diciembre 18, 2023

Me permito el atrevimiento escribirte estas líneas, aun sabiendo que quizás, nunca llegues a leerlas.
Entiendo que te encuentras en un momento personal bastante complicado y que prefieres dejar que el tiempo ponga las cosas en su sitio, aunque en el fondo tienes tan claro como yo, que lo que quieres en tu vida no es precisamente lo que tienes en ella.
Mi carta responde a la intención, humilde te aseguro, de hacerte reflexionar sobre las relaciones de pareja, o, mejor dicho, sobre tu relación de pareja. Está muy claro que cada relación es única, que la forma de querer de cada persona es distinta, y que nadie tiene derecho a inmiscuirse en los sentimientos de un tercero. Por ello, no tengo ningún interés en meterme donde no me llaman, pero como te aprecio y me consta que tu balanza sentimental anda bastante "desequilibrada", quizás si hacemos juntos una reflexión, encuentres alguna respuesta a las tantas preguntas que te quitan el sueño.
Una relación de pareja nunca debe ser dañina para ninguna de las partes, eso de que el amor es sinónimo de sufrimiento, es mentira. El amor debe enriquecernos, y nunca hacernos sentir desdichados, por carecer de cosas tan básicas como una palabra de aliento cuando nos vence el desánimo; un abrazo que nos transmita la seguridad que nos falta; un piropo que nos levante la autoestima; un guiño a modo de "no pasa nada" o una sonrisa cuando la nuestra se esfumó por cualquier motivo.
La persona con la que decidimos compartir nuestra vida, debe complementarnos y nunca jamás hacernos sombra. Una relación de pareja no es una competición individual, a ver quién sale victorioso, es una carrera a la par, en la que tanto los éxitos como los fracasos, son cosa de dos.
En una relación de pareja, no se deben hacer comparaciones con personas que pasaron antes por nuestra vida. Cada persona es única e irrepetible, y las comparaciones no sólo son odiosas, sino que no tienen cabida. Si tan especial e importante era "la otra" como para compararte constantemente con ella, deberías preguntarte qué carajo hace contigo. ¿Te quiere realmente o simplemente pretende llenar un vacío?
En una relación de pareja lo más importante no es compartir lo bueno y lo positivo de la vida, sino aprender a superar juntos los sinsabores, los problemas y las dificultades. Sentir que por muy duro que sea el momento, nuestro dolor es más ligero porque hay alguien que soporta como suyo, nuestro propio peso.
La primera persona que vemos cada mañana al despertar, debe ser el confidente de nuestros sueños, y la llave de nuestro diario. Debe ser esa persona que con sólo mirarnos se dé cuenta de lo que otras no son capaces de percibir.
La persona que realmente nos quiere, acepta cada uno de nuestros defectos sin pretender cambiarnos, nos hace sentir el más atractivo o atractiva del mundo, aun cuando nosotras mismas odiemos nuestra imagen en el espejo. Esa persona entenderá nuestros miedos y nos llevará orgulloso de la mano aún sin saber cuál es el destino.
En una relación de pareja lo que menos importa es cómo vamos a llegar a fin de mes, lo único que cuenta es que lleguemos juntos, con más o menos sacrificios. Está claro que no todo será bueno y bonito, porque el amor forma parte de la vida, y la vida está llena de momentos complicados. Lo que no es de recibo, es que sea precisamente el amor que compartes con alguien, lo que haga más complicada tu vida.
El amor de pareja debe ser un "quid por quo" «algo por algo» o «algo a cambio de algo». Yo al menos, no lo entiendo de otra manera.
Si lees este escrito, lo único que te pido es que pienses muy bien lo que quieres en tu vida y sobre todo, si es a él a quien quieres en tu vida. Piensa detenidamente si la persona con la que compartes tu día a día, te aporta lo que te mereces, ni más ni menos. Bajo ningún concepto te conformes con migajas. Eres una gran mujer, autosuficiente, preparada, alegre y divertida. No permitas que nadie te robe la sonrisa. Ya una vez dejaste muchas cosas en el camino por un amor mal entendido, por un amor que te hizo pequeña (aún con lo grande que eres).
Si no eres valorada o valorado, no te enojes, significa que estás en el lugar equivocado; por que aquellos que conocen tu valor son aquellos que te aprecian. Nunca te quedes en el lugar donde no ven tu valor!
Para concluir, una frase que me gusta mucho y que ya un día recomendé: "Solía pensar que la peor cosa en la vida era terminar solo. No lo es. Lo peor de la vida es terminar con alguien que te hace sentir solo".
Publicado por Patricio Varsariah.
diciembre 15, 2023

La felicidad es el objetivo de la vida. Pero no siempre es fácil. Se encuentra la felicidad en el arduo trabajo que hacemos cada día.
Muchos de nosotros tenemos la expectativa de que la vida debería ser más fácil de lo que es. Independientemente de lo que elijamos hacer “cuando crezcamos”, inconscientemente fantaseamos con que el camino elegido tendrá muy pocos desvíos, interrupciones e inconvenientes. Y luego esperamos interminablemente a que las cosas se pongan más fáciles, mientras se nos pasan innumerables buenas oportunidades.
Lo curioso es que, para algunos de nosotros, una de las cosas difíciles es aceptar los regalos de amor, cuidado y homenaje de las personas en nuestras vidas que necesitan expresar su aprecio por nosotros tanto como nosotros debemos expresar nuestro aprecio por ellos. A veces “tomar” puede ser difícil, porque tememos ser demasiado grandes o ser vistos como demasiado buenos y, por lo tanto, elevar las expectativas sobre nuestro “desempeño” futuro en la vida. Estoy aprendiendo a dejar que la gente me ame sin desviarme constantemente y tratar de minimizar mis logros, y aparentemente eso me está dando a ellos y a mí el mismo placer.
Siempre que te encuentres atrapado en este tipo de ciclo improductivo, recuerda que:
1. Necesitas hacer cosas difíciles para ser feliz en la vida (y puedes hacerlo).
Sí, necesitas hacer las cosas que la mayoría de la gente preferiría evitar: las cosas que te hacen sentir incómodo, de las que es mucho más fácil huir, ¿Qué otros no pueden hacer por ti... las cosas que te hacen más fuerte pero que también te hacen cuestionarte de cómo vas a encontrar la fuerza para seguir adelante?
¿Por qué?
Porque esas cosas difíciles, en última instancia, te fortalecen y cambian tu vida. Marcan la diferencia entre existir y vivir, entre conocer el camino y recorrerlo, entre una vida de promesas vacías a uno mismo y una vida llena de propósito, progreso y realización.
¿La clave?
¡Acción diaria consistente y apasionada!
Aprenda a creer en tu corazón que está destinado a vivir cada día lleno de pasión y propósito, que cada momento es digno a su manera. Y recuerda que la pasión no es algo que encuentras en la vida; es algo que haces. Cuando quieras encontrar la pasión y la fuerza interior necesarias para cambiar tu situación, debes esforzarte para dar un paso adelante.
Muchos de nosotros todavía estamos tratando desesperadamente de “encontrar nuestra pasión”, algo que creemos que nos acercará a la felicidad, el éxito o la situación de vida que finalmente deseamos. Y digo "desesperadamente" principalmente porque realmente no se puede encontrar la pasión. Cuando decimos que estamos tratando de encontrar nuestra pasión, implica que nuestra pasión de alguna manera se esconde detrás de un árbol o debajo de una roca en algún lugar. Pero eso está lejos de la verdad.
La verdad es que nuestra pasión proviene de hacer las cosas bien. Si estás esperando de alguna manera “encontrar tu pasión” en algún lugar fuera de ti, para finalmente tener una razón para poner todo tu corazón y alma en tu vida y en los cambios que necesitas hacer, probablemente estarás esperando una eternidad...
Por otro lado, si estás cansado de esperar y prefieres vivir con más pasión a partir de hoy y experimentar pequeños cambios positivos, es hora de inyectar pasión de manera proactiva en lo siguiente que hagas.
Piénsalo:• ¿Cuándo fue la última vez que te sentaste y conversaste con alguien cercano, sin distracciones y 100 por ciento concentrado?• ¿Cuándo fue la última vez que hiciste ejercicio y pusiste todo el esfuerzo que pudo en ello?• ¿Cuándo fue la última vez que realmente intentaste hacer lo mejor que pudiste?
Como la mayoría de nosotros, es probable que tu estés poniendo un esfuerzo poco entusiasta en la mayoría de las cosas que haces a diario. Porque todavía estás esperando. Todavía estás esperando "encontrar" algo que te apasione: alguna razón mágica para entrar en la vida que deseas crear. ¡Pero debes hacer exactamente lo contrario!
2,- Poner todo tu corazón y alma en los momentos ordinarios es lo que crea la magia de la vida.
Cuando era niño, me decían: “Deja de esperar mejores oportunidades. La que tienes delante es la mejor oportunidad”. También dijo: “Con demasiada frecuencia dedicamos demasiado tiempo a hacerlo perfecto en nuestras cabezas incluso antes de hacerlo. Deja de esperar por la perfección y haz lo mejor que puedas con lo que tienes hoy y luego mejóralo mañana”.
Lo creas o no, investigaciones psicológicas recientes refuerzan indirectamente los sentimientos de lo que me decían cuando era niño. Durante muchos años, los psicólogos creyeron que nuestra mente podía afectar directamente a nuestro estado físico, pero nunca al revés. Hoy en día, sin embargo, está ampliamente documentado que nuestros cuerpos (por ejemplo, nuestras expresiones faciales momentáneas y nuestra postura corporal) también pueden afectar directamente nuestro estado mental. Entonces, si bien es cierto que cambiamos de adentro hacia afuera, también cambiamos de afuera hacia adentro. Y tú puedes hacer que esta realidad funcione para ti.
Si quieres más pasión y felicidad en tu vida ahora mismo, actúa en consecuencia ahora mismo.
¡Pon tu corazón y alma en algo!
No hacia las oportunidades del mañana, sino hacia la oportunidad que tienes justo delante.No en las tareas de mañana, sino en las tareas de hoy.No para la carrera de mañana, sino para la carrera de hoy.No en las relaciones del mañana, sino en las relaciones de hoy.
Estoy seguro de que tienes muchas cosas en tu vida en este momento que valen tu tiempo y energía. Tienes personas y circunstancias en tu vida que te necesitan tanto como tú a ellas. Tienes una enorme reserva de pasión potencial dentro de ti, esperando…
3.- Deja de esperar: ¡esa es la verdadera lección!
No es demasiado tarde, pero hay que empezar. En otras palabras, no es necesario tenerlo todo resuelto para dar el siguiente paso. Pero es necesario dar el siguiente paso para resolverlo. Y mientras luchas por seguir adelante, recuerda que es mucho mejor estar cansado de dar pequeños pasos hacia adelante que estar cansado de esperar sin hacer absolutamente nada.
A decir verdad, si esperas “el momento adecuado” (si esperas hasta sentirte 100% preparado), estarás esperando el resto de tu vida. Tómate esto en serio ahora mismo. Demasiadas personas esperan demasiado para vivir sus mejores vidas. Esperan todo el día a las cinco de la tarde, toda la semana al viernes, todo el año a las vacaciones, toda la vida a la pasión y la felicidad. ¡No seas uno de ellos!
Sigue recordándote que los nuevos caminos se hacen caminando, no esperando. Y no, no deberías sentirte más seguro antes de dar el siguiente paso. Dar el siguiente paso es lo que construye gradualmente tu confianza y genera progreso en la vida.
Hace unos años decidí tomar un día a la vez. El mañana nunca te está prometido, así que hay que hacer las cosas mientras puedas. Quiero hacer cosas mientras todavía tengo tiempo y mientras todavía soy capaz de hacerlas.
Los nuevos caminos se hacen caminando, no esperando.
Todos los días agradezco y me siento muy feliz de haberme despertado en la mañana, algunas personas no se permiten ese lujo.
Publicado por Patricio Varsariah.
diciembre 13, 2023

Pocas cosas hacen más infeliz que sentirse el último infeliz de la Tierra. O creerse el único que la pasa mal allí donde todo el mundo encuentra alegría y montones de afectos. Pero no todo lo que brilla es oro y, muchas veces, es nuestra fantasía la que pone en los demás —y en sus supuestas vidas— más paraísos de los que realmente tienen.
En esta época, el estrés llamado positivo puede convertirse en negativo o distrés y el aumento de la irritabilidad, el malhumor y el desgano comienzan a corroer el rendimiento laboral, las relaciones sociales y la capacidad de resolver problemas. El difundido estrés no es otra cosa que la respuesta que una persona elabora ante determinadas situaciones de presión o exigencia ya sea física o psíquica. Sin embargo, “cuando esa presión supera el umbral de tolerancia del sujeto deriva en distrés, que implica una demanda excesiva para la persona.
En este sentido, a esta altura del año 2023, la acumulación de situaciones estresantes que cada uno debió resolver a lo largo del año hace que los sujetos se vuelvan más propensos a esta patología. Lo característico de este mal es que las contingencias que en otro momento del año resolvimos sin mayores sobresaltos ahora se nos hace cuesta arriba, por lo tanto, es común que las personas vivencien un estado de mayor ansiedad, irritabilidad e insomnio que se plasma en el trabajo y en las relaciones afectivas.
En el ámbito laboral es frecuente que quienes se ven afectados por este síndrome se sientan interferidos a la hora de concentrarse en las actividades producto de la disminución de la capacidad para resolver problemas. Por otra parte, muchos contratos caducan y la inestabilidad o incertidumbre laboral genera una mayor predisposición al distrés.
Un ciclo que se cierra y, por delante, un paquete de 365 días en inquietante blanco, con la demanda urgente de proyectos nuevos; el trabajo y el estudio apurando sus fechas límite —las entregas, los finales, los informes anuales en tiempo de descuento—; los preparativos para dos festejos demasiado juntos; los gastos, la comida, los regalos; los encuentros que se las traen, las ausencias más presentes que de costumbre; las vacaciones, como urgencia o como incógnita; el balance entre lo que hubo y lo que faltó, entre lo ganado y lo perdido, entre los sueños concretados y los deseos que aguardan turno.
Todo eso y mucho más en apenas días. ¿No será mucho?
Sin duda. En esta época la gente desborda y se produce una intensa movilización afectiva. Son momentos de mucha ansiedad. Uno trata de resolver y terminar todo lo que fue postergando durante el año y empieza a vivir con mucha urgencia, con mucha locura, por cuestiones reales y subjetivas.
Además, las fiestas tienen un peso simbólico muy fuerte. El mandato social de disfrutar y divertirse entra en conflicto con el mandato de estar juntos en familia: uno se reúne para pasarla bien pero el encuentro resalta las ausencias y destaca lo que falta, con lo cual aparecen sentimientos melancólicos y depresivos. No se trata sólo del trajín de las fiestas, sino de la carga emocional y de las exigencias de alegría y felicidad que estas suponen. Abordamos las fiestas con muchas expectativas, ligadas al sistema de creencias que tenemos respecto a las fiestas ideales. Pero es importante revisar esas expectativas para evitar frustraciones innecesarias.
Si bien en esta mirada se juegan emociones muy humanas como los celos y la envidia, es cierto que uno idealiza en los demás un goce y un disfrute que en general no es tal. Es una mirada infantil y proyectiva que aumenta nuestro malestar sin sentido.
Todos tenemos frustraciones y contradicciones", "Son tiempos de balances sociales y personales y hay mucha conmoción. Muchas cosas quedan sobre la mesa y uno no puede hacerse el 'sota' como en otros momentos del año. Muchos viven la exigencia de promover situaciones de alegría como algo muy pesado y se refugian en los excesos como actitud defensiva: no quieren contactarse con los sentimientos de angustia y pérdida que en general las fiestas disparan". Las fiestas a veces despiertan dolores que uno creía dormidos.
Los festejos suelen aumentar la intensidad de las emociones o la fuerza de los recuerdos. Hay que asumirlo y no pelear en vano contra estos sentimientos. Suelten las culpas y permítanse un rato de alegría. No se quiere más a alguien o se lo olvida menos por censurar una carcajada o rendir culto a la tristeza. Disfrutar no es traicionar la memoria del que no está.
Otra fuente de tensiones típica es con quién pasamos las fiestas. Y, en ese sentido, la masividad de las separaciones y el boom de las familias ensambladas sumaron un nuevo ingrediente a los conflictos de antaño: antes, el dilema pasaba por cómo repartirse entre los padres y los suegros. Hoy, los dos destinos posibles pueden ser cuatro (y más también), los abuelos pueden ser ocho y etcétera. Pero hay dos fiestas y el conflicto termina imponiéndose.
Lo fundamental es preguntar a los seres queridos dónde la quieren pasar y ser tolerantes y comprensivos con la respuesta, aunque duela. En definitiva, todos tenemos derecho a ir donde la pasemos mejor.
Para sobrellevar las últimas semanas del año sin perder la cordura lo ideal sería que el ámbito laboral ofrezca, además de estabilidad y un salario adecuado, un equipo de trabajo lo más armónico posible, la infraestructura y el confort necesario para llevar adelante las tareas y “contar con autoridades o jefes que sepan rescatar y hacer explícito lo positivo de cada trabajador, porque si sólo nos señalan los defectos la sensación de no dar más se acentúa.
Por otra parte, Navidad y Año Nuevo suele ser para mucha gente, “un momento del año signado por la nostalgia en el que se tornan más patentes las ausencias, el paso del tiempo y los recuerdos idealizados de lo que eran las fiestas
Publicado por Patricio Varsariah.
diciembre 12, 2023

