En un mundo donde parecería obligatorio agradar, encajar y cumplir expectativas ajenas, olvidamos algo esencial: no vinimos a gustarle a todos. Este escrito es una invitación a soltar la necesidad de aprobación y abrazar con serenidad nuestra propia esencia.

Deja que les desagrades. No tienes que caerle bien a todo el mundo.

Algunos prefieren el café, otros solo beben agua. Eso no significa que el té tenga algo malo. Es simplemente té. Y nunca estuvo destinado a gustarle a todos.

Lo mismo ocurre contigo. No tienes que ser del agrado universal, porque cada persona tiene gustos, historias y preferencias distintas. No siempre serás “lo suficientemente bueno” a los ojos de alguien. Y no porque tengas defectos o estés equivocado, sino porque no eres lo que esa persona esperaba. No eres su tipo. No encajas en su molde. Y eso es normal.

No necesitas convertirte en alguien que todos aprueben. No necesitas forzarte a encajar en expectativas ajenas. No pasa nada si alguien te define desde sus suposiciones o decide que no le agradas. Porque, hagas lo que hagas, siempre habrá algo que decir. Siempre habrá opiniones. Siempre habrá quien encuentre razones para no elegirte o para malinterpretarte.

Incluso habrá personas que decidirán que no les caes bien sin siquiera conocerte.

Basta observar los comentarios bajo cualquier video en redes: desconocidos que, desde una pantalla, juzgan vidas que no comprenden. Si alguien puede desagradarle a otro sin haber cruzado jamás palabra, imagina lo natural que es que ocurra lo mismo en la vida real.

Y aun cuando seas amable. Aun cuando midas tus palabras. Aun cuando actúes con respeto. Habrá quienes simplemente no conecten contigo. No porque estés mal. Sino porque no eres de su gusto. Este mundo está lleno de personas a las que no les agradarás, hagas lo que hagas. Y eso no es un problema. Es una realidad humana. No viniste a gustarle a todo el mundo. Viniste a ser quién eres.

Recuerda esto:
El té nunca se ha disculpado por no ser café. No cambia su sabor para convencer a quienes prefieren otra cosa. Sigue siendo té. Y quien ama el té lo elige sin que nadie tenga que persuadirlo. No necesitas llenar tu taza con algo diferente para complacer el paladar de otros.

Deja que pasen de largo.
Deja que no te elijan.
Deja que no conecten.
Porque no eres para todos. Y nunca tuviste que serlo.

La verdadera libertad comienza cuando dejamos de negociar nuestra esencia por aprobación. Cuando entendemos que no ser para todos no es rechazo, es autenticidad.

La paz no llega cuando todos te aprueban, sino cuando tú ya no necesitas que lo hagan.

Con gratitud,

Patricio Varsariah