La claridad no llega de golpe.
Publicado por Patricio Varsariah el lunes, diciembre 29, 2025

A mi edad sigo descifrando la vida. No con prisa, no con certezas, sino con presencia. He aprendido que no entenderlo todo no es una carencia, sino una forma profunda de atención.
En la aventura de mi vejez, vivida con intención, presencia y mucha gratitud, la claridad no llegó de golpe. Y por fin lo acepto.
Solía pensar que había una edad en la que las cosas se asentaban. Una edad en la que por fin me entendía a mí mismo. En la que las decisiones parecían obvias. En la que las dudas se aquietaban y la confianza se apoderaba de mí.
No sé exactamente cuándo esperaba que eso sucediera. Quizás a los 50. Quizás a los 60. Quizás "algún día". Lo que he aprendido, en cambio, es esto: la claridad no llega de golpe. Aparece lentamente. Silenciosamente. A veces tarde. Y a menudo, llega disfrazada de pregunta en lugar de respuesta.
A esta edad, todavía estoy descifrando las cosas. Todavía estoy decidiendo qué merece mi energía y qué no. Todavía estoy aprendiendo cuándo hablar y cuándo dejar que el silencio haga el trabajo. Todavía estoy descubriendo que algunas cosas que antes perseguía no valían la pena.
Admitirlo me alivia.
Durante mucho tiempo, pensé que "aún no entendía nada" era una debilidad. Ahora lo veo como una señal de que estoy prestando atención.
Algo que he descubierto recientemente es esto: incluso los pensamientos inconclusos importan.
No necesitas respuestas definitivas para que tus reflexiones sean valiosas.
No necesitas un plan perfecto para que tus intenciones cuenten.
No necesitas certeza para que tu historia valga la pena registrar.
De hecho, esperar la certeza suele ser lo que mantiene a la gente en silencio.
También he aprendido que la memoria es menos fiable de lo que nos gusta creer. Los detalles se difuminan. Las motivaciones se desvanecen. Incluso las lecciones se suavizan en los bordes.
En parte, por eso empecé a escribir con más intención: no para encerrar nada en un lugar, sino para dar a mis pensamientos un lugar donde asentarse.
Escribir no me dio respuestas. Les dio a mis preguntas un lugar donde reposar.
Algunos días, lo que escribo me sorprende. Otros días, siento que escribir está incompleto. Y algunos días siento que le doy vueltas a la misma idea por décima vez. No pasa nada. Porque la claridad no es una meta. Es una práctica.
Otra cosa que todavía estoy descifrando: qué necesita mi familia de mí.
No son instrucciones para todo.
No es control.
Y ciertamente no es perfección.
Lo que necesitan es contexto. Necesitan entender cómo pienso. Lo que valoro. Lo que me importa ahora, en esta etapa de la vida, no hace veinte años.
No quiero que la gente que amo adivine algún día. Quiero que reconozcan mi voz en los momentos de tranquilidad.
Esta comprensión no llegó pronto. Llegó tarde. Y agradezco que haya llegado.
Si estás leyendo esto y piensas: "Ya debería haberlo descubierto mejor", déjame ofrecerte un poco de paz:
No te has quedado atrás.
No llegas tarde. No lo estás haciendo mal.
Aún estás en proceso de transformación. Y quizás ese sea precisamente el punto.
Recopilo estos pensamientos en un solo lugar, no para cerrarlos, sino para dar contexto a las personas que amo y que me leen.
Es mi Libro de la Vida. Todavía es un trabajo en progreso. Y eso me hace sentir bien.
Si este escrito resonó contigo, compártelo. Tal vez ayude a otros a reflexionar, despertando la empatía, la creatividad y el pensamiento crítico.
¡Gracias por leer!
Un abrazo respetuoso y sincero.
Patricio Varsariah.