Foto : La ciudad de Groninga en los Paises Bajos.
Al final te conviertes en lo que haces repetidamente. Si tus hábitos no te ayudan, te están perjudicando. Aquí hay algunos ejemplos bastante comunes y extendidos de estos últimos que agotarán toda tu alegría y paz si los dejas:
1. Centrarse en cómo “debería” ser la vida en cada paso del camino.
Trata de utilizar la frustración y las molestias para motivarte en lugar de molestarte. Tú tienes el control de la forma en que ves la vida. En lugar de enojarte, encuentra la lección. En lugar de envidia, siente admiración. En lugar de preocuparse, actúe. En lugar de duda, ten fe. Recuerde que tu respuesta es siempre más poderosa que tu circunstancia actual. Una pequeña parte de tu vida se decide por circunstancias completamente incontrolables, mientras que la gran mayoría de tu vida se decide por tus respuestas. El destino final depende en gran medida de cómo juegues las manos que te han repartido.
2. Querer controlar lo incontrolable.
Sé selectivo con tu energía hoy. Si puedes solucionar un problema, soluciónalo. Si no puedes, acéptalo y cambia tu forma de pensar al respecto. Hagas lo que hagas, no intentes invertir más energía de la que tienes, tropezando con algo detrás de ti o algo que sólo existe dentro de tu cabeza. A decir verdad, algunos de los momentos más poderosos de la vida ocurren cuando encuentras el coraje para dejar ir lo que no se puede cambiar. Porque cuando ya no eres capaz de cambiar una situación, tienes el desafío de cambiarte a ti mismo, de crecer más allá de lo inmutable. Y eso lo cambia todo.
3. Aferrarse a cómo eran las cosas antes.
No eres la misma persona que eras hace un año, un mes o incluso una semana. Siempre estás aprendiendo y creciendo, y la vida siempre está evolucionando. Nuevamente, aunque no puedas controlar todo lo que sucede, puedes controlar tu actitud ante lo que sucede. Y al hacerlo, gradualmente dominará el cambio en lugar de permitir que éste te domine a ti. Así que sé humilde hoy. Se enseñable. El mundo suele ser más grande que tu visión del mundo. Siempre hay espacio para una nueva idea o un siguiente paso. Pero primero debes aceptar el hecho de que es posible que las cosas nunca vuelvan a ser como solían ser y que este final es realmente un nuevo comienzo.
4. Negarse a practicar el perdón a uno mismo.
Perdónate por las malas decisiones que tomaste en el pasado, por las veces que te faltó comprensión, por las decisiones que accidentalmente lastimaron a otros y a ti mismo. Perdónate a ti mismo por ser joven e imprudente. Todas estas son lecciones vitales. Y lo que más importa ahora es tu voluntad de crecer a partir de ellos.
5. Conformarse infinitamente con la configuración predeterminada.
Hay miles de personas que viven toda su vida con la configuración predeterminada, sin reconocer nunca el hecho de que pueden personalizarlo todo. No sea uno de ellos, no te conformes con la configuración predeterminada a diario. Tampoco te escondas detrás de la indecisión o la pereza. ¡Y olvídate de la popularidad! Simplemente haz lo tuyo con pasión, humildad y honestidad. Haz lo que haces, no por un aplauso, sino porque es lo correcto. Persíguelo un poco cada día, sin importar lo que piensen los demás. Así se logran los sueños.
6. Resistir nuevas ideas y lecciones.
Para lograr un progreso real a largo plazo, debes dejar de asumir que ya tienes todas las respuestas. ¡Así que no dejes de aprender! No dejes de invertir en ti mismo. Investigación. Leer. Devorar libros. Interactúe con personas, incluidas aquellas que piensan diferente. Hacer preguntas. Escucha atentamente. Y no sólo crezca en conocimiento. Se una persona que retribuye. Utiliza lo que estás aprendiendo para marcar una diferencia real y duradera.
7. Buscar constantemente una satisfacción pasajera.
Hay dos variaciones de satisfacción en la vida: fugaz y duradera. El tipo fugaz se deriva de instantes de comodidad material, mientras que el tipo duradero se logra a través del crecimiento gradual y el progreso en asuntos que son verdaderamente importantes para ti. A simple vista puede resultar difícil descifrar uno del otro, pero a medida que pasa el tiempo se vuelve vívidamente obvio que este último es muy superior. Así que recuerda, si te entretiene ahora pero algún día te dolerá o te aburrirá, es una distracción. No te conformes. No cambies lo que más deseas por lo que más deseas en este momento. Estudia tus rutinas. Descubra adónde va tu tiempo y elimina las distracciones. Es hora de centrarse más en lo que importa a largo plazo.
8. Siempre preocupándose por la historia de los demás.
No estés tan satisfecho con las historias de éxito de los demás y cómo les ha ido, que se olviden de escribir la tuya propia. Despliega tu propia historia y dale vida a diario. Tienes todo lo que necesitas para convertirte en lo que eres capaz de llegar a ser. Se producen cambios increíbles cuando decides convertirte en una prioridad. Y recuerda, no siempre serás una prioridad para los demás y por eso tienes que ser una prioridad para ti mismo. Aprenda a respetarte a tí mismo, a cuidarte y a convertirte en parte diaria de tu propio sistema de apoyo. Esto significa consumir menos y crear más. Significa negarse a permitir que otros piensen, hablen y decidan por ti. Significa aprender a aceptar y utilizar tus ideas e instintos para escribir tu pasaje, un día a la vez.
9. Temer pequeños fracasos (necesarios).
A veces, literalmente, tenemos que fracasar decenas de veces para tener éxito. Y no importa cuántos errores cometas o lo lento que progreses, todavía estás muy por delante de todos los que no lo intentan. Así que no te obsesiones tanto con algunos intentos fallidos que pierdas la oportunidad de tener cien oportunidades más. Todas las ideas que no funcionan son simplemente peldaños hacia la única idea que sí funciona. Y recuerda, el fracaso no es caer; El fracaso es permanecer abajo cuando tienes la opción de volver a levantarte. ¡Siempre levántate! A menudo, las cosas buenas se desmoronan en el corto plazo, por lo que las mejores cosas pueden fracasar al final.
10. Esperar el momento “perfecto” para dar el siguiente paso.
No creas en el mito del momento perfecto. Los momentos no son perfectos, son lo que haces con ellos. Mucha gente espera a que las estrellas se alineen para hacer lo que están aquí para hacer. El momento perfecto, la oportunidad perfecta, el estado perfecto del ser, etc. ¡Despierta! ¡No “esperes” la mayor parte de tu vida! Recuerde que demasiadas personas esperan todo el día hasta las 5 de la tarde, toda la semana hasta el viernes, todo el año hasta las vacaciones, toda la vida hasta la felicidad. Y tú no eres uno de ellos. En última instancia, no alcanzarás el éxito encontrando el momento perfecto, sino aprendiendo a ver y utilizar las imperfecciones de la vida como peldaños.
Quizá lo escrito anteriormente sea algo que necesitabas escuchar/leer. Quizá estas pasando por un momento difícil. Mi intención es únicamente recordarte cómo devolver lo positivo de tu vida.
Publicado por Patricio Varsariah.
diciembre 11, 2023

Es una pregunta engañosamente sencilla. Pero llega al corazón de nuestras acciones para evaluar nuestras elecciones diarias y eliminar cargas innecesarias. No toda causa merece un efecto. Todas las acciones no necesitan una reacción. En caso de duda, vuelva a la necesidad.
¿Es esto necesario? Es una profunda pregunta hacia una vida de claridad, propósito y realización. Nos anima a deshacernos del equipaje innecesario que nos agobia, permitiéndonos abrazar una existencia más simple y significativa. Elimina el desorden de la vida.
¿Es esto necesario? no es sólo una pregunta; también es un truco de productividad. Cuestionar la necesidad de nuestras acciones, pensamientos y emociones nos ayuda a identificar y descartar cosas que no sirven para nada.
Muchas cosas nos descarrilan y nos alejan de nuestros objetivos más importantes. Para hacer más trabajos excelentes o llevar una vida más satisfactoria. Así es como se hacen las cosas. Priorice, simplifique y prospere.
No es un aumento diario, sino una disminución diaria. Elimina lo no esencial.
"¿Es esto necesario?" Impulsa una reevaluación de nuestras elecciones. Desafía el impulso de acumular por acumular, ya sea en posesiones materiales, compromisos o desorden digital.
Nos anima a hacer una pausa, reflexionar y discernir si nuestro compromiso actual es realmente necesario o simplemente un producto de un hábito o condicionamiento social.
Se transforma en un enfoque deliberado y consciente de la vida, enfatizando el valor de lo esencial sobre lo meramente extravagante.
Antes de comprometernos con otra obligación más, elegir más deseos en lugar de necesidades, la pregunta de "¿Es esto necesario?" nos invita a hacer una pausa. Es un llamado a filtrar el ruido y priorizar lo indispensable, fomentando una vida con propósito y claridad.
"¿Es esto necesario?" También es un mantra para una vida deliberada. También es un recordatorio para examinar lo no esencial y aceptar lo que realmente contribuye a una vida significativa.
No se trataba sólo de una cuestión de mera frugalidad; es para mí, un profundo interrogatorio de la condición humana.
"¿Es esto necesario?" es una piedra de toque, que debería guiar las decisiones políticas. Debe ser un llamado a discernir entre los pocos vitales y los muchos triviales.
Un avance rápido hasta el día de hoy, y la pregunta resuena en nuestras vidas, que nos distraen mucho.
"¿Es esto necesario?" Incita a reflexionar sobre el impulso de acumular, consumir y estar perpetuamente ocupado.
Un antídoto estoico para separar la señal del ruido
Imagine aplicar esta pregunta al ruido digital: cada notificación, cada clic, cada compromiso. En la era de las noticias, el trabajo y la sobrecarga de información, la pregunta de "¿Es esto necesario?" proporciona consuelo. En medio del caos de la vida, tenemos el poder de elegir qué mueve la aguja.
Antes de ceder a la siguiente distracción o sumergirnos en ocupaciones innecesarias, os invita a hacer una pausa, reflexionar y cuestionar su valor para vuestro objetivo más importante. Es una herramienta afilada para eliminar lo innecesario.
Debemos intentar tomar el control total y deliberado de nuestras decisiones, dando forma conscientemente a una vida donde cada acción se alinee con un sentido de propósito, integridad y necesidad.
Este principio se extiende más allá de las decisiones personales. Se aplica a nuestras interacciones con los demás, nuestros hábitos de consumo y nuestro estilo de vida en general. Podemos cuestionar la necesidad de posesiones materiales excesivas, la búsqueda interminable de validación social y los hábitos poco saludables que agotan nuestros recursos físicos y mentales.
En el trabajo, úsalo para evaluar la necesidad de cada tarea e interacción para identificar y eliminar aquellas que agotan tu energía y obstaculizan tu productividad. Simplifica tu agenda. No te comprometas demasiado. Prioriza tareas importantes y delega o elimina otras.
La capacidad de simplificar significa eliminar lo innecesario para que lo necesario pueda hablar.
En los tranquilos momentos de reflexión, de cara al próximo compromiso, “¿Es esto necesario?” se convierte en una brújula que nos guía hacia una vida significativa y productiva.
Utilizando la sabiduría, confrontemos nuestras decisiones con esta pregunta incisiva. Haciendo una pausa para preguntarnos: "¿Es esto necesario?" puede ayudarnos a recuperar el control de nuestra atención y energía. Aplícalo, recorta el exceso y mantente decidido.
Nuestra vida se desperdicia en los detalles. Simplifica, y filtra el ruido, prioriza lo esencial y concéntrate en lo que realmente importa.
En resumen, la profunda pregunta de “¿Es esto necesario?” es un mantra atemporal para una vida con propósito. Vale la pena eliminar lo no esencial de nuestras acciones, hábitos y elecciones. Manténgase delgado, manténgase concentrado.
Eliminar todo lo que nos distrae es la forma en que creamos claridad y permitimos que lo que realmente importa se vuelva más prominente.
Es un llamado a eliminar las distracciones, revelando los elementos centrales que tienen significado e impacto. "¿Es esto necesario?" No se trata sólo de reducir sino de amplificar la importancia de lo que queda.
Publicado por Patricio Varsariah.
diciembre 6, 2023

