Manifiesto literario de Patricio Varsariah

Escribo para detener el ruido. En un mundo que corre con prisa, mis palabras buscan abrir pequeños espacios de pausa donde el lector pueda respirar, pensar y recordar lo esencial.

No escribo para imponer verdades, sino para compartir preguntas.

Creo que muchas de las respuestas más valiosas nacen en el silencio interior de cada persona.

Mis textos nacen de la observación tranquila de la vida: del paso del tiempo, de la memoria, de las pérdidas, de la esperanza y de esos pequeños momentos que, aunque parezcan simples, contienen una profunda sabiduría.

Intento escribir con sencillez, porque las ideas verdaderamente profundas no necesitan ser complicadas para tocar el corazón.

Cada reflexión que comparto es una invitación a mirar la vida con un poco más de calma, con más comprensión y con una mayor ternura hacia nosotros mismos y hacia los demás.

Si alguna de mis palabras logra acompañar a alguien en un momento de silencio, si despierta una reflexión o si enciende una pequeña luz interior, entonces el propósito de escribir habrá valido la pena.

Porque al final, escribir también es una forma de recordar algo muy simple y muy humano: que todos estamos aprendiendo a vivir.

“Escribo para cuidar la luz de lo esencial.”

— Patricio Varsariah


El rumbo de la vocación humana, es el amor.

noviembre 11, 2023


Lo opuesto al amor no es el odio, es la indiferencia. Lo contrario del arte no es la fealdad, es la indiferencia. Lo opuesto a la fe no es la herejía, es la indiferencia. Y lo contrario de la vida no es la muerte, es la indiferencia.

El ser humano, en su búsqueda de realización personal, se topa con realidades difíciles de gestionar. Fracasos emocionales, convivencias tensas, incapacidad para adaptarse y falta de habilidades sociales. La necesidad de protegerse le lleva a reforzar su ego. Así, muchas personas desean ser el centro de todo, ejerciendo una manipulación emocional de los demás. Se muestran intransigentes y susceptibles, guardan memoria de todo lo negativo y utilizan un lenguaje ambiguo para justificarse.

El victimismo se apodera de estas personas. Creen tener derecho a todo, y lo reclaman todo. A veces, bajo una apariencia sumisa y servicial, esconden un terrible orgullo y ejercen una tiranía sobre quienes las rodean.

Con habilidad, emplean sutiles maniobras para crear situaciones conflictivas. Se valen de los rumores y de la murmuración para ir generando desconcierto y dudas. Así van levantando muros, sembrando la desconfianza y haciendo inviable una relación sana y una comunicación armónica con los demás. Pueden reventar iniciativas, proyectos y sueños de otros. Utilizan medias verdades para tejer la mentira de su construcción mental, que les sirve de autodefensa.

Pero, en realidad, quienes crean estos problemas de convivencia suelen ser personas con una autoestima muy baja y un enorme cúmulo de resentimiento. Como piensan que todo el mundo les debe algo, siempre piden más y más. Son incapaces de escuchar el punto de vista del otro, de olvidar y de perdonar. Al contrario, es a ellas o a ellos a quienes hay que pedir perdón, pues siempre se sienten ofendidos.

Cuánto dolor inútil y absurdo generan estas personas. Cuánto sufrimiento provoca los corazones amargados, separados de la alegría de los demás.  Están tan pendientes de todo cuanto les afecta que abortan toda posibilidad de convivencia armoniosa.

Cuando uno vive de cerca estas situaciones, se da cuenda de la complejidad del ser humano que vive centrado en sí mismo y no soporta los valores y capacidades de los demás, especialmente aquellos que los hacen brillar. Quienes viven así están tan ensimismados que no les queda otro remedio que someter, anular o esclavizar al otro. Cuando no lo consiguen, se desesperan y dan mordiscos a todos aquellos que se cruzan en su camino, especialmente a quienes pueden descubrir su verdadera identidad. 

¿Qué hacer? Intentaré aconsejar desde mi experiencia vital.

Primero hay que asumir, con realismo, que algunas personas son como ortigas y lo único que se puede hacer es vigilar, actuar con prudencia y tacto para evitar pincharse y no irritarlas, sin perder de vista que también son seres humanos merecedores de un profundo respeto. 

No somos nadie para juzgar su corazón, son dignísimas de ser amadas, aunque sea desde la discreción y la distancia. Su pasado y sus circunstancias vitales quizás son muy complejas y los han llevado a ser como son. Hay que aceptarlas tal cual: este es el mejor antídoto para evitar que se acentúen sus patrones de comportamiento.

Pero, sobre todo, lo importante es tener la capacidad de perdonar siempre. Aunque arañen tu sensibilidad, no podrán arañar tu alma si estás abierto a un reencuentro. Si tu alma está sosegada ya se está abriendo a una nueva oportunidad, que hay que desear con toda la fuerza. Mirar con dulzura a los ojos del otro, con el tiempo, puede producir un milagro. Mirar con amor paciente acabará surtiendo efecto porque la mirada que se dirige al corazón no pasa por la cabeza. El corazón no puede rechazar la autenticidad de una mirada sincera y regeneradora.

Toda persona tiene alma, un trozo de Dios en su vida que ha sido creada directamente por él y está llamada a una experiencia de amor que le haga trascender. Somos amables, es decir, tenemos el derecho de ser amados por encima de todo. Ver las cosas desde la perspectiva del amor requiere esfuerzo, pero permite ver los límites y a la vez saber que participamos del soplo divino. 

Nuestra existencia es un milagro y solo necesitamos descubrir la grandiosidad que tenemos dentro. Junto a la oscuridad habita una luz clarísima. El bien es más fuerte que el mal, ya que estamos concebidos para la felicidad y para cooperar en un proyecto común: humanizar el mundo y la vida de cada persona.

De un corazón avinagrado salen palabras hirientes, pero de un corazón lleno de gratitud sale poesía y dulzura. Solo entendiendo la vida desde la gratuidad, conscientes de que todo se nos ha dado, podremos trazar el rumbo de la vocación humana, que es el amor.

Nunca es demasiado tarde para ser lo que podrías haber sido.

Patricio Varsariah.
 

¿Dónde está su libertad?

noviembre 11, 2023



Una de las lecciones más tristes de la historia es ésta: si hemos sido engañados durante suficiente tiempo, tendemos a rechazar cualquier evidencia del engaño. Ya no estamos interesados en descubrir la verdad. El engaño nos ha capturado. Es simplemente demasiado doloroso reconocer, incluso ante nosotros mismos, que nos han secuestrado. Una vez que le das a un charlatán poder sobre ti, casi nunca lo recuperas.

Considerando que, aunque parece que ciertas formas de gobierno están mejor calculadas que otras para proteger a los individuos en el libre ejercicio de sus derechos naturales y, al mismo tiempo, están mejor protegidas contra la degeneración, la experiencia ha demostrado que incluso bajo las mejores formas, aquellos a quienes se les ha confiado el poder, con el tiempo y mediante lentas operaciones, lo han pervertido hasta convertirlo en tiranía.

Los políticos están ahí para darte la idea de que tienes libertad de elección. No lo haces. No tienes elección. Tienes dueños. Ellos te poseen. Son dueños de todo. Gastan miles de millones cada año presionando para conseguir lo que quieren. Bueno, sabemos lo que quieren. Quieren más para ellos y menos para los demás. Pero te diré lo que no quieren. No quieren una población de ciudadanos capaces de pensar críticamente. No quieren gente bien informada y educada, capaz de pensar críticamente. No les interesa eso. Eso no les ayuda

La crisis económica del país, no deja de flagelar a miles de personas que viven sometidas a una terrible presión, dejándolas sin esperanza y sin ganas de luchar. Ante la carencia, lejos de sacar fuerzas de donde no tienen, acaban rindiéndose.

Meditando, sentado en un banco del parque del pueblo, observaba a un señor que he visto más de una vez. De tez morena y pelo rizado, con el rostro un poco deformado y señales de vejez prematura, tenía la mirada fija en ninguna parte, los ojos apagados y tristes. Miraba sin mirar, como si el vacío lo hubiera invadido. Estaba allí, pero no estaba. Quizás esa desconexión sea un mecanismo sicológico para sobrevivir ante una realidad demasiado cruda.

Allí permanecía, inmóvil, como si durmiera con los ojos abiertos, escondiéndose de sí mismo en una madriguera invisible hecha de ausencia y olvido. Tan ensimismado en la cueva de su existencia que era incapaz de darse cuenta de que el sol acariciaba sus mejillas, el día era luminoso y las hojas de los árboles susurraban a su alrededor.

Y pensé que para muchos la vida se convierte en un latigazo, pero encerrarse en sí mismo tampoco es una salida. No ven, no huelen, no sienten. Su tiempo no es tiempo, su vida no es vida. No saludan cada día como una nueva oportunidad. No admiran la belleza de los colores que les rodean. No ven que cada mañana el ciclo de la vida se renueva con toda su fuerza. Inerte, sentado en el banco, aquel hombre era incapaz de respirar la belleza.

Se me encogió el corazón y tuve el impulso de dirigirme hacia él. Quizá había pasado la gélida noche lidiando con su soledad. ¿Dónde está su libertad? Perdida, como su hogar. Ahora su casa es un banco y sus enseres son cuatro cartones para amortiguar la dureza de la madera. El frío y el sol han quemado su piel, pero no dan calidez a un corazón falto de afecto y ternura.

Cuántas historias rotas, cuántos adultos entrando en la ancianidad completamente desvalidos, solos, apartados. ¿Qué le pasó a este hombre para que su dignidad se vea tan pisoteada? 

Si esto ocurre es porque en la sociedad todavía faltan recursos para todos aquellos que, por circunstancias no queridas, se encuentran al límite de no valorar su propia vida. Si esto ocurre es porque no hay consciencia de los “politiqueros de turno” del “pecado social”. Falta una ética fundamentada en la hermandad existencial, además de los recursos necesarios para atender a quienes sufren, social y laboralmente, por qué todo el dinero termina en la “corrupción”.

Muchos caen en la desesperanza. Un grito silencioso salió de mi corazón ante la injusticia. Me sublevé, interiormente, mientras aquel hombre, frente a mí, era ajeno a todo cuanto sucedía a su alrededor. Sumido en su letargo, prefería no abrir los ojos del alma.

No soñar nada, no creer en nada, casi ni respirar: este es uno más entre miles que ya no tienen fuerza para mirar adelante, que prefiere no sentir porque la vida resulta demasiado dolorosa. Prefiere no fiarse de nadie, como si el resto del mundo fuera cómplice de su angustiosa soledad. Vive en plano y ve en blanco y negro; prefiere el vacío antes que arriesgarse a confiar en un alma generosa. Quizás un desamor, una traición, un despido, un desprecio o una ruptura lo han desengañado. Su horizonte es un abismo.

Todos tenemos derecho a una vida digna, a un trabajo estable y a ser felices. Este es el deseo y el anhelo más profundo del ser humano: crecer, amar, gozar, surcar los vientos de la libertad para alcanzar la máxima plenitud humana. En esto radica la esencia más genuina de la vida: mirar más allá de uno mismo, hacia la trascendencia.

Invoqué en silencio. Solo desde el silencio podemos ahondar en el misterio de nuestro propio ser. Me dirigí a Dios y le pedí que sacara a ese hombre del pozo que es uno mismo cuando se hunde en las entrañas de su miseria. Cuesta mucho salir, porque la misma luz molesta al que se ha acostumbrado a vivir en tinieblas. 

Para un náufrago de la vida, que ha perdido el norte y camina hacia ninguna parte es difícil salir del laberinto de su existencia. Solo desde la caridad podemos convertirnos en brújulas para todos aquellos que han perdido el rumbo y han olvidado la felicidad, a la que todos estamos llamados desde la concepción.

La sed de poder de los “políticos” es una mala hierba que sólo crece en los terrenos baldíos de una mente abandonada.

Patricio Varsariah.
 

¿tiene rostro el mal?

noviembre 10, 2023


La noche de ayer fue muy apacible y la calma que se apodera de mí, invitándome a penetrar en el misterio. Viajo al interior de mi corazón, intentando digerir una densa experiencia: ¿tiene rostro el mal? Ejemplo la guerra entre el gobierno del Estado de Israel y los palestinos de la franja de Gaza.

Busco respuestas en el silencio de la noche. El gris plateado del cielo despide una tenue luz. No estoy totalmente a oscuras. El guiño de algunas estrellas parece hacerse cómplice de mi corazón en esta vigilia.

El silencio me lleva a territorios interiores desconocidos. Avanzo hacia a un nuevo horizonte, donde el alma y el corazón se unen como el cielo y el mar. Allí, desde lo más profundo de mi ser, doy alas a mis pensamientos.

Sobre el mal se ha vertido mucha tinta. Se ha hablado y escrito sobre él desde el punto de vista filosófico, teológico y moral, pues toca aspectos que afectan a toda la persona. Desde la teología se ha intentado dar respuestas al origen de esta realidad: el libre albedrío, la ruptura del hombre con Dios, el orgullo del ser humano, la obstinación y la resistencia a la verdad.

Los frutos del mal son múltiples y bien visibles: la desintegración moral de la persona, el culto desproporcionado al ego, la mentira como eje central de la vida, la calumnia y la difamación como herramientas destructoras, la rabia incontenible, la insensibilidad al dolor. 

El mal también se manifiesta de forma engañosa: a veces adopta un disfraz de apariencia bondadosa como estrategia para despistar, o se reviste de un discurso victimista y obsesivo para despertar simpatía. Como afirman muchos santos, cuántas veces el mal se aparece como un ángel de luz, cargado de argumentos razonables y aparentemente buenos. La sutilidad del mal puede manifestarse con actitudes de exquisita disponibilidad y aparente servicio desinteresado. Así es como consigue penetrar hasta donde quiere: el servicio se convierte en autocomplacencia y dominio sobre las personas y las cosas. 

El mal puede crear dependencia y hacerse necesario, pero poco a poco comienza a desprender un olor feo. Cuando la persona pretende que todo gire a su alrededor, convirtiéndose en el centro de todos y de todo es cuando el mal hace estragos. No tardan en surgir divisiones, luchas, celos, críticas, manipulaciones, odio enconado. El mal confunde, enfrenta y crea situaciones absurdas y dolorosas.

Pero cuando te topas frontalmente con el mal, los disfraces caen. Te quedas sin aliento y el alma se encoge ante la fealdad de su verdadero rostro. Impresiona vivir y tocar el mal de cerca, sobrecoge su capacidad mortífera de destrucción. Si uno no está centrado, puede paralizarlo y arrastrarlo por sus oscuros laberintos. Golpea allí donde más duele: en el centro del alma. La rabia se convierte en llamaradas de fuego que salen por la boca, incapaz de contener tanto odio, y abrasa hasta el tuétano. 

Es una experiencia dura recibir esos dardos envenenados. Hay que aprender a cerrar los ojos. La mejor manera de afrontar cara a cara el mal es no pelear con sus propias armas. A quien te dé una bofetada, muéstrale la otra mejilla. Jesús sabía muy bien lo que decía.

Pero los humanos de bien, sabemos que la luz ha disipado la oscuridad; el bien ha vencido al mal. Es necesario templarse por dentro, abandonarse, perdonar y mantener la lucidez, pese a las muchas sombras. El sol siempre es más grande. La verdad acabará desenmascarando a la mentira. Dios protege y sostiene al justo y al que sufre. Él es su escudo y su baluarte. Da seguridad en el peligro y ayuda a afrontar toda experiencia humana.

La vida te moldea como el yunque dobla el hierro al rojo vivo, hasta que el alma aprende a centrarse en su eje. Es aquel espacio donde aprendes a crecer, a sufrir, a amar, a darte y a olvidarte de ti mismo para que los otros puedan emerger. Es el espacio para perdonar, escuchar, trascender y vivir en la frecuencia espiritual del alma.

En definitiva, es el espacio para ser y culminar tu misión, que te ha sido entregada como don para que, libre, puedas palpar el dolor del abismo y la alegría de la luz. Solo así estarás preparado para el gran combate de la vida, sin dudar que siempre tendrás un gran Aliado.

¿Qué diferencia hay para los muertos, los huérfanos y las personas sin hogar, si la loca destrucción se produce en nombre del totalitarismo o en el santo nombre de la libertad o la democracia?

La guerra no determina quién tiene razón, sólo quién queda

Patricio Varsariah. -

 

La mirada abre muchos horizontes.

noviembre 10, 2023


El frenesí de una sociedad volcada al rendimiento, a la eficacia, a la productividad, nos impide detenernos para dar valor a los pequeños acontecimientos que cada día suceden a nuestro alrededor. Convertimos nuestra vida en un maratón y no saboreamos el valor de lo cotidiano. Como si fuéramos a bordo de un tren de alta velocidad, los ojos no pueden captar el instante y el cerebro no puede retener las imágenes del paisaje.

