

Así pues, cada pérdida es una pequeña invitación a soltar esos sueños que no iban a realizarse de cualquier modo y a ver la vida tal como realmente es. Primero se siente como sufrimiento y depresión, pero en realidad es una especie de compasión cósmica cuyas peculiaridades la mente no tiene esperanzas de comprender.

Justo en el centro de cada experiencia de pérdida está la posibilidad de descubrir la alegría de soltar y el alivio de no tener que seguir agarrándose bien.

*Pasaje de mi libro "Extasis de la vida"

                  Patricio Varsariah.
 

No hay ascensor hacia la felicidad.

noviembre 27, 2018



Cuando escasean las grandes razones para sentirse feliz y confiado, conviene redescubrir los sencillos goces cotidianos que nos regala la vida. No se trata de escapar de la dura realidad sino de ampliar nuestra visión y valorar los detalles, para levantar el ánimo y hacer acopio de fuerzas para afrontar nuevos retos. «Las prisas, las obligaciones y responsabilidades hacen que nos metamos en una vorágine sin dejar apenas tiempo para disfrutar y apreciar los detalles y las pequeñas cosas que nos pasan», 

Pasamos por la vida normalmente sin darnos cuenta de todos estos pequeños placeres que contribuyen a nuestro bienestar y a nuestra felicidad, como pasar una tarde con una lectura de un buen libro, pasear por el parque o ver una buena película. 

Siempre me he preguntado sobre esas personas que sobrepasaban los 100 años qué cosas eran más importantes en la vida, yo creo que me contestarían,  las relaciones familiares, los amigos y tener un objetivo en la vida, tener un plan de vida, comer y moverse sin excederse». Para «disfrutar de las pequeñas cosas de la vida» ha que «vivir el momento», lo cual «no significa no pensar en el futuro o no preocuparse de las consecuencias que nuestros actos puedan tener, sino tomar la actitud de un niño, para quien el momento presente es toda su realidad. 

Si observamos el mundo de los niños, las cosas son más sencillas y las cosas pequeñas tienen un gran valor. Se trata de intentar ver el mundo con esos ojos y practicar la conciencia plena en cada cosa que hacemos, centrándonos en el momento presente y disfrutándolo haciendo práctica de la sencillez que no implica la simpleza. El ejercicio de apreciar y gozar de las pequeñas vivencias en las que habitualmente no reparamos, cegados por la preocupaciones, las prisas y el estrés, alimenta nuestra perseverancia para seguir adelante, no renunciar a nuestros sueños y convertirlos en realidad. 

Al hacernos más conscientes de las alegrías de la existencia, en vez de vivirlo de manera automática, las disfrutamos mucho más, durante el día vivimos momentos cargados de bienestar y sosiego, que consisten en algo tan sencillo como calmar la sed, irse a la cama cansado, recibir una caricia física o charlar con los amigos, aunque para gozarlos plenamente hemos de ser conscientes de ellos, diciéndonos en ese instante «estoy muy a gusto, que bien me siento. Una de las mayores fuentes de deleites nos la ofrece la naturaleza: Podemos caminar al aire libre, visitar el bosque, la playa, la montaña o el campo, o estimular nuestros sentidos con el verde de las plantas, el canto de las aves, el contacto con la brisa y el agua pura, o bien con el aroma de las flores o el frescor de un parque. 

Sinceramente los pequeños mimos, que nos regala la gente cuando reconoce nuestra valía, capacidades o belleza personal, también son una fuente de goce, que hay que tener en cuenta. Debemos preguntarnos al final de cada jornada, ¿de qué he gozado hoy?, porque «al atestiguar los pequeños placeres que hemos vivido, descubrimos que son muchos más de los que pensamos, desde ayudar a alguien o tomar una buena comida hasta mantener una buena comunicación con los demás. Este sencillo ejercicio desarrolla en nosotros la idea de que el mundo es un lugar hermoso, donde vale la pena vivir, nos produce sentimientos de abundancia, de gratitud y de ser merecedores de lo que nos da la vida, y disuelve las creencias negativas como que el mundo es un valle de lágrimas. 