El amor es grandioso cuando se habla, pero mayor cuando se muestra. Haga pequeñas cosas a diario para demostrarles a sus seres queridos que se preocupan.
Siempre que pensaba que nuestro matrimonio estaba pasando por un momento difícil, la razón generalmente era que uno (yo) o ambos habíamos olvidado temporalmente este consejo. "Trátense unos a otros todos los días como si estuvieran tratando de que él o ella se case con ustedes". Sencillo, fácil de recordar, a veces difícil de realizar.
Comparto con vosotros algunos hábitos de relación añejos que deberíamos recuperar, para volver de esos momentos difíciles que todos en algún momento de la vida en pareja tenemos y que afectan a nuestras relaciones.
1. Pasar tiempo de calidad juntos sin agenda importante ni tecnología.
Deje el teléfono inteligente, cierre la computadora portátil y disfrute de la compañía de los demás, cara a cara a la antigua usanza. Hay pocas alegrías en la vida que igualen una buena conversación, una risa genuina, una larga caminata, un baile amistoso o un gran abrazo compartido por dos personas que se preocupan mutuamente. A veces las cosas más ordinarias pueden volverse extraordinarias simplemente haciéndolas con las personas adecuadas. Así que elija estar rodeado de estas personas y aproveche al máximo su tiempo juntos.
Tampoco esperes para hacer grandes planes. Haga de su tiempo juntos sin distracciones el plan. Es comunicarse abiertamente de forma regular. Reúnanse en persona con la mayor frecuencia posible. No porque sea conveniente hacerlo, sino porque saben que valen la pena el esfuerzo extra.
2. Esté completamente presente cuando esté en presencia de otros.
Uno de los mejores sentimientos del mundo es saber que tanto tu presencia como tu ausencia significan algo para alguien. Y la única forma de hacérselo saber a tus seres queridos es mostrárselos cuando estás con ellos. En tus relaciones e interacciones con los demás, nada que puedas dar es más apreciado que tu atención sincera y enfocada: tu presencia total. Estar con alguien, escuchar sin reloj y sin anticipación del próximo evento es el máximo cumplido. De hecho, es el gesto más valioso que puedes hacerle a otro ser humano.
Así que ten en cuenta que tus amigos y familiares son demasiado hermosos para ignorarlos. En estas fiestas, dales el regalo de TI: tu tiempo, atención exclusiva y amabilidad. Es mejor que cualquier otro regalo, no se romperá ni se perderá y siempre será recordado.
3. Expresa tu sincero agradecimiento por tus seres queridos cada vez que puedas.
No importa qué tan seguro esté del aprecio y la admiración de alguien, siempre es bueno que se lo recuerden. Entonces, si aprecias a alguien hoy, díselo. El hecho de que sean súper confiables y siempre estén ahí cuando los necesite no significa que deba dejar de agradecer y apreciar con regularidad. Valorar a alguien demasiado a la ligera es correr el riesgo de perder la profundidad de su bondad antes de que desaparezca.
Lamentablemente, a menudo sólo cuando se nos recuerda trágicamente lo corta que es la vida (cuando alguien a quien amamos muere) empezamos a apreciar la importancia de expresar nuestro amor abiertamente. Deje que esta lección se asimile ahora. No espere hasta que sea demasiado tarde para decirle a las personas que ama cuánto las aprecia.
4. Trabajen juntos y ayúdense unos a otros a crecer.
No existe ningún alma gemela o mejor amigo que resuelva todos tus problemas. No hay amor a primera vista que dure sin trabajo y compromiso. Sin embargo, hay personas por las que vale la pena luchar. No porque sean perfectos, sino porque son imperfectos en todos los sentidos que son adecuados para ti: complementan los defectos de cada uno de una manera que permite que sus almas se unan y operen de manera más eficiente. como uno… Sabrás cuando conozcas a una de estas personas, cuando a través de ella encuentres lo mejor de ti mismo.
5. Concéntrate en la belleza interior.
Cuando llegas a conocer realmente a alguien, la mayoría de sus características físicas destacadas desaparecen de tu mente. Empiezas a vivir en su energía, a reconocer su aroma y a apreciar su ingenio. Sólo ves la esencia de la persona, no el caparazón.
Por eso no puedes enamorarte de la belleza física. Puedes codiciarlo, enamorarte de él o querer poseerlo. Puedes amarlo con tus ojos y tu cuerpo por un tiempo, pero no con tu corazón a largo plazo. Por lo tanto, cuando realmente conectas con el yo interior de una persona, la mayoría de las imperfecciones físicas se vuelven irrelevantes.
6. Di la verdad.
Demasiados prefieren mentiras amables a verdades duras. Pero no nos equivoquemos, al final es mejor sentirse herido por la verdad que reconfortado por una mentira. Y mentir también es un proceso acumulativo, así que ten cuidado…
Lo que comienza como una pequeña mentira aparentemente inocente (posiblemente incluso con la intención de no lastimar a nadie) rápidamente se convierte en una creciente y falsa realidad. Nos mentimos unos a otros, pero aún más nos mentimos a nosotros mismos la mayoría de las veces para proteger nuestro tan frágil ego. Incluso podemos sentirnos inclinados a mentirnos a nosotros mismos al leer esto, sin querer admitir con qué frecuencia hemos eludido la verdad.
7. Discúlpate cuando sabes que deberías hacerlo.
Asume la responsabilidad personal por tus malas acciones. Si sabes que tus acciones o palabras han lastimado a alguien que te importa, admite inmediatamente tus faltas y enfrenta la realidad de tus acciones. Las disculpas sinceras son el pegamento de las relaciones duraderas.
Y asegúrese de que tu disculpa también sea sincera. Dilo y dilo en serio. No te molestes en disculparte si vas a continuar haciendo las cosas por las que pediste perdón. Nunca arruines una disculpa con una excusa. Las excusas no son disculpas.
8. Resuelvan sus problemas de relación entre sí, no con los demás.
Esto puede parecer obvio, pero hoy en día vale la pena mencionarlo: no publiques cosas negativas sobre un ser querido en las redes sociales. Escolares de 14 años publican cosas negativas sobre sus novios, novias y amigos en las redes sociales. Es una forma maliciosa de llamar la atención y desahogarse, cuando la respuesta emocionalmente saludable es hablar de sus quejas con ellos directamente cuando sea el momento adecuado.
Además, las relaciones no siempre tienen mucho sentido, especialmente desde fuera. Así que no permita que personas externas gestionen tus relaciones por ti. Si tienes un problema de relación con alguien, resuélvelo con ELLOS y con nadie más.
9. Se una fuerza de positividad y aliento.
Eleva tu juego interior. ¡Una actitud negativa está muy por debajo de tu horizonte!
Nuestra forma de pensar crea resultados buenos o malos. Hace una gran diferencia en tu vida y en la vida que te rodea cuando te mantienes razonablemente concentrado en lo positivo. Y recuerde, ser positivo no significa ignorar lo negativo; ser positivo significa superar lo negativo. Hay una gran diferencia entre los dos.
Así que fomente los mejores resultados posibles con tus pensamientos, palabras y acciones cada vez que puedas. Y enseña esta filosofía a quienes te rodean también. Ayúdalos a ver la luz.
10. Cumple con tus promesas.
Estar comprometido. El compromiso significa mantenerse dedicado y cumplir tus promesas mucho después de que el tiempo y el estado de ánimo en el que hizo las promesas lo hayan abandonado. Hacerlo es vital para tus relaciones y tu éxito a largo plazo en todos los ámbitos imaginables de la vida.
En otras palabras, no sólo lo digas, muéstralo. No solo lo prometas, pruébalo. ¡Cumple todas tus promesas! Suministrar más de lo necesario. Recuerda “Nadie se ha vuelto pobre por dar”. Siempre que puedas, haz todo lo posible y haz algo agradable e inesperado para las personas en tu vida, especialmente aquellas que no están en condiciones de pagarte en el corto plazo.
11. Se leal.
Apoya a aquellos que te importan en sus momentos más oscuros, no porque quieras permanecer en la oscuridad, sino porque tampoco quieres que ellos lo hagan. Enfréntate a las sombras junto a ellos hasta que puedan encontrar la luz. Por otro lado, apoya a estas mismas personas en sus días más soleados, no porque quieras quemarte la piel, sino porque no tienes miedo de dejar que brillen.
En pocas palabras: se leal. Permanecer fiel en tus relaciones nunca es una opción, sino una prioridad. La lealtad significa mucho para las personas que te aman. Cuando alguien cree en ti lo suficiente como para animarte, trata de no decepcionarlo. No puedes prometer que estarás ahí para alguien por el resto de su vida, pero puedes estar ahí sinceramente por el resto de la tuya.
Ahora es un momento perfecto para reflexionar sobre el hecho de que a medida que envejecemos y nos volvemos más sabios, nuestra lista de regalos navideños se hace cada vez más pequeña, porque las cosas que realmente deseamos y necesitamos es: tiempo.
La profundidad de tu amor hacia una persona es directamente proporcional a la cantidad de libertad que eres capaz de concederle en la vida.
Publicado por Patricio Varsariah.
noviembre 18, 2023

El poder no corrompe. El miedo corrompe... quizás el miedo a perder el poder.
Si quieres saber qué es un hombre en el fondo, dale poder. Cualquier hombre puede soportar la adversidad; sólo un gran hombre puede soportar la prosperidad. Es la gloria de Abraham Lincoln que nunca abusó del poder únicamente por el lado de la misericordia.
Una de las lecciones más tristes de la historia es ésta: si hemos sido engañados durante suficiente tiempo, tendemos a rechazar cualquier evidencia del engaño. Ya no estamos interesados en descubrir la verdad.
El engaño nos ha capturado. Es simplemente demasiado doloroso reconocer, incluso ante nosotros mismos, que nos han secuestrado. Una vez que le das a un charlatán poder sobre ti, casi nunca lo recuperas.
Desde siempre, el poder existe con el hombre por cuanto es propio del carácter humano. La condición política que caracteriza al hombre, configura una de las cualidades que mejor exhibe, el poder. De la condición política, se prende el poder del cual se vale el ser humano para imponer el enfoque que posee de la situación que vive.
Esa situación hace al poder lucirse asociado con la coerción o con la arbitrariedad. Por tanto, lo induce a vincular sus manifestaciones con la libertad o con el derecho. Es lo que constituye la razón que ha dificultado un concepto de poder. Un concepto que pueda unificar las nociones que buscan dar con la idea que de la interpretación de poder se tiene.
Indagar hasta dónde el poder se arma de un carácter persuasivo o conspirativo para conseguir sus objetivos. Sobre todo, cuando las realidades se ven interferidas por el dominio que ejerce el poder. Por eso, el poder se vale de la praxis política para exponer o demostrar la fuerza que coexiste a lo interno de sus múltiples expresiones.
Es la razón de la cual se sirve el poder para aprovecharse de cualquier situación, disfrazándose de acuerdo a los intereses o necesidades que rigen una situación en concreto. Así, logra imponer la decisión elaborada o ingeniada.
Es decir, busca investirse con el recurso más inmediato a su alcance. De manera que cualquier demanda del otro, termina aplastada por encima de toda dificultad que pudiera surgir en defensa de la postura rival.
La versatilidad que tiene el poder para hacerse de cualquier artimaña que le lleve a ganar el mayor espacio posible de una realidad particular, es quizás su mecanismo de “artillería” más expedito. En consecuencia, busca aprovecharse del carácter conspirativo o persuasivo que pueda serle propio para así tramar situaciones en las que se dedica a tiranizar al adversario valiéndose de cuánto enmascaramiento le sea posible disponer.
Las máscaras del poder. A ese respecto, vale aludir a algunas de las máscaras más usuales que emplea el poder para conquistar el propósito tramado. Así se tiene, entre otros:
√ El poder del politiquero mentiroso. √ Del advenedizo pendenciero. √ Del especulador activo. √ Del sufrido quejoso. √ El poder del borracho agazapado. √ Del subalterno astuto. √ Del impulsivo retrechero. √ Del charlatán malicioso. √ Del cacique, dirigente o jefe endiosado. √ Del funcionario enganchado. √ Y el poder del engreído ambicioso.
Si algún político 🤔de tu país coincide con las mascaras del poder enunciadas, es pura coincidencia.
Cualquiera de las caracterizaciones que distinguen al poder, permiten advertir cuánta arrogancia, insolencia o hinchazón, consume a quienes las circunstancias los reviste de poder del cual se valen para lograr la intención maquinada.
Generalmente, son personas a quienes no se les puede prestar atención porque “pierden piso” fácilmente. Se muestran aturdidos. Y hasta desfigurados, respecto de su personalidad natural. Pierden la compostura luego de verse investidos por una milésima de poder por encima del que podrían manejar.
Son individuos a quienes el poder los transforma. Incluso, llegan a desconocer el lugar de dónde vienen. O sea, el gentilicio que los identifica. Al primer indicio de reconocer que pueden valerse del poder que ahora tienen les da por actuar con manifiesta altanería. Y que la situación política, económica o social que los arropa, les hace olvidar o abandonar valores morales primordiales.
Reconocer que el poder es categórico como mecanismo político o social para influir sobre el hombre débil de convicciones, voluntad y ética, hace ver que está dotado de una fuerza pasmosa que puede cambiar a muchos. Pues en un instante, lo contagia de la vanidad suficiente para creerse o sentirse superior al resto. Aunque a decir del padre de la relatividad, Albert Einstein, que “la fuerza siempre atrae a los hombres de baja moralidad”.
No hay duda alguna de que el poder actúa como una expresión política que pone de relieve la carencia emocional que afecta la vida del ser humano. O sea, pone al descubierto la ausencia de humildad, el sentido de la gratitud y la significación de lo servicial como criterio espiritual de reciprocidad hacia el prójimo.
El poder no es control en absoluto: el poder es fuerza y dar esa fuerza a los demás. Un líder no es alguien que obliga a otros a hacerlo más fuerte; un líder es alguien dispuesto a dar su fuerza a otros para que puedan tener la fuerza para valerse por sí mismos.
He dicho…
Patricio Varsariah.
Publicado por Patricio Varsariah.
noviembre 12, 2023

[La] insistencia en la naturaleza absolutamente indiscriminada de la compasión dentro del Reino es la perspectiva dominante de casi todas las enseñanzas de Jesús.
¿Qué es la compasión indiscriminada? 'Echa un vistazo a una rosa. ¿Es posible que la rosa diga: "Ofreceré mi fragancia a los buenos y se la negaré a los malos"? ¿O te imaginas una lámpara que retiene sus rayos de una persona malvada que busca caminar en su luz? Eso sólo podría hacerlo dejando de ser una lámpara.
Y observa cómo impotente e indiscriminadamente un árbol da su sombra a todos, buenos y malos, jóvenes y viejos, altos y bajos; a los animales, a los hombres y a todo ser viviente, incluso al que busca talarlo. Ésta es la primera cualidad de la compasión: su carácter indiscriminado.
Lo que hace que llegue el Reino es la compasión sincera: una forma de ternura que no conoce fronteras, etiquetas, compartimentados ni divisiones sectarias.
Vivimos en un país lleno de problemas. Muchas personas están inmersas en enormes dificultades económicas, sociales, familiares y laborales. Algunas intentan salir de estas situaciones buscando vías de escape y caen adictas al alcohol, a las drogas o al juego. Otras son sometidas a límites vitales que les quitan la paz.
Qué ajenos vivimos a veces al dolor de aquellos que lo están pasando tan mal. Pasamos de lado y giramos la espalda al sufrimiento de muchos niños desatendidos, violentados en el mismo marco familiar; o de los jóvenes con un futuro incierto; de adultos sin trabajo, angustiados, con enormes carencias y sin esperanzas; o de personas mayores que están solas, enfermas, sin recursos y abandonadas a su suerte.
El dolor de estas personas es un grito lanzado a una sociedad ensimismada, que sólo piensa en pasarlo bien e ir venciendo el tedio de cada día; una sociedad que se ha encallado en el culto a sí misma ignorando la realidad del entorno.
¿Cuántas veces vivimos de espaldas al dolor, mientras la tragedia y la desesperación hacen estragos en la vida de tantas personas?
Es bueno preguntarse en qué medida somos responsables del sufrimiento de tanta gente. Cuando lo tenemos todo y nos domina el afán de poseer más es fácil quedarse anestesiado y lejos de otras realidades que no sean nuestro propio y pequeño mundo.
Nos cuesta hacernos porosos al mundo que nos envuelve, nos cuesta ser sensibles a lo que hay a nuestro alrededor. Porque esto significa salir de nosotros mismos y despertar, pero nos abruma dar una respuesta sincera, generosa y coherente, según nuestra ética y nuestra religiosidad. Significa un cambio radical por nuestra parte, una gran generosidad y una mirada serena. Nos pide reflexionar y plantearnos qué podemos hacer para minimizar la crisis tanto social como moral que afecta a nuestro mundo y a vuestro país.
Urge una respuesta inmediata: hemos de salir de nosotros mismos y preguntarnos, de manera reflexiva, qué podemos hacer por los demás. Más allá de nuestra vida hay muchas vidas de personas que nos necesitan con urgencia.
Existen comedores sociales donde asisten cada día muchas personas, donde voluntarios les dan, de comer y acogiéndolas. La mayoría de estos comensales traen una historia personal terrible, de soledad, tristeza, marginación y rechazo social y familiar. Muchos son extranjeros, completamente desubicados y declinando en una lenta y larga agonía. Solos, sin recursos, muchos con vergüenza, van al comedor buscando algo más que comida.
En sus rostros agrietados se adivina una profunda crisis de identidad. Con sus miradas perdidas buscan un espacio donde puedan sentirse dignos. Es verdad que es poco tiempo, pero la delicadeza de los voluntarios hace posible que en un breve intervalo estas personas se sientan serenas, protegidas, cuidadas y atendidas. Es hermoso reconocer la labor inmensa que hacen estos voluntarios, de forma callada y anónima. Para los indigentes, el espacio del comedor es una brisa suave que sopla en su duro invierno existencial.
Cuántas veces creemos que gritando o amenazando podemos contener la agresividad ejerciendo la fuerza. No es así. A una persona rota, llena de amargura y violencia contenida, no la podemos gritar. La violencia genera más violencia y no arregla nada, al contrario, puede hacer más daño al frágil. Muchas veces estas personas no gritan a nadie en particular, sino al mundo, a la vida, a su pasado, quizás alguno grita a Dios, sintiendo un profundo vacío.(La guerra entre el gobierno de Israel y el pueblo Palestino)
Una cálida mirada y un abrazo lleno de amor y comprensión pueden disolver un conflicto agresivo. Cuánto nos equivocamos cuando minimizamos el efecto y la fuerza de la ternura. Sólo la ternura transformará el mundo. La dureza y la violencia lo rompen más y hacen sufrir a muchos.
Debemos recuperar la fuerza del amor. Ya basta de vivir anestesiados por una paz edulcorada y falsa. Solo con la ternura podemos llegar hasta lo más hondo del corazón. Es una ternura valiente, arriesgada, que se atreve a meterse en medio de la guerra no para imponer la paz, la razón o la fuerza, sino para brindar dulzura, devolver la dignidad, derramar amor.
A veces un hombre debe ser duro como un clavo: estar dispuesto a afrontar la verdad sobre sí mismo y sobre la mujer que ama, rechazando el compromiso cuando el compromiso es incorrecto. Pero también debe ser tierno. Ningún arma romperá más la armadura del resentimiento de una mujer que la ternura.
En medio de todas las duras palabras de un mundo cruel, deja que mi voz hable con ternura. Hay una luz interior que hay que alimentar y que no se puede sustituir haciendo la vista gorda. Los espíritus apacibles son mucho más que el simple resultado de un romanticismo desesperado.
Cada uno es el alma de la belleza y el amor combinados.
Publicado por Patricio Varsariah.
noviembre 11, 2023