Las emociones estéticas surgen a partir de lo que entra por nuestros ojos. Tenemos dos puertas que conectan el cerebro con la creación, a fin que podamos admirarla y disfrutarla. Son la ventana del alma que nos permite saborear el tejido multicolor que baña la naturaleza. Nuestros ojos nos abren a la realidad. Ver es un regalo precioso: convierte las señales eléctricas en una imagen, a través de un complejo proceso neuronal que nos permite comunicarnos con el mundo exterior.

Pero los ojos, más allá del lenguaje verbal, también comunican de adentro hacia afuera y expresan emociones y sentimientos. Nuestros ojos no solo tienen la función de fotografiar la realidad; abren nuestro interior hacia ella y solo podemos hacerlo si detenemos la mirada para deleitarnos en aquello que estamos viendo.

Mirar va más allá de nuestras conexiones nerviosas. Una mirada que goza con lo que ve está saboreando el gusto de la vida. La mirada abre muchos horizontes, porque cuando se mira se capta otra textura más allá de lo orgánico: una mirada profunda ve el reverso de la realidad.

No nos damos cuenta de la cantidad de detalles que se nos escapan porque no tenemos el ojo acostumbrado a observar ni a contemplar.

De la misma manera que decimos que no es lo mismo oír que escuchar, también podemos decir que no es lo mismo ver que mirar. Podríamos comparar la visión global y superficial con la visión detallista y profunda: la mirada del observador científico y la del ingenio creativo; la mirada penetrante de un poeta, la de un pintor.

Un hermoso geranio en un balcón; unos amigos enfrascados en una conversación; un escaparate con un atractivo diseño que invita a entrar; dos patinadores que pasan rozándote… Son impactos visuales que percibes al ir despacio. Si al ver y al oír sumamos esta mirada profunda, aprenderemos a dar sentido y a saborear la vida.

Hay otras miradas, esas bellas miradas de complicidad que acompañan gestos dulces, abrazos llenos de pasión, sonrisas y silencios que dicen más que muchas palabras. Los ojos se llenan de emoción ante el susurro de un enamorado, la fragilidad de un abuelo que habla con dificultad, el vigor de un niño que corretea sin parar, la mirada de una pareja que se entrecruza… todo esto ensancha el corazón.

Dejemos que nuestros ojos desplieguen todas sus posibilidades. No seamos hipermétropes, viendo solo lo lejano y descuidando lo próximo. Tampoco seamos miopes, perdiendo de vista el horizonte y dejando que lo lejano se vuelva difuso. Nuestra potencialidad visual es inmensa. Nuestros ojos están formados de tejido cerebral, el mismo que forma las neuronas. Y, como afirman los neurocientíficos, el cerebro tiene una plasticidad enorme para adaptarse a la realidad. Sabiendo esto, podemos hacer que esta realidad que vemos quede enriquecida por una mirada más honda y consciente.

Cuando sabes mirar estás paladeando, gustando, asimilando la realidad. Y con tus ojos devuelves otro mensaje de respuesta. Mirar y que te miren es establecer una comunicación que llega hasta el alma.

Cree en tu potencial infinito. Tus únicas limitaciones son las que te pones a ti mismo.

Patricio Varsariah.
 

No renuncies a ti, ni a tu libertad, ni a tu vida.

noviembre 10, 2023


El amor es el pasaje hacia una aventura desconocida y apasionante. Desde nuestra concepción, este deseo innato va creciendo en la adolescencia y culmina en la adultez. El hombre no se entendería sin esa llamada primigenia, inscrita en su mismo ADN

El ser humano anhela, en lo más profundo de su corazón, ser amado. El hombre crece y se desarrolla cuando se abre al otro. El tú ensancha el horizonte del yo. La búsqueda del amor lo llevará a elevarse sobre sí mismo y a descubrir la grandeza y la belleza de un corazón capaz de darlo todo por el otro.

La comunicación, el afecto, la ternura, el juego, una mirada cómplice… todo forma parte de ese deseo tan profundo. El hombre, sin los demás, se convierte en un náufrago de la existencia, perdido en una isla llamada soledad. De ahí la necesidad de lanzarse en busca de un amor que dé sentido a su vida. 

Tan fuerte es el deseo de ser amado que toda gira en torno a esta apertura. El amor es el valor que configura el trabajo, los sueños, los proyectos…. Todo queda matizado y definido a partir del encuentro con la persona con la que se quiere compartir el camino de la vida y algo más que tiempo y cosas: la propia vida. Cuando se produce este encuentro, todo cuanto se hace surge de una profunda comunión con el otro. No se pierde la identidad, al contrario: el amor amplía el horizonte de la libertad. Compartir no reduce al otro, sino que lo eleva y lo potencia a medida que la unión se hace más intensa.

Estoy definiendo lo que sería una relación armónica, libre y equilibrada, con madurez y responsabilidad. 

Pero en la realidad, no todas las relaciones son bellas y plenas. Algunas acaban convirtiéndose en una tragedia. Hay relaciones tóxicas, dependientes, enfermizas, que poco a poco van degradando a la persona hasta reducir su libertad y su capacidad para discernir con claridad. Atrapadas en un laberinto emocional, sin fundamentos sólidos, las personas que viven este tipo de relación son incapaces para decidir con lucidez. 

Incluso llegan a manipular el lenguaje y a jugar con las emociones para autoengañarse. Cuando se genera una adicción patológica hacia otra persona, se puede llegar a renunciar a uno mismo. Débil y sin fuerza, la persona sometida confunde la realidad con sus ilusiones utópicas e irracionales, y se aferra a ellas porque la mantienen viva sobre un frágil hilo.

Poco a poco se va arrastrando por una vida dolorosa donde el sol se ha nublado y los días se suceden en la sombra. Perdida y sin rumbo, se acerca a un precipicio sin fondo. Su corazón se asfixia, falto de oxígeno y amor. Corre hacia la nada mientras es relación va minando su fuerza vital.

¿Cómo romper estas cadenas?

Es necesario poner distancia a las emociones y racionalizarlas. Un ejercicio de sinceridad es mirarse a los ojos, ante un espejo, y preguntarse: ¿Qué estoy haciendo?

Mírate y pregúntate. ¿Eres feliz? Tu compañero o compañera ¿quiere lo que tú quieres? ¿Te ama por lo que eres?

Da vértigo hacerse esas preguntas cuando la adicción es muy fuerte y patológica. Pero es tu única salvación. Hay vida fuera de ti y fuera de él. El mundo no se agota en vuestra relación enfermiza. Ten la osadía de mirarte a los ojos y atreverte a asumir lo que ves en ellos.

Quizás entonces veas a una niña que no cesa de llorar. Fija un minuto tu mirada y sé valiente. Tus ojos no te engañan. Tu mente no para de engañarte, tu corazón se hace cómplice de tu miedo. Pero tus ojos no te mentirán. Son la ventana de tu alma, ese lugar que forma parte de tu realidad más esencial. Es lo que eres tú por excelencia: no renuncies a ti, ni a tu libertad, ni a tu vida.

Es verdad que perderás algo: una adherencia emocional que te esclaviza, quitándote la alegría y la libertad. No tengas miedo. Atrévete a ser feliz. Que nadie te quite lo más sagrado: la capacidad para decidir libremente. Recupérala.

Atrévete. Quizás te quedes sin aliento durante unos instantes, pero luego tu capacidad torácica se ensanchará más que nunca y volverás a descubrir la gran persona que eres. Aprenderás a hacerte respetar. No todo vale en las relaciones y no todas las relaciones valen. Atrévete a cruzar al otro lado del abismo. Al otro lado hay alguien que te quiere de verdad y te ayudará a sanar tus heridas.

Confía en ti y en el consejo de tus fieles amigos: ellos quieren tu bien y tu alegría. No importa el tiempo que necesites: el veneno del pseudoamor cuesta de sacar, porque es doloroso. Es un dardo clavado que, aunque te duele y te desangra, en su momento lo quisiste y ahora forma parte de ti. Es necesario sacar ese aguijón para que puedas recuperar tu salud emocional. Solo así el corazón podrá repararse y encontrará la calma para empezar de nuevo y poder amar de verdad.

Descubrirás que el silencio es necesario para discernir dónde estás y hacia dónde te quieres dirigir. Nunca olvides de preguntar a tu corazón y de mirarte a los ojos en el espejo. Y no te alejes de la sombra cálida de tu familia y de los amigos fieles que tan solo desean tu bien.

Mi recomendación siempre será, que te ames, te valores y te des cuenta que dentro de ti lo tienes todo.

Patricio Varsariah.


 

Colonizarte a ti mismo.

noviembre 6, 2023


La primera (y mayor) victoria en la vida es el yo superior versus el yo inferior. Te enfrentarás a muchas batallas en la vida. De hecho, ya has superado muchos obstáculos.

Pero.

La batalla más importante que DEBEMOS ganar (pase lo que pase) es la que tenemos dentro de nosotros mismos. La lucha entre nuestro yo superior, que lucha por la virtud y la sabiduría, y nuestro yo inferior, impulsado por nuestros deseos e impulsos, lo cambia todo.

No alcanzamos nuestras mejores vidas porque no logramos conquistarnos a nosotros mismos primero. 

Nuestras mayores batallas son con nuestras emociones y mentes. La primera y mayor victoria es colonizarte a ti mismo; ser colonizado por uno mismo es de todas las cosas lo más vergonzoso y vil. 

Si quieres vivir una experiencia de vida completa. Eres el mayor obstáculo en tu propio camino. Si no puedes controlar tu propia mente y tus emociones, no llegarás muy lejos en la vida. En el momento en que empiezas a ceder ante tu yo inferior, se vuelve cada vez más fácil hacerlo de nuevo. Con el tiempo, pierdes por completo el control de tu vida. Uno de los logros más importantes en la vida es dominar tus propios demonios, miedos y debilidades internos.

Piénselo de esta manera: digamos que tienes un mal hábito, como la acción de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes o agradables. Colonízate a ti mismo significa superar ese hábito, administrar mejor tu tiempo y hacer las cosas.

Esa es una gran victoria, ¿verdad?

Por otro lado, ser “colonizado por uno mismo” es sentirse impotente para cambiar, estancado en malos hábitos e incapaz de mejorar. Eso es algo que quiero evitar a toda costa. Superar el deseo de sentarse en el sofá y optar por hacer ejercicio requiere mucha valentía. Básicamente, estás en guerra con tu comodidad y conveniencia.

El autocontrol es un superpoder. Esta batalla interior para colonizar tus deseos es una prueba de tu carácter y fuerza de voluntad. Colonizarte a ti mismo es no dejar que tus defectos te detengan. Si reaccionas impulsivamente ante una situación frustrante, tus emociones se apoderarán de ti. Pero cuando eliges conscientemente mantener la calma, eso es colonizarte a ti mismo. Y es inmensamente empoderador.

Colonizarte a ti mismo no se trata sólo de superar malos hábitos; también se trata de comprender tus emociones y pensamientos. Considero más valiente a quien vence sus deseos que a quien conquista a sus enemigos, porque la victoria más difícil es sobre uno mismo.

Colonizarte a ti mismo también significa aprender a controlar tu temperamento para no decir ni hacer cosas de las que luego te arrepientas. Eso es un triunfo sobre tus impulsos y emociones. Pero si dejas que la ira te controle y atacas sin pensar, estás siendo conquistado por ti mismo, y eso es realmente vergonzoso y dañino.

En las relaciones, como en la vida, dominarse a sí mismo es vital para construir conexiones significativas y duraderas. Puede ayudarte a gestionar tus emociones en tiempos de conflicto. La mayor victoria en la vida es dominar tus propias acciones, emociones y pensamientos, conocerse a uno mismo es la verdadera sabiduría. Dominar a los demás es fuerza; dominarse a uno mismo es el verdadero poder.

Si estás tratando de ahorrar, superar el deseo de realizar compras impulsivas o gastos innecesarios es mucho más difícil incluso para la persona más disciplinada. Requiere una batalla constante en tu interior, donde luchas contra las tentaciones. Colonizar nuestros deseos e impulsos es la verdadera señal de valentía y autocontrol.

Dominar tus batallas internas es la victoria más significativa.

Colonizarnos a nosotros mismos es dominar nuestra mente y nuestras emociones. Y aprender a controlar nuestra ira, miedo y codicia. También significa desarrollar fuerza mental para resistir la tentación y tomar decisiones que sean lo mejor para nosotros, incluso cuando sean difíciles. En el momento en que sucumbes a tus debilidades y permitas que tu yo inferior dicte tu comportamiento presente y futuro, habrás renunciado a tu mejor vida.

El mundo es un lugar complejo e incierto. Si podemos aprender a colonizarnos a nosotros mismos, estaremos mejor equipados para enfrentar cualquier cosa que la vida nos depare.

Ya sea en el desarrollo personal, en la carrera o en cualquier aspecto de tu vida, la batalla contra ti mismo es donde se ganan o se pierden las victorias más importantes. La. La batalla dentro de nosotros mismos es la más fundamental que enfrentamos en la vida. Allana el camino hacia el éxito, la felicidad y la realización personal.

Siembra calma… y cosecharás serenidad.

Patricio Varsariah.
 

El río del tiempo siempre es más fuerte.

noviembre 6, 2023


Nuestro tiempo es nuestra vida. Es lo único que realmente poseemos. No se puede ganar más tiempo ni recuperar el tiempo perdido. Una forma de vivir nuestra vida al máximo es dedicar nuestro tiempo a cosas que sean significativas para nosotros. Presta atención a tu entorno, pensamientos y sentimientos. Deja de lado las preocupaciones por el pasado y el futuro. Vive ahora. El presente es todo lo que tenemos. Deja que todo te pase. Belleza y terror. Solo continúa. Ningún sentimiento es definitivo.

El tiempo es fugaz. También es eterno. Es finito e infinito. Todos estamos limitados por el tiempo. Sin embargo, tenemos el poder de trascenderlo. El tiempo es como un río. Flota hacia adelante. No hay vuelta atrás. Todos estamos flotando en el río del tiempo. No podemos detenerlo. Sólo podemos elegir cómo respondemos a ello. Algunas personas optan por luchar contra la corriente. Intentan aferrarse al pasado o controlar el futuro. Pero este es un esfuerzo inútil. El río del tiempo siempre es más fuerte.

Otras personas optan por entregarse a la corriente. Aceptan que el tiempo es fugaz y que no hay nada que puedan hacer para detenerlo. Se centran en vivir el presente y aprovechar al máximo su tiempo. La muerte es el fin de nuestro tiempo. Es el momento en que salimos del río del tiempo. El conocimiento de nuestra mortalidad puede ser un poderoso motivador para vivir nuestras vidas al máximo. Cuando sabemos que nuestro tiempo es limitado o nos recordamos conscientemente la brevedad de nuestra vida, es más probable que nos concentremos en las cosas que son importantes para nosotros. Y apreciar la belleza de la vida y las cosas simples que nos hacen felices.

El tiempo es un símbolo de libertad. Somos libres de elegir cómo empleamos nuestro tiempo y libres de crear nuestra realidad. No debemos permitir que el reloj y el calendario nos cieguen ante el hecho de que cada momento de la vida es un milagro y un misterio. Por supuesto, nuestra libertad no es absoluta. 

Estamos limitados por nuestras circunstancias y por las elecciones de los demás. Pero todavía tenemos mucha libertad para elegir cómo vivimos nuestras vidas. La forma en que empleamos nuestro tiempo es un reflejo de nuestros valores y prioridades. Cuando dedicamos nuestro tiempo a cosas que son importantes para nosotros, vivimos una vida libre.

Cada segundo tiene un valor infinito. Cómo pasas el tiempo es cómo vives. Lo que haces con el tiempo es cómo se desarrolla tu vida, día tras día. Nuestra relación con el tiempo es compleja y está en constante evolución. 

El tiempo es demasiado lento para quienes esperan, demasiado rápido para quienes temen, demasiado largo para quienes están afligidos, demasiado corto para quienes se regocijan, pero para quienes aman, el tiempo es la eternidad. 

Cuando somos niños, experimentamos el tiempo como una extensión vasta e infinita. Los días parecen largos y los años se extienden ante nosotros como un camino sin fin. Pero a medida que envejecemos, nuestra percepción del tiempo cambia. Los días pasan volando y los años parecen pasar más rápido.

¿Por qué es eso?