El disfrutar la cálida caricia del sol, respirar el aire puro, observar y sentir lo que nos rodea, mirar a nuestra pareja a los ojos, abrazar a un amigo son pequeños gestos que nos reconectan con nuestro ser interior y nos ayudan a sentirnos bien. Se nos olvidan, porque vivimos a toda prisa intentando cumplir una infinita lista de actividades.

No hay ascensor hacia la felicidad. Hay que tomar la escalera. Del mismo modo que no tenemos derecho a consumir riqueza sin producirla, tampoco lo tenemos a consumir felicidad sin producirla.

He dicho...
                   Patricio Varsariah.
 

Entender sin soñar demasiado, sin esperar demasiado

noviembre 21, 2018


El día de ayer, descubrí algo sorprendente, que es una mezcla de todo aquello que no se puede mezclar, la experiencia fue muy intensa fue como alegría y dolor. Finalmente comprendí algo que voy a compartir:

Me pareció encontrar un gran sentimiento, yo me dije: “esto es lo máximo “pero pasó que fui rechazado. Entonces, lo intenté otra vez y volví a ser rechazado. Pero me llené de valor y busque convencerme y allí fui otra vez. Y fue pues la tercera vez que fui rechazado. 

Entonces, miré con mis ojos del entendimiento ¿Qué es lo que estaba pasando? 

Que yo me había ilusionado por un corazón de piedra, y después ya logré entender que la piedra es solo una piedra, no me puede dar nada más, ni nada menos que una piedra.

Y mi conclusión:

Es que a veces nos aferramos a una idea y queremos que esta idea sea como nosotros lo deseamos, lo planeamos, pero no es así. El sol no va a salir de noche. Una flor seca no va a volver a ser fresca como antes. Entonces, mejor será sembrar y cosechar el fruto de la semilla y no vivir de una fantasía. 

Las cosas son como son y tenemos que aceptarla así podremos tener más seguridad de lo contrario, nos pondremos alas subiendo a lo alto de la montaña y nos caeremos por que no nacimos para volar. 

Y fue alegre y doloroso pero comprendí que hay límites pero que estos límites en verdad no me limitan, mejor me conducen por un camino seguro. 

Sí yo trato de cambiar las cosas, si trato de cambiar a las personas no serán ellas mismas, es mejor entender sin soñar demasiado, sin esperar demasiado pero no por eso dejare de vivir, sino más bien, valorare más lo que tengo y lo que no tengo, pero no para forzar las cosas sino para fluir entre ellas.

Sí las flores se marchitan, Sí la mar de la orilla se retira, Sí en las noches no se ven estrellas, no será porque se ha perdido todo.Será porque mañana es otro día y una flor su capullo abrirá y sonreirá a la luz del día.Y la mar que se alejó volverá a besar la playa y traerá la brisa y el cantar de las gaviotas.

Y cuando la noche se haga oscura, tanto, tanto que ni mis manos pueda ver, allá mirando a lo alto donde la visión de mis ojos se diluyen en el horizonte del misterio, una pequeña estrella volverá a brillar. Y aunque este dé una luz muy tenue yo en su parpadeo volveré a creer que todo pasa, que la tristeza no perdura y que la alegría nos está esperando cuando llegue la luz temprano, cuando muere la noche y el día vuelva a sonreír.

Eso comprendí.

Patricio Varsariah.
 

¿ Dónde recobro la esperanza ?

noviembre 21, 2018


El invierno ha llegado y en esta época un día maravilloso puede súbitamente convertirse en una noche sin estrellas así como el Amor infinito puede sin querer convertirse en un dolor infinito.

Puede la vida parecer cruel e indiferente. Puede el hombre en un instante perder algo más que todo, y esto será perder al Ser Amado.

Hay en la vida decepciones, desilusiones, dudas y parece que hubiéramos caído en una trampa, Es que la vida se vuelve una muerte lenta y dolorosa, tanto así que hasta las aguas se secan y ya no hay voz ni palabra, tanto así que al mirar un jardín lleno de flores, ya no vemos los colores sino más bien un desierto gris.

Me pregunto mil veces, ¿porqué el destino se ha confabulado con el camino de la vida ? 

Ahora la vida como un cristal se ha roto en mil pedazos. 