Siempre he envidiado a la gente que duerme tranquilamente. Sus cerebros deben estar muy limpios, las tablas del suelo del cráneo bien barridas, todos los pequeños monstruos encerrados en un baúl a los pies de la cama.
Soy de la firme opinión de que, después de los veintiún años, un hombre no debería levantarse de la cama y despertarse a las cuatro de la mañana. La hora engendra pensamiento. A los veintiún años, siendo la vida toda futura, se la puede examinar impunemente. Pero, a los treinta años, habiéndose convertido en una incómoda mezcla de futuro y pasado, es algo que sólo hay que mirar cuando el sol está alto y el mundo lleno de calidez y optimismo.
Cuántas noches nos ha costado conciliar el sueño. La noche se nos hace interminable, los segundos se convierten en minutos y los minutos en horas. Largas noches en las que parece que la oscuridad se ha tragado la luz.
Pienso en tantas personas que temen pasar la noche en vela. Dan vueltas y más vueltas, buscando una posición cómoda, pero no acaban de encontrarla y poco a poco el tiempo se les hace insoportable. El motivo puede ser un dolor, una preocupación, una enfermedad o un duelo, un vacío existencial, miedo a la oscuridad, o unos hábitos nocturnos no corregidos. Querríamos que la noche pasara en un abrir y cerrar de ojos, veloz, para volver a ver la luz.
Pero más allá del aspecto patológico del insomnio me refiero a ese agotamiento en la carrera de la vida que sufren muchas personas. Hoy podríamos decir que nuestra sociedad está enferma por la excesiva aceleración que la lleva a vivir a un ritmo estresante y se apodera de su paz y su descanso. Ansiolíticos y tranquilizantes provocan un sueño artificial a miles de personas. Pero esto va debilitando el sistema inmune y el cuerpo enferma por falta de descanso y de reparación. Así se da la contradicción de que muchos toman un medicamento para dormir y luego otro para estar despiertos. Al final, acaban viviendo entre el frenesí y el sonambulismo.
Todo esto me hace reflexionar.
Cuando las drogas tóxicas se hacen necesarias para vivir hay algo muy serio que hemos de plantearnos: desde los padres y madres hasta los maestros, psicólogos, médicos, la sanidad pública y las instituciones hemos de responder a los desafíos más acuciantes de la persona. Una sociedad enferma y anestesiada es una sociedad manipulable, y una sociedad manipulada pierde la razón de ser. Estamos ante el imperio de la farmacología y la fragilidad del ser humano, que busca compensar la pérdida de identidad con medios artificiales.
Nos encontramos ante un fenómeno alarmante: el de una civilización de zombis teledirigidos que han perdido el norte en sus vidas. Metidos en un laberinto sin salida, la droga, el alcohol, los juegos y las adicciones a cierto tipo de relaciones revelan una huida hacia adelante. Nos encontramos ante un hombre fragmentado, roto, con un corazón vacío y una mirada apagada, con una identidad perdida y una vida que transcurre entre la náusea y la trágica noche que intenta esquivar para no afrontar su miseria.
Puede haber una razón última para el insomnio: el miedo a afrontar la propia realidad, cómo pienso, cómo siento, cómo vivo, cómo asumo las contrariedades de la vida, cómo me posiciono ante mí mismo y ante los demás.
¿Acepto con serenidad los problemas y desafíos que se me presentan?
No dormir ni descansar desvela que tanto nuestro corazón como nuestro espíritu, nuestra energía y nuestra alma, están rotos. La presión y el dolor son tan hondos y graves que alertan al sistema nervioso y nos impiden el reposo. Cuando nos da vértigo enfrentarnos a los retos de cada día caemos en una crisis más honda que la falta de sueño. La crisis es no reconocer qué es estar sano y qué sentido tiene la vida.
La oscuridad es temida por aquellos que no duermen. Las noches se les caen encima como una losa que oprime su corazón.
El antídoto ante una noche interminable es convertirla en un largo e intenso momento, en un viaje hacia el ser más profundo que hay en ti. Pregúntate con serenidad qué sentido tiene tu vida, hacia dónde vas. Mírate al espejo y coge con firmeza las riendas. Sé lúcido y convierte la noche en el preludio de un hermoso día. Así nunca más temerás al silencio y a la oscuridad. El recogimiento te invitará, con paz, a sacarle el jugo a la jornada y a reconciliarte contigo mismo y con los demás, perdonándote por los errores cometidos.
Aprender a gestionar tu propia realidad haciendo una tregua contigo mismo te ayudará a vivir la noche como una experiencia de crecimiento personal. Esta es la mejor medicina para inducir el sueño. Abraza tu realidad, solo así dormirás abandonado y en paz.
El sueño llega más fácilmente de lo que regresa.
Publicado por Patricio Varsariah.
noviembre 11, 2023

Desde un punto de vista médico la enfermedad revela una situación de desequilibrio de nuestras constantes vitales. Este desajuste puede ser causado por lo que pensamos, sentimos, vivimos, comemos… y sobre todo por cómo nos relacionamos. Aunque no hay que negar la importancia de la genética y el entorno familiar, en la enfermedad es decisiva la capacidad de gestionar los conflictos y digerir nuestras contradicciones internas.
Sabemos que la fragilidad es inherente a la persona. Nuestra naturaleza es limitada y como tal estamos sometidos a una tensión constante entre la salud y la enfermedad.
Un problema emocional se puede somatizar y convertir en un grave trastorno orgánico, hasta invalidarnos para las tareas cotidianas. Hemos de distinguir una enfermedad sobrevenida, como un accidente, una lesión vascular o una infección, en principio ajenas a uno mismo. Pero una experiencia mal vivida puede afectar al sistema inmunitario, debilitar el cuerpo y producir una enfermedad que afecte al funcionamiento de los órganos. La neurociencia está revelando la íntima relación entre nuestras emociones y las patologías del cuerpo. El cómo afrontamos dichas enfermedades puede ser decisivo para nuestra mejoría.
La enfermedad puede ser una gran lección para crecer o una oportunidad para sacar partido del sufrimiento.
A lo largo de mis años he tenido la ocasión de conocer lo que es el “dolor” de una enfermedad y he aprendido a discernir con cuidado. Cuando la enfermedad te paraliza puede convertirse en un revulsivo excelente que sirve para plantearse el sentido de la vida. Pero también puede ocurrir al revés: hay quienes han encontrado en ella la gran excusa para no afrontar la realidad cara a cara.
En estos casos, el enfermo saca rédito de su dolencia, generando simpatía y solidaridad a su alrededor. Su condición se agrava y se complica hasta llegar a situaciones dolorosas y absurdas. Lo peor es cuando estas personas hacen de la enfermedad un espacio de confort. Se vuelven dependientes y utilizan todas sus armas para convertirse en el centro del mundo y reclamar la atención y la compasión de quienes les rodean. Acaban rindiéndose culto a sí mismos y obligan a los demás a estar pendientes de ellos: son diosecitos necesitados ante los que hay que hacer reverencia.
Los enfermos que hacen de su dolencia un modus vivendi atrapan a mucha gente abusando de su bondad. Emplean el chantaje emocional apelando a su soledad, llegando incluso a insinuar el suicidio ante una situación desesperada y precaria. Elaboran un discurso amenazador para que los demás estén por ellos.
Cuando la enfermedad adquiere estas dimensiones es un signo de alerta: lo emocional se transforma en patológico, y de lo patológico se pasa a lo psiquiátrico. Cuánta gente vive atrapada en estas situaciones. No viven a gusto, y tampoco dejan vivir a los que están cerca.
A menudo nos encontramos con conocidos enfermos que, cuando les preguntamos cómo están, responden que cada vez peor. ¿Por qué están peor? ¿Qué hacen? ¿Cómo sienten? ¿Qué piensan? ¿Cómo se relacionan con los demás? ¿A quién le echan la culpa de sus males?
Nos cuesta reconocer que solo en nosotros está la decisión de estar bien o mal. Lo que es insensato es hacer culpable al resto del mundo de nuestra situación. ¡Cuánta humildad y gratitud nos falta! Creemos que somos el ombligo del mundo. Cuántos enfermos se han convertido en vampiros agarrados a la yugular de sus familiares.
¿Y si en el fondo hay en ellos un temor a la aceptación, un miedo a ser humildes y encajar su propia realidad? ¿Y si el problema más profundo es una incapacidad para amar y dejarse amar? Más allá de lo que pensamos y somos hemos de aprender a dar y a darnos. ¿Nos da vértigo tomarnos en serio la aventura del amor?
Porque amar nos pide descentrarnos de nosotros mismos, purificar nuestras intenciones, alcanzar madurez y llegar a la entrega total e incondicional al otro, olvidándose de uno mismo. El ser humano está enfermo de amor y cuando el amor le falta se rompe y se auto mútila, haciéndose pasto de todo tipo de enfermedades. Solo el amor puede llegar a transformar nuestro propio ADN, modificando nuestras redes neuronales y despertando la capacidad de auto regeneración de nuestro cuerpo.
Cuando la persona se pone a modo de amor y de gozo se desencadena una fiesta para las neuronas y todos los procesos químicos del cuerpo se ponen en marcha para producir bienestar, sosiego y recuperación. El cerebro que ama segrega neurotransmisores que nos hacen sentir alegría y calma, y nuestra salud mejora.
Uno es responsable y libre para decidir ser dueño de su vida o dejarse arrastrar hasta el precipicio. Jugar con la enfermedad denota, en el fondo, un terrible vacío interior. Negarse a ver ese abismo se convierte en una huida hacia adelante. Estos enfermos no se dan cuenta de que toda enfermedad, psicológica o física, puede llegar a superarse si uno, con valentía, sabe ponerse delante del toro.
El gesto de levantarse y encarar la vida ya despierta los recursos suficientes para empezar a resolver el problema. Cuando uno se desinstala y sabe afrontar el miedo está dando el primer paso para cambiar. Si cuenta con amigos y familiares, personas que pueden ayudarle de verdad a salir de su pozo, comenzará a vivir la vida con más serenidad y armonía.
Eliges sobrevolar sin miedo la tormenta o hundirte en tus propias arenas movedizas. Eliges el desafío de la libertad o el miedo paralizante. Eliges la valentía de lo desconocido o el aburrimiento de la rutina cotidiana. Eliges mirarte al espejo cada mañana y dibujar sobre él la hazaña de tu día o te rindes antes de luchar bajo la sombra de fantasmas virtuales.
Eliges aceptar el sufrimiento que conlleva el amor o anestesiarte porque te da pánico respirar y entregarte. Eliges la inseguridad de un futuro mejor o la seguridad de un presente trivial.
Finalmente, eliges amar o no amar. Si eliges amar vivirás con plenitud, aunque no te libres de contradicciones ni problemas. Si eliges no amar y encerrarte en tu cómoda celda la sombra irá oscureciendo tu corazón hasta enfermar tu alma y tu cuerpo.
Entre tu consciencia y tu yo completo hay mucha más distancia de lo que crees. Atrévete a surcar ese océano interior que te llevará al gran tesoro de tu corazón. Será entonces cuando la enfermedad no te postrará, sino que encontrarás en ella una gran oportunidad para maravillarte de la grandeza de tu ser.
Cuánto oro se puede sacar de nuestras limitaciones. Podemos decir que hay “enfermos sanos”, porque lo físico y lo psicológico no han afectado a su alma ni a su vida espiritual. Es entonces cuando los ciegos verán, los sordos oirán y los cojos caminarán; los esclavos serán libres.
Nada nos hará caer si sabemos que hay una fuerza más allá de nosotros mismos, que nos sostiene y nos anima. Atrévete a elegir la vida.
Publicado por Patricio Varsariah.
noviembre 11, 2023

Lo opuesto al amor no es el odio, es la indiferencia. Lo contrario del arte no es la fealdad, es la indiferencia. Lo opuesto a la fe no es la herejía, es la indiferencia. Y lo contrario de la vida no es la muerte, es la indiferencia.
El ser humano, en su búsqueda de realización personal, se topa con realidades difíciles de gestionar. Fracasos emocionales, convivencias tensas, incapacidad para adaptarse y falta de habilidades sociales. La necesidad de protegerse le lleva a reforzar su ego. Así, muchas personas desean ser el centro de todo, ejerciendo una manipulación emocional de los demás. Se muestran intransigentes y susceptibles, guardan memoria de todo lo negativo y utilizan un lenguaje ambiguo para justificarse.
El victimismo se apodera de estas personas. Creen tener derecho a todo, y lo reclaman todo. A veces, bajo una apariencia sumisa y servicial, esconden un terrible orgullo y ejercen una tiranía sobre quienes las rodean.
Con habilidad, emplean sutiles maniobras para crear situaciones conflictivas. Se valen de los rumores y de la murmuración para ir generando desconcierto y dudas. Así van levantando muros, sembrando la desconfianza y haciendo inviable una relación sana y una comunicación armónica con los demás. Pueden reventar iniciativas, proyectos y sueños de otros. Utilizan medias verdades para tejer la mentira de su construcción mental, que les sirve de autodefensa.
Pero, en realidad, quienes crean estos problemas de convivencia suelen ser personas con una autoestima muy baja y un enorme cúmulo de resentimiento. Como piensan que todo el mundo les debe algo, siempre piden más y más. Son incapaces de escuchar el punto de vista del otro, de olvidar y de perdonar. Al contrario, es a ellas o a ellos a quienes hay que pedir perdón, pues siempre se sienten ofendidos.
Cuánto dolor inútil y absurdo generan estas personas. Cuánto sufrimiento provoca los corazones amargados, separados de la alegría de los demás. Están tan pendientes de todo cuanto les afecta que abortan toda posibilidad de convivencia armoniosa.
Cuando uno vive de cerca estas situaciones, se da cuenda de la complejidad del ser humano que vive centrado en sí mismo y no soporta los valores y capacidades de los demás, especialmente aquellos que los hacen brillar. Quienes viven así están tan ensimismados que no les queda otro remedio que someter, anular o esclavizar al otro. Cuando no lo consiguen, se desesperan y dan mordiscos a todos aquellos que se cruzan en su camino, especialmente a quienes pueden descubrir su verdadera identidad.
¿Qué hacer? Intentaré aconsejar desde mi experiencia vital.
Primero hay que asumir, con realismo, que algunas personas son como ortigas y lo único que se puede hacer es vigilar, actuar con prudencia y tacto para evitar pincharse y no irritarlas, sin perder de vista que también son seres humanos merecedores de un profundo respeto.
No somos nadie para juzgar su corazón, son dignísimas de ser amadas, aunque sea desde la discreción y la distancia. Su pasado y sus circunstancias vitales quizás son muy complejas y los han llevado a ser como son. Hay que aceptarlas tal cual: este es el mejor antídoto para evitar que se acentúen sus patrones de comportamiento.
Pero, sobre todo, lo importante es tener la capacidad de perdonar siempre. Aunque arañen tu sensibilidad, no podrán arañar tu alma si estás abierto a un reencuentro. Si tu alma está sosegada ya se está abriendo a una nueva oportunidad, que hay que desear con toda la fuerza. Mirar con dulzura a los ojos del otro, con el tiempo, puede producir un milagro. Mirar con amor paciente acabará surtiendo efecto porque la mirada que se dirige al corazón no pasa por la cabeza. El corazón no puede rechazar la autenticidad de una mirada sincera y regeneradora.
Toda persona tiene alma, un trozo de Dios en su vida que ha sido creada directamente por él y está llamada a una experiencia de amor que le haga trascender. Somos amables, es decir, tenemos el derecho de ser amados por encima de todo. Ver las cosas desde la perspectiva del amor requiere esfuerzo, pero permite ver los límites y a la vez saber que participamos del soplo divino.
Nuestra existencia es un milagro y solo necesitamos descubrir la grandiosidad que tenemos dentro. Junto a la oscuridad habita una luz clarísima. El bien es más fuerte que el mal, ya que estamos concebidos para la felicidad y para cooperar en un proyecto común: humanizar el mundo y la vida de cada persona.
De un corazón avinagrado salen palabras hirientes, pero de un corazón lleno de gratitud sale poesía y dulzura. Solo entendiendo la vida desde la gratuidad, conscientes de que todo se nos ha dado, podremos trazar el rumbo de la vocación humana, que es el amor.
Nunca es demasiado tarde para ser lo que podrías haber sido.
Patricio Varsariah.
Publicado por Patricio Varsariah.
noviembre 11, 2023

