Escribí estas palabras primero para mí, porque en los últimos días han pasado muchas cosas. Pero mientras las escribía comprendí que quizá no eran solo mías. Tal vez tú también estés atravesando algo en silencio, sosteniendo cargas que nadie ve, resolviendo preguntas que aún no tienen respuesta.

Si es así, esto también es para ti.

A veces sé lo difícil que es. Cuando haces planes, te prometes que esta vez será distinto, que esta vez lo lograrás. Te esfuerzas, corriges, vuelves a intentar… y aun así las cosas no salen como esperabas. Y entonces empiezas a preguntarte si el problema eres tú. Pero no siempre se trata de ti.

A veces haces todo lo que está en tus manos y aun así los procedimientos, las reglas, los sistemas, la sociedad —incluso personas que un día fueron importantes— te hacen sentir pequeña, invisible, insuficiente. Y solo tú sabes cómo pesa eso cuando llega la noche. Cuando los suspiros brotan solos.

Cuando los recuerdos regresan sin pedir permiso. Cuando necesitas llorar, pero te contienes para que nadie note la grieta.

Sabes lo que es intentar salvar una amistad mientras la otra persona ya soltó la cuerda.
Sabes lo que es quedarte con preguntas que nadie quiso responderte. Sabes lo que es esforzarte tanto que al final del día solo queda cansancio… y una duda: ¿sigo insistiendo o aprendo a aceptar?

Y, sin embargo, algo dentro de ti sigue encendido.
Dices que estás bien.
Sonríes.
Continúas.

Aunque a veces las lágrimas aparezcan incluso cuando sonríes. Pero hay algo que no debes olvidar: lo intentaste. Lo hiciste lo mejor que supiste con lo que tenías en ese momento. Y eso importa. Importa más de lo que crees. Porque muchos se rinden antes de empezar. Tú no.

Y sobre tus preguntas… sobre por qué algunas cosas no funcionan cuando parecían destinadas a hacerlo… leí hace poco una idea que me dio paz: La naturaleza —o Dios, si así lo prefieres— siempre tiene la respuesta preparada. Solo que a veces nuestra mirada aún no está lista para verla. Quizá no se trata de ceguera, sino de tiempo.

Si hoy te sientes sola enfrentando lo que nadie más ve, recuerda esto: resistir también es una forma de fe. Intentar también es una forma de dignidad. Y seguir, aun sin respuestas claras, es una forma profunda de valentía. Estoy orgulloso de ti. Incluso si nadie más lo dice. Incluso si tú misma lo olvidas por momentos.

A veces escribir es la manera más honesta de abrazarnos.

Patricio Varsariah.