Una posible explicación es que nuestra experiencia del tiempo es relativa a nuestro sentido de nosotros mismos. Cuando somos jóvenes, nuestro sentido de identidad todavía se está desarrollando. Estamos constantemente aprendiendo y creciendo, y el mundo que nos rodea es nuevo y emocionante. Hace que el tiempo parezca ralentizarse. Pero a medida que envejecemos, nuestro sentido de identidad se vuelve más fijo. Sabemos quiénes somos y qué queremos de la vida. Esto hace que el tiempo parezca acelerarse. Todavía no explica del todo por qué dejamos de hacer lo que nos hace vivir como adultos.

Otra posible explicación de nuestra cambiante percepción del tiempo es el concepto de entropía. La entropía es la segunda ley de la termodinámica y establece que todo en el universo se mueve constantemente hacia un estado de desorden. Nuestros cuerpos están sujetos a la entropía.

A medida que envejecemos, nuestros cuerpos se vuelven menos eficientes y más susceptibles a las enfermedades. Este proceso de decadencia se convierte en un recordatorio constante de la brevedad del tiempo y, posteriormente, de la vida. 

Pero, ¿cambia el desorden nuestra percepción del tiempo? A medida que envejecemos y asumimos más responsabilidades, nos volvemos menos conscientes del tiempo. Pero también empezamos a pensar que estamos perdiendo tiempo de vida.

Entonces, qué significa todo esto para nuestras vidas? 

Significa que debemos valorar cada momento que tenemos ahora. También debemos recordar que el tiempo no es sólo una progresión lineal. También es un fenómeno cíclico. Las estaciones cambian, los planetas orbitan alrededor del sol y la vida es un ciclo de nacimiento, muerte y renacimiento. Eso significa que siempre podemos elegir empezar de nuevo. Podemos empezar de nuevo en cualquier momento y crear una nueva vida para nosotros mismos. No estamos atados por nuestro pasado ni por las expectativas de los demás.

Somos libres de elegir nuestro camino y vivir nuestras vidas en nuestros propios términos. El hombre ante todo existe, se encuentra a sí mismo, surge en el mundo y luego se define a sí mismo". Vive plenamente mientras aún tengas tiempo.

La vida puede suceder para ti. Utilice tu tiempo para experiencias alineadas con sus valores y objetivos. 

Persigue cualquier cosa que le dé sentido a tu vida. "La vida es lo que te sucede mientras estás ocupado haciendo otros planes", dijo John Lennon. No hagas otros planes. Tome mejores decisiones de vida que saquen lo mejor de ti ahora. En el momento apreciarás la belleza de la vida y las cosas simples que te hacen feliz. Por ejemplo, me encanta pasar tiempo al aire libre, rodeada de naturaleza. Lo encuentro muy calmante y pacífico.

Sólo vive.

En el tiempo de tu vida, vive, de modo que en ese tiempo maravilloso no aumentes la miseria y el dolor del mundo, sino que sonrías ante el infinito deleite y misterio del mismo. Deja de lado las muchas preocupaciones sobre tu futuro. Se proactivo acerca de tu yo futuro en lugar de estresarse por lo que se está convirtiendo. Reflexiona, pero no te quedes en el futuro. Estarás más realizado. Puedes lograr lo que deseas y disfrutar del proceso simultáneamente. Nuestras vidas tienen significado cuando están alineadas con nuestros valores y objetivos. Sin embargo, el significado no es un logro aislado. No es algo que podamos simplemente crear. Es algo que descubrimos y disfrutamos con el tiempo.

El tiempo crea significado. Necesitamos tiempo para explorar nuestros valores y objetivos, desarrollar nuestras pasiones y marcar la diferencia en el mundo. Pero el tiempo también es limitado. Todos tenemos una cantidad finita de tiempo. Eso significa que debemos ser intencionales sobre cómo lo usamos o invertimos. Por supuesto, habrá ocasiones en las que tendremos que dedicar nuestro tiempo a cosas que no tienen sentido. Pero deberíamos minimizar estos tiempos y centrarnos en lo que más nos importa.

El tiempo es la moneda de la felicidad. “El tiempo es la moneda de la vida. Sólo tu puedes determinar cómo se gastará. Necesitamos tiempo para experimentar las cosas que nos hacen felices. Pero el tiempo también es un ladrón de felicidad. Puede ser fácil quedar atrapado en la carrera de ratas y olvidarse de disfrutar las cosas simples de la vida. Pero la felicidad no nos sucede a nosotros. Es un subproducto de nuestra inversión inteligente de tiempo. Creamos felicidad dedicando tiempo a experiencias y actividades que nos importan profundamente. Es una inversión de tiempo.

Finalmente, el tiempo puede conseguirte todo lo que quieras de la vida. Pero nada en el mundo puede darte más tiempo. Por lo tanto, elije cuidadosamente tus prioridades de tiempo.

Siembra calma… y cosecharás serenidad.

Patricio Varsariah.
 

Revisa tus creencias y ahí está el porqué de lo que sucede en tu vida.

noviembre 3, 2023



Una gran mayoría de personas están tan dispersas en buscar esas razones de por qué no tienen lo material, económico, profesional, personal que desean, que enfocan precisamente todas sus energías y más en eso, en lo que "no" y enfocándote en lo negativo nadie avanza y se preguntan: ¿Por qué no tienes la vida que quieres?

Quien no tiene la vida que desea es por una simple razón: porque no lo ha querido. Es decir, sí quiere, pero hace todo lo contrario a lo que debería estar haciendo. Tienes la vida que tú creas, entonces, como te pasas enfocado en lo que no, por eso no sucede, porque no te has detenido a ver las posibilidades, las oportunidades que puedes generar para sí obtener esos deseos de tu corazón. 

De hecho, quienes están en ese tramo de la vida, puedo decir que tienen fe, pero fe en lo negativo, es decir, duda, miedo y angustia. Muchas personas están buscando a quién echarle la culpa por lo que no han logrado sus metas; si no es a su familia, es a su pareja, a un jefe, a el señor que vende la fruta, a quien sea. La cosa es que alguien sea culpable.

Como bien dicen en mi "pueblo", el ojo nunca ve para adentro solo para afuera. 

Si quieres encontrar la respuesta de quién es el culpable, mira para adentro y sí, qué fuerte, pero todo es consecuencia de tus actos, buenos, malos, regulares, todo lo creas tú. Por eso no tienes la vida que quieres, porque no has tomado las riendas de tu vida. No has bajado de peso porque sigues comiendo, posiblemente tengas alguna enfermedad porque no te cuidas, no tienes la pareja que deseas porque no te das el chance quizás a menos que sea el príncipe azul de alguno de los cuentos de Disney, no tienes el trabajo que deseas porque no te preparas y esperas que te caiga del cielo o no has ido a hablar a hacerte sentir, no has sacrificado horas de sueño por aprender.

O quizás estás haciendo algo, pero no el todo y te enfrascas en que debe ser como tú dices, sin explorar, abrir otras posibilidades. O has caído en tu zona de confort. Sin embargo, pocas veces las personas asumen la responsabilidad de lo que viven. En esta sociedad todo lo que nos sucede es culpa de alguien y pobre de nosotros. Sí, ¡cómo no! ¡Claro que no! Nadie tiene la culpa de que suceda o no en tu vida.

Siempre escucho de cantidad de personas: "es que no terminé la universidad porque me embaracé", "la culpa la tiene mi marido por borracho", "es que mi hija no me quiere y por eso me la paso tomando pastillas para la depresión", "es que a mi jefe no le caigo bien, es solo con fulano, por eso no obtengo el puesto que deseo aunque tengo toda la capacidad y tras de eso me hace la vida imposible", "es que no puedo", "es que es muy difícil", "es que a ella la dejó el marido y pobre cita como va a salir a trabajar si no sabe hacer nada", "es que su mujer es infiel" y así hay cantidad de conversaciones de "bla-bla-bla" que usted bien puede identificar de usted mismo o de los demás. 

Todos llevamos una etiqueta, usted sabe bien cuál es su frase preferida, si la de "pobre de mí" o la de "yo puedo". Y es que en la vida puedes ser patético o poderoso. Tú, ¡tan solo tú eliges!

Ser patético significa no hacernos responsables de nuestras acciones y de los resultados que obtenemos, entonces nos la pasamos quejándonos, en el papel de víctima, y además cuando estamos en ese papel nos encanta, porque entonces obtener la atención y la compasión de los demás y esa recompensa hace que no tomemos las riendas de nuestra vida porque nos encanta que nos digan: "pobre de ti, es que tu marido se pasa", "es tu hija una mal agradecida", "bien dicen que ese jefe es un ogro" y así. Esas respuestas hacen que sintamos que son los demás los que están mal y no nosotros y como eso nos pone sobre los demás o nos agrada porque nos genera el que tengamos la razón, entonces nos quedamos en ese papel por mucho tiempo.

Sin embargo, está la otra parte que puedes elegir y es ser poderoso, es decir, ser responsable con tu vida, saber que tú estás viviendo lo que creas que si no has obtenido lo que quieres debes hacerte responsable de tus acciones de tus decisiones, analizarlas y emprender nuevos caminos, generar, buscar, encontrar nuevas posibilidades que te lleven a esa meta. 

Que pase lo que pase, siempre hay salidas y maneras mil maneras de llegar a tu destino. Todos, absolutamente todos, podemos lograr lo que sea, depende tan solo de nosotros mismos, de nuestra actitud, decisión y de nuestra propia conversación.

Y hablando de las conversaciones, es necesario saber que nos encontrarnos del lado patético o poderoso depende de las creencias que hemos ido sumando, adquiriendo, haciendo tuyas en la vida. Eres lo que crees. Si tú crees que no puedes, créeme, no me tienes que jurar ni demostrar que no podrás. Si crees que puedes, podrás. Revisa tus creencias y ahí está el porqué de lo que sucede en tu vida.

Si no tienes la vida que deseas es porque no estás haciendo lo que debes, así de simple. O estás pensando en lo que no debes de pensar. Revisa qué debes cambiar, qué necesitas para llegar a donde deseas, qué es lo que hay que modificar y avanza en ese camino. 

Ahora bien, ten claro que lo que deseas es algo que tú puedes hacer, porque si deseas algo que por más que te pases al lado de los poderosos no podrás llegar a ser. No obstante, si tú sabes que tienes talento y capacidad para eso que deseas lograr, adelante, pásate del lado bueno, sé responsable contigo mismo y tus acciones y re dirección el camino, estoy seguro de que llegarás. Y recuerda: ¡a sonreír, agradecer y abrazar tu vida!

Un saludo de corazón a corazón.

Patricio Varsariah.
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Nadie tiene poder sobre ti para evitar que vivas.

noviembre 1, 2023


Me pregunto: “¿Quién tiene derecho a decirnos que nos estamos equivocando, que el camino que tomamos no es el correcto? ¿Quién tiene derecho a decirnos que no hagamos lo que nuestro corazón nos dicta?”.

Nadie puede pretender desviarnos del camino que nos hace bien. Los consejos son buenos aliados de una vida en crecimiento, pero estos deben ser constructivos y provenir de un espacio de amor y verdad. Pero la crítica que nace desde el ego nunca acarrea emociones positivas y está, sencillamente, distorsionada.

Si alguien piensa que te estás equivocando, lo cree porque ha construido esa idea en su mente. La misma se ha basado, sin que lo note, en las enseñanzas que ha recibido desde pequeño, en sus propios errores, en sus ideas sobre la vida, en sus experiencias, en sus creencias religiosas, en su destino, en su red de emociones, en su personalidad, en sus miedos, en sus gustos y en su propio karma.

Cada persona es un mundo en sí, complejo, único e irrepetible y con su propia forma de observar la vida. Cada uno de nosotros tenemos una verdad, algo que resuena en nuestro interior y que es diferente a la del resto de los individuos.

Por ello, cuando alguien te critique o pretenda que abandones tus planes y proyectos debes hacer tres cosas:

Primero: respetarlo. 
Segundo: defender tus ideales. 
Tercero: seguir avanzando, con más convicción que nunca, por el sendero que tu corazón te ha marcado. 

Y si en algún momento chocas contra un muro y debes tomar otro camino, lo harás con la tranquilidad de que has hecho lo que tu corazón te pedía. Nadie puede quitarte el derecho a vivir la vida en “carne propia”. 

Si no te equivocas, no puedes crecer, madurar. 

Recuerda: “Nadie tiene poder sobre ti para evitar que vivas lo que el Universo desea que experimentes, lo que tu corazón anhela. Cada paso que das, cada piedra que se cruza en tu camino tiene un sentido maravilloso que te conduce al bienestar, a la felicidad, a la paz interior y al sentido”. 

Eres el único que puede vivir su propia vida. Eres el dueño de tu mente, de tu cuerpo, de tu corazón y de tu alma. 

Medita sobre esta idea: “¿Puedes comer una manzana por otra persona y que esa persona se alimente? ¿Puedes comerla tú, pero que el otro la disfrute, la saboree, la digiera y viva la experiencia completa?”. 
Podrás leer y escuchar experiencias ajenas que te ayuden en el camino, pero el conocimiento no se convertirá en madurez y sabiduría hasta que lo vivas tú mismo. 

No hagas de alguien tu todo. Porque cuando se hayan ido, no tienes nada.

Patricio Varsariah.
 

Somos seres nostálgicos.

noviembre 1, 2023


La nostalgia se encuentra tan adherida a nuestras entrañas que quizá algún día padezcamos, como los dinosaurios, una extinción masiva, no porque se nos caiga un meteorito enorme encima, que también es posible, sino por una sobreexposición masiva a ese agridulce veneno que corre salvajemente por nuestras venas desde que abandonamos la infancia y la adolescencia, y que provoca que continuamente andemos mirando de reojo a los dulcificados hitos de nuestro pasado, como si un espejo retrovisor condicionara todo el camino sobre el que conducimos por el sendero de nuestra vida. 

El dulce veneno de la nostalgia que atempera el amargo sabor del pasado con la ternura del recuerdo rememorado. Cómo sino podríamos sobrevivir a esos fragmentos de vida; pensamientos, deseos, pasiones, dolor, gozo, sabores, que nos parecen vividos en otro tiempo, en otros momentos tan ajenos, tan lejanos a nosotros.

La nostalgia es el santo grial del negocio del consumo. Tanto, que a veces uno se sorprende de que no se realicen productos para vender a adolescentes recordándoles su apenas desvanecida infancia, o quizá ya se estén vendiendo, quién sabe con la amoral industria de la añoranza. 

Aún más curioso, generaciones enteras añoran tiempos que nunca vivieron, como si su presente fuera el que enmoheciera con las herrumbres del pasado, y ese desconocido pasado brillara con las esperanzas de un tiempo pretérito anhelado, que siempre fue mejor. 

Añoramos las modas, que en su momento despreciamos por extravagantes, y que ahora refulgen en las vestimentas de adolescentes y jóvenes, como si estuviéramos atrapados en el sueño lucido de una serie que marcó nuestra adolescencia. Añoramos la música, que en su momento nos pareció el culmen de la ñoñería y la banalidad, como si pudiéramos recobrar la inocencia perdida, que en su momento nos pareció estupidez, y así recobráramos el tiempo que se nos escapa. 

Ya no hay crisis nostálgica de la mediana edad. Todo es nostalgia, todo pasado ha de recrearse para nuestra satisfacción, no hay tiempo para el futuro. Añoramos también, viejos grupos de rock o de pop que iluminaron las tristes noches de soledad de los primeros amores perdidos. Asistimos a sus conciertos con la misma ilusión que cuando los vimos por primera vez, poco importan las arrugas del alma, o las heridas del corazón que corrompen cualquier posibilidad de volver a ver un nuevo amor con los mismos esperanzados ojos.

Añoramos los amores perdidos, rememorados por esas canciones de cuna de nuestro pasado, como si las laceraciones que provocaron su abandono nunca nos hubieran dejado cicatriz. ¡Si hasta añoramos a los políticos del pasado! Como si en su momento no los hubiéramos despreciado, insultado o vilipendiado adhiriéndoles todo tipo de adjetivos maledicentes. 

Todo político del pasado, todo futbolista o deportista del pasado, todo amor pasado, todo grupo de rock o pop del pasado le da mil vueltas a cualquiera nacido en el presente. No hay comparación posible, siempre perderá el débil aroma del presente frente al poderoso perfume del pasado, que atonta cualquier atisbo de sentido crítico que en su momento nos alejaba del encantamiento de esos fragmentos de nuestra vida.  Si algo tiene de peligro la seducción del agridulce veneno de la nostalgia es el selectivo olvido que nos produce. Siempre prevalece la sonrisa esgrimida, nunca las lágrimas derramadas.