¿ Dónde recobro la esperanza ? ¿ Dónde encuentro la confianza? ¿ Dónde hallo el auxilio que ni siquiera pido para mi sino para aquel que partió antes que yo ? La muerte ha sido muy cruel porque no ha sido a mi a quien ha tocado sino a mi ser amado ?

Llevo entre mis manos una flor que sin tiempo para crecer, demasiado temprano, se ha secado y mis lágrimas se han hecho sangre.Y mi sangre ya no tiñe de rojo nada porque este sufrimiento parece no servir para nada.

¿ Qué hacer cuando la ausencia lo ha llenado todo, cuando la presencia del Amor no está ?

Mi respuesta :

No hablaré del triunfo tampoco de la conquista, ni del consuelo ni de la resignación. Hablaré más bien de la serenidad y al principio no será grande como el mar, ni siquiera como un lago pequeño, el más pequeño que se puede imaginar.

Pero sí debo decir que la respuesta al principio será como una gota de rocío y quizás más pequeña aún pero que tiene la fortaleza de Dios mismo pero a la vez también tiene la fragilidad de cada ser humano frente a la perdida del ser amado, por lo tanto no es un cielo azul porque no comienza con un amanecer brillante sino más bien con algo o con alguien que lleva el misterio redentor que es la respuesta frente al más grande dolor, porque descubrimos que pese a lo sucedido esto jamás nos abandonará y puede que no lo hallas notado, pero allí está en un pequeño rincón de nuestro corazón. Su nombre sobrepasa la esperanza. Su nombre es la Fe.

¿Pero la Fe es acaso solo una palabra o un sentimiento ? ¿ Qué es esta pequeña gota de rocío que lleva en su contenido el secreto del universo, el secreto de la vida misma ?

La Fe nos dice que la vida es un encanto pero que a veces se quiebra y solo queda el llanto pero la Fe también nos dice que la vida real es absolutamente inmortal, que los vientos vienen y van, y hasta lo más dulce se vuelve amargo y el día se vuelve noche y la noche es muy fría. 

Pero la Fe promete sobrepasar el dolor y así comienza el largo camino para serenar el corazón que con síntomas de una enfermedad espiritual, por que ha perdido la ilusión, por que no tiene capacidad de soñar, se encuentra amargo, desfallecido y desolado, que ha olvidado o no conoce la FE. 

Pero la medicina espiritual tiene la seguridad de que este corazón se va a curar, no será fácil pero habrá etapas y pasará de desconsuelos a un tranquilidad superior porque recuperará lo indispensable para latir :el entusiasmo de Ser y Vivir por y para el Amor, y el cuidado delicado de este, cariño, caricias, abrazos, ternura, besos, respeto, aprecio,
admiración, reconocimiento, amor filial, dedicación personal y, Dios en el centro mismo de la existencia.

Y este corazón moribundo y desfalleciendo volverá a palpitar como una campana que replica que para conocer el Amor tan solo basta Amar.

Patricio Varsariah.
 

Fui a Visitar al Amor.

noviembre 21, 2018



El Amor es una flor maravillosa, muchos colores, unos cálidos, otros vivos en intensidad, una maravilla para contemplar. Entonces me prometí regresar y volver a visitar al Amor.

Y un día llegue para mirar aquel amor, y lo que me encontré fue con el horror de una escena de un crimen, algo innombrable había golpeado de muerte al amor, le habían herido con inmensa crueldad, una y otra vez, a aquella flor maravillosa. 

El amor agonizaba frente a mí, entonces le pregunte:
- ¿Que ha sido? ¿Cómo fue lo sucedido? ¿Que podía hacer para ayudar?

Y el amor casi no respondió y muy levemente escuche:
- Me hirió la indiferencia. Me hirió la soberbia, la arrogancia, la soledad y el desprecio. Y me hirió la falta de ternura, de sensibilidad y compasión.Me hirieron con el odio, con el abandono, la calumnia y el rencor. Me hirieron con el engaño la mentira y el deshonor. No ha quedado nada en mí, más que un poco de aliento interior.

Entonces, le dije:
- ¿Que puedo hacer? ¿Como curar tus heridas?