Una de las lecciones más tristes de la historia es ésta: si hemos sido engañados durante suficiente tiempo, tendemos a rechazar cualquier evidencia del engaño. Ya no estamos interesados en descubrir la verdad. El engaño nos ha capturado. Es simplemente demasiado doloroso reconocer, incluso ante nosotros mismos, que nos han secuestrado. Una vez que le das a un charlatán poder sobre ti, casi nunca lo recuperas.
Considerando que, aunque parece que ciertas formas de gobierno están mejor calculadas que otras para proteger a los individuos en el libre ejercicio de sus derechos naturales y, al mismo tiempo, están mejor protegidas contra la degeneración, la experiencia ha demostrado que incluso bajo las mejores formas, aquellos a quienes se les ha confiado el poder, con el tiempo y mediante lentas operaciones, lo han pervertido hasta convertirlo en tiranía.
Los políticos están ahí para darte la idea de que tienes libertad de elección. No lo haces. No tienes elección. Tienes dueños. Ellos te poseen. Son dueños de todo. Gastan miles de millones cada año presionando para conseguir lo que quieren. Bueno, sabemos lo que quieren. Quieren más para ellos y menos para los demás. Pero te diré lo que no quieren. No quieren una población de ciudadanos capaces de pensar críticamente. No quieren gente bien informada y educada, capaz de pensar críticamente. No les interesa eso. Eso no les ayuda
La crisis económica del país, no deja de flagelar a miles de personas que viven sometidas a una terrible presión, dejándolas sin esperanza y sin ganas de luchar. Ante la carencia, lejos de sacar fuerzas de donde no tienen, acaban rindiéndose.
Meditando, sentado en un banco del parque del pueblo, observaba a un señor que he visto más de una vez. De tez morena y pelo rizado, con el rostro un poco deformado y señales de vejez prematura, tenía la mirada fija en ninguna parte, los ojos apagados y tristes. Miraba sin mirar, como si el vacío lo hubiera invadido. Estaba allí, pero no estaba. Quizás esa desconexión sea un mecanismo sicológico para sobrevivir ante una realidad demasiado cruda.
Allí permanecía, inmóvil, como si durmiera con los ojos abiertos, escondiéndose de sí mismo en una madriguera invisible hecha de ausencia y olvido. Tan ensimismado en la cueva de su existencia que era incapaz de darse cuenta de que el sol acariciaba sus mejillas, el día era luminoso y las hojas de los árboles susurraban a su alrededor.
Y pensé que para muchos la vida se convierte en un latigazo, pero encerrarse en sí mismo tampoco es una salida. No ven, no huelen, no sienten. Su tiempo no es tiempo, su vida no es vida. No saludan cada día como una nueva oportunidad. No admiran la belleza de los colores que les rodean. No ven que cada mañana el ciclo de la vida se renueva con toda su fuerza. Inerte, sentado en el banco, aquel hombre era incapaz de respirar la belleza.
Se me encogió el corazón y tuve el impulso de dirigirme hacia él. Quizá había pasado la gélida noche lidiando con su soledad. ¿Dónde está su libertad? Perdida, como su hogar. Ahora su casa es un banco y sus enseres son cuatro cartones para amortiguar la dureza de la madera. El frío y el sol han quemado su piel, pero no dan calidez a un corazón falto de afecto y ternura.
Cuántas historias rotas, cuántos adultos entrando en la ancianidad completamente desvalidos, solos, apartados. ¿Qué le pasó a este hombre para que su dignidad se vea tan pisoteada?
Si esto ocurre es porque en la sociedad todavía faltan recursos para todos aquellos que, por circunstancias no queridas, se encuentran al límite de no valorar su propia vida. Si esto ocurre es porque no hay consciencia de los “politiqueros de turno” del “pecado social”. Falta una ética fundamentada en la hermandad existencial, además de los recursos necesarios para atender a quienes sufren, social y laboralmente, por qué todo el dinero termina en la “corrupción”.
Muchos caen en la desesperanza. Un grito silencioso salió de mi corazón ante la injusticia. Me sublevé, interiormente, mientras aquel hombre, frente a mí, era ajeno a todo cuanto sucedía a su alrededor. Sumido en su letargo, prefería no abrir los ojos del alma.
No soñar nada, no creer en nada, casi ni respirar: este es uno más entre miles que ya no tienen fuerza para mirar adelante, que prefiere no sentir porque la vida resulta demasiado dolorosa. Prefiere no fiarse de nadie, como si el resto del mundo fuera cómplice de su angustiosa soledad. Vive en plano y ve en blanco y negro; prefiere el vacío antes que arriesgarse a confiar en un alma generosa. Quizás un desamor, una traición, un despido, un desprecio o una ruptura lo han desengañado. Su horizonte es un abismo.
Todos tenemos derecho a una vida digna, a un trabajo estable y a ser felices. Este es el deseo y el anhelo más profundo del ser humano: crecer, amar, gozar, surcar los vientos de la libertad para alcanzar la máxima plenitud humana. En esto radica la esencia más genuina de la vida: mirar más allá de uno mismo, hacia la trascendencia.
Invoqué en silencio. Solo desde el silencio podemos ahondar en el misterio de nuestro propio ser. Me dirigí a Dios y le pedí que sacara a ese hombre del pozo que es uno mismo cuando se hunde en las entrañas de su miseria. Cuesta mucho salir, porque la misma luz molesta al que se ha acostumbrado a vivir en tinieblas.
Para un náufrago de la vida, que ha perdido el norte y camina hacia ninguna parte es difícil salir del laberinto de su existencia. Solo desde la caridad podemos convertirnos en brújulas para todos aquellos que han perdido el rumbo y han olvidado la felicidad, a la que todos estamos llamados desde la concepción.
La sed de poder de los “políticos” es una mala hierba que sólo crece en los terrenos baldíos de una mente abandonada.
Publicado por Patricio Varsariah.
noviembre 10, 2023

La noche de ayer fue muy apacible y la calma que se apodera de mí, invitándome a penetrar en el misterio. Viajo al interior de mi corazón, intentando digerir una densa experiencia: ¿tiene rostro el mal? Ejemplo la guerra entre el gobierno del Estado de Israel y los palestinos de la franja de Gaza.
Busco respuestas en el silencio de la noche. El gris plateado del cielo despide una tenue luz. No estoy totalmente a oscuras. El guiño de algunas estrellas parece hacerse cómplice de mi corazón en esta vigilia.
El silencio me lleva a territorios interiores desconocidos. Avanzo hacia a un nuevo horizonte, donde el alma y el corazón se unen como el cielo y el mar. Allí, desde lo más profundo de mi ser, doy alas a mis pensamientos.
Sobre el mal se ha vertido mucha tinta. Se ha hablado y escrito sobre él desde el punto de vista filosófico, teológico y moral, pues toca aspectos que afectan a toda la persona. Desde la teología se ha intentado dar respuestas al origen de esta realidad: el libre albedrío, la ruptura del hombre con Dios, el orgullo del ser humano, la obstinación y la resistencia a la verdad.
Los frutos del mal son múltiples y bien visibles: la desintegración moral de la persona, el culto desproporcionado al ego, la mentira como eje central de la vida, la calumnia y la difamación como herramientas destructoras, la rabia incontenible, la insensibilidad al dolor.
El mal también se manifiesta de forma engañosa: a veces adopta un disfraz de apariencia bondadosa como estrategia para despistar, o se reviste de un discurso victimista y obsesivo para despertar simpatía. Como afirman muchos santos, cuántas veces el mal se aparece como un ángel de luz, cargado de argumentos razonables y aparentemente buenos. La sutilidad del mal puede manifestarse con actitudes de exquisita disponibilidad y aparente servicio desinteresado. Así es como consigue penetrar hasta donde quiere: el servicio se convierte en autocomplacencia y dominio sobre las personas y las cosas.
El mal puede crear dependencia y hacerse necesario, pero poco a poco comienza a desprender un olor feo. Cuando la persona pretende que todo gire a su alrededor, convirtiéndose en el centro de todos y de todo es cuando el mal hace estragos. No tardan en surgir divisiones, luchas, celos, críticas, manipulaciones, odio enconado. El mal confunde, enfrenta y crea situaciones absurdas y dolorosas.
Pero cuando te topas frontalmente con el mal, los disfraces caen. Te quedas sin aliento y el alma se encoge ante la fealdad de su verdadero rostro. Impresiona vivir y tocar el mal de cerca, sobrecoge su capacidad mortífera de destrucción. Si uno no está centrado, puede paralizarlo y arrastrarlo por sus oscuros laberintos. Golpea allí donde más duele: en el centro del alma. La rabia se convierte en llamaradas de fuego que salen por la boca, incapaz de contener tanto odio, y abrasa hasta el tuétano.
Es una experiencia dura recibir esos dardos envenenados. Hay que aprender a cerrar los ojos. La mejor manera de afrontar cara a cara el mal es no pelear con sus propias armas. A quien te dé una bofetada, muéstrale la otra mejilla. Jesús sabía muy bien lo que decía.
Pero los humanos de bien, sabemos que la luz ha disipado la oscuridad; el bien ha vencido al mal. Es necesario templarse por dentro, abandonarse, perdonar y mantener la lucidez, pese a las muchas sombras. El sol siempre es más grande. La verdad acabará desenmascarando a la mentira. Dios protege y sostiene al justo y al que sufre. Él es su escudo y su baluarte. Da seguridad en el peligro y ayuda a afrontar toda experiencia humana.
La vida te moldea como el yunque dobla el hierro al rojo vivo, hasta que el alma aprende a centrarse en su eje. Es aquel espacio donde aprendes a crecer, a sufrir, a amar, a darte y a olvidarte de ti mismo para que los otros puedan emerger. Es el espacio para perdonar, escuchar, trascender y vivir en la frecuencia espiritual del alma.
En definitiva, es el espacio para ser y culminar tu misión, que te ha sido entregada como don para que, libre, puedas palpar el dolor del abismo y la alegría de la luz. Solo así estarás preparado para el gran combate de la vida, sin dudar que siempre tendrás un gran Aliado.
¿Qué diferencia hay para los muertos, los huérfanos y las personas sin hogar, si la loca destrucción se produce en nombre del totalitarismo o en el santo nombre de la libertad o la democracia?
La guerra no determina quién tiene razón, sólo quién queda
Patricio Varsariah. -
Publicado por Patricio Varsariah.
noviembre 10, 2023

El frenesí de una sociedad volcada al rendimiento, a la eficacia, a la productividad, nos impide detenernos para dar valor a los pequeños acontecimientos que cada día suceden a nuestro alrededor. Convertimos nuestra vida en un maratón y no saboreamos el valor de lo cotidiano. Como si fuéramos a bordo de un tren de alta velocidad, los ojos no pueden captar el instante y el cerebro no puede retener las imágenes del paisaje.
Las emociones estéticas surgen a partir de lo que entra por nuestros ojos. Tenemos dos puertas que conectan el cerebro con la creación, a fin que podamos admirarla y disfrutarla. Son la ventana del alma que nos permite saborear el tejido multicolor que baña la naturaleza. Nuestros ojos nos abren a la realidad. Ver es un regalo precioso: convierte las señales eléctricas en una imagen, a través de un complejo proceso neuronal que nos permite comunicarnos con el mundo exterior.
Pero los ojos, más allá del lenguaje verbal, también comunican de adentro hacia afuera y expresan emociones y sentimientos. Nuestros ojos no solo tienen la función de fotografiar la realidad; abren nuestro interior hacia ella y solo podemos hacerlo si detenemos la mirada para deleitarnos en aquello que estamos viendo.
Mirar va más allá de nuestras conexiones nerviosas. Una mirada que goza con lo que ve está saboreando el gusto de la vida. La mirada abre muchos horizontes, porque cuando se mira se capta otra textura más allá de lo orgánico: una mirada profunda ve el reverso de la realidad.
No nos damos cuenta de la cantidad de detalles que se nos escapan porque no tenemos el ojo acostumbrado a observar ni a contemplar.
De la misma manera que decimos que no es lo mismo oír que escuchar, también podemos decir que no es lo mismo ver que mirar. Podríamos comparar la visión global y superficial con la visión detallista y profunda: la mirada del observador científico y la del ingenio creativo; la mirada penetrante de un poeta, la de un pintor.
Un hermoso geranio en un balcón; unos amigos enfrascados en una conversación; un escaparate con un atractivo diseño que invita a entrar; dos patinadores que pasan rozándote… Son impactos visuales que percibes al ir despacio. Si al ver y al oír sumamos esta mirada profunda, aprenderemos a dar sentido y a saborear la vida.
Hay otras miradas, esas bellas miradas de complicidad que acompañan gestos dulces, abrazos llenos de pasión, sonrisas y silencios que dicen más que muchas palabras. Los ojos se llenan de emoción ante el susurro de un enamorado, la fragilidad de un abuelo que habla con dificultad, el vigor de un niño que corretea sin parar, la mirada de una pareja que se entrecruza… todo esto ensancha el corazón.
Dejemos que nuestros ojos desplieguen todas sus posibilidades. No seamos hipermétropes, viendo solo lo lejano y descuidando lo próximo. Tampoco seamos miopes, perdiendo de vista el horizonte y dejando que lo lejano se vuelva difuso. Nuestra potencialidad visual es inmensa. Nuestros ojos están formados de tejido cerebral, el mismo que forma las neuronas. Y, como afirman los neurocientíficos, el cerebro tiene una plasticidad enorme para adaptarse a la realidad. Sabiendo esto, podemos hacer que esta realidad que vemos quede enriquecida por una mirada más honda y consciente.
Cuando sabes mirar estás paladeando, gustando, asimilando la realidad. Y con tus ojos devuelves otro mensaje de respuesta. Mirar y que te miren es establecer una comunicación que llega hasta el alma.
Cree en tu potencial infinito. Tus únicas limitaciones son las que te pones a ti mismo.
Publicado por Patricio Varsariah.
noviembre 10, 2023

El amor es el pasaje hacia una aventura desconocida y apasionante. Desde nuestra concepción, este deseo innato va creciendo en la adolescencia y culmina en la adultez. El hombre no se entendería sin esa llamada primigenia, inscrita en su mismo ADN
El ser humano anhela, en lo más profundo de su corazón, ser amado. El hombre crece y se desarrolla cuando se abre al otro. El tú ensancha el horizonte del yo. La búsqueda del amor lo llevará a elevarse sobre sí mismo y a descubrir la grandeza y la belleza de un corazón capaz de darlo todo por el otro.
La comunicación, el afecto, la ternura, el juego, una mirada cómplice… todo forma parte de ese deseo tan profundo. El hombre, sin los demás, se convierte en un náufrago de la existencia, perdido en una isla llamada soledad. De ahí la necesidad de lanzarse en busca de un amor que dé sentido a su vida.
Tan fuerte es el deseo de ser amado que toda gira en torno a esta apertura. El amor es el valor que configura el trabajo, los sueños, los proyectos…. Todo queda matizado y definido a partir del encuentro con la persona con la que se quiere compartir el camino de la vida y algo más que tiempo y cosas: la propia vida. Cuando se produce este encuentro, todo cuanto se hace surge de una profunda comunión con el otro. No se pierde la identidad, al contrario: el amor amplía el horizonte de la libertad. Compartir no reduce al otro, sino que lo eleva y lo potencia a medida que la unión se hace más intensa.
Estoy definiendo lo que sería una relación armónica, libre y equilibrada, con madurez y responsabilidad.
Pero en la realidad, no todas las relaciones son bellas y plenas. Algunas acaban convirtiéndose en una tragedia. Hay relaciones tóxicas, dependientes, enfermizas, que poco a poco van degradando a la persona hasta reducir su libertad y su capacidad para discernir con claridad. Atrapadas en un laberinto emocional, sin fundamentos sólidos, las personas que viven este tipo de relación son incapaces para decidir con lucidez.
Incluso llegan a manipular el lenguaje y a jugar con las emociones para autoengañarse. Cuando se genera una adicción patológica hacia otra persona, se puede llegar a renunciar a uno mismo. Débil y sin fuerza, la persona sometida confunde la realidad con sus ilusiones utópicas e irracionales, y se aferra a ellas porque la mantienen viva sobre un frágil hilo.
Poco a poco se va arrastrando por una vida dolorosa donde el sol se ha nublado y los días se suceden en la sombra. Perdida y sin rumbo, se acerca a un precipicio sin fondo. Su corazón se asfixia, falto de oxígeno y amor. Corre hacia la nada mientras es relación va minando su fuerza vital.
¿Cómo romper estas cadenas?
Es necesario poner distancia a las emociones y racionalizarlas. Un ejercicio de sinceridad es mirarse a los ojos, ante un espejo, y preguntarse: ¿Qué estoy haciendo?
Mírate y pregúntate. ¿Eres feliz? Tu compañero o compañera ¿quiere lo que tú quieres? ¿Te ama por lo que eres?
Da vértigo hacerse esas preguntas cuando la adicción es muy fuerte y patológica. Pero es tu única salvación. Hay vida fuera de ti y fuera de él. El mundo no se agota en vuestra relación enfermiza. Ten la osadía de mirarte a los ojos y atreverte a asumir lo que ves en ellos.
Quizás entonces veas a una niña que no cesa de llorar. Fija un minuto tu mirada y sé valiente. Tus ojos no te engañan. Tu mente no para de engañarte, tu corazón se hace cómplice de tu miedo. Pero tus ojos no te mentirán. Son la ventana de tu alma, ese lugar que forma parte de tu realidad más esencial. Es lo que eres tú por excelencia: no renuncies a ti, ni a tu libertad, ni a tu vida.
Es verdad que perderás algo: una adherencia emocional que te esclaviza, quitándote la alegría y la libertad. No tengas miedo. Atrévete a ser feliz. Que nadie te quite lo más sagrado: la capacidad para decidir libremente. Recupérala.
Atrévete. Quizás te quedes sin aliento durante unos instantes, pero luego tu capacidad torácica se ensanchará más que nunca y volverás a descubrir la gran persona que eres. Aprenderás a hacerte respetar. No todo vale en las relaciones y no todas las relaciones valen. Atrévete a cruzar al otro lado del abismo. Al otro lado hay alguien que te quiere de verdad y te ayudará a sanar tus heridas.
Confía en ti y en el consejo de tus fieles amigos: ellos quieren tu bien y tu alegría. No importa el tiempo que necesites: el veneno del pseudoamor cuesta de sacar, porque es doloroso. Es un dardo clavado que, aunque te duele y te desangra, en su momento lo quisiste y ahora forma parte de ti. Es necesario sacar ese aguijón para que puedas recuperar tu salud emocional. Solo así el corazón podrá repararse y encontrará la calma para empezar de nuevo y poder amar de verdad.
Descubrirás que el silencio es necesario para discernir dónde estás y hacia dónde te quieres dirigir. Nunca olvides de preguntar a tu corazón y de mirarte a los ojos en el espejo. Y no te alejes de la sombra cálida de tu familia y de los amigos fieles que tan solo desean tu bien.
Mi recomendación siempre será, que te ames, te valores y te des cuenta que dentro de ti lo tienes todo.
Publicado por Patricio Varsariah.
noviembre 6, 2023