Ni siquiera somos capaces de reconocer que la persona víctima de la nostalgia ya no existe, y nunca volverá a existir. Todo aquello que en su momento vivimos, o en su caso les gustaría haber vivido a algunas generaciones, ya no existe. Y aunque existiera, si no es por la suspensión critica que realizamos, no nos afectaría de la misma manera. Nuestro yo presente podemos adormecerlo para acallar la preocupación del futuro, pero utilizar para ello el yo pasado no es sino una entelequia que atora la posibilidad de un futuro.

El nostálgico revival de nuestro pasado no tiene por qué ser negativo y puede tener el mérito de apreciar lo que en su momento despreciamos, y ahora perdido, nos damos cuenta de nuestro error. Pueden ser amores, amistades, oportunidades despreciadas, que en su momento nos parecieron irrelevantes, políticos de los que nos reímos, y un largo etcétera. 

El problema es que esos momentos ya se encuentran en el ámbar congelado de un pasado que nunca podrá volver. Porque en nuestros presentes, las circunstancias nunca serían las mismas, y por mucho que creamos que no hemos cambiado, que siempre será así, aunque no nos lo creamos, nunca se repetirían las mismas condiciones. 

La vida no es un ensayo de laboratorio en el que todo encaja, es un rompecabezas al que siempre le faltará una u otra pieza. Siempre hay lecciones que el pasado puede enseñarnos y podemos asimilar, pero pretender recrearlas como si el tiempo no hubiera desgastado y alterado nuestras circunstancias, nuestro corazón, en un sentido u otro, no sólo es un esfuerzo inútil, puede causar más daño que bien. 

Aceptemos el pasado tal y como fue, aceptemos el presente tal y como es, y, rebelémonos ante el futuro para que sea tal y como queremos que sea.

No es un problema de nuestro tiempo. La atracción de lo perdido, la edad de oro perdida que existiera tiempo atrás, siempre estuvo ahí. La filosofía surgió de esa melancolía, de la añoranza del saber lejano de unos sabios que descubrieron las claves de una vida y de una civilización plena, cuyas lecciones se perdieron en el polvo del tiempo, y hoy día tan sólo nos fuera dado recoger pequeñas sombras de esa grandeza perdida, o al menos eso pensaban en los pretéritos tiempos de la antigua Grecia, antes del surgimiento de los grandes pensadores del siglo V a. C. 

Toda antigua civilización narra entre sus mitos de origen, tiempos de oro perdidos, tiempos de grandeza que iluminaron un pasado glorioso. Hasta los tristes remedos de imperios que vivimos hoy día se lamentan de sus glorias pasadas, fueran reales o imaginarias. Lo real del presente palidece frente al canto de sirena del pasado. Y si creemos en un futuro, no es para construir algo nuevo, diferente, mejor, es para recrear algo del pasado, que perdimos, y que siempre fue superior. 

No nos damos cuenta que la extensión del síndrome de Peter Pan a todas las edades de nuestra vida o a todos los estratos de nuestra cultura nos adormece. A los veinte añoramos los felices y lejanos diez, por mucha angustia y muchos deseos de crecer que tuviéramos a esa edad. A los treinta nos amarga asumir las responsabilidades de la edad adulta y mataríamos por volver a los dulces veinte. A los cuarenta sufrimos los espasmos de una crisis que traga cualquier vestigio de vergüenza ajena con tal de aparentar volver a los treinta. A los cincuenta desempolvamos todo aquello que nos recuerde lo felices que estábamos con cuarenta. A los sesenta deseamos recuperar el vigor vivido a los cincuenta, que ahora echamos de menos. A los setenta nuestros sueños vuelan hacía el tiempo perdido cuando teníamos sesenta y nos encontrábamos en la plenitud de nuestras facultades. 

A los ochenta todo sabor de lo experimentado en los felices setenta nos atrapa en el ámbar edulcorado de la vieja nueva juventud. Y a los noventa, bueno, a quién le importa, siempre que lleguemos a esa edad aún capaces de experimentar nostalgia. Rara vez disfrutamos del presente tal y como es, con su imperfectamente perfecta brevedad.

Ser como Peter Pan en pequeños instantes de nuestra vida, no hace daño, como comer un dulce a destiempo, o rememorar de vez en cuando esas desmemoriadas y falseadas verdades, de los aromas perdidos de una piel añorada, o la nostalgia de los besos encontrados tras una caricia inesperada. El pasado tiene valor, pero nunca al precio de negar el presente y cegar el futuro. 

La añoranza no debe desligarnos de la incansable búsqueda de un futuro, de nuevas experiencias no vinculadas al pasado, de apreciar lo que hay en nuestro presente, y que siempre estuvo ahí, y no despreciarlo en una tramposa comparación con un pasado que ya nunca volverá a estar. 

Lo irreal es el pasado, no el presente, lo posible es el futuro, siempre nuevo, siempre lleno de posibilidades.

Palabras finales: No puedes evitar que las aves de la tristeza pasen por encima de tu cabeza, pero puedes evitar que hagan un nido en tu cabello.

Patricio Varsariah.
 

Un golpe de estado a la razón.

noviembre 1, 2023




Cuando hay coraje y aliento, el progreso es mayor. Una palabra de aliento a tiempo Motiva, ayuda, da fuerzas Produce el mejor de los beneficios. Las personas que comparten una dirección común y tienen sentido de comunidad, pueden llegar a cumplir sus objetivos más fácil y rápidamente, porque van apoyándose mutuamente, haciendo que los logros sean aún mejores.

La observación de la naturaleza es la mejor escuela para darnos cuenta de aquello que realmente necesitamos para vivir. Pero cada vez nos separamos más inundando nuestra vida con toneladas de cemento que no nos permiten ver más allá. Todo es tan artificial, que ya casi no hay espacio para los animales y los sacamos de su hábitat para luego comprar en forma de documentales o libros la imagen olvidada de aquello de lo que formamos parte. 

¿Qué sería del hombre sin los animales o las plantas?...no creo que sobreviviéramos, y es que nos olvidamos de que la tierra no nos pertenece, sino que somos nosotros los que formamos parte de ella, pero somos tan arrogantes, que pretendemos convertirnos en Dioses fabricando un mundo de laboratorio con la creencia de que así alcanzaremos el paraíso. 

Todo un golpe de estado a la razón. Solo unos cuantos privilegiados, a los que la mayoría se atreven a llamar salvajes, son capaces de entender el mensaje, aquel que nos empeñamos en ignorar, ellos adoran a los animales, a las plantas, llaman Dios al aire, al fuego…observan y en esa contemplación de la naturaleza es donde entienden el verdadero significado de la vida. Sus elementos reales, son los que gobiernan el mundo y entienden que si una de estas piezas se descompone…la humanidad, el mundo, se conmueve. 

Comprenden que el trabajo en equipo es esencial para fabricar la red de la que está compuesta la vida. Comprenden que el mundo es un puzle en el que cada pieza depende de las de su alrededor. Comprenden en definitiva que al igual que los gansos, todos y cada uno de los elementos que componen este equipo que llamamos vida necesita la ayuda del compañero para lograr sobrevivir. 

Para entender mejor lo que os quiero decir, te cuento que en la temporada que estamos pasando de otoño al invierno, alguno de ustedes podrá ver a los gansos emigrar dirigiéndose a un lugar más cálido, para pasar el invierno, fíjate que vuelan formando una gran "V". Tal vez te interese saber porqué lo hacen de esta manera: al batir sus alas, cada pájaro produce un movimiento en el aire que ayuda al pájaro que va detrás de él. Volando en "V", la bandada de gansos aumenta por lo menos un 70% su poder de vuelo, en comparación de uno que lo haga solo. 

Cada vez que un ganso sale de la formación, siente inmediatamente la resistencia del aire, se da cuenta de la dificultad de seguir el ritmo solo y rápidamente vuelve a la formación para beneficiarse del esfuerzo común. Cuando el líder de la bandada se cansa, pasa a uno de los lugares más atrasados para reponer fuerzas y otro ganso le releva el puesto. Los gansos que van detrás graznan para alentar a los que van delante para mantener el ritmo y las fuerzas. 

Finalmente, cuando un ganso enferma o cae herido por un disparo de un desalmado cazador, otros dos gansos salen de la formación para acompañarle, bien hasta que se recupere y retome el vuelo o hasta que muera; solo entonces vuelven a la bandada o se unen a otro grupo. 

Qué fácil sería todo, si aprendiésemos a escuchar, a observar y a entender la naturaleza. Si fuésemos capaces de copiar, aunque solo fuese un poquito lo que nos enseña y lo reflejáramos en nuestro devenir diario, estoy seguro de que esa, si que seria una apuesta segura para alcanzar el paraíso que soñamos. 

Dos palabras y un abrazo.

Patricio Varsariah.
 

Más saludables, más amables, más optimistas.

octubre 18, 2023


He podido comprobar por experiencia propia que cuando el cuerpo se encuentra bien, la salud se encuentra mejor, y nuestra energía es saludable y reconocemos que el Odio y el amor, tienen efectos sobre nuestro organismo, cambios químicos suceden inmediatamente como respuesta a unos y otros. 

Cada pensamiento, cada estado de ánimo, provoca una sutil modificación en nuestros niveles de energía. 
Si estamos en continuo estado de lucha, desperdiciamos la energía, si por el contrario fluimos de manera flexible hacia estados de ánimo y pensamientos positivos, esta crece de manera indiscutible. 

Está claro que la mayoría de todos nosotros desearíamos que hubiese más amor en el mundo, mejores sentimientos, pero la realidad es que nos adaptamos a la cantidad de buenas intenciones que damos y recibimos porque si de repente alguien nos regalara más cantidad extra de este bálsamo, nos asustaríamos y nos pondríamos a la defensiva pensando en las intenciones de tanto derroche. 

Tenemos miedo a arriesgar y nos quedamos reposando en nuestra habitual dosis de amor sin dar y sin esperar más. Nos hemos “adaptado”. Y es que en esta vida que llevamos, el amor y el positivismo, se han enredado con otras cosas y andan algo perdidos. 

La buena noticia es que podemos desenredarlos, despertarlos. Sólo hay que estar dispuestos a hacer un pequeñísimo esfuerzo que por otra parte y siendo algo egoístas, nos reportará grandes beneficios. 

Hay que estar dispuestos a ahondar sin temor, quedándonos un rato a solas, en silencio, buscando las cualidades de amor que consideremos más importantes en la vida (generosidad, servicio, entrega, amabilidad…). Seguro que las habremos experimentado alguna vez en nuestra vida más o menos intensamente. 

Así que lo único que tenemos que hacer es acceder a nuestra mente, a esos recuerdos, recrearnos en las sensaciones, examinar cómo nos sentimos en aquella ocasión haciendo que cale en nosotros esa experiencia de bien-estar. De esta manera conectamos con un nivel profundo de conciencia y así, silenciosamente, pero con convencimiento y seguridad iremos descubriendo aquello que ya estaba dentro de nosotros y así sutilmente empezaremos a sentirnos mejor, más saludables, más amables, más optimistas. 

Si estamos dispuestos a dar y a recibir, nos volveremos más generosos y agradecidos con la vida. En definitiva, cambiaremos nuestro estado de energía convirtiéndonos en personas más saludables.

Mi recomendación siempre será, que te ames, te valores y te des cuenta que dentro de ti lo tienes todo y mantente segura, saludable y que tengas un productivo día de paz y tranquilidad. 

Patricio Varsariah.
 

Hacer algo increíble hoy en día.

octubre 18, 2023



Nuestras vidas son fugaces, y el mejor día para luchar por el derecho a vivir una vida plena es hoy. Para aquellos de vosotros que tienen la suerte de tener buena salud, y para los que luchamos con la esperanza de un mañana mejor, esto significa hacer algo increíble hoy en día. Y por "increíble", me refiero a dar pequeños pasos positivos hacia adelante en un camino resuelto.

Porque todo lo que quieres hacer requiere práctica diaria. Ya sea que eso signifique aprender a bailar practicando el baile o aprender a vivir practicando la vida, el principio es el mismo. En todos los casos, es el desempeño de un conjunto de actos específicos, mentales y físicos, que impulsan el sentido de logro, la claridad del significado de uno y la satisfacción del espíritu interior. 

Uno se convierte, en cierto modo, en un atleta de la Vida misma, una persona dispuesta a realizar, una y otra vez frente a todos los obstáculos, algún acto de visión, fe o deseo. Solo se vive una vez, pero si lo hacemos bien, una vez es suficiente.

¿Ahora bien, quizá Tú te preguntas y cuando sabemos que estamos en el camino correcto? 

Yo creo que cuando puedas contestarte honestamente cada uno de los siguientes puntos. (Y si no puedes, esta breve lista te da algo positivo para trabajar).

1. Estoy siguiendo mi corazón y mi intuición. - No te dejes llevar por tus problemas. Sé guiado por tus sueños. Vive la vida que quieres vivir. Sé la persona que quieres recordar años a partir de ahora. Toma decisiones y actúa sobre ellas. Cometes errores, baja y vuelve a intentarlo. Incluso si caes mil veces, al menos no tendrás que preguntarte qué pudo haber sido. Al menos sabrás en tu corazón que has dado tus mejores sueños a tus sueños. Cada uno de nosotros tiene un fuego en nuestros corazones ardiendo por algo. Es nuestra responsabilidad en la vida encontrarla y mantenerla encendida. 

2. Estoy siendo honesto conmigo mismo. - Sé honesta o honesto sobre lo que es correcto, así como sobre lo que debe cambiarse. Sé honesta o honesto sobre lo que quieres lograr y en quién quieres ser. Sé honesta con cada aspecto de tu vida, siempre. Porque eres la única persona con la que siempre puedes contar. Se dueña o dueño de tus elecciones y errores, y está dispuesto a tomar los pasos necesarios para mejorarlos. O tomas responsabilidad por tu vida o alguien más lo hará. Y cuando lo hagan, se convertirán en un instrumento de tus ideas y sueños en lugar de ser un pionero propio. 

3. Estoy haciendo la diferencia. - Actúa como si lo que haces marca la diferencia. Lo hace. ¿Es cierto que todos vivimos para servir? Que al ayudar a los demás, cumplimos nuestro propio destino. La respuesta es un simple "sí". Cuando logras un impacto positivo en la vida de otra persona, también tienes un impacto positivo en tu propia vida. Haz algo que sea mayor que tú, algo que ayude a otra persona a ser feliz o sufrir menos. Eres solo uno, pero eres uno. No puedes hacer todo, pero puedes hacer algo. 

4. He perdonado a los que alguna vez me hicieron daño. - Todos hemos sido lastimados por otra persona en algún momento u otro - nos trataron mal, la confianza se rompió, los corazones fueron heridos. Y mientras este dolor es normal, a veces ese dolor persiste por mucho tiempo. Revivimos el dolor una y otra vez, dejándolos vivir libres de rentas en nuestra cabeza y nos cuesta mucho soltarnos. Los rencores son un desperdicio de felicidad perfecta, nos hace perder la belleza de la vida a medida que sucede. Perdonar es liberar a un prisionero y descubrir que el prisionero eras TU. 

5. No me arrepiento. - Esta es simplemente una culminación de los cuatro anteriores ... Sigue tu corazón. Sé sincera o sincero contigo mismo. Haz lo que te haga feliz. Estar con quien te haga sonreír. Ríe tanto como respiras. Quiere mientras vivas. Di lo que tengas que decir. Ofrezca una mano cuando pueda. 
Aprecia todas las cosas que tienes. Sonreír. Celebra tus pequeñas victorias. Aprende de tus errores. Date cuenta de que todo es una lección disfrazada. Perdonar. Y suelta las cosas que no puedes controlar. 

Cuando te enfrentas a pruebas, enfermedades o una caída, el poder de la Oración por sanación puede obtener resultados milagrosos. El Señor te bendice con fuerza y poder para soportar y vencer tu enfermedad. ¡Tu fe en Dios y tus oraciones desde tu corazón son suficientes para las bendiciones divinas!

Y, por supuesto, si está luchando con alguno de estos puntos, no estás sola o solo. Estamos todos juntos en esto. Muchos de nosotros estamos allí, trabajando arduamente para sentirnos mejor, pensar con más claridad y mantener nuestras vidas al día.

Saludos y pronta mejoría.

Patricio Varsariah.
 

Todo es “causal”, que nada es “casual”.

octubre 15, 2023



La vida está llena de casualidades, hechos impredecibles e inevitables que nos suceden, nos hacen fruncir el ceño y preguntarnos si no serán frutos de un plan preestablecido. En realidad, ¿son carambolas de la vida que nos ayudan a avanzar, quizá te preguntes porque la vida está llena de cosas sin explicación...? 

El mundo está lleno de cosas obvias que nadie por casualidad observa jamás.