Y el amor me dijo:
- Si crees en el amor, escucha con atención que es la esperanza y la entrega que curara mis heridas. Y el amor, ciertamente no ha de morir. Aunque las heridas sean grandes y el
sentimiento sea profundo, yo el amor desde siempre aprenderé que mil daños me podrán hacer, 
pero siempre podré perdonar.

Entonces delante de mí, el amor comenzó a fortalecerse, sentí que el universo vibraba. 
Y me pregunte:” ¿Que era todo esto?”?

Y veía delante de mí como el amor crecía con : humildad, entrega, dedicación, esfuerzo, sacrificio y pude entonces también comprender que el amor no era tan solo belleza, 
no era tan solo sentimiento, sino que es mucho más. Y el amor herido, herido aún de muerte, me revelaba el misterio de la vida.

Entonces, volví a ver otra vez al amor, lleno de esplendor, sus heridas se habían cerrado. 
Y entonces, le pregunte:
- ¿Como esto había pasado?
Y me contesto:

Tú me trajiste esperanza y se unió a mi propia esperanza y así comencé a fortalecerme. Y tú me trajiste compasión y se unió a mi compasión, y me trajiste tu ser y mi ser despertó también por ti. Y eso soy yo, si me hieres y me maltratas me llevaras casi a la muerte pero si eres capaz de cambiar, yo siempre seré capaz de perdonarte y volver a amarte.

Cuando entre tus manos tienes las huellas de la sangre aun fresca, y es tu corazón que está herido en ocasiones de muerte, pero para suerte existe algo más fuerte que aun tu propia fortaleza interior, es que hay un designio superior, por que Dios es amor y quiere para ti un corazón libre de rencor. Abandona la pesadilla, la batalla, el conflicto, el rencor y la amargura. 

Y vuelve a sembrar en el fondo de tu alma, siquiera la más pequeña de las flores, riégala cada día con un poco de alegría, una sonrisa, un poquito de ilusión, pero sobre todo unas gotitas de cariño y comprensión Deja que pasen los días y llegara el día menos pensado en que tú habrás encontrado más de una ilusión floreciendo para ti. Y cuando ese día ha llegado, es que el amor te ha brindado una nueva ilusión. Dejaras atrás el dolor, dejaras atrás la humillación, dejaras atrás las noches frías. Y es que el Amor habrá llegado a tu corazón. 

Patricio Varsariah.
 

Cómo estar tranquilo.

noviembre 21, 2018


Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento.


El amor, la paciencia y la calma son un super poder ... Esto marcará la diferencia en nuestra vida diaria.

La agresión más fundamental para nosotros mismos y para los demás, el daño más fundamental que podemos hacerle a la naturaleza humana en su totalidad a diario, es permanecer ignorantes al no tener la conciencia o el valor para mirarnos a nosotros mismos y a los demás con honestidad y amabilidad. 

Todo el día, todos los días, muchos de nosotros nos enojamos con las personas y sus situaciones cuando no cumplen con nuestras expectativas, como si su realidad no fuera suficiente para nosotros y nunca lo será. 

Rechazamos a estas personas y sus "problemas" porque de alguna manera parecen diferentes a los nuestros. Sentimos que necesitamos algo mejor, algo más de ellos, ¡y gritamos dentro! Dejamos que nuestras emociones y ansiedades obtengan lo mejor de nosotros. Y nos cegamos a la verdad ... La verdad es que, cuando alguien nos disgusta, a menudo es porque no se comportan de acuerdo con nuestra fantasía de cómo deben "comportarse". 

La frustración, entonces, no se deriva de su comportamiento sino de cómo su comportamiento difiere de nuestra fantasía.  ¡La calma es una super-potencia humana! Independientemente de la situación, la medida final de nuestra sabiduría y fortaleza es cuán tranquilos estamos al enfrentar la situación. 

La capacidad de no reaccionar de manera exagerada o de tomar las cosas personalmente mantiene nuestra mente clara y nuestro corazón en paz, lo que nos da la ventaja al instante. Estar calmado bajo presión 

Durante la última década, gradualmente he estado controlando mis tendencias para enojarme e irritarme con las personas cuando su comportamiento no coincide con mis expectativas. 