La primera (y mayor) victoria en la vida es el yo superior versus el yo inferior. Te enfrentarás a muchas batallas en la vida. De hecho, ya has superado muchos obstáculos.
Pero.
La batalla más importante que DEBEMOS ganar (pase lo que pase) es la que tenemos dentro de nosotros mismos. La lucha entre nuestro yo superior, que lucha por la virtud y la sabiduría, y nuestro yo inferior, impulsado por nuestros deseos e impulsos, lo cambia todo.
No alcanzamos nuestras mejores vidas porque no logramos conquistarnos a nosotros mismos primero.
Nuestras mayores batallas son con nuestras emociones y mentes. La primera y mayor victoria es colonizarte a ti mismo; ser colonizado por uno mismo es de todas las cosas lo más vergonzoso y vil.
Si quieres vivir una experiencia de vida completa. Eres el mayor obstáculo en tu propio camino. Si no puedes controlar tu propia mente y tus emociones, no llegarás muy lejos en la vida. En el momento en que empiezas a ceder ante tu yo inferior, se vuelve cada vez más fácil hacerlo de nuevo. Con el tiempo, pierdes por completo el control de tu vida. Uno de los logros más importantes en la vida es dominar tus propios demonios, miedos y debilidades internos.
Piénselo de esta manera: digamos que tienes un mal hábito, como la acción de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes o agradables. Colonízate a ti mismo significa superar ese hábito, administrar mejor tu tiempo y hacer las cosas.
Esa es una gran victoria, ¿verdad?
Por otro lado, ser “colonizado por uno mismo” es sentirse impotente para cambiar, estancado en malos hábitos e incapaz de mejorar. Eso es algo que quiero evitar a toda costa. Superar el deseo de sentarse en el sofá y optar por hacer ejercicio requiere mucha valentía. Básicamente, estás en guerra con tu comodidad y conveniencia.
El autocontrol es un superpoder. Esta batalla interior para colonizar tus deseos es una prueba de tu carácter y fuerza de voluntad. Colonizarte a ti mismo es no dejar que tus defectos te detengan. Si reaccionas impulsivamente ante una situación frustrante, tus emociones se apoderarán de ti. Pero cuando eliges conscientemente mantener la calma, eso es colonizarte a ti mismo. Y es inmensamente empoderador.
Colonizarte a ti mismo no se trata sólo de superar malos hábitos; también se trata de comprender tus emociones y pensamientos. Considero más valiente a quien vence sus deseos que a quien conquista a sus enemigos, porque la victoria más difícil es sobre uno mismo.
Colonizarte a ti mismo también significa aprender a controlar tu temperamento para no decir ni hacer cosas de las que luego te arrepientas. Eso es un triunfo sobre tus impulsos y emociones. Pero si dejas que la ira te controle y atacas sin pensar, estás siendo conquistado por ti mismo, y eso es realmente vergonzoso y dañino.
En las relaciones, como en la vida, dominarse a sí mismo es vital para construir conexiones significativas y duraderas. Puede ayudarte a gestionar tus emociones en tiempos de conflicto. La mayor victoria en la vida es dominar tus propias acciones, emociones y pensamientos, conocerse a uno mismo es la verdadera sabiduría. Dominar a los demás es fuerza; dominarse a uno mismo es el verdadero poder.
Si estás tratando de ahorrar, superar el deseo de realizar compras impulsivas o gastos innecesarios es mucho más difícil incluso para la persona más disciplinada. Requiere una batalla constante en tu interior, donde luchas contra las tentaciones. Colonizar nuestros deseos e impulsos es la verdadera señal de valentía y autocontrol.
Dominar tus batallas internas es la victoria más significativa.
Colonizarnos a nosotros mismos es dominar nuestra mente y nuestras emociones. Y aprender a controlar nuestra ira, miedo y codicia. También significa desarrollar fuerza mental para resistir la tentación y tomar decisiones que sean lo mejor para nosotros, incluso cuando sean difíciles. En el momento en que sucumbes a tus debilidades y permitas que tu yo inferior dicte tu comportamiento presente y futuro, habrás renunciado a tu mejor vida.
El mundo es un lugar complejo e incierto. Si podemos aprender a colonizarnos a nosotros mismos, estaremos mejor equipados para enfrentar cualquier cosa que la vida nos depare.
Ya sea en el desarrollo personal, en la carrera o en cualquier aspecto de tu vida, la batalla contra ti mismo es donde se ganan o se pierden las victorias más importantes. La. La batalla dentro de nosotros mismos es la más fundamental que enfrentamos en la vida. Allana el camino hacia el éxito, la felicidad y la realización personal.
Siembra calma… y cosecharás serenidad.
Publicado por Patricio Varsariah.
noviembre 6, 2023

Nuestro tiempo es nuestra vida. Es lo único que realmente poseemos. No se puede ganar más tiempo ni recuperar el tiempo perdido. Una forma de vivir nuestra vida al máximo es dedicar nuestro tiempo a cosas que sean significativas para nosotros. Presta atención a tu entorno, pensamientos y sentimientos. Deja de lado las preocupaciones por el pasado y el futuro. Vive ahora. El presente es todo lo que tenemos. Deja que todo te pase. Belleza y terror. Solo continúa. Ningún sentimiento es definitivo.
El tiempo es fugaz. También es eterno. Es finito e infinito. Todos estamos limitados por el tiempo. Sin embargo, tenemos el poder de trascenderlo. El tiempo es como un río. Flota hacia adelante. No hay vuelta atrás. Todos estamos flotando en el río del tiempo. No podemos detenerlo. Sólo podemos elegir cómo respondemos a ello. Algunas personas optan por luchar contra la corriente. Intentan aferrarse al pasado o controlar el futuro. Pero este es un esfuerzo inútil. El río del tiempo siempre es más fuerte.
Otras personas optan por entregarse a la corriente. Aceptan que el tiempo es fugaz y que no hay nada que puedan hacer para detenerlo. Se centran en vivir el presente y aprovechar al máximo su tiempo. La muerte es el fin de nuestro tiempo. Es el momento en que salimos del río del tiempo. El conocimiento de nuestra mortalidad puede ser un poderoso motivador para vivir nuestras vidas al máximo. Cuando sabemos que nuestro tiempo es limitado o nos recordamos conscientemente la brevedad de nuestra vida, es más probable que nos concentremos en las cosas que son importantes para nosotros. Y apreciar la belleza de la vida y las cosas simples que nos hacen felices.
El tiempo es un símbolo de libertad. Somos libres de elegir cómo empleamos nuestro tiempo y libres de crear nuestra realidad. No debemos permitir que el reloj y el calendario nos cieguen ante el hecho de que cada momento de la vida es un milagro y un misterio. Por supuesto, nuestra libertad no es absoluta.
Estamos limitados por nuestras circunstancias y por las elecciones de los demás. Pero todavía tenemos mucha libertad para elegir cómo vivimos nuestras vidas. La forma en que empleamos nuestro tiempo es un reflejo de nuestros valores y prioridades. Cuando dedicamos nuestro tiempo a cosas que son importantes para nosotros, vivimos una vida libre.
Cada segundo tiene un valor infinito. Cómo pasas el tiempo es cómo vives. Lo que haces con el tiempo es cómo se desarrolla tu vida, día tras día. Nuestra relación con el tiempo es compleja y está en constante evolución.
El tiempo es demasiado lento para quienes esperan, demasiado rápido para quienes temen, demasiado largo para quienes están afligidos, demasiado corto para quienes se regocijan, pero para quienes aman, el tiempo es la eternidad.
Cuando somos niños, experimentamos el tiempo como una extensión vasta e infinita. Los días parecen largos y los años se extienden ante nosotros como un camino sin fin. Pero a medida que envejecemos, nuestra percepción del tiempo cambia. Los días pasan volando y los años parecen pasar más rápido.
¿Por qué es eso?
Una posible explicación es que nuestra experiencia del tiempo es relativa a nuestro sentido de nosotros mismos. Cuando somos jóvenes, nuestro sentido de identidad todavía se está desarrollando. Estamos constantemente aprendiendo y creciendo, y el mundo que nos rodea es nuevo y emocionante. Hace que el tiempo parezca ralentizarse. Pero a medida que envejecemos, nuestro sentido de identidad se vuelve más fijo. Sabemos quiénes somos y qué queremos de la vida. Esto hace que el tiempo parezca acelerarse. Todavía no explica del todo por qué dejamos de hacer lo que nos hace vivir como adultos.
Otra posible explicación de nuestra cambiante percepción del tiempo es el concepto de entropía. La entropía es la segunda ley de la termodinámica y establece que todo en el universo se mueve constantemente hacia un estado de desorden. Nuestros cuerpos están sujetos a la entropía.
A medida que envejecemos, nuestros cuerpos se vuelven menos eficientes y más susceptibles a las enfermedades. Este proceso de decadencia se convierte en un recordatorio constante de la brevedad del tiempo y, posteriormente, de la vida.
Pero, ¿cambia el desorden nuestra percepción del tiempo? A medida que envejecemos y asumimos más responsabilidades, nos volvemos menos conscientes del tiempo. Pero también empezamos a pensar que estamos perdiendo tiempo de vida.
Entonces, qué significa todo esto para nuestras vidas?
Significa que debemos valorar cada momento que tenemos ahora. También debemos recordar que el tiempo no es sólo una progresión lineal. También es un fenómeno cíclico. Las estaciones cambian, los planetas orbitan alrededor del sol y la vida es un ciclo de nacimiento, muerte y renacimiento. Eso significa que siempre podemos elegir empezar de nuevo. Podemos empezar de nuevo en cualquier momento y crear una nueva vida para nosotros mismos. No estamos atados por nuestro pasado ni por las expectativas de los demás.
Somos libres de elegir nuestro camino y vivir nuestras vidas en nuestros propios términos. El hombre ante todo existe, se encuentra a sí mismo, surge en el mundo y luego se define a sí mismo". Vive plenamente mientras aún tengas tiempo.
La vida puede suceder para ti. Utilice tu tiempo para experiencias alineadas con sus valores y objetivos.
Persigue cualquier cosa que le dé sentido a tu vida. "La vida es lo que te sucede mientras estás ocupado haciendo otros planes", dijo John Lennon. No hagas otros planes. Tome mejores decisiones de vida que saquen lo mejor de ti ahora. En el momento apreciarás la belleza de la vida y las cosas simples que te hacen feliz. Por ejemplo, me encanta pasar tiempo al aire libre, rodeada de naturaleza. Lo encuentro muy calmante y pacífico.
Sólo vive.
En el tiempo de tu vida, vive, de modo que en ese tiempo maravilloso no aumentes la miseria y el dolor del mundo, sino que sonrías ante el infinito deleite y misterio del mismo. Deja de lado las muchas preocupaciones sobre tu futuro. Se proactivo acerca de tu yo futuro en lugar de estresarse por lo que se está convirtiendo. Reflexiona, pero no te quedes en el futuro. Estarás más realizado. Puedes lograr lo que deseas y disfrutar del proceso simultáneamente. Nuestras vidas tienen significado cuando están alineadas con nuestros valores y objetivos. Sin embargo, el significado no es un logro aislado. No es algo que podamos simplemente crear. Es algo que descubrimos y disfrutamos con el tiempo.
El tiempo crea significado. Necesitamos tiempo para explorar nuestros valores y objetivos, desarrollar nuestras pasiones y marcar la diferencia en el mundo. Pero el tiempo también es limitado. Todos tenemos una cantidad finita de tiempo. Eso significa que debemos ser intencionales sobre cómo lo usamos o invertimos. Por supuesto, habrá ocasiones en las que tendremos que dedicar nuestro tiempo a cosas que no tienen sentido. Pero deberíamos minimizar estos tiempos y centrarnos en lo que más nos importa.
El tiempo es la moneda de la felicidad. “El tiempo es la moneda de la vida. Sólo tu puedes determinar cómo se gastará. Necesitamos tiempo para experimentar las cosas que nos hacen felices. Pero el tiempo también es un ladrón de felicidad. Puede ser fácil quedar atrapado en la carrera de ratas y olvidarse de disfrutar las cosas simples de la vida. Pero la felicidad no nos sucede a nosotros. Es un subproducto de nuestra inversión inteligente de tiempo. Creamos felicidad dedicando tiempo a experiencias y actividades que nos importan profundamente. Es una inversión de tiempo.
Finalmente, el tiempo puede conseguirte todo lo que quieras de la vida. Pero nada en el mundo puede darte más tiempo. Por lo tanto, elije cuidadosamente tus prioridades de tiempo.
Siembra calma… y cosecharás serenidad.
Publicado por Patricio Varsariah.
noviembre 3, 2023