Cada persona tiene su propio destino: el único imperativo es seguirlo, aceptarlo sin importar adónde nos lleve. No hay hechos casuales. Todo viene de algo ni se dirige hacia alguna parte. La ciencia, inteligentemente, busca el "por qué" de los fenómenos que nos rodean. 

Hay explicaciones para el día y la noche, para las distintas estaciones del año, para el milagro de la germinación de una semilla, para la gestación de la vida física, para el rumbo de los ríos hacia el mar, para las nubes que se agrupan y luego se disuelven en gotas de lluvia, etc., etc.

Por eso cada uno de nuestros actos tiene una razón. Cada gesto, cada sonrisa, cada lágrima, cada impulso de valor, cada sensación de fuerza interior, cada sentimiento de compasión y de amor; todos vienen de la semilla de una misma naturaleza. Y cada uno de nuestros actos genera un efecto que será igualmente de la misma naturaleza.

La angustia y el temor que produce tener que enfrentarse a ciertas realidades desagradables, han hecho que los hombres comparen la vida con un juego de azar: nada está relacionado con nada, todo es una simple casualidad, donde algunos salen ganando y otros perdiendo. Y así, en esta "lotería de la vida", apostamos cada mañana por nuestra suerte y lloramos por las noches cuando la fortuna no nos ha favorecido. 

El amor viene del amor y genera amor; el odio viene del odio y genera odio. En realidad, escuchamos tanto hablar de las casualidades, pero, ¿existe la casualidad? Realmente no, nada sucede porque sí…la verdad es que la casualidad no existe. Se dice que todo es “causal”, que nada es “casual”. 

Todo lo que llega a nuestras vidas, cada situación por la que pasamos, es por algún motivo. “La persona que llega es la persona correcta”, es decir que nadie llega a nuestras vidas por casualidad, todas las personas que nos rodean, que interactúan con nosotros, están allí por algo, para hacernos aprender y avanzar en cada situación. 

Lo que pasó fue lo único que pudo haber pasado, y tuvo que haber sido así para que aprendamos esa lección y sigamos adelante.          

Todas y cada una de las situaciones que nos suceden en nuestras vidas son perfectas, aunque nuestra mente y nuestro ego se resistan y no quieran aceptarlo. Todo comienza en el momento indicado, ni antes, ni después. Todo está preparado para que algo nuevo empiece en nuestra vida, y es allí cuando comenzará, pero nunca por casualidad.

Saludos.

Patricio Varsariah.
 

Somos seres que estamos continuamente renovándonos.

octubre 10, 2023


Que el ser humano se encuentra en cambio constante es algo que, en nuestra época, hemos dejado de tener en cuenta. Con cierta ilusión, pero sobre todo con mucha resistencia, nos empeñamos en creer que permanecemos siempre iguales, nos afanamos en sostener las mismas ideas, creemos que debemos proteger y conservar ciertas formas de ser.

Es mucha la energía, mucho el tiempo y muchos los recursos que, en ocasiones, en ciertas etapas de nuestra vida, llegamos a dedicar a ser fieles no a lo que somos, sino a lo que aprendimos a creer que somos.

Es posible que este sea un síntoma generacional. Es posible que muchos de nosotros, que crecimos al abrigo de la protección familiar en un grado que nuestros mismos padres no tuvieron, hayamos fraguado la idea un tanto fantástica de que las cosas se mantienen en un solo estado siempre, una especie de statu quo mágico, inamovible.

Es posible, también, que esta sea una inclinación humana más o menos general. Que la conciencia del hombre, en todas las épocas, tienda a querer la permanencia ahí donde todo fluye, a pretender la continua identidad de lo mismo ahí donde todo cambia.

¿Pero por qué desear esto cuando lo contrario, abrazar el flujo natural de la vida, podría significar una forma de perpetuidad? ¿Quién elegiría lo fugaz y lo perenne cuando ante sus ojos y a sus manos se ofrece la perla preciosa de la perpetuidad?

Si crees que el amor es por naturaleza amor de lo que repetidamente hemos convenido, no te extrañes, ya que, en este caso, y por la misma razón que en el anterior, la naturaleza mortal busca, en la medida de lo posible, existir siempre y ser inmortal.

Pero sólo puede serlo de esta manera: por medio de la procreación, porque siempre deja otro ser nuevo en lugar del viejo. Pues incluso en el tiempo en que se dice que vive cada una de las criaturas vivientes y que es la misma, como se dice, por ejemplo, que es el mismo un hombre desde su niñez hasta que se hace viejo, sin embargo, aunque se dice que es el mismo, ese individuo nunca tiene en sí las mismas cosas, sino que continuamente se renueva y pierde otros elementos, en su pelo, en su carne, en sus huesos, en su sangre y en todo su cuerpo.

Y no sólo en su cuerpo, sino también en el alma: los hábitos, caracteres, opiniones, deseos, placeres, tristezas, temores, ninguna de estas cosas jamás permanece la misma en cada individuo, sino que unas nacen y otras mueren.

Pero mucho más extraño todavía que esto es que también los conocimientos no sólo nacen unos y mueren otros en nosotros, de modo que nunca somos los mismos ni siquiera en relación con los conocimientos, sino que también le ocurre lo mismo a cada uno de ellos en particular. Pues lo que se llama practicar existe porque el conocimiento sale de nosotros, ya que el olvido es la salida de un conocimiento, mientras que la práctica, por el contrario, al implantar un nuevo recuerdo en lugar del que se marcha, mantiene el conocimiento, hasta el punto de que parece que es el mismo.

De esta manera, en efecto, se conserva todo lo mortal, no por ser siempre completamente lo mismo, como lo divino, sino porque lo que se marcha y está ya envejecido deja en su lugar otra cosa nueva semejante a lo que era.

Debemos mirar los cambios propios de nuestra existencia como momentos en que lo nuevo sustituye a lo viejo, esto es, como una expresión de regeneración, quizá cabría decir incluso de resucitación, como cuando un ser se perpetúa en otro por la vía de la generación. Con cada cambio, podría decirse con cierta lasitud a partir de este argumento, engendramos a un nuevo ser, damos a luz a un nuevo Yo, renovado en su vigor, exultante, dispuesto a enfrentar nuevamente la vida.

Pero esto, claro, solamente si aceptamos cambiar, si olvidamos lo que hemos aprendido, si rectificamos, si decidimos emprender nuevas tareas, adquirir nuevos hábitos, entender que con cada cambio vendrán temores desconocidos y pesares nunca antes enfrentados. Ese es el precio de esta forma de eternidad, Y aunque parece un precio justo, cabe la pregunta: ¿habrá quien rechace ser eterno en su propia vida sólo por la comodidad aparente que implica permanecer siempre igual?

Gracias por tu valioso tiempo para leer, lo aprecio mucho.

Patricio Varsariah.
 

La vida no es perfecta, es cierto.

octubre 8, 2023


La vida es maravillosa sin necesidad de ser perfecta, porque lo que es perfecto carece de error o de equívoco, y entonces no hay aprendizaje. La existencia es a veces un duro maestro, y ahí está su grandeza, y también su locura, ahí su caos y sus placeres, esos que debemos vivir a contrapelo sin buscar la perfección, sólo los instantes que disfrutar con el máximo de nuestras fuerzas.
  
Las personas acostumbramos a ser muy exigentes con la vida e incluso con nosotros mismos. Nos marcamos pautas, objetivos y múltiples sueños por cumplir. Y desde luego, todo esto no solo está bien, sino que es necesario. Todos necesitamos proyectos a corto y largo plazo que poder cumplir para enorgullecernos de nosotros mismos, para adquirir capacidades y habilidades personales. Ahora bien, en ocasiones, quien se marca altas expectativas corre el riesgo de no deleitarse de los triunfos cotidianos, los más humildes y que solo las personas sencillas pueden apreciar: como el cariño, la amistad, la tranquilidad…

La vida no tiene por qué ser perfecta para ser maravillosa. Sabemos que es algo fácil de decir, pero… ¿Eres de esas personas que ya lo saben? ¿O aún estás enfundado en tu empeño por conseguir esa ansiada perfección? 

Ser exigente y buscar la perfección en cada cosa que hacemos es en muchas ocasiones el reverso de una moneda. La exigencia nos hace desarrollar múltiples capacidades, pero a su vez, quien se aplica una alta autoexigencia raras veces se siente satisfecho.

En realidad, la perfección no es más que una quimera, una aspiración intangible. No existen las vidas perfectas y sin altibajos. La existencia es un carrusel de emociones intensas donde el billete sólo tiene un objetivo: aprender cada día de nuestra vida. 

En ocasiones, escuchamos a muchos de quienes nos rodean quejarse en un triste lamento con aquello de “es que todo lo malo me sucede a mí, “es que a los demás todo les va bien y yo siempre voy por el camino equivocado” …. Este tipo de verbalizaciones y pensamientos siempre han existido y siempre existirán. 

Ahora bien, antes de caer en este tipo de comportamientos debemos tener en cuenta lo siguiente:

La felicidad no está en la perfección. Nadie tiene garantizada su felicidad absoluta sólo por ser rico, por ser atractivo o por disponer de buena salud. La vida se mide en instantes, y, sobre todo, en nuestra capacidad para estar abierto a la realidad, a la oportunidad, a la magia de los detalles más simples que nos rodean y al optimismo.

Cuando no ha resultado algo que habíamos soñado. ¿He de martirizarme pensando que no valgo para nada, que la vida está empeñada en darme la espalda? En absoluto, soy consciente de que cuando una puerta se cierra, se abren 6, y lucharé por todas ellas. Quien aspira a una vida perfecta se sube a una cima para intentar alcanzar el universo, mientras cada día se pierde las maravillas que acontecen a sus pies.

Hay otro aspecto que debemos tener en cuenta: quien vive en la autoexigencia luchando por tener una vida perfecta, arrastra también a los demás a cumplir dicho objetivo. La persona que aspira a conseguir una vida perfecta, suele colocar un listón tan alto a todos a los que le rodean, que lo que acaba generando en realidad es una gran infelicidad. 

La vida es maravillosa para quien se deja llevar, para quien sabe apreciar. Y me pregunto ¿sabemos apreciar todas las maravillas que nos rodean en el día a día? En ocasiones, nos es difícil debido a las prisas, a las preocupaciones, a ese rumor interior que nos impide ver la magia de la vida.

La vida no es perfecta, es cierto, y no siempre nos trae lo que deseamos, pero en ocasiones es capaz de ofrecernos lo que de verdad merecemos: un amor auténtico, el calor de los tuyos, la admiración de quienes te quieren de verdad. No todo el mundo es capaz de descubrir o apreciar la esencia más auténtica del día a día: Esa luz que acontece cada mañana para todos por igual. El rumor de una familia, la tuya, levantándose para desayunar contigo en armonía y tranquilidad. 

Una mano cómplice que te acaricia. La sonrisa traviesa de tus hijos. Esa salud que te permite ir y venir, correr, dormir, nadar, amar…El olor de la tierra mojada después de la tormenta. El ocaso lánguido en una playa tranquila...

La vida son instantes que se inscriben en el día a día con sutil serenidad. Es un lenguaje propio que lleva su ritmo y que no todos saben apreciar, porque hay quien va a contracorriente, con demasiadas prisas, con el corazón desafinado y la mente alborotada.

Vivir y dejar vivir, es el primer paso de la paz y la felicidad.

Patricio Varsariah.
 

Cuando la vida nos aproxima a la vejez.

octubre 6, 2023



Cuando pasan los años y vamos envejeciendo, es como escalar una gran montaña; mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena, por eso Cumplir años es símbolo de sabiduría. 

Sin duda, cumplir años, añade experiencias y aprendizajes a la vida, llegando a tener una sabiduría que solo es propia de las personas más mayores de nuestra sociedad (excepto todos los eternos y los nuevos políticos). Y esta sabiduría es a su vez, un tesoro para los más jóvenes, aquellos que empiezan a vivir la vida sin experiencias y necesitados de apoyo y consejo.

Por esto, cumplir años, en cualquier etapa que sea, siempre fue y seguirá siendo un apoyo de experiencia y educación hacia las personas de nuestro alrededor menores de edad que nosotros.

Cada etapa de nuestra vida está marcada por diferentes aspectos evolutivos, como son, la inocencia de la infancia, la espontaneidad de la juventud y la madurez del adulto. Sin embargo, cuando la vida nos aproxima a la vejez, en ocasiones, no encontramos aspectos que nos ayuden a valorar, aceptar y disfrutar de esta etapa final de la vida.

La vejez está marcada por un deterioro físico y mental, que, en ocasiones, no aceptamos, generando conflictos y dificultades de adaptación a las nuevas circunstancias vitales. Pero, aun así, hay que tratar de disfrutar cada una de nuestras etapas, sin olvidarnos de esta última. Todos deseamos llegar a viejos, y todos negamos que hayamos llegado.

Como decía, cada etapa evolutiva, tiene sus propias características, las cuales solemos aceptar y evolucionar con ellas, sin demasiados conflictos emocionales. Al menos, no más allá de los propios necesarios para crecer. Y es importante, reflexionar acerca de que llegar a cada etapa de la vida, ha supuesto necesariamente vivir la anterior.

Se trata entonces, de que hay que aprender a valorar que nunca dejamos de ser niños, ni jóvenes ni adultos, sino que cada etapa y sus aprendizajes nos acompañarán durante toda nuestra existencia, siendo un equipaje para el camino que nos quede por recorrer. La madurez del hombre es haber recobrado la serenidad con la que jugábamos cuando éramos niños.

Podría imaginar que nos especializamos en una profesión cualificada, y por ello, vamos pasando por diferentes tipos de formación y experiencia, así como, por el desempeño práctico de la profesión, propio del nivel que vamos adquiriendo. Es así también, como pasamos de etapa en etapa, por la vida, especializándonos cada vez más, obteniendo mayor sabiduría, y por tanto, modificando nuestras tareas y desarrollo de actividades, en función de la edad.

Podría decir, que, a más experiencia, el trabajo se vuelve más liviano, más calmado, más descansado… dejando así paso a aquellos que empiezan su formación en la vida, y se dedican al trabajo más arduo y difícil, necesario para aprender y obtener el grado de especialista, como ya lo obtuvieron sus antecesores mayores.

Biológicamente, empezamos a envejecer a partir de los 22 años. Nuestras células ya no seguirán creciendo y desarrollándose, sino que comienza el deterioro, el cual, notaremos al paso de los años, ya que se trata de una evolución lenta, y depende mucho del trato y cuidados que nos demos a nosotros mismos. 

Esto significa que más de la mitad de la vida, la pasamos envejeciendo, o lo que es lo mismo, madurando, aprendiendo de las etapas anteriores y de los retos superados o fracasados. Si aceptamos esto, descubrimos que nuestra biología nos prepara en cada etapa para lo que necesitamos en ella. Y sin duda, la actividad de la infancia, no es necesaria en la edad adulta, y la capacidad de trabajo no es necesaria en la vejez. “Los árboles más viejos dan los frutos más dulces”-Proverbio alemán-

Quizá te preguntas ¿Qué significa exactamente aceptar los años? 

Podría decir que cumplir años, nos dispone a vivir la vida de otra forma. Cada año, es una maduración, mayores aprendizajes asimilados, proyecciones diferentes de futuro, y retos nuevos. Y precisamente, esto es lo que tenemos que ir aceptando. Quizás nos resultó fácil aceptar que siendo adulto no íbamos a mantener la inocencia, el juego y la falta de responsabilidad del niño, y así también, tenemos que aceptar, que, en la vejez, ya no es necesario trabajar como antes, mantener las mismas actividades que antes, seguir el mismo ritmo que antes.

Qué cabe esperar de la vejez.

Como decía, la sabiduría es el aspecto fundamental de la vejez, y cuando el cuerpo pide reposo, descanso y cuidados, lo adecuado es dárselo. Y si nuestra mente, no está tan despierta ni tan activa, significa que no podemos esperar de nosotros mismos, lo mismo que en etapas anteriores. 

Aceptar los años, supone, seguir ejercitando nuestra actividad mental y física, en la medida de nuestras posibilidades, sin grandes retos, salvo el de mantenernos en el mayor bienestar y salud posible, disfrutando de cada momento presente.

Aceptar los años, supone, dar paso a las generaciones venideras, permitiendo la ayuda de otros a cuidarnos o a protegernos. Como lo hicimos nosotros tiempo atrás, aceptando las limitaciones de un cuerpo y una mente sabios, que desean por naturaleza, transmitir y expresar sus conocimientos, para que a otras personas puedan servirles. 

Aceptar los años de nuestros mayores, es agradecer su sabiduría, escucharlos, cuidarles y respetarles, para aprender de su experiencia y con ella, ser capaces de vivir más felices y mejor cada día, ya que con la edad, aprendemos a manejarnos mejor con las idas y venidas de la vida. Por esa razón, es en la vejez cuando somos más capaces de sentirnos más felices a pesar de que, objetivamente, hayamos entrado en la decadencia física.