Como seres humanos, nuevamente, todos tenemos una idea en la cabeza acerca de cómo se supone que deben ser las cosas, y lamentablemente esto es lo que a menudo nos confunde más. Todos nos sentimos frustrados cuando las cosas no funcionan como esperamos, y las personas no se comportan como se supone que "deben". 

Esperamos que nuestros cónyuges e hijos actúen de cierta manera, que nuestros amigos sean amables y agradables, que los extraños sean menos difíciles, que la vida sea más fácil, y así sucesivamente. Y cuando la realidad nos golpea, y todos y todo parece estar haciendo lo contrario a lo que queremos, sentimos presión en el interior y luego reaccionamos de manera exagerada: enojo, frustración, estrés, lágrimas, etc. 

¿Qué podemos hacer al respecto? 

Respira ... Y piensa mejor. 

No puedes controlar cómo se comportan otras personas. No puedes controlar todo lo que te sucede. Lo que puedes controlar es cómo respondes a todo. En tu respuesta es tu mayor oportunidad. Cuando sientas que tu tapa está a punto de estallar, respira profundamente. La respiración profunda libera la tensión, calma nuestras reacciones de lucha o huida y nos permite calmar nuestros nervios ansiosos, por lo que elegimos respuestas más consideradas y constructivas, sin importar la situación. 

Así, por ejemplo, haz lo mejor que puedas para inhalar y exhalar la próxima vez que otro conductor te detenga en el tráfico. Imagínese si todos los conductores en el camino respiraran profundamente antes de hacer gestos con las manos o gritar obscenidades a los demás. 

No hay duda de que nos puede volver locos cuando no obtenemos lo que esperamos de las personas, especialmente cuando son groseros y difíciles. Pero tratar de cambiar lo inmutable, querer que los demás sean exactamente como queremos que sean, simplemente no funciona. Sin embargo, la alternativa es impensable para la mayoría de nosotros: respirar, dejar ir, liderar con el ejemplo y aceptar a las personas incluso cuando nos irritan. 

Esta es la manera de ser que  he estado cultivando y defendiendo: estar verdaderamente presente. Para respirar profundamente, y con frecuencia. Para recordar que no puedo controlar a otras personas. Para recordar que otras personas pueden manejar sus vidas como lo deseen. No tomar su comportamiento personalmente. Para ver lo bueno en ellos (incluso cuando es difícil). 

Dejar ir los ideales y expectativas que tenemos sobre los demás y la vida en general, que causan frustración innecesaria, drama y ataques de ira. 

Para recordar que cuando los demás son difíciles, a menudo pasan por un momento difícil del que no sabemos nada. Y darles empatía, amor y espacio. "Ser" de esta manera, PENSAR MEJOR, requiere práctica, pero vale la pena. 

Nos hace menos frustrados, nos ayuda a ser más conscientes, mejora nuestras relaciones, reduce nuestro estrés y nos permite hacer del mundo un lugar un poco más tranquilo para estar. 

Patricio Varsariah.
 

Cambie la percepción sobre la situación de tu vida.

noviembre 19, 2018

                                                                Una rosa de mi jardin


A veces, cambiar la situación de su vida no es posible, o simplemente no es posible con la suficiente antelación. No puedes reestructurar todo tu estilo de vida en un instante. No puedes hacer que otra persona cambie en contra de su voluntad. Y ciertamente no puedes borrar el pasado. Entonces, ¿qué opciones te quedan?

Cambie tu percepción, creencia u opinión sobre tu situación de vida. Hacerlo te ayudará a cambiar tu actitud y, en última instancia, te permitirá crecer más allá de los problemas y barreras que no puedes controlar de inmediato. Esto, por supuesto, requiere práctica, a través de ejercicios de entrenamiento de fuerza mental que hacen posible un progreso real, incluso frente a adversidad inmutable.

Seamos honestos, todos nos quedamos atrapados con algunos malos hábitos a los que emocionalmente nos decantamos cuando no estamos concentrados en las cosas correctas. Los malos hábitos como agradar a la gente, reaccionar con una mentalidad de víctima, sucumbir a la preocupación innecesaria, pasar tiempo con personas tóxicas o dejarse llevar por las conversaciones negativas son patrones que requieren una cuidadosa atención y renovación.

