No nací apasionado: me volví constante.
Publicado por Patricio Varsariah el miércoles, febrero 4, 2026

Nos han repetido durante años que debemos “seguir nuestra pasión”, como si todos naciéramos con una claramente definida. Pero ¿y si la pasión no fuera un punto de partida, sino una consecuencia?
Este escrito es una invitación a mirar más de cerca la práctica, la constancia y ese proceso silencioso que, con el tiempo, transforma el hacer en sentido.
A cualquiera que haya notado la frecuencia con la que he escrito en estos últimos años podría parecerle que me apasiona escribir. Y no se equivocarían al asumirlo. Solo se equivocarían si pensaran que me encanta por naturaleza. Que crecí queriendo escribir desde pequeño. Nada está más lejos de la realidad.
Este escrito es una invitación a mirar más de cerca la práctica, la constancia y ese proceso silencioso que, con el tiempo, transforma el hacer en sentido.
A cualquiera que haya notado la frecuencia con la que he escrito en estos últimos años podría parecerle que me apasiona escribir. Y no se equivocarían al asumirlo. Solo se equivocarían si pensaran que me encanta por naturaleza. Que crecí queriendo escribir desde pequeño. Nada está más lejos de la realidad.
Me encanta escribir porque he mejorado desde que empecé. Y seguí haciéndolo porque podía ver con claridad la diferencia entre quién era y cómo escribía entonces, y quién soy y cómo escribo ahora. No me apasioné por la idea de escribir, sino por el acto de participar en mi propia mejora.
Recientemente empecé a cuestionarme cómo y por qué la gente termina eligiendo su carrera. ¿Nacieron amándola? ¿Crecieron en entornos donde se practicaba? ¿O la encontraron por casualidad y la ejercieron durante tanto tiempo que, al mejorar, decidieron quedarse?
Creo que se puede amar cualquier cosa, pero para apasionarse lo suficiente como para querer dedicarse a ello, primero hay que aprender a hacerlo. No puedes apasionarte por aquello que aún no comprendes.
No soy un deportista apasionado porque no he practicado ningún deporte el tiempo suficiente como para ser bueno en él. No me apasiona la fotografía porque no la he practicado lo bastante como para percibir los matices que otros sí han aprendido a ver.
He leído que otros también reflexionan sobre esto. Hay poca evidencia de que la mayoría de las personas tengan pasiones preexistentes esperando ser descubiertas. En cambio, parece funcionar mejor dominar algo excepcional y valioso, y luego usar esa ventaja para orientar la vida laboral hacia direcciones que resuenen.
En lugar del consejo tradicional de “persigue tu pasión” —que suele ser vago e incluso frustrante, porque no todos han encontrado una pasión ni pueden vivir de ella— aparece otro más honesto: encuentra algo que valga la pena hacer y hazlo el tiempo suficiente como para volverte bueno. La satisfacción llega después.
No todo aquello que nos apasiona nos dará sustento. Pero dominar algo excepcional y valioso nos permite desarrollar intereses únicos que, con el tiempo, pueden volverse necesarios para el mundo. Quizás la forma más accesible de destacar en un entorno competitivo sea combinar intereses distintivos hasta crear algo que aporte valor real.
Muchas de las cosas que creemos amar no son un punto de partida, sino una consecuencia. Te gusta escribir porque llevas tiempo escribiendo y estás mejorando. Te gusta cantar porque lo practicas y se te da bien. Cualquiera puede apasionarse por algo si está dispuesto a hacerlo mientras mejora, durante el tiempo suficiente.
La pasión no es un don. Es una habilidad que se cultiva.
Quizás la pasión no sea el comienzo del camino, sino la recompensa silenciosa de no haberlo abandonado.
¡Gracias por leer!
Patricio Varsariah.