Finalmente, al envejecer, te darás cuenta de que tienes dos manos, una para ayudarte a ti mismo, la otra para ayudar a los que lo necesitan.

Patricion Varsariah.
 

Hay algunas frases de personas bien intencionadas que realmente me molestan.

octubre 6, 2023



A mis años Ya terminé con los desafíos. Al menos quiero serlo. Cada vez que creo que he llegado a un punto de seguridad, protección y éxito, las cosas van mal. Mi vida da un vuelco y se sacude, y tengo que volver a ensamblar las piezas para darles nuevas formas. Si soy sincero, estoy cansado de que me derriben sólo para reconstruirlo de nuevo.

La vida es dura, pero las personas resilientes lo son más. Tuvimos que serlo. No ha sido una cuestión de elección, sino de necesidad. Si bien estoy agradecido de ser una persona que ha superado numerosos desafíos en mi vida, pero hay 7 frases de personas bien intencionadas que realmente me molestan.

Estaría feliz de no volver a escucharlos nunca más.

1. "Eres tan fuerte"

Sé que soy fuerte. Siempre he sido así. El trauma me hizo más difícil, pero realmente desearía no tener que serlo. Quiero poder suavizar y disfrutar la vida. Puede que sea fuerte, pero cuando la gente me recuerda esto, no es eso realmente lo que escucho. En cambio, escucho un recordatorio de que puedo hacerlo todo por mi cuenta porque soy lo suficientemente fuerte. Las personas que dicen "eres tan fuerte" no se ofrecen a ayudar.

Nos recuerdan que la única ayuda disponible somos nosotros mismos. No necesito que me recuerden mi fuerza. Necesito saber que no siempre tengo que ser fuerte. Desafortunadamente, esta frase en particular hace todo lo contrario: refuerza la idea de que la carga recae sólo sobre mí y que no llegará ninguna ayuda.

2. " Eres capaz de gestionarlo"

Quizás una frase aún peor para decirle a las personas resilientes sea "Tú tienes esto". No "entendí esto". A veces, mi lucha va más allá de lo que puedo manejar y es invalidante que alguien me diga que soy más fuerte de lo que creo. Puede que tenga que sacar más fuerzas, pero hay veces que estoy agotado y nadie me escucha cuando digo eso. Si alguien dice que estás luchando, lo último que quiere que le digan es que eres capaz de gestionarlo. Una confesión de lucha es a menudo un grito de ayuda. Es un indicador de que hay una necesidad insatisfecha. No es una oportunidad para exagerar a alguien sobre su ingenio o sus capacidades.

3. "Siempre podría ser peor"

Al parecer, siempre puede ser peor. Hay muchas personas que ofrecerán voluntariamente esta información cada vez que tengamos el descaro de hablar sobre una lucha personal. Los niños mueren de hambre en un país del tercer mundo, la falta de vivienda es un problema real y cualquier cosa de la que nos quejemos es sólo un problema del primer mundo. Al menos, esa es la actitud predominante cuando alguien dice "siempre podría ser peor" cuando piensa que nuestra lucha no se compara con los mayores problemas del mundo. No sé cómo decirle a gente así que la lucha no es una competencia. No hay premio si un autobús de lucha es más grande que otro. La mayoría de nosotros no queremos competir por tener la vida más difícil. Solo queremos poder hablar sobre la condición humana sin que nos avergüencen por tener sentimientos o luchar con los desafíos de la vida.

4. “Cuenta tus bendiciones”

Junto con las personas de “siempre podría ser peor” son las que nos dirán que contemos nuestras bendiciones. La gratitud es importante. Es esencial para ser una persona resiliente. Sin embargo, la gratitud y la lucha no son mutuamente excluyentes. Es posible estar agradecido por muchas cosas y aún tener desafíos difíciles de superar. Cuando hablo sobre un problema que tengo, no necesito que me recuerden todos los problemas que no tengo pero que podría tener. No necesito que me digan que esté agradecido porque todo va bien. Necesito espacio y seguridad para hablar de lo que va mal. Necesito poder compartir que la vida a veces es difícil. Puedo hacerlo sin perder de vista la gratitud.

5. "Todo sucede por una razón"

Una de las frases más ofensivas que dicen a las personas resilientes es “todo sucede por una razón”. Por cierto, eso no es cierto. La interpretación más precisa de esto es que entramos en razón cuando suceden cosas. La razón no sólo preexiste. Decidimos cómo nos vamos a sentir ante una situación determinada. Alguien puede ver un diagnóstico de salud como una tragedia o una oportunidad para convertirse en defensor y crear conciencia. Una ruptura puede ser una bala esquivada o una decepción aplastante. Decir que todo sucede por una razón es tomar las peores circunstancias de la vida y atribuirles significado.

La verdad es que nosotros hacemos el significado. Decirle a alguien que su dolor tiene un propósito intencional es increíblemente grosero e insensible.

6. "Aprecia cada momento"

Los padres resilientes de todo el mundo podrían estar de acuerdo en que “apreciar cada momento” es particularmente invalidante cuando se comparten problemas de crianza. Sí, nos damos cuenta de que la infancia es corta y pasa rápido. Sí, somos conscientes de que debemos valorar el desarrollo de nuestros hijos. Pero es igualmente cierto que la crianza de los hijos puede ser un proceso brutal en los corazones y las mentes de los padres.

Amo a mis hijos con todo lo que soy y puedo reconocer que el proceso de ser padre es a veces doloroso. Estoy agradecido de ser su padre y, he luchado muchos años con sus malas actitudes. Lo último que quiero escuchar es que debería dejar de quejarme (léase: expresarme y ser honesto acerca de las partes difíciles) y comenzar a apreciar cada momento.

7. "Es lo que es"

Nadie en la historia del mundo dijo jamás “es lo que es” de manera positiva. Cuando las personas dicen estas palabras, afirman lo obvio y descartan cualquier sentimiento que podamos tener al respecto. Es una expresión que felizmente nunca volvería a escuchar si fuera posible. Sí, sé que las cosas son como son, pero eso no significa que me tenga que gustar. Tengo derecho a tener mi propia opinión y sentimientos. Sugerir que la gente debería simplemente aceptarlo sin tener sentimientos fuertes es negar nuestra propia humanidad. Es normal y humano resistirse al cambio, y lo último que necesitamos que nos digan es que debemos afrontarlo. Siempre he sido fuerte.

No recuerdo un momento de mi vida en el que no fuera muy consciente de mi fuerza y resistencia. Pero no quiero tener que ser fuerte porque no hay otra opción. Quiero poder compartir la carga en ocasiones con personas que me aman y quieren ayudarme a llevarla. Quiero hacer lo mismo por ellos. Quiero ser escuchado y comprendido, no desestimado e invalidado.

Las personas resilientes son fuertes y capaces de afrontar los mayores desafíos de la vida, pero a veces, esa dura capa exterior oculta el daño causado por toda esa lucha. Hay momentos en que nos derrumbamos y, sin embargo, somos reacios a hablar porque sabemos con qué facilidad la gente ignora nuestro dolor. Se supone que debemos seguir sosteniendo al mundo cuando ni siquiera podemos sostenernos a nosotros mismos.

No necesitamos que nos den palmaditas en la cabeza ni que nos recuerden quiénes somos. Sólo necesitamos la misma libertad y seguridad para ser humanos. Quebrarse. No ser fuerte ni perfecto. Sólo necesitamos serlo. Pero lo que no necesitamos nunca más es volver a escuchar alguna de estas frases. Cada día, me voy haciendo menos simple y más discreto.

Patricio Varsariah.
 

Vive el hoy, pero invierta en el mañana.

octubre 6, 2023



En tiempos de dolor, cuando el futuro es demasiado aterrador para contemplarlo y el pasado demasiado doloroso para recordar, he aprendido a prestar atención al ahora mismo.  La gente siempre dice que deberíamos vivir el momento. La atención plena es algo común hoy en día. También apoyo esa mentalidad, pero últimamente estoy descubriendo que hay pequeñas cosas que puedo hacer hoy para invertir en mí mismo mañana.

Imagínese plantar una semilla. Se coloca en la oscuridad y se tapa. Añade agua y luz solar. Las raíces comienzan a crecer. Durante mucho tiempo, el trabajo se realiza bajo la superficie. Podrían pasar días, semanas o meses antes de que se muestre algún progreso. Pero seguimos regándolo. Seguimos creyendo que algún día la semilla cumplirá su propósito. Seguimos cuidándolo con intención.

Realmente es una metáfora adecuada. El crecimiento no siempre ocurre donde todos los demás pueden verlo, comentarlo y admirarlo. A veces, es un proceso lento. Eso no significa que nos rendimos. Simplemente significa que tenemos que comprometernos a convertirnos en lo que sabemos que somos capaces de ser. Nuestro potencial siempre está ahí. Sólo tenemos que estar dispuestos a crear el entorno adecuado para alcanzar ese potencial. Tenemos que estar dispuestos a hacer el trabajo incluso si todavía no podemos ver los resultados.

Creo plenamente en traer una presencia consciente a mi vida, pero hoy también estoy haciendo cosas que apoyarán a la persona que seré mañana. Estoy viviendo el momento intencionalmente y al mismo tiempo me aseguro de no vivir solo el momento. Estoy tomando decisiones que respaldarán mi salud física y mental en el futuro, incluso si no puedo ver el progreso ahora.

Amar a alguien ferozmente, creer en algo con todo el corazón, celebrar un momento fugaz en el tiempo, involucrarse plenamente en una vida que no viene con garantías: estos son riesgos que implican vulnerabilidad y, a menudo, dolor. Pero estoy aprendiendo que reconocer la incomodidad de la vulnerabilidad y apoyarnos en ella nos enseña cómo vivir con alegría, gratitud y gracia.

Tenemos una cantidad infinita de decisiones que podemos tomar todos los días. Cómo comemos, si hacemos o no movimientos saludables, qué miramos o leemos y cómo tratamos a los demás... cada cosa que hacemos tiene un efecto en el mundo que nos rodea. La crema hidratante aplicada diariamente mantiene la piel sana. No sucede de la noche a la mañana. Los hábitos alimentarios poco saludables pueden hacernos sentir fatal al día siguiente, pero un esfuerzo consciente por comer bien puede dar sus frutos con el tiempo a medida que comenzamos a sentirnos mejor. 

Son las pequeñas cosas que nos ayudan a sentirnos mejor hoy las que también pueden ser una inversión en nosotros mismos mañana.

Incluso nuestras relaciones románticas pueden ser una inversión en nosotros mismos. Sería fácil inclinarme hacia la soledad y conformarme con menos de lo que quiero. Pero lo he hecho y sé que no es lo que necesito. En cambio, elevo mis estándares. Me tomo mi tiempo y espero. Me amo lo suficiente como para no conformarme con menos de lo que merezco y esperar por lo que quiero.

Con el pasar de los años he aprendido a no vivir en los arrepentimientos del pasado ni en mis esperanzas para el futuro. Estoy tomando decisiones más inteligentes y aprendiendo de mis errores. No estoy tomando decisiones que me hagan sentir bien en el momento pero que me hagan daño con el tiempo.

Se supone que no debes estar feliz todo el tiempo. La vida duele y es dura. No porque lo estés haciendo mal, sino porque a todos nos duele. No evites el dolor. Lo necesitas. Está destinado a ti. Quédate quieto con él, déjalo venir, déjalo ir, deja que te deje el combustible que quemarás para realizar tu trabajo en esta tierra.

Tomo cada día como viene, pero no uso la idea de que sólo vivimos una vez como excusa para descuidar las consecuencias del mañana. Estoy encontrando el equilibrio entre lo que quiero y lo que necesito y, en los días difíciles, cada elección es una semilla plantada. Es una pequeña esperanza de que mañana sea mejor, aunque pasen varios días antes de que empiece a ver los resultados.

Parece pequeño, pero para algunos de nosotros es la clave de nuestra supervivencia. Es la forma en que superamos los desafíos y las angustias de la vida. Así es como cultivamos la esperanza en la vida que queremos, incluso frente a obstáculos abrumadores. 

Patricio Varsariah.
 

La combinación de energía para lograr una relación sana.

octubre 5, 2023



Hay algo que decir acerca de vivir tu vida según la Norma de Oro. Tratar a los demás como queremos que nos traten a nosotros parece un esfuerzo que vale la pena. Pero lo hice mal. O lo llevó demasiado lejos. No estoy seguro de cuál.

Porque apliqué la Norma de Oro a mis relaciones románticas. No solo mostré respeto de la forma en que quería que me respetaran. No amaba simplemente de la forma en que quería ser amado. Hice cosas por ellas que realmente quería que alguien hiciera por mí. Intenté seguir la norma de oro para lograr la relación que realmente quería. Básicamente estaba modelando el tratamiento que quería recibir sin decir nunca que eso era lo que estaba haciendo.

Probablemente esto no parezca lo peor, pero aquí está el defecto: si tratamos a nuestras relaciones de la forma en que queremos que nos traten a nosotros, estamos creando una expectativa y preparándonos para la decepción. Para ser justos, nunca hice esto a propósito. Hice de este mi estilo de relación por defecto. He sabido lo que es ser amado con condiciones. Quería dar un amor fuerte, innegable e incondicional. Estaba proyectando el amor que necesitaba en la relación que había elegido.

Suena ideal en cierto modo, pero estaba compensando cualquier falta en la relación con un esfuerzo extra. Hice gestos románticos para la pareja que evitó el romance. Fui muy cariñoso y comprensivo con mi pareja que poco a poco había ido retirando tanto amor como apoyo. Yo era el compañero apasionante y amante de la diversión para la mujer que hacía el mínimo esfuerzo. Aporté lo que necesitaba a las relaciones, pero en realidad no satisfacía mis necesidades. La mayor parte del tiempo pedía lo mínimo y luego cubría la diferencia yo mismo.

Hoy en día, la norma de oro ya no existe. La combinación de energía está de moda. Si bien todavía trato a las personas de la forma en que quiero que me traten a mí, no tomo que esto signifique que deba proyectar lo que quiero en una relación que no está dispuesta a satisfacer mis necesidades. No estoy haciendo un esfuerzo extra en personas que hacen poco esfuerzo. En cambio, estoy igualando energía.

Nunca pensé en mí mismo como una persona que perseguiría a una mujer, pero eso es exactamente lo que hacía cada vez que encontraba el encanto, el afecto y el humor para mantener la atención. Pasé tanto tiempo tratando de agradarles que rara vez reflexionaba sobre lo que realmente me gustaba de ellas. La combinación de energía evita que se produzca este desequilibrio. No llego a las citas listo y dispuesto a entretener. Estoy disponible para conectarme, pero no hago esfuerzos que claramente no sean correspondidos.

Han pasado muchos años para darme cuenta cuando de que había tratado de imponer la regla de oro a todas mis exparejas para que me amaran como yo quería que me amaran. Realmente nunca había pensado en eso antes. Me hizo sentir bien hacerlas felices y esos pequeños gestos reflexivos me resultaron naturales. Empecé a darme cuenta de que quería que alguien se preocupara por mí lo suficiente como para hacer ese tipo de esfuerzo. Quería tener una pareja que mostrara amor de manera tan constante que no tuviera que preguntarme si sus sentimientos habían cambiado. Me había agotado amando a otras personas y me había descuidado en el proceso.

Cada vez que daba energía que no correspondía, me estaba agotando. Estaba tan preocupado por satisfacer sus necesidades que no se me ocurrió evaluar si ellas siquiera estaban tratando de satisfacer las mías. Había crecido con un déficit que hacía que estas relaciones me resultaran familiares. Intenté ser la pareja perfecta para hacerme digno de ser amado y elegido. No me di cuenta de mi valor inherente. Estaba demasiado ocupada tratando de mostrarles el suyo.

Tengo la suerte de conocer varias parejas felices. Siento que el Universo me está arrojando a la cara pruebas de que este tipo de dinámica existe. Estas parejas se aman y están comprometidas a seguir haciéndolo. No siempre se llevan bien, pero siempre se unen para solucionar las cosas. No son perfectos. ¿Quién es? Pero sus vínculos son sanos, felices y satisfactorios.

Defino conexión como la energía que existe entre las personas cuando se sienten vistas, escuchadas y valoradas; cuando pueden dar y recibir sin juzgar; y cuando obtienen sustento y fuerza de la relación. 