Una gran mayoría de personas están tan dispersas en buscar esas razones de por qué no tienen lo material, económico, profesional, personal que desean, que enfocan precisamente todas sus energías y más en eso, en lo que "no" y enfocándote en lo negativo nadie avanza y se preguntan: ¿Por qué no tienes la vida que quieres?
Quien no tiene la vida que desea es por una simple razón: porque no lo ha querido. Es decir, sí quiere, pero hace todo lo contrario a lo que debería estar haciendo. Tienes la vida que tú creas, entonces, como te pasas enfocado en lo que no, por eso no sucede, porque no te has detenido a ver las posibilidades, las oportunidades que puedes generar para sí obtener esos deseos de tu corazón.
De hecho, quienes están en ese tramo de la vida, puedo decir que tienen fe, pero fe en lo negativo, es decir, duda, miedo y angustia. Muchas personas están buscando a quién echarle la culpa por lo que no han logrado sus metas; si no es a su familia, es a su pareja, a un jefe, a el señor que vende la fruta, a quien sea. La cosa es que alguien sea culpable.
Como bien dicen en mi "pueblo", el ojo nunca ve para adentro solo para afuera.
Si quieres encontrar la respuesta de quién es el culpable, mira para adentro y sí, qué fuerte, pero todo es consecuencia de tus actos, buenos, malos, regulares, todo lo creas tú. Por eso no tienes la vida que quieres, porque no has tomado las riendas de tu vida. No has bajado de peso porque sigues comiendo, posiblemente tengas alguna enfermedad porque no te cuidas, no tienes la pareja que deseas porque no te das el chance quizás a menos que sea el príncipe azul de alguno de los cuentos de Disney, no tienes el trabajo que deseas porque no te preparas y esperas que te caiga del cielo o no has ido a hablar a hacerte sentir, no has sacrificado horas de sueño por aprender.
O quizás estás haciendo algo, pero no el todo y te enfrascas en que debe ser como tú dices, sin explorar, abrir otras posibilidades. O has caído en tu zona de confort. Sin embargo, pocas veces las personas asumen la responsabilidad de lo que viven. En esta sociedad todo lo que nos sucede es culpa de alguien y pobre de nosotros. Sí, ¡cómo no! ¡Claro que no! Nadie tiene la culpa de que suceda o no en tu vida.
Siempre escucho de cantidad de personas: "es que no terminé la universidad porque me embaracé", "la culpa la tiene mi marido por borracho", "es que mi hija no me quiere y por eso me la paso tomando pastillas para la depresión", "es que a mi jefe no le caigo bien, es solo con fulano, por eso no obtengo el puesto que deseo aunque tengo toda la capacidad y tras de eso me hace la vida imposible", "es que no puedo", "es que es muy difícil", "es que a ella la dejó el marido y pobre cita como va a salir a trabajar si no sabe hacer nada", "es que su mujer es infiel" y así hay cantidad de conversaciones de "bla-bla-bla" que usted bien puede identificar de usted mismo o de los demás.
Todos llevamos una etiqueta, usted sabe bien cuál es su frase preferida, si la de "pobre de mí" o la de "yo puedo". Y es que en la vida puedes ser patético o poderoso. Tú, ¡tan solo tú eliges!
Ser patético significa no hacernos responsables de nuestras acciones y de los resultados que obtenemos, entonces nos la pasamos quejándonos, en el papel de víctima, y además cuando estamos en ese papel nos encanta, porque entonces obtener la atención y la compasión de los demás y esa recompensa hace que no tomemos las riendas de nuestra vida porque nos encanta que nos digan: "pobre de ti, es que tu marido se pasa", "es tu hija una mal agradecida", "bien dicen que ese jefe es un ogro" y así. Esas respuestas hacen que sintamos que son los demás los que están mal y no nosotros y como eso nos pone sobre los demás o nos agrada porque nos genera el que tengamos la razón, entonces nos quedamos en ese papel por mucho tiempo.
Sin embargo, está la otra parte que puedes elegir y es ser poderoso, es decir, ser responsable con tu vida, saber que tú estás viviendo lo que creas que si no has obtenido lo que quieres debes hacerte responsable de tus acciones de tus decisiones, analizarlas y emprender nuevos caminos, generar, buscar, encontrar nuevas posibilidades que te lleven a esa meta.
Que pase lo que pase, siempre hay salidas y maneras mil maneras de llegar a tu destino. Todos, absolutamente todos, podemos lograr lo que sea, depende tan solo de nosotros mismos, de nuestra actitud, decisión y de nuestra propia conversación.
Y hablando de las conversaciones, es necesario saber que nos encontrarnos del lado patético o poderoso depende de las creencias que hemos ido sumando, adquiriendo, haciendo tuyas en la vida. Eres lo que crees. Si tú crees que no puedes, créeme, no me tienes que jurar ni demostrar que no podrás. Si crees que puedes, podrás. Revisa tus creencias y ahí está el porqué de lo que sucede en tu vida.
Si no tienes la vida que deseas es porque no estás haciendo lo que debes, así de simple. O estás pensando en lo que no debes de pensar. Revisa qué debes cambiar, qué necesitas para llegar a donde deseas, qué es lo que hay que modificar y avanza en ese camino.
Ahora bien, ten claro que lo que deseas es algo que tú puedes hacer, porque si deseas algo que por más que te pases al lado de los poderosos no podrás llegar a ser. No obstante, si tú sabes que tienes talento y capacidad para eso que deseas lograr, adelante, pásate del lado bueno, sé responsable contigo mismo y tus acciones y re dirección el camino, estoy seguro de que llegarás. Y recuerda: ¡a sonreír, agradecer y abrazar tu vida!
Un saludo de corazón a corazón.
Patricio Varsariah.Si te gusto el escrito, compártelo.
Publicado por Patricio Varsariah.
noviembre 1, 2023

Me pregunto: “¿Quién tiene derecho a decirnos que nos estamos equivocando, que el camino que tomamos no es el correcto? ¿Quién tiene derecho a decirnos que no hagamos lo que nuestro corazón nos dicta?”.
Nadie puede pretender desviarnos del camino que nos hace bien. Los consejos son buenos aliados de una vida en crecimiento, pero estos deben ser constructivos y provenir de un espacio de amor y verdad. Pero la crítica que nace desde el ego nunca acarrea emociones positivas y está, sencillamente, distorsionada.
Si alguien piensa que te estás equivocando, lo cree porque ha construido esa idea en su mente. La misma se ha basado, sin que lo note, en las enseñanzas que ha recibido desde pequeño, en sus propios errores, en sus ideas sobre la vida, en sus experiencias, en sus creencias religiosas, en su destino, en su red de emociones, en su personalidad, en sus miedos, en sus gustos y en su propio karma.
Cada persona es un mundo en sí, complejo, único e irrepetible y con su propia forma de observar la vida. Cada uno de nosotros tenemos una verdad, algo que resuena en nuestro interior y que es diferente a la del resto de los individuos.
Por ello, cuando alguien te critique o pretenda que abandones tus planes y proyectos debes hacer tres cosas:
• Primero: respetarlo.
• Segundo: defender tus ideales.
• Tercero: seguir avanzando, con más convicción que nunca, por el sendero que tu corazón te ha marcado.
Y si en algún momento chocas contra un muro y debes tomar otro camino, lo harás con la tranquilidad de que has hecho lo que tu corazón te pedía. Nadie puede quitarte el derecho a vivir la vida en “carne propia”.
Si no te equivocas, no puedes crecer, madurar.
Recuerda: “Nadie tiene poder sobre ti para evitar que vivas lo que el Universo desea que experimentes, lo que tu corazón anhela. Cada paso que das, cada piedra que se cruza en tu camino tiene un sentido maravilloso que te conduce al bienestar, a la felicidad, a la paz interior y al sentido”.
Eres el único que puede vivir su propia vida. Eres el dueño de tu mente, de tu cuerpo, de tu corazón y de tu alma.
Medita sobre esta idea: “¿Puedes comer una manzana por otra persona y que esa persona se alimente? ¿Puedes comerla tú, pero que el otro la disfrute, la saboree, la digiera y viva la experiencia completa?”.
Podrás leer y escuchar experiencias ajenas que te ayuden en el camino, pero el conocimiento no se convertirá en madurez y sabiduría hasta que lo vivas tú mismo.
No hagas de alguien tu todo. Porque cuando se hayan ido, no tienes nada.
Publicado por Patricio Varsariah.
noviembre 1, 2023

La nostalgia se encuentra tan adherida a nuestras entrañas que quizá algún día padezcamos, como los dinosaurios, una extinción masiva, no porque se nos caiga un meteorito enorme encima, que también es posible, sino por una sobreexposición masiva a ese agridulce veneno que corre salvajemente por nuestras venas desde que abandonamos la infancia y la adolescencia, y que provoca que continuamente andemos mirando de reojo a los dulcificados hitos de nuestro pasado, como si un espejo retrovisor condicionara todo el camino sobre el que conducimos por el sendero de nuestra vida.
El dulce veneno de la nostalgia que atempera el amargo sabor del pasado con la ternura del recuerdo rememorado. Cómo sino podríamos sobrevivir a esos fragmentos de vida; pensamientos, deseos, pasiones, dolor, gozo, sabores, que nos parecen vividos en otro tiempo, en otros momentos tan ajenos, tan lejanos a nosotros.
La nostalgia es el santo grial del negocio del consumo. Tanto, que a veces uno se sorprende de que no se realicen productos para vender a adolescentes recordándoles su apenas desvanecida infancia, o quizá ya se estén vendiendo, quién sabe con la amoral industria de la añoranza.
Aún más curioso, generaciones enteras añoran tiempos que nunca vivieron, como si su presente fuera el que enmoheciera con las herrumbres del pasado, y ese desconocido pasado brillara con las esperanzas de un tiempo pretérito anhelado, que siempre fue mejor.
Añoramos las modas, que en su momento despreciamos por extravagantes, y que ahora refulgen en las vestimentas de adolescentes y jóvenes, como si estuviéramos atrapados en el sueño lucido de una serie que marcó nuestra adolescencia. Añoramos la música, que en su momento nos pareció el culmen de la ñoñería y la banalidad, como si pudiéramos recobrar la inocencia perdida, que en su momento nos pareció estupidez, y así recobráramos el tiempo que se nos escapa.
Ya no hay crisis nostálgica de la mediana edad. Todo es nostalgia, todo pasado ha de recrearse para nuestra satisfacción, no hay tiempo para el futuro. Añoramos también, viejos grupos de rock o de pop que iluminaron las tristes noches de soledad de los primeros amores perdidos. Asistimos a sus conciertos con la misma ilusión que cuando los vimos por primera vez, poco importan las arrugas del alma, o las heridas del corazón que corrompen cualquier posibilidad de volver a ver un nuevo amor con los mismos esperanzados ojos.
Añoramos los amores perdidos, rememorados por esas canciones de cuna de nuestro pasado, como si las laceraciones que provocaron su abandono nunca nos hubieran dejado cicatriz. ¡Si hasta añoramos a los políticos del pasado! Como si en su momento no los hubiéramos despreciado, insultado o vilipendiado adhiriéndoles todo tipo de adjetivos maledicentes.
Todo político del pasado, todo futbolista o deportista del pasado, todo amor pasado, todo grupo de rock o pop del pasado le da mil vueltas a cualquiera nacido en el presente. No hay comparación posible, siempre perderá el débil aroma del presente frente al poderoso perfume del pasado, que atonta cualquier atisbo de sentido crítico que en su momento nos alejaba del encantamiento de esos fragmentos de nuestra vida. Si algo tiene de peligro la seducción del agridulce veneno de la nostalgia es el selectivo olvido que nos produce. Siempre prevalece la sonrisa esgrimida, nunca las lágrimas derramadas.
Ni siquiera somos capaces de reconocer que la persona víctima de la nostalgia ya no existe, y nunca volverá a existir. Todo aquello que en su momento vivimos, o en su caso les gustaría haber vivido a algunas generaciones, ya no existe. Y aunque existiera, si no es por la suspensión critica que realizamos, no nos afectaría de la misma manera. Nuestro yo presente podemos adormecerlo para acallar la preocupación del futuro, pero utilizar para ello el yo pasado no es sino una entelequia que atora la posibilidad de un futuro.
El nostálgico revival de nuestro pasado no tiene por qué ser negativo y puede tener el mérito de apreciar lo que en su momento despreciamos, y ahora perdido, nos damos cuenta de nuestro error. Pueden ser amores, amistades, oportunidades despreciadas, que en su momento nos parecieron irrelevantes, políticos de los que nos reímos, y un largo etcétera.
El problema es que esos momentos ya se encuentran en el ámbar congelado de un pasado que nunca podrá volver. Porque en nuestros presentes, las circunstancias nunca serían las mismas, y por mucho que creamos que no hemos cambiado, que siempre será así, aunque no nos lo creamos, nunca se repetirían las mismas condiciones.
La vida no es un ensayo de laboratorio en el que todo encaja, es un rompecabezas al que siempre le faltará una u otra pieza. Siempre hay lecciones que el pasado puede enseñarnos y podemos asimilar, pero pretender recrearlas como si el tiempo no hubiera desgastado y alterado nuestras circunstancias, nuestro corazón, en un sentido u otro, no sólo es un esfuerzo inútil, puede causar más daño que bien.
Aceptemos el pasado tal y como fue, aceptemos el presente tal y como es, y, rebelémonos ante el futuro para que sea tal y como queremos que sea.
No es un problema de nuestro tiempo. La atracción de lo perdido, la edad de oro perdida que existiera tiempo atrás, siempre estuvo ahí. La filosofía surgió de esa melancolía, de la añoranza del saber lejano de unos sabios que descubrieron las claves de una vida y de una civilización plena, cuyas lecciones se perdieron en el polvo del tiempo, y hoy día tan sólo nos fuera dado recoger pequeñas sombras de esa grandeza perdida, o al menos eso pensaban en los pretéritos tiempos de la antigua Grecia, antes del surgimiento de los grandes pensadores del siglo V a. C.
Toda antigua civilización narra entre sus mitos de origen, tiempos de oro perdidos, tiempos de grandeza que iluminaron un pasado glorioso. Hasta los tristes remedos de imperios que vivimos hoy día se lamentan de sus glorias pasadas, fueran reales o imaginarias. Lo real del presente palidece frente al canto de sirena del pasado. Y si creemos en un futuro, no es para construir algo nuevo, diferente, mejor, es para recrear algo del pasado, que perdimos, y que siempre fue superior.
No nos damos cuenta que la extensión del síndrome de Peter Pan a todas las edades de nuestra vida o a todos los estratos de nuestra cultura nos adormece. A los veinte añoramos los felices y lejanos diez, por mucha angustia y muchos deseos de crecer que tuviéramos a esa edad. A los treinta nos amarga asumir las responsabilidades de la edad adulta y mataríamos por volver a los dulces veinte. A los cuarenta sufrimos los espasmos de una crisis que traga cualquier vestigio de vergüenza ajena con tal de aparentar volver a los treinta. A los cincuenta desempolvamos todo aquello que nos recuerde lo felices que estábamos con cuarenta. A los sesenta deseamos recuperar el vigor vivido a los cincuenta, que ahora echamos de menos. A los setenta nuestros sueños vuelan hacía el tiempo perdido cuando teníamos sesenta y nos encontrábamos en la plenitud de nuestras facultades.
A los ochenta todo sabor de lo experimentado en los felices setenta nos atrapa en el ámbar edulcorado de la vieja nueva juventud. Y a los noventa, bueno, a quién le importa, siempre que lleguemos a esa edad aún capaces de experimentar nostalgia. Rara vez disfrutamos del presente tal y como es, con su imperfectamente perfecta brevedad.
Ser como Peter Pan en pequeños instantes de nuestra vida, no hace daño, como comer un dulce a destiempo, o rememorar de vez en cuando esas desmemoriadas y falseadas verdades, de los aromas perdidos de una piel añorada, o la nostalgia de los besos encontrados tras una caricia inesperada. El pasado tiene valor, pero nunca al precio de negar el presente y cegar el futuro.
La añoranza no debe desligarnos de la incansable búsqueda de un futuro, de nuevas experiencias no vinculadas al pasado, de apreciar lo que hay en nuestro presente, y que siempre estuvo ahí, y no despreciarlo en una tramposa comparación con un pasado que ya nunca volverá a estar.
Lo irreal es el pasado, no el presente, lo posible es el futuro, siempre nuevo, siempre lleno de posibilidades.
Palabras finales: No puedes evitar que las aves de la tristeza pasen por encima de tu cabeza, pero puedes evitar que hagan un nido en tu cabello.
Publicado por Patricio Varsariah.
noviembre 1, 2023

