Después de los 70, el camino hacia la prosperidad implica aceptar las limitaciones, afrontar las pérdidas y encontrar un nuevo sentido a la vida. Prosperar y mantenerse requiere adaptarse a circunstancias en constante cambio.

Todos debemos afrontar tres desafíos principales:

1. Aceptar nuevas limitaciones
La vida después de los 70 inevitablemente trae consigo importantes problemas de salud, que se presentan con mayor frecuencia a medida que envejecemos. Muchos padecemos una o más enfermedades crónicas, como artritis, cardiopatías o diabetes, y con el paso de los años desarrollamos problemas de salud adicionales. Nos enfrentamos a pérdidas de fuerza física, energía y equilibrio.

Necesitamos apoyo y asistencia para seguir funcionando eficazmente. 

Pero muchos nos resistimos a buscar ayuda. 

Muchos de nosotros todavía vemos la dependencia y el pedir ayuda como un fracaso. 

Aceptar ayuda cuando se necesita es clave para prosperar a medida que envejecemos. Pero nos han condicionado a esforzarnos por ser independientes, a esforzarnos por hacer las cosas por nuestra cuenta, incluso cuando la independencia no es una expectativa realista. Todos dependemos de los demás a lo largo de nuestra vida, y eso es bueno. Nos va mejor cuando la calidad de vida es nuestro objetivo principal en lugar de la independencia.

2. El duelo por nuestras pérdidas
Al llegar a los 80 y 90 años, inevitablemente perderemos a seres queridos. La muerte de un cónyuge, un hijo, un familiar o un amigo cercano siempre es un acontecimiento importante. Para algunos, expresar emociones a través del llanto y el duelo resulta fácil, mientras que a otros nos toma más tiempo conectar con nuestros sentimientos y afrontar el duelo. No hay un tiempo específico para el duelo; el proceso puede ser largo.

Algunos encontramos que los rituales tradicionales de nuestra iglesia o religión nos ayudan a sobrellevar la situación. Formar parte de una familia que nos apoya y una comunidad cariñosa también es beneficioso. Algunos sentimos que estamos prácticamente solos. Sin embargo, a pesar de ese sentimiento, suelo recomendar hablar con un pastor, consejero o amigo. Pueden aportar valiosas perspectivas y sabiduría, y también pueden ser una caja de resonancia.

Tras una pérdida importante, nuestras rutinas diarias también deben cambiar. Es posible que tengamos que asumir nuevos roles. Por ejemplo, algunos nos encontramos administrando las finanzas, encargándonos del mantenimiento de la casa o cuidando el jardín, a menudo sin formación ni experiencia previas. Otros podrían necesitar aprender nuevas habilidades, como cocinar y organizar eventos sociales. Como cualquier cambio significativo en nuestras vidas, estas adaptaciones requieren tiempo y paciencia.

3. Encontrar sentido a nuestras vidas
A cualquier edad, tener uno o más propósitos da sentido a nuestras vidas. Pero con el tiempo, algunos se nos quedan pequeños. A los 70, por ejemplo, la mayoría nos hemos jubilado y nuestros hijos ya no suelen vivir en casa. Normalmente tenemos tiempo, y necesitamos encontrar nuevos propósitos que se adapten a nosotros en esta nueva etapa de la vida.

Muchos amigos lectores jubilados, me han dicho que su propósito actual gira en torno al cuidado de sus amigos y familiares. Mi propio propósito también ha evolucionado; cuando dejé mi trabajo, la escritura se convirtió en mi principal objetivo.

Otra forma de encontrar sentido a medida que envejecemos es centrarnos en el legado que dejaremos. A medida que el horizonte de nuestras vidas se acorta, empezamos a plantearnos las grandes preguntas sobre el significado de nuestras vidas. ¿Qué hemos aprendido? ¿Qué nos gustaría que nuestros hijos y nietos supieran de nosotros? Queremos transmitir nuestros valores y lecciones de vida. Queremos ser comprendidos y conocidos. Queremos dejar huella.

Algunas personas, como yo, optan por escribir para ser una luz diferente al mundo, 
basada en la reflexión, la presencia y la intención como una forma de compartir quiénes somos y quiénes hemos sido. Otros crean su legado haciendo donaciones económicas a causas que se alinean con el mundo que desean para el futuro y para sus nietos. Algunos plantan árboles sabiendo que nunca darán fruto en su vida.

Muchos jóvenes aún no se dan cuenta de que las personas mayores continúan aprendiendo, desarrollándose, cambiando y adquiriendo mayor sabiduría a lo largo de sus largas vidas. Cada vez más personas mayores comprendemos que, para prosperar en la vida, debemos adaptarnos constantemente y redefinir nuestros propósitos en medio de nuestras pérdidas y limitaciones.

Envejecer no es rendirse, es aprender a vivir de otra manera. Aceptar ayuda, llorar las pérdidas y redefinir nuestros propósitos no nos debilita: nos humaniza. La vida no pierde valor con los años; gana profundidad. La edad es una oportunidad, tanto como la juventud misma.

¡Gracias por leer!

Un abrazo respetuoso y sincero.

Patricio Varsariah.