¡Es hora de romper con los patrones defectuosos de pensar, reaccionar y comportarse que te están frenando!

No hay nada de malo en ser abierto sobre luchar con sus fallas, desahogarse en ocasiones, y sí, incluso quejarse de vez en cuando. Pero debes recordar que tus palabras y pensamientos, especialmente los que repites diariamente, son la base sobre la que lanzas tu futuro.

Cuando piensas en algo repetidamente, comienzas a identificarte personalmente con él, y tu identidad interior gradualmente se convierte en tu realidad externa.

Tus pensamientos positivos y productivos pueden ayudar a crear una realidad brillante y vibrante, una en la que la oportunidad, la felicidad y la gratitud residen, mientras que tus miedos más preocupantes y las palabras y pensamientos más desagradables pueden fomentar una vida de oscuridad, odio y desesperanza.

La decisión es tuya. ¡Elegir sabiamente! Elije tus palabras y sus pensamientos cuidadosamente, con las mejores y más positivas intenciones. Se consciente de lo que estás diciéndote a ti mismo, de cómo interactúa con los demás y de lo que les estás pidiendo a la vida a diario.

Tu salud, tu felicidad, tu presente y tu futuro dependen de ello.

La conclusión es que no se puede controlar la realidad de ayer, o incluso la realidad de hoy hasta cierto punto, pero PUEDES controlar cómo piensas, reaccionas y respondes a todo, con la esperanza de elaborar un mejor plan para todos tus mañanas.

Quiero compartir contigo dos maneras increíblemente poderosas y comprobadas por experiencia propia para controlar cómo pensamos y elaborar un plan...

1. Entrega tus preocupaciones y acepta la aceptación.

Date cuenta de que, en algún lugar dentro de todos nosotros, existe un ser supremo que está eternamente en paz. Porque la paz interior no depende de las condiciones externas; es lo que queda cuando has entregado tu ego y tus preocupaciones.

La paz se puede encontrar dentro de ti en cualquier lugar y en cualquier momento. Siempre está ahí, esperando pacientemente que des tu atención hacia él. La tranquilidad viene en el momento en que llegas a la paz con lo que tienes en mente. Sucede cuando dejas ir la necesidad de estar en cualquier lugar, pero donde estás, física y emocionalmente.

Esta aceptación de la forma en que son las cosas crea la base para la armonía interna. La necesidad de que algo sea diferente en este momento no es más que una preocupación, y las preocupaciones simplemente te llevan en círculos. Recuerda, la misma parte de Ti que anhela la paz es la parte de Ti que experimenta la paz. No es complicado de lograr y está tan cerca como tu próximo pensamiento.

2. Practica la gratitud consciente.

De lo que debes darte cuenta es de que realmente no necesitas más; solo necesitas apreciar lo que tienes. Es una manera bella y agridulce de pensar, todo a la vez. Si no tienes lo que quieres ahora, no tienes lo que quieres, pero aún tienes suficiente.

Sé agradecido por lo que es, y también sé agradecido por lo que aún no te ha llegado. Para eso significa que todavía hay muchas posibilidades disponibles. Encuentra la paz en que nunca podrás tenerlo todo ni tampoco saberlo todo. Siempre eres solo una fracción del todo. Porque si no lo fueras, no habría nada más que experimentar. Valora lo que sabes y también valora las innumerables cosas que aún no entiendes. Porque en lo que no entiendes, existe la alegría del crecimiento.

La vida siempre será incompleta y un poco asimétrica. Darse cuenta de esto y abrazarlo. Sé feliz y triste al mismo tiempo, ten hambre y agradecimiento al mismo tiempo, ponte nervioso y emocionado al mismo tiempo, y estate bien con eso.

Y, por supuesto, si estás luchando con cualquiera de estos puntos, debes saber que no estás sola o solo. Muchos de nosotros estamos allí contigo, trabajando duro para sentirnos mejor, pensar con más claridad y vivir una vida libre de dolores de cabeza y dolores de corazón.

Y solo sigue viviendo y haciendo que tus padres se alegren de haber dado vida a alguien que ama y aprecia el regalo.

He dicho...
                     Patricio Varsariah.
 

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