Sé que existen relaciones saludables, pero no las conseguimos presentándonos ante otras personas de la forma en que desearíamos que se presentaran ante nosotros, pero no lo hacen. Eso lo conseguimos combinando energía hasta que encontramos a alguien que pueda encontrarse con nosotros donde estamos. No es la forma más fácil. Se requiere paciencia y voluntad para soportar la soledad el tiempo que sea necesario para encontrar una conexión saludable. Es un compromiso de amarnos a nosotros mismos mejor que nunca.

La combinación de energía todavía me resulta extraña. Las cosas saludables desaparecen cuando estamos acostumbrados a dinámicas no saludables. Pero también se siente bien. No intento ser el mejor conversador con personas que me dan respuestas de una sola palabra. No respondo a las solicitudes de que sea más entretenido. Participo en conversaciones en las que se hace un esfuerzo por conectar. Me desconecto cuando claramente no hay esfuerzo.

No me importa lo inteligente o atractiva que sea alguien, si te quita la energía, no es para ti. La verdadera química es más que compatibilidad intelectual. Más allá de las superficies, debes sentirte intuitivamente cómoda o cómodo.

Muchos de nosotros hemos permitido el compromiso de bajo esfuerzo y las respuestas monosilábicas dignificándolos con una respuesta y un esfuerzo renovado para lograr su interés. Lo que sucede es que terminamos en relaciones que nunca podrían satisfacer nuestras necesidades. Fue obvio desde el principio. El esfuerzo y el compromiso no estaban ahí. Faltaba madurez y compromiso. Pero procedimos de todos modos.

Me desperté hoy y me di cuenta de que la norma de oro no debe aplicarse de esta manera en las relaciones. Esta fuera. He terminado con eso. Necesito que mi energía se iguale. Los mensajes deben dar lugar a respuestas. Las conversaciones deben sentirse como conversar y no como responder preguntas interminablemente sobre la jornada laboral o el clima sin llegar a conocerse a un nivel más profundo. Puedo ser mi yo más auténtico sin tener que esforzarme más para participar del que recibo a cambio.

Si soy honesto, es un alivio. Pasé todos esos años de esfuerzo sintiéndome exhausto. Estaba llenando sus tazas. ¿Quién llenaba la mía? Actué como si sus necesidades fueran una prioridad y las mías fueran opcionales.

La dura verdad es que ni siquiera fue culpa de ellas. Hicieron lo que hicieron. Puedo enojarme tanto como quiera por haberme relacionado con algunas compañeras que me han costado poco esfuerzo, pero en realidad estoy enojado conmigo mismo porque yo las elegí. Permití que esas relaciones continuaran cuando era obvio que no podían darme lo que necesitaba. Yo era el denominador común en cada relación fallida.

Ahora puedo relajarme. No me tomo personalmente el comportamiento de otras personas. No le atribuyo malas intenciones a todas las personas con las que me encuentro. En cambio, simplemente evalúo el esfuerzo. Alguien que coincida con mi energía puede ser compatible o incompatible conmigo. Alguien que no coincide con mi energía es automáticamente incompatible conmigo incluso si parecemos una pareja ideal en el papel.

Suena simple porque lo es. Eso no significa que sea fácil. Hay razones por las que personas como yo no decidimos ser quienes manteníamos las relaciones. Antes de recibir terapia de trauma, era mi respuesta preferida cuando me conectaba con los demás. Ahora que he abordado mi trauma, puedo ver mi valor inherente. No sólo lo veo; Lo siento. Sé que soy digno de una relación sana y sé que no encontraré una mientras aplique la versión desordenada de la Norma de Oro en lugar de igualar la energía.

Continuare tratando a las personas con amabilidad y respeto. Seré mucho más decisivo en el futuro, pero eso no significa que ignoraré los sentimientos de otras personas. En el fondo, siempre actuaré tratando de no dañar a otras personas, pero estoy igualmente comprometido a asegurarme de no ponerme en peligro al involucrarme en conexiones que no pueden o no quieren coincidir, con  mi energía.

Si quieres encontrar los secretos del universo, piensa en términos de energía, frecuencia y vibración.

Patricio Varsariah.
 

Encontrar el “equilibrio”

octubre 5, 2023


Todos nos enfrentamos a dilemas diarios. ¿Debería ser más asertivo o menos agresivo? ¿Debo correr más riesgos ahora o esperar el momento perfecto?

Tomamos decisiones que impactan nuestro carácter, nuestras relaciones y nuestra felicidad general. Es como un acto constante en la cuerda floja, tratando de mantener el equilibrio.

Debemos intentar tener un notable concepto de la simetría que es como una brújula para navegar por las complejidades de nuestras elecciones diarias. Es como tu barra de equilibrio, que te ayuda a caminar con gracia por esa delgada línea. Puede ayudarle a encontrar ese punto óptimo entre los extremos. O mejor aún, el equilibrio entre el exceso y la deficiencia en tus acciones y comportamientos.

Pienso que la virtud se encuentra entre dos extremos. En el momento adecuado, sobre las cosas adecuadas, hacia las personas adecuadas, para el fin correcto y de la manera correcta, es la condición intermedia y mejor, y esto es propio de la virtud.

Creo que la conducta virtuosa es el punto de “equilibrio” entre dos vicios: uno de exceso y otro de deficiencia. Se trata de cultivar virtudes como el coraje, la generosidad y la templanza sin llegar a los extremos. Y encontrar ese punto ideal donde puedas prosperar, marcar la diferencia y encontrar una realización genuina.

Cualquiera puede enfadarse, eso es fácil, pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado adecuado, en el momento adecuado, con el propósito correcto y de la manera correcta, eso no está en el poder de todos y no es fácil.

Cómo se aplica el “equilibrio” en la vida

Por ejemplo, el coraje es una virtud. El exceso de coraje sería temeridad, mientras que la deficiencia sería cobardía. En este caso, el justo medio sería la cantidad adecuada de coraje que evite ambos extremos.
La idea es que podemos lograr una vida virtuosa y plena esforzándonos por lograr la proporción y la moderación en nuestras acciones y emociones. La virtud es el justo medio entre dos vicios, el del exceso y el otro del defecto. Sin embargo, la definición específica del equilibrio, puede variar según el contexto y la virtud que se considere.

Se requiere un juicio reflexivo y una consideración de las circunstancias individuales para determinar el punto medio apropiado y puede ser aplicable al ajetreo y el bullicio del mundo actual. Puedes utilizarlo para encontrar el equilibrio adecuado entre trabajo y ocio, generosidad y frugalidad, o incluso coraje y precaución.

Cuando aplicas el equilibrio en la vida, no te excedes en nada, pero tampoco te reprimes. Se trata de vivir con intención y encontrar ese punto medio armonioso en casi todo.

En tus finanzas, gastar demasiado puede generar deudas, que pueden ser difíciles de pagar y dañar tu credibilidad. También puede impedirle ahorrar para objetivos financieros críticos como la jubilación.

Acumular dinero tampoco es prudente. Perderás oportunidades para disfrutar de tu vida. También puede perder dinero debido a la inflación: el aumento gradual de los precios de los bienes y servicios a lo largo del tiempo. La mejor manera de administrar tus finanzas es encontrar un equilibrio entre gastar demasiado y acumular.

Eso significa gastar tu dinero en cosas que son importantes para ti y al mismo tiempo ahorrar para el futuro. 
También significa invertir en experiencias significativas que enriquecerán tu vida.

La idea de encontrar ese punto óptimo entre el exceso y la deficiencia no es sólo una vieja y polvorienta filosofía; es una receta para una vida verdaderamente grandiosa. Demasiada concentración puede provocar agotamiento en el trabajo, mientras que muy poca puede obstaculizar su progreso.

Te animo a equilibrar el ocio y la productividad, haciéndote eficiente sin sacrificar tu bienestar.

También ayuda en nuestra comunicación.

Ser demasiado agresivo puede dañar las relaciones, mientras que la pasividad puede hacer que se aprovechen de él. Para encontrar el equilibrio, exprésate de forma asertiva pero respetuosa, logrando un equilibrio entre ser demasiado pasivo o demasiado agresivo. Mantén el justo equilibrio entre decir demasiado y decir demasiado poco.

En las amistades, no puedes ser ni demasiado distante ni demasiado pegajoso. Se trata de lograr un equilibrio entre darles espacio a tus amigos y estar ahí para ellos cuando te necesitan.

En una escala más amplia, el crecimiento personal puede beneficiarse del equilibrio ya que se trata de esforzarse por crecer y mejorar sin obsesionarse con la perfección ni abrumarse por la autocrítica.

En todas las cosas hay un equilibrio adecuado, ciertos límites más allá de los cuales y fuera de los cuales no se puede encontrar el derecho. Quien cultiva así el justo medio evita la pobreza de una choza y la envidia de un palacio.

Recuerda, no se trata de perfección, sino de encontrar ese punto ideal donde puedas ser lo mejor de ti mismo sin sucumbir al exceso o la deficiencia y puede permitirle tomar mejores decisiones, encontrar el equilibrio y llevar una vida más significativa.

En la búsqueda de una buena vida, no es necesario llegar a los extremos; simplemente necesitas encontrar ese equilibrio dorado.

¡Salud por tu viaje hacia una vida verdaderamente grandiosa!

Patricio Varsariah.
 

La corrupción muy cercana al Bien Personal, muy alejado del Bien Común.

octubre 1, 2023


La cuestión no es nunca si un individuo es bueno, sino si su conducta es buena para el país en el que vive. El centro del interés es el país y no el yo.

No hay día en el que no nos despertemos escuchando la radio o leyendo en la prensa noticias sobre la corrupción de este o de aquel político. La que debería ser considerada como la más imprescindible, como la más honesta, como la más honrada de las dedicaciones en una sociedad democrática y plural es, sin embargo, vilipendiada y sometida a escarnio por el comportamiento de unos pocos. 

En nuestros días parece cuasi-infantil pensar que personas sin ninguna formación de alto nivel puedan acceder a cargos de gobierno, toda vez los requisitos obligatorios para acercarse a cargos gubernamentales implican necesariamente la posesión de un título universitario más años de experiencia en funciones relacionadas con el cargo que se busque desempeñar. 

Por esa razón básica, uno tiende a pensar que, si una persona llega a un alto cargo, es porque su nivel de conducta personal y social le aleja automáticamente de las posibilidades de incurrir en actos de corrupción. Lamentablemente, día tras día nos damos cuenta de que esta presunción apriorística es totalmente errónea: la política es un campo actualmente invadido por personas que carecen de requisitos formales, así como de méritos intelectuales para desempeñar sus altos cargos.

El acto de corrupción más rapante es aquel que se comete por parte de políticos, ora en la derecha, o en la izquierda, afirmando que están en clara y definida lucha para eliminar la pobreza, cuando más bien se dilapidan los bienes del Estado en proyectos personalísimos, aspecto tan común en América Latina que, lamentablemente, se ha convertido en un parámetro definidor muy cercano al Bien Personal, muy alejado del Bien Común.

El caso Odebrecht- por citar el más conspicuo en la actualidad- tiene hoy día en el banquillo de los acusados –allí donde la justicia tiene las manos limpias- a políticos pertenecientes a todo el espectro en los más conspicuos países latinoamericanos, con algunas honrosas excepciones a la fecha.

El problema más serio en casi toda América Latina es que el Estado no ha actuado como la institución universal, abstracta, garante del Estado de derecho; por lo contrario, ha funcionado como mecanismo para fabricar fortunas, construir clases artificiales y privilegiar elites. 

La presunción de inocencia, pilar de un sistema de derecho democrático, no parece aplicarse con igualdad en el caso de los políticos. La opinión pública, los medios de comunicación, y los ‘opinadores’ profesionales o amateurs, se abalanzan a asumir que por defecto son culpables. Y lo peor de todo es que no importa si al final son inocentes, porque la sombra de la sospecha, siempre les manchará, a ellos al igual que a todo aquel que dedique parte de su tiempo, profesionalmente o no, a la política.

 “¿Algo habrá no?” “¿Algo habrán pillado?” “¿Por qué iban a estar ahí sino?” Quién no ha pensado esto cuando se ha publicado la inocencia de algún político presunto culpable.

Pero una vez que hemos reconocido la dignidad de dedicarse a la política en democracia, por muy demacrada y explotada que se encuentre por el mal uso que determinados responsables hacen de ella, no es frívolo reconocer el daño que a la sociedad nos hacen esos casos de políticos que sí que son corruptos. 

Y aquí viene la cuestión principal que me gustaría plantear. ¿Tanto os equivocáis a la hora de elegir a esas personas? ¿Vienen ya predispuestas a primar el beneficio personal sobre el interés público? Son, por así decirlo, “malas personas”, delincuentes que han tenido la habilidad de “zarandear”.

¿O hay algo en vuestro sistema, en vuestra forma de organizar la gestión de lo público que dota de “normalidad” a esta perversión democrática? ¿Hasta qué punto durante años se han “normalizado” comportamientos que deberían ser excepcionales? Y no cabe duda que ahí los partidos políticos tienen una responsabilidad primordial. 

Pero ahí está la clave, claro, la “normalidad” con la que la sociedad y los servidores públicos han asumido un sistema perverso, podrido, que alimenta y promueve los peores instintos del ser humano. La banalidad del mal no es otra cosa que la insignificancia del individuo partícipe imprescindible de ese mecanismo, no como motor, pero sí como engranaje necesario. Libre de responsabilidad ética y moral, al fin y al cabo, él es uno más.

Hasta qué punto el ciudadano común, el servidor público común, el político común, que no es “malo” por naturaleza, se ciega ante la corrupción; o bien la comete al verla como algo normalizado en el entorno o bien decide cerrar los ojos y actuar como si no fuera asunto suyo, al no sentirse responsable último. 

Quizá porque durante años nadie parecía darle importancia a pequeños “atajos” que cada vez iban a más, quizá porque los responsables últimos consideraron que era preferible no “tocar” a quien les garantizaba mayor cuota de poder institucional debido a su popularidad por algo “insignificante”. Quizá porque casi ningún ciudadano prefirió preguntarse por esas “pequeñas” cuestiones o rumores de corrupción o “atajos” ante las políticas para la “mayoría”.

¿Hubieran sido posibles tantos y tan graves casos de corrupción si algo en vuestro sistema no hubiera permitido esto? ¿Si vuestra sociedad no hubiera en muchos casos cerrado los ojos hasta que la gravedad de una crisis económica no os hubiera llevado al límite? 

No dudo que entre los corruptos haya gente “mala”, predispuesta a la corrupción, pero tengo la inquietante sensación que ha habido más de una persona “común” que perdió su normalidad ética ante un sistema que cerraba los ojos. Culpables o cómplices del silencio.

Y no cabe duda que ese es el gran reto que nuestra sociedad tiene que plantearse, que los partidos políticos o los movimientos ciudadanos han de replantearse. Que todos, políticos o no, aceptemos que la política ha de ser la más digna de nuestras ocupaciones. Y que eso implica un esfuerzo de transparencia y control democrático en los sistemas de los partidos políticos, en los sistemas institucionales que estos gestionan. 

Hemos de dignificar los sistemas dignificando a las personas que de ellos participan, los engranajes de un sistema son esenciales, pues es lo que dota de legitimidad a un sistema democrático y permite su máxima expresión a través de la exigencia de un comportamiento inequívocamente ético.

Es necesario retomar la senda de la cordura y la razón si no queremos seguir pagando y patrocinando nuestra autodestrucción.

El pueblo, puede seguir lamentándose por lo que pudo haber sido o por haber sido engañado, o puede hacer algo audaz; Usar esa energía para crear un futuro envidiable. Es su decisión.

Vienen tiempos difíciles que servirán para demostrar el empeño, el temple y talante democráticos de los argentinos, colombianos, ecuatorianos en las elecciones a realizarse este mes de octubre 2023. Lo que necesita vuestra sociedad es diálogo y tolerancia, pero de manera legítima y sincera, sin dobleces.

Que el Dios de sus creencias guíe sus pasos, ilumine vuestra inteligencia para que vuestro voto sea pensando en los sueños del presente y de un futuro mejor para vuestro país y  la humanidad.

Patricio Varsariah.
 

Si no eres feliz solo o sola, no serás feliz en una relación.

septiembre 30, 2023


La vida me ha hecho comprender que la felicidad, va más allá de esa sensación momentánea que sentimos al obtener logros y bienes materiales; que no es un estado en que el que podemos permanecer siempre, pero si es una actitud que elegimos al valorar pequeños momentos y sencillas situaciones de nuestro diario vivir, al valorar la vida misma, el abrir los ojos, el poder respirar, caminar, comer, bañarnos, andar, tener fuerzas y salud para seguir adelante.

La felicidad es un estado de ánimo que se produce en la persona cuando cree haber alcanzado una meta deseada. Tal estado propicia paz interior, un enfoque del medio positivo, al mismo tiempo que estimula a conquistar nuevas metas. Es definida como una condición interna de satisfacción y alegría". El diccionario afirma que la felicidad es: "un estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien".