Cuando hay coraje y aliento, el progreso es mayor. Una palabra de aliento a tiempo Motiva, ayuda, da fuerzas Produce el mejor de los beneficios. Las personas que comparten una dirección común y tienen sentido de comunidad, pueden llegar a cumplir sus objetivos más fácil y rápidamente, porque van apoyándose mutuamente, haciendo que los logros sean aún mejores.
La observación de la naturaleza es la mejor escuela para darnos cuenta de aquello que realmente necesitamos para vivir. Pero cada vez nos separamos más inundando nuestra vida con toneladas de cemento que no nos permiten ver más allá. Todo es tan artificial, que ya casi no hay espacio para los animales y los sacamos de su hábitat para luego comprar en forma de documentales o libros la imagen olvidada de aquello de lo que formamos parte.
¿Qué sería del hombre sin los animales o las plantas?...no creo que sobreviviéramos, y es que nos olvidamos de que la tierra no nos pertenece, sino que somos nosotros los que formamos parte de ella, pero somos tan arrogantes, que pretendemos convertirnos en Dioses fabricando un mundo de laboratorio con la creencia de que así alcanzaremos el paraíso.
Todo un golpe de estado a la razón. Solo unos cuantos privilegiados, a los que la mayoría se atreven a llamar salvajes, son capaces de entender el mensaje, aquel que nos empeñamos en ignorar, ellos adoran a los animales, a las plantas, llaman Dios al aire, al fuego…observan y en esa contemplación de la naturaleza es donde entienden el verdadero significado de la vida. Sus elementos reales, son los que gobiernan el mundo y entienden que si una de estas piezas se descompone…la humanidad, el mundo, se conmueve.
Comprenden que el trabajo en equipo es esencial para fabricar la red de la que está compuesta la vida. Comprenden que el mundo es un puzle en el que cada pieza depende de las de su alrededor. Comprenden en definitiva que al igual que los gansos, todos y cada uno de los elementos que componen este equipo que llamamos vida necesita la ayuda del compañero para lograr sobrevivir.
Para entender mejor lo que os quiero decir, te cuento que en la temporada que estamos pasando de otoño al invierno, alguno de ustedes podrá ver a los gansos emigrar dirigiéndose a un lugar más cálido, para pasar el invierno, fíjate que vuelan formando una gran "V". Tal vez te interese saber porqué lo hacen de esta manera: al batir sus alas, cada pájaro produce un movimiento en el aire que ayuda al pájaro que va detrás de él. Volando en "V", la bandada de gansos aumenta por lo menos un 70% su poder de vuelo, en comparación de uno que lo haga solo.
Cada vez que un ganso sale de la formación, siente inmediatamente la resistencia del aire, se da cuenta de la dificultad de seguir el ritmo solo y rápidamente vuelve a la formación para beneficiarse del esfuerzo común. Cuando el líder de la bandada se cansa, pasa a uno de los lugares más atrasados para reponer fuerzas y otro ganso le releva el puesto. Los gansos que van detrás graznan para alentar a los que van delante para mantener el ritmo y las fuerzas.
Finalmente, cuando un ganso enferma o cae herido por un disparo de un desalmado cazador, otros dos gansos salen de la formación para acompañarle, bien hasta que se recupere y retome el vuelo o hasta que muera; solo entonces vuelven a la bandada o se unen a otro grupo.
Qué fácil sería todo, si aprendiésemos a escuchar, a observar y a entender la naturaleza. Si fuésemos capaces de copiar, aunque solo fuese un poquito lo que nos enseña y lo reflejáramos en nuestro devenir diario, estoy seguro de que esa, si que seria una apuesta segura para alcanzar el paraíso que soñamos.
Dos palabras y un abrazo.
Publicado por Patricio Varsariah.
octubre 18, 2023

He podido comprobar por experiencia propia que cuando el cuerpo se encuentra bien, la salud se encuentra mejor, y nuestra energía es saludable y reconocemos que el Odio y el amor, tienen efectos sobre nuestro organismo, cambios químicos suceden inmediatamente como respuesta a unos y otros.
Cada pensamiento, cada estado de ánimo, provoca una sutil modificación en nuestros niveles de energía.
Si estamos en continuo estado de lucha, desperdiciamos la energía, si por el contrario fluimos de manera flexible hacia estados de ánimo y pensamientos positivos, esta crece de manera indiscutible.
Está claro que la mayoría de todos nosotros desearíamos que hubiese más amor en el mundo, mejores sentimientos, pero la realidad es que nos adaptamos a la cantidad de buenas intenciones que damos y recibimos porque si de repente alguien nos regalara más cantidad extra de este bálsamo, nos asustaríamos y nos pondríamos a la defensiva pensando en las intenciones de tanto derroche.
Tenemos miedo a arriesgar y nos quedamos reposando en nuestra habitual dosis de amor sin dar y sin esperar más. Nos hemos “adaptado”. Y es que en esta vida que llevamos, el amor y el positivismo, se han enredado con otras cosas y andan algo perdidos.
La buena noticia es que podemos desenredarlos, despertarlos. Sólo hay que estar dispuestos a hacer un pequeñísimo esfuerzo que por otra parte y siendo algo egoístas, nos reportará grandes beneficios.
Hay que estar dispuestos a ahondar sin temor, quedándonos un rato a solas, en silencio, buscando las cualidades de amor que consideremos más importantes en la vida (generosidad, servicio, entrega, amabilidad…). Seguro que las habremos experimentado alguna vez en nuestra vida más o menos intensamente.
Así que lo único que tenemos que hacer es acceder a nuestra mente, a esos recuerdos, recrearnos en las sensaciones, examinar cómo nos sentimos en aquella ocasión haciendo que cale en nosotros esa experiencia de bien-estar. De esta manera conectamos con un nivel profundo de conciencia y así, silenciosamente, pero con convencimiento y seguridad iremos descubriendo aquello que ya estaba dentro de nosotros y así sutilmente empezaremos a sentirnos mejor, más saludables, más amables, más optimistas.
Si estamos dispuestos a dar y a recibir, nos volveremos más generosos y agradecidos con la vida. En definitiva, cambiaremos nuestro estado de energía convirtiéndonos en personas más saludables.
Mi recomendación siempre será, que te ames, te valores y te des cuenta que dentro de ti lo tienes todo y mantente segura, saludable y que tengas un productivo día de paz y tranquilidad.
Publicado por Patricio Varsariah.
octubre 18, 2023

Nuestras vidas son fugaces, y el mejor día para luchar por el derecho a vivir una vida plena es hoy. Para aquellos de vosotros que tienen la suerte de tener buena salud, y para los que luchamos con la esperanza de un mañana mejor, esto significa hacer algo increíble hoy en día. Y por "increíble", me refiero a dar pequeños pasos positivos hacia adelante en un camino resuelto.
Porque todo lo que quieres hacer requiere práctica diaria. Ya sea que eso signifique aprender a bailar practicando el baile o aprender a vivir practicando la vida, el principio es el mismo. En todos los casos, es el desempeño de un conjunto de actos específicos, mentales y físicos, que impulsan el sentido de logro, la claridad del significado de uno y la satisfacción del espíritu interior.
Uno se convierte, en cierto modo, en un atleta de la Vida misma, una persona dispuesta a realizar, una y otra vez frente a todos los obstáculos, algún acto de visión, fe o deseo. Solo se vive una vez, pero si lo hacemos bien, una vez es suficiente.
¿Ahora bien, quizá Tú te preguntas y cuando sabemos que estamos en el camino correcto?
Yo creo que cuando puedas contestarte honestamente cada uno de los siguientes puntos. (Y si no puedes, esta breve lista te da algo positivo para trabajar).
1. Estoy siguiendo mi corazón y mi intuición. - No te dejes llevar por tus problemas. Sé guiado por tus sueños. Vive la vida que quieres vivir. Sé la persona que quieres recordar años a partir de ahora. Toma decisiones y actúa sobre ellas. Cometes errores, baja y vuelve a intentarlo. Incluso si caes mil veces, al menos no tendrás que preguntarte qué pudo haber sido. Al menos sabrás en tu corazón que has dado tus mejores sueños a tus sueños. Cada uno de nosotros tiene un fuego en nuestros corazones ardiendo por algo. Es nuestra responsabilidad en la vida encontrarla y mantenerla encendida.
2. Estoy siendo honesto conmigo mismo. - Sé honesta o honesto sobre lo que es correcto, así como sobre lo que debe cambiarse. Sé honesta o honesto sobre lo que quieres lograr y en quién quieres ser. Sé honesta con cada aspecto de tu vida, siempre. Porque eres la única persona con la que siempre puedes contar. Se dueña o dueño de tus elecciones y errores, y está dispuesto a tomar los pasos necesarios para mejorarlos. O tomas responsabilidad por tu vida o alguien más lo hará. Y cuando lo hagan, se convertirán en un instrumento de tus ideas y sueños en lugar de ser un pionero propio.
3. Estoy haciendo la diferencia. - Actúa como si lo que haces marca la diferencia. Lo hace. ¿Es cierto que todos vivimos para servir? Que al ayudar a los demás, cumplimos nuestro propio destino. La respuesta es un simple "sí". Cuando logras un impacto positivo en la vida de otra persona, también tienes un impacto positivo en tu propia vida. Haz algo que sea mayor que tú, algo que ayude a otra persona a ser feliz o sufrir menos. Eres solo uno, pero eres uno. No puedes hacer todo, pero puedes hacer algo.
4. He perdonado a los que alguna vez me hicieron daño. - Todos hemos sido lastimados por otra persona en algún momento u otro - nos trataron mal, la confianza se rompió, los corazones fueron heridos. Y mientras este dolor es normal, a veces ese dolor persiste por mucho tiempo. Revivimos el dolor una y otra vez, dejándolos vivir libres de rentas en nuestra cabeza y nos cuesta mucho soltarnos. Los rencores son un desperdicio de felicidad perfecta, nos hace perder la belleza de la vida a medida que sucede. Perdonar es liberar a un prisionero y descubrir que el prisionero eras TU.
5. No me arrepiento. - Esta es simplemente una culminación de los cuatro anteriores ... Sigue tu corazón. Sé sincera o sincero contigo mismo. Haz lo que te haga feliz. Estar con quien te haga sonreír. Ríe tanto como respiras. Quiere mientras vivas. Di lo que tengas que decir. Ofrezca una mano cuando pueda.
Aprecia todas las cosas que tienes. Sonreír. Celebra tus pequeñas victorias. Aprende de tus errores. Date cuenta de que todo es una lección disfrazada. Perdonar. Y suelta las cosas que no puedes controlar.
Cuando te enfrentas a pruebas, enfermedades o una caída, el poder de la Oración por sanación puede obtener resultados milagrosos. El Señor te bendice con fuerza y poder para soportar y vencer tu enfermedad. ¡Tu fe en Dios y tus oraciones desde tu corazón son suficientes para las bendiciones divinas!
Y, por supuesto, si está luchando con alguno de estos puntos, no estás sola o solo. Estamos todos juntos en esto. Muchos de nosotros estamos allí, trabajando arduamente para sentirnos mejor, pensar con más claridad y mantener nuestras vidas al día.
Saludos y pronta mejoría.
Publicado por Patricio Varsariah.
octubre 15, 2023

La vida está llena de casualidades, hechos impredecibles e inevitables que nos suceden, nos hacen fruncir el ceño y preguntarnos si no serán frutos de un plan preestablecido. En realidad, ¿son carambolas de la vida que nos ayudan a avanzar, quizá te preguntes porque la vida está llena de cosas sin explicación...?
El mundo está lleno de cosas obvias que nadie por casualidad observa jamás.
Cada persona tiene su propio destino: el único imperativo es seguirlo, aceptarlo sin importar adónde nos lleve. No hay hechos casuales. Todo viene de algo ni se dirige hacia alguna parte. La ciencia, inteligentemente, busca el "por qué" de los fenómenos que nos rodean.
Hay explicaciones para el día y la noche, para las distintas estaciones del año, para el milagro de la germinación de una semilla, para la gestación de la vida física, para el rumbo de los ríos hacia el mar, para las nubes que se agrupan y luego se disuelven en gotas de lluvia, etc., etc.
Por eso cada uno de nuestros actos tiene una razón. Cada gesto, cada sonrisa, cada lágrima, cada impulso de valor, cada sensación de fuerza interior, cada sentimiento de compasión y de amor; todos vienen de la semilla de una misma naturaleza. Y cada uno de nuestros actos genera un efecto que será igualmente de la misma naturaleza.
La angustia y el temor que produce tener que enfrentarse a ciertas realidades desagradables, han hecho que los hombres comparen la vida con un juego de azar: nada está relacionado con nada, todo es una simple casualidad, donde algunos salen ganando y otros perdiendo. Y así, en esta "lotería de la vida", apostamos cada mañana por nuestra suerte y lloramos por las noches cuando la fortuna no nos ha favorecido.
El amor viene del amor y genera amor; el odio viene del odio y genera odio. En realidad, escuchamos tanto hablar de las casualidades, pero, ¿existe la casualidad? Realmente no, nada sucede porque sí…la verdad es que la casualidad no existe. Se dice que todo es “causal”, que nada es “casual”.
Todo lo que llega a nuestras vidas, cada situación por la que pasamos, es por algún motivo. “La persona que llega es la persona correcta”, es decir que nadie llega a nuestras vidas por casualidad, todas las personas que nos rodean, que interactúan con nosotros, están allí por algo, para hacernos aprender y avanzar en cada situación.
Lo que pasó fue lo único que pudo haber pasado, y tuvo que haber sido así para que aprendamos esa lección y sigamos adelante.
Todas y cada una de las situaciones que nos suceden en nuestras vidas son perfectas, aunque nuestra mente y nuestro ego se resistan y no quieran aceptarlo. Todo comienza en el momento indicado, ni antes, ni después. Todo está preparado para que algo nuevo empiece en nuestra vida, y es allí cuando comenzará, pero nunca por casualidad.
Publicado por Patricio Varsariah.
octubre 10, 2023

Que el ser humano se encuentra en cambio constante es algo que, en nuestra época, hemos dejado de tener en cuenta. Con cierta ilusión, pero sobre todo con mucha resistencia, nos empeñamos en creer que permanecemos siempre iguales, nos afanamos en sostener las mismas ideas, creemos que debemos proteger y conservar ciertas formas de ser.
Es mucha la energía, mucho el tiempo y muchos los recursos que, en ocasiones, en ciertas etapas de nuestra vida, llegamos a dedicar a ser fieles no a lo que somos, sino a lo que aprendimos a creer que somos.
Es posible que este sea un síntoma generacional. Es posible que muchos de nosotros, que crecimos al abrigo de la protección familiar en un grado que nuestros mismos padres no tuvieron, hayamos fraguado la idea un tanto fantástica de que las cosas se mantienen en un solo estado siempre, una especie de statu quo mágico, inamovible.
Es posible, también, que esta sea una inclinación humana más o menos general. Que la conciencia del hombre, en todas las épocas, tienda a querer la permanencia ahí donde todo fluye, a pretender la continua identidad de lo mismo ahí donde todo cambia.
¿Pero por qué desear esto cuando lo contrario, abrazar el flujo natural de la vida, podría significar una forma de perpetuidad? ¿Quién elegiría lo fugaz y lo perenne cuando ante sus ojos y a sus manos se ofrece la perla preciosa de la perpetuidad?
Si crees que el amor es por naturaleza amor de lo que repetidamente hemos convenido, no te extrañes, ya que, en este caso, y por la misma razón que en el anterior, la naturaleza mortal busca, en la medida de lo posible, existir siempre y ser inmortal.
Pero sólo puede serlo de esta manera: por medio de la procreación, porque siempre deja otro ser nuevo en lugar del viejo. Pues incluso en el tiempo en que se dice que vive cada una de las criaturas vivientes y que es la misma, como se dice, por ejemplo, que es el mismo un hombre desde su niñez hasta que se hace viejo, sin embargo, aunque se dice que es el mismo, ese individuo nunca tiene en sí las mismas cosas, sino que continuamente se renueva y pierde otros elementos, en su pelo, en su carne, en sus huesos, en su sangre y en todo su cuerpo.
Y no sólo en su cuerpo, sino también en el alma: los hábitos, caracteres, opiniones, deseos, placeres, tristezas, temores, ninguna de estas cosas jamás permanece la misma en cada individuo, sino que unas nacen y otras mueren.
Pero mucho más extraño todavía que esto es que también los conocimientos no sólo nacen unos y mueren otros en nosotros, de modo que nunca somos los mismos ni siquiera en relación con los conocimientos, sino que también le ocurre lo mismo a cada uno de ellos en particular. Pues lo que se llama practicar existe porque el conocimiento sale de nosotros, ya que el olvido es la salida de un conocimiento, mientras que la práctica, por el contrario, al implantar un nuevo recuerdo en lugar del que se marcha, mantiene el conocimiento, hasta el punto de que parece que es el mismo.
De esta manera, en efecto, se conserva todo lo mortal, no por ser siempre completamente lo mismo, como lo divino, sino porque lo que se marcha y está ya envejecido deja en su lugar otra cosa nueva semejante a lo que era.
Debemos mirar los cambios propios de nuestra existencia como momentos en que lo nuevo sustituye a lo viejo, esto es, como una expresión de regeneración, quizá cabría decir incluso de resucitación, como cuando un ser se perpetúa en otro por la vía de la generación. Con cada cambio, podría decirse con cierta lasitud a partir de este argumento, engendramos a un nuevo ser, damos a luz a un nuevo Yo, renovado en su vigor, exultante, dispuesto a enfrentar nuevamente la vida.
Pero esto, claro, solamente si aceptamos cambiar, si olvidamos lo que hemos aprendido, si rectificamos, si decidimos emprender nuevas tareas, adquirir nuevos hábitos, entender que con cada cambio vendrán temores desconocidos y pesares nunca antes enfrentados. Ese es el precio de esta forma de eternidad, Y aunque parece un precio justo, cabe la pregunta: ¿habrá quien rechace ser eterno en su propia vida sólo por la comodidad aparente que implica permanecer siempre igual?
Gracias por tu valioso tiempo para leer, lo aprecio mucho.
Publicado por Patricio Varsariah.