Nadie puede curar tus heridas para que sanen más rápido.
Publicado por Patricio Varsariah el jueves, enero 1, 2026

La vida es tan simple como ver sanar una herida. Duele, pero sana sola y ni siquiera te das cuenta.
Nuestro cuerpo es el mapa del universo, donde cada marca está dibujada con la tinta de la naturaleza. Todos nos lastimamos. Es la forma de vida. Incluso los árboles muertos susurran innumerables historias.
Cuando empiezas a escuchar al universo, el universo empieza a escucharte.
No temas a las heridas, porque son la hoja de ruta de todo lo que has hecho en tu vida. Teme el momento en que te des cuenta de que no eres lo suficientemente fuerte para tus heridas.
Las heridas dolerán mientras sigas rascándolas y culpando por qué están ahí. El mundo mantiene todo en equilibrio. Te da momentos difíciles para que puedas valorar los mejores momentos y entender por qué son importantes para ti.
A veces olvidamos que aquellos con quienes nos comparamos sangran igual. Nuestra vida no es algo para comparar, porque lo que realmente importa es lo que hay detrás de las cicatrices.
Cada vez que duele, se siente como la primera y la última vez. Olvidamos la vida que vivimos antes y cómo lo manejábamos todo en aquel entonces.
Buscamos la comodidad y la felicidad. Pero la felicidad y la comodidad no son para que las busquemos. Son para que las sintamos y las apreciemos cuando están ahí.
La felicidad está en todas partes. Desde relajarnos en la habitación con bocadillos y Netflix un viernes por la noche hasta ver llover después de un día seco. La felicidad siempre está ahí esperando ser encontrada, sentida y apreciada.
Lo mismo ocurre con el dolor y la sanación.
Tú debes ser tu primera prioridad. No elegiste lastimarte, pero puedes elegir sanar. En este viaje, la primera persona que te tome de la mano debes ser tú, y puedes hacerlo confiando en ti mismo y manteniéndote decidida.
La sanación es un viaje, pero no tiene destino porque nunca dejas de mejorar.
Siempre buscamos un milagro que lo arregle todo en nuestra vida, pero a menudo olvidamos que nuestra existencia es el milagro más grande de todos y que tenemos pleno control sobre él.
Siempre que nos lastimamos o nos quedamos atrapados en una situación, asumimos que es la primera vez y oramos para que sea la última, pero los altibajos son los que hacen que la vida tenga sentido.
Si este escrito resonó contigo, compártelo. Tal vez ayude a otros a reflexionar, despertando la empatía, la creatividad y el pensamiento crítico.
¡Gracias por leer!
Un abrazo respetuoso y sincero.
Patricio Varsariah.
