Mi escrito del dia de hoy es un  intento en dar una buena explicación sobre los sentimientos, las emociones. Lo experimentado yo, pues tengo una larga vida a mis espaldas. Los recuerdos se han vuelto dulces y suaves, como un río fresco que me acaricia mientras me siento tranquilamente al sol.

Dejar que las emociones existan sin juzgarlas es un cambio muy empoderador. Siempre nos dicen que debemos controlar nuestros sentimientos, pero hay mucha sanación en simplemente darles permiso para existir.

Las emociones, son como erupciones volcánicas, pueden estallar a cualquier hora. 
Es un fenómeno extraño que nace en el corazón, se acumula en los ojos, ahoga la voz y cae en cascada, como la lava ardiente que fluye hacia un mar de sentimientos, formando finalmente una tierra de paz.

A veces, una emoción surge en medio de un día cualquiera, y de repente te encuentras con un sentimiento que creías haber superado. Una emoción puede surgir en medio de un día cualquiera y, de repente, cambiarlo todo. A tu alrededor, nada ha cambiado, pero algo en tu interior sí. 

Puedes estar sentado tranquilamente, escuchando música, preparándote un té, paseando o simplemente sin hacer nada, y de repente un sentimiento regresa. Es algo que creías haber superado. Quizás sea tristeza, anhelo, nostalgia, miedo o simplemente una extraña pesadez a la que no logras identificar. Sientes que la casa está en llamas y que tu corazón arde.

Creo que las emociones son extrañas en ese sentido. No siempre llegan cuando estamos preparados para ellas. A veces aparecen después de semanas de sentirnos perfectamente bien. A veces una canción, un olor, un lugar familiar o un pequeño recuerdo pueden abrir una puerta que no sabíamos que seguía ahí. 

Y de repente te encuentras pensando en personas que ya no están en tu vida, en conversaciones que nunca ocurrieron, en cosas que desearías haber dicho, en cosas que desearías que hubieran sucedido de otra manera, y en todas esas pequeñas posibilidades que permanecieron silenciosamente en algún lugar de tu interior. Creías haberlas olvidado, pero tal vez solo habías dejado de mirarlas.

Antes creía que cada emoción debía ser comprendida. Si sentía algo profundamente, quería saber por qué. Quería encontrar la razón, ponerle un nombre, ordenarlo todo en mi mente y, de alguna manera, hacerlo desaparecer. Pero no sucede así; aunque lo intente, simplemente sucede a su manera, y aunque lo entienda y lo conozca, simplemente lo dejo ser.

Con los años he aprendido que no todos los sentimientos tienen por qué convertirse en un problema que hay que resolver. A veces, una emoción simplemente puede venir y quedarse a tu lado un rato. Puedes sentirlo sin cuestionarlo y puedes permitirte estar triste sin decidir que algo anda mal en tu vida. Puedes extrañar a alguien sin creer que necesitas traerlo de vuelta y puedes sentir nostalgia sin tener que regresar al pasado.

Y sí, puede ser extraño asimilarlo. Todos esos años de esperanza, intentos, esperas y de guardar tantos sentimientos en tu interior pueden volver de repente. Es una sensación agridulce, como estar de pie en algún lugar tranquilo mirando al horizonte sin saber realmente qué es lo que uno busca.

Me gusta pensar en las emociones como algo que fluye a través de nosotros, en lugar de algo que nos pertenece para siempre. Un sentimiento puede ser muy real sin ser permanente. Puede llenarte el corazón por una noche y desaparecer por la mañana. Puede hacer que el mundo se sienta pesado por un momento y luego aligerarse lentamente. No siempre tenemos que reprimirlo. A veces, lo más amable es darle espacio para que pase por sí solo.

Aún hay momentos en que una vieja emoción me sorprende. Siento que me quedo en silencio, perdido entre el recuerdo y el presente. Y en lugar de apresurarme a salir de ese estado, intento permanecer ahí un instante. No para ahogarme en él, sino para reconocerlo. Para decir: sí, esto está aquí hoy. Y está bien.

Porque no tenemos por qué haber superado emocionalmente todo lo que nos ha sucedido. Algunas cosas llevan tiempo. Algunos sentimientos regresan de diferentes formas. Algunos recuerdos se suavizan, mientras que otros aún dejan una pequeña huella. Eso no significa que estemos retrocediendo. Simplemente significa que somos humanos y que nuestros corazones no siempre se mueven en línea recta.

Este es un recordatorio precioso. No todas las emociones necesitan ser corregidas o explicadas; a veces, simplemente necesitamos darnos permiso para sentirlas. No tienes que arreglarte solo porque sientes algo profundamente. Siéntate con ello. Permítelo. Deja que fluya a través de ti. Y cuando esté listo para irse, déjalo ir. 

Y sí, también llega un momento en el que simplemente decides que eres digna o digno de tu propia vida y que no necesitas saber exactamente cómo resultarán las cosas. Simplemente decide hacer las cosas a tu manera, con lo que sea verdadero y puro en ti, y deja que la vida te encuentre allí. Así que no te preocupes demasiado por cómo es posible o si todo tendrá sentido de antemano.

A veces, simplemente tienes que empezar, con un poco de fe en ti mismo, y dejar que la vida te sorprenda. La vida sigue su curso y tú también puedes moverte con ella, suavemente. No podemos esperar a que todo tenga sentido antes de seguir adelante. 

A veces, simplemente tenemos que confiar en lo que nos parece verdadero... y seguir adelante. A veces no necesitamos comprender cada sentimiento, simplemente dejarlo ser...

Sigamos caminando. Sigamos aprendiendo. Y, sobre todo, sigamos cuidando la luz que llevamos dentro.
— Patricio Varsariah