Definitivamente la felicidad no pasa solo con tener todo lo que uno quiere, pasa por ver la vida sabiendo valorar a las personas que siempre están con uno, es valorar lo que tienes y no vivir concentrado en lo que te falta. Algunos persiguen la felicidad, otros la crean, es una elección de cada quien, como siempre, ver el lado positivo en todo o amargarse, entristecerse y hundirse en un hoyo negro. Es entender que la felicidad está dentro de uno, no al lado de nadie, como muchas personas creen que solo pueden ser felices al lado de alguien. Si no eres feliz solo, no serás feliz en una relación. Una persona no viene a tu vida a traer felicidad, sino a compartir la que ya tienes.

Y es que definitivamente muchas personas se pierden las pequeñas alegrías mientras esperan la gran felicidad o a pesar de poseer muchas cosas no son felices, como se suele confundir. La mayoría de nosotros pensamos que aquellos que obtienen lo que quieren en la vida son felices; y de esta creencia concluimos que las personas con poder o dinero deben estar viviendo la buena vida. 

Sin embargo, si miramos con más detenimiento, podemos ver que a menudo las personas más ricas pueden estar perdidas, amargadas e insatisfechas. Esto es un indicativo de lo superficial que es nuestra perspectiva de la felicidad. Sólo porque una persona tenga muchas cosas físicas no significa que tenga una felicidad duradera. Si piensas en ello, queda claro que casi cada placer en este mundo físico es temporal.

A pesar de que el dinero puede comprarnos una casa, es el amor que comparte una familia lo que convierte esa casa en un hogar. Es compartir nuestro tiempo y nuestros cuidados, no nuestro dinero, lo que crea amistades duraderas en vez de superficiales. No hay marcas de diseñadores que puedan despertar nuestra valía personal; sólo podemos alcanzarla estando ahí para otra persona.  

Me gustaría compartir con vosotros algunos reparos para aumentar la felicidad en nuestra vida. 

A ser felices, gente:

1. Quiérete: Reserva momentos para ti en la agenda semanal. Toma las riendas y dedica tiempo a cuidar tu cuerpo, reflexionar, evadirte o disfrutar en perfecta compañía.

2. Vive el presente: ¿Cuántas veces te descubres viviendo en tu cabeza un futuro por llegar o un tiempo ya pasado? Te estás perdiendo el presente, todo aquello que te rodea y está ahí para sentirlo y disfrutar. Regálate momentos en los que sólo exista el "ahora".

3. Tú puedes: Si quieres algo no te pongas barreras, para eso ya están otros o las circunstancias. Cuando pienses que no puedes, recuerda todas las veces en tu vida que has conseguido lo que te has propuesto, esta vez también puedes conseguirlo.

4. Aprende: Echa la mirada atrás y apunta al menos diez cosas en el último año que has aprendido o que son dignas de celebración. Lleva esa sabiduría contigo y celebra el que estás siendo más grande por dentro.

5. Mira hacia adentro: Pasas tanto tiempo buscando respuestas fuera que no te das cuenta que, muchas de ellas, están dentro de ti. ¿Vas a dejar que sigan dándote respuestas que no te sirven? Cree en ti. Escucha tu voz interna. Conversa con Dios. ¡Pídele a la vida! Decreta, afirma, piensa en positivo, pero, sobre todo, ¡hazlo posible!

6. Arriésgate: Dijo Albert Einstein que quien quiere resultados diferentes ha de hacer las cosas de manera diferente. Piensa en qué necesita un cambio en tu vida y arriésgate, tú decides cuánto. ¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo diferente en tu vida?

7. Sueña: ¿Cuándo fue la última vez que soñaste? Date permiso, sueña, cierra los ojos y visualiza ese lugar, esa situación, esas personas. No te preocupes porque la realidad sea diferente a tu sueño, saber lo que quieres te ayuda a saber qué te ayudará a conseguirlo.

8. Perdónate: ¿Te sigues acordando de errores pasados? ¿Cosas que salieron mal? ¿Te es útil tenerlo presente? Deja de gastar energías y quédate con lo que te sirve. ¿A qué estás renunciando siguiendo así? Toma la lección aprendida, avanza, todo deja algo bueno y todo pasa para algo, deja de pensar en porqué sucedió y avanza sabiendo para qué ocurrió. Elige avanzar.

9. Relájate: Intentas tenerlo todo controlado y te crispa no tenerlo. La vida tiene sus decisiones y un ritmo que no siempre está en sintonía contigo. Tómate tiempo para poder relajarte y procurar ser más flexible, improvisa y descontrola de vez en cuando, te sorprenderás de lo mucho que puede ayudarte en el camino a tu felicidad.

10. Hazte responsable: Cada vez que eches la culpa a otra persona de algo, mírate a ti. ¿Qué parte de responsabilidad tengo? ¿Qué podría haber hecho yo de manera diferente? Ser siempre la víctima es muy cómodo, pero también muy abrumador porque nada está en tus manos. ¿Qué sería diferente si empiezas a ser protagonista del guion de tu vida? Nada ni nadie te afecta si tú no lo permites, así que empieza por asumir que eres responsable de todo lo que te sucede.

¡Y recuerda: a sonreír, agradecer y abrazar y vivir la vida! Sobre todo: ¡a Vivir, gente! VIVIR.

Saludos.

Patricio Varsariah.
 

Mi vida, tu vida, dos senderos que se cruzan y respetan.

septiembre 30, 2023


Todos debemos ser dueños de nuestras vidas, capitanes de nuestros destinos, a veces tan variables y caprichosos. Si nos anclamos a la existencia de alguien de forma completa sin tener en cuenta nuestras necesidades, voluntades o deseos, jamás volveremos enteros. Ahora bien, sabemos que, en cierto modo, todas estas palabras son fáciles de decir y muy complicadas de poner en práctica. 

Porque… ¿Cómo no vamos a amar a alguien de modo completo, hasta la última partícula de nuestro ser?

Es inevitable. Aun así, vale la pena recordar que, aun amando con total intensidad, jamás debemos perder nuestra identidad, nuestra autoestima. No permitas que tu vida y el dominio de la misma se vaya debilitando como el humo que escapa por una ventana abierta…

Somos breves pasajeros de una vida efímera que merece apurarse con la máxima intensidad. 

¿De qué nos vale ser esclavos de voluntades y caprichos ajenos? 

Casi sin que nos demos cuenta, se habrán acabado las hojas de nuestros días y nunca habremos conseguido ser nosotros mismos.

Está claro que formar parte de alguien a nivel afectivo, implica una gran responsabilidad. De una manera u otra se desarrollan muchos apegos, hay necesidad de cercanía, de afecto, de reciprocidad. No obstante, mientras dichos apegos sean saludables y permitan espacios propios, todo irá bien.

Amar lo queramos o no, también es necesitar: necesitamos compartir vida con aquella persona que amamos, necesitamos tener un compromiso, estabilidad, planes de futuro y sentirnos correspondidos. 

Ahora bien, amar es necesitar de forma saludable. Buscamos reciprocidad, crecimiento, afectos y valoración. El amor que se necesita y que se vuelve dependiente es el más dañino. Ama en plenitud, pero evita ser una persona que fija su felicidad en el bolsillo de los demás.

¿Te ha ocurrido esto alguna vez? ¿Te has sentido tan dependiente de alguien hasta el punto de perder tus propios esquemas, tu propia integridad? 

Estas son sin duda las relaciones más destructivas. Dicen: Seré la mujer de mi vida además de ser la mujer de la tuya. Tenemos claro que el mensaje puede y debe aplicarse a ambos géneros, tanto a hombres como a mujeres. No obstante, son casi siempre las mujeres las que más tienden a darlo todo muchas veces por los demás sin esperar nada a cambio. Ellas, las que, por término medio, sufren más en ocasiones esa desigualdad afectiva y de poder en las relaciones afectivas.

Encontrar satisfacción y sentirse realizadas al darlo todo por la persona que aman. Nadie es capaz de amar a medias, pero muchas veces, se ofrece más de lo que debería. Se posponen proyectos personales y laborales, se prioriza los planes de la pareja… Hasta que al final perciben todo lo que han dejado pasar.

En muchas ocasiones, y casi sin darse cuenta, se puede caer también en relaciones muy desiguales. Se desarrolla una manipulación emocional por parte de la pareja donde la mujer no sabe al principio cómo salir. El amor se convierte en sufrimiento y el sufrimiento va quebrando la autoestima. El amor, casi sin que nos demos cuenta, deriva muchas veces en dependencia por parte de ambos miembros de la pareja. No obstante, puede ocurrir que por parte de alguno de los dos más que amor se busque otras dimensiones: cubrir vacíos, necesidad de sentirse valorada o valorado, cubrir carencias afectivas, evitar la soledad del modo que sea…

Debemos tener muy en cuenta esos aspectos. Mi vida, tu vida, dos senderos que se cruzan y respetan. 

Nadie llega a este mundo sabiéndolo todo sobre las relaciones afectivas. Quien no ha cometido nunca un error es que aún no se ha dado la oportunidad de aprender. Y quien no se ha sentido decepcionado, es que aún no sabe lo que de verdad necesita.

La vida es un largo sendero lleno de aprendizajes que asumir, y el amor, es en ocasiones el maestro más severo. Guarda todo lo aprendido, deja atrás a quien te hizo daño y no lo cargues en tu corazón. No lo merece y te llenará de tristezas. Sé la mujer que siempre has deseado ser, nunca es tarde para conseguirlo, nunca es tarde para alcanzar ese tren con el que siempre soñaste.

Sé la mujer de tu vida y permite entrar en ella a quien merezca formar parte tu aventura personal: a quien te enriquezca, a quien te aporte luces y no oscuridades, a quien te valore y te permita crecer como persona. Sé la mujer que se permite reír cada día llena de ilusiones, y no de temores. Camina tu sendero personal con seguridad dejando que se cruce con aquel que te traiga el destino…

Dedicado a todas esas personas que en estos momentos se sienten identificados con estas palabras, a todas esas personas que se encuentran invadidos por la desesperanza de un mundo que tiende a deshumanizarse.

Viví y deja vivir, es el primer paso de la paz y la felicidad.

Patricio Varsariah.
 

El amor no es una opción.

septiembre 27, 2023



La profundidad de tu amor hacia una persona es directamente proporcional a la cantidad de libertad que eres capaz de concederle en la vida. 

En vez de saber distinguir este importante valor de la vida de entre las emociones, la necesidad y el sufrimiento, hacemos una mezcla de todo y, en cada momento es uno de estos factores el que regenta nuestros actos y pensamientos.

El ser hechizado en mi interior y el que está presente en el mundo se pueden dar la mano en cualquier momento, en cualquier lugar, de cualquier manera: cuando contemplo la copa de un árbol o cuando miro los ojos de otra persona, cuando consigo escribir un mensaje positivo, cuando me emociona una canción o cuando el fragmento de una lectura pone mis pensamientos en efervescencia, cuando ayudo a alguien o alguien me ayuda a mí, cuando ocurre algo importante o cuando no ocurre nada especial. 

Esa necesidad nuestra, irreprimible, de trascender los horizontes situacionales, de cuestionar, conocer, explorar, entender, buscar la esencia de las cosas, ¿Qué otra cosa es esa necesidad sino otra de las formas de aquel anhelo interminable por recobrar la integridad perdida del ser, aquel anhelo del yo de regresar al ser? ¿Qué otra cosa es sino ese anhelo intrínseco de despertar al propio ser oculto, adormilado, olvidado tantas veces, y a través de él alcanzar aquella plenitud e integridad de la existencia que nuestra intuición nos permite vislumbrar? 

Para nada somos libres en la elección, ya que muchas cosas han decidido por nosotros.

En la vida, algo tan importante como el conocimiento de uno mismo, es determinante para Vivir y decidir las cosas realmente importantes. Este conocimiento no está vedado a seres especiales, cuya sensibilidad interna les alumbra cada instante. Esto es para todos los seres humanos que realmente deciden ver el camino de la Vida como un todo lleno de valores y riquezas. Oportunidad cada momento para aprender viviendo siendo Almas además de aquello que también somos cada cual en el escenario que nos ha tocado ser y estar.

Vivimos en un mundo cuyo Sol alumbra cada día, cuyas estrellas acompañan cada noche. Sin embargo, hemos creado una sociedad que ha roto este sencillo ritmo del Universo, pues no apreciamos lo que no da el astro estrella de nuestro sistema solar y tampoco valoramos debidamente el silencio de la noche…

La sociedad nos impele a buscar en el exterior lo que somos. Estamos repletos de conocimientos quizás, pero vacíos de contenido y así, sin demasiado rumbo, vamos por la vida con la única compañía de sensaciones nuevas y vibrantes, con la ilusión de tener más para así afianzar una seguridad en este mundo que hemos creado, olvidando aún más la esencia que nos mueve y da Vida.

A todo esto lo llamamos libertad. Aun sabiendo que no es así. Aun sintiendo la inseguridad que genera el vacío que llevamos dentro, sin entender que la inseguridad existe, pero debemos llenar ese cuenco del interior, el cual, cuando se ve reconocido habla y sonríe…

La voz de la conciencia lo llaman algunos. Otros el corazón. El Alma, la razón. Ahí quizá es donde anida la verdadera realidad de lo que Somos, no solamente de lo que vemos o sentimos pues, la verdadera realidad es imperecedera. Es fruto del camino que nos lleva hacia delante, en un ritmo de acompasada evolución…

Amar no es tener. Amar es sentir algo que forma parte de la Verdad y descubrir en la medida del tiempo la razón de su existir. Amar es también afianzar una amistad que surge desde el interior y el amor impulsa el crecimiento de ese tallo en una hermosa flor…

El amor no es una opción, sino un camino a recorrer desde el interior. Es un peldaño más hacia uno mismo y no se llega a él sólo desde fuera, sino desde dentro. Es un dar sin esperar nada a cambio porque, cuando hay amor, el propio sentimiento o sensación ya es ese algo a cambio.

En la vida puede haber muchos peldaños. Esfuerzo y atención requieren la mayoría. Cuando nos sentamos en uno de ellos y queremos aferrarnos a él, es que no queremos caminar y no estamos dejando que nuestro espíritu, libre por naturaleza, crezca en la medida de su necesidad.

¿Acaso creemos que todo lo sabemos ya?

Nunca se deja de aprender. Cuando se aprende de verdad, es cuando el camino se observa, es cuando se camina en él y cuando la práctica surge como un ritmo propio y es cuando sólo existe el presente. Sólo así, es cuando el caminante es consciente del mundo que tiene ante él y se deja acariciar por ese Sol y por ese silencio estrellado de la noche, entendiendo que es uno más en este vasto Cosmos de evolución.

¿Qué sustenta la vida en el Universo? El amor.

Entonces, ¿por qué no nos atrevemos a descubrirlo detrás de cada cosa que observamos y vivimos?

Nos mueve muchas veces mucho más la necesidad que una aspiración humilde de caminar. Nos mueve muchas veces más el buscar que el propio sentido del vivir. Así vamos dando tumbos por la vida y, en ocasiones, damos vueltas en círculo… el propio círculo que nosotros mismos hemos ido haciendo y, de tantas veces que hemos pasado por él, está hundido y nos limita la capacidad de andar, de movimiento… de libertad.

Esto, según pasa el tiempo se convierte en un hecho consumado y, nadie más ha decidido tal acción sino uno mismo…

La realidad hay que observarla. Nunca imaginarla pues la realidad siempre está presente y no es necesario volverla a inventar. Inventamos cosas para cambiarla, modificarla, adaptarla a nosotros mismos, con lo cual, tergiversamos esta Verdad a nuestro antojo y, cuando pasa el tiempo y vemos que las cosas no van bien, echamos la culpa a la vida, cuando ésta no tiene nada que ver con las decisiones que tomamos.

El amor es una decisión también. Para que sea una realidad debe ir acompañado del propósito de uno mismo. Para sentir amor hacia fuera, primero hay que sentirlo desde dentro, tener ese espacio vital libre de autocompasiones, luchas, incertidumbres y el amor real es quererse a uno mismo pues, no podemos ofrecer perfume si primero no somos una flor…

Lo cierto es que la vida es dura y peligrosa: que aquel que persigue su propia felicidad, no la alcanza; que el débil ha de sufrir; que quien solicita amor se verá decepcionado; que el glotón no quedará saciado; que quien busca la paz, encuentra la guerra; que la verdad es sólo para los valerosos; que la dicha es sólo para aquel que no teme la soledad; que la vida es sólo para aquel que no teme la muerte.

Saludos.

Patricio Varsariah.
 

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