Vivimos persiguiendo números que prometen seguridad, éxito y estabilidad. Rara vez nos detenemos a preguntar qué es lo realmente indispensable y qué hemos estado sacrificando en el camino.

Este escrito no habla de dinero, sino de algo más básico, más frágil y más olvidado: aquello que hace posible la vida misma.

La verdadera moneda de la vida no es el dinero: es la supervivencia. A menudo me he hecho una pregunta simple, pero incómoda: Si todo lo que poseo desapareciera hoy, ¿qué necesitaría para seguir vivo?

La respuesta nunca ha sido el dinero.

Me he dado cuenta de que el dinero no es la moneda de la vida. Es solo una herramienta: útil, poderosa, pero vacía por sí sola. Las verdaderas monedas son la comida, el agua, el aire y la salud. Sin ellas, toda la riqueza se reduce a números sin valor.

No se puede comer dinero, beber riqueza ni respirar éxito.

Vivimos en una época en la que intercambiamos supervivencia por ingresos sin darnos cuenta. Veo a mi alrededor personas trabajando sin parar, ignorando su cuerpo, su paz y su entorno, con el único objetivo de ganar más. Después, ese mismo dinero se gasta en hospitales, medicinas y tratamientos para el estrés. Es dar vueltas en círculos, llamándolo progreso.

Sacrificamos la salud para ganar dinero y luego sacrificamos el dinero para recuperar la salud.

Lo que más me preocupa es la ligereza con la que destruimos los sistemas que sostienen la vida. Se contaminan ríos para obtener ganancias, se sobreexplota el suelo para producir más, se envenena el aire en nombre del crecimiento industrial. Y aun así hablamos con orgullo de desarrollo. El desarrollo que daña la supervivencia no es crecimiento: es un colapso aplazado.

El dinero puede dar seguridad, pero es una seguridad frágil. Una cuenta bancaria no protege de alimentos insalubres. Una casa de lujo no protege del aire tóxico. Un ingreso alto no garantiza la salud.

La verdadera riqueza es la capacidad de vivir sin miedo:
miedo a enfermar,
miedo al hambre,
miedo al agua y al aire contaminados.
Ya no creo que una vida rica sea la que acumula más dinero. Una vida rica es aquella en la que se puede comer alimentos limpios, beber agua potable, respirar libremente y despertar con un cuerpo sano y una mente en calma. Todo lo demás es accesorio.

La pregunta que permanece es esta:
¿Cuánto dinero es suficiente si ganarlo te cuesta el derecho a vivir bien?

Porque cuando la supervivencia se compromete, el dinero pierde su sentido. La vida no se negocia con cifras; exige condiciones. Y cuando las monedas reales desaparecen, ninguna riqueza puede volver a crearlas.

¡Gracias por leer!

Patricio Varsariah.