El tiempo que aún nos espera.
Publicado por Patricio Varsariah el viernes, abril 3, 2026

Vivimos diciendo que no tenemos tiempo. Lo repetimos tantas veces que termina convirtiéndose en una pequeña verdad cotidiana, una excusa discreta que nos permite aplazar aquello que en el fondo sabemos que importa. Pero quizá el tiempo no es el problema. Tal vez lo que realmente buscamos es el valor para comenzar.
¿Cuántas veces has dicho: «No tengo suficiente tiempo»?
Lo curioso es que, mientras lo decimos, la vida sigue pasando delante de nosotros. Permanecemos en nuestra zona de comodidad, y ese tiempo precioso que creemos no tener se nos escapa silenciosamente entre los dedos.
Poco a poco, la frase se convierte en costumbre. Después en hábito. Y finalmente en un mito que nos contamos cuando los sueños parecen lejanos y los días se llenan de ocupaciones sin alma. Pero aún hay tiempo. No llegas tarde. Simplemente llegas a tu propio ritmo.
En realidad, nadie tiene más tiempo que otro. Todos recibimos las mismas veinticuatro horas, el mismo amanecer que nos despierta y la misma noche que nos invita al descanso.
La diferencia no está en cuánto tiempo tenemos, sino en qué elegimos hacer con el tiempo que nos ha sido dado. Para algunas personas, el tiempo es como un lienzo: cada hora se llena de intención, aunque sea de manera imperfecta. Para otras, se convierte en una espera indefinida: esperan el ánimo adecuado, la claridad perfecta, el comienzo ideal.
Pero el tiempo no se detiene para que nos sintamos preparados. Avanza en silencio y, sin reproches, solo parece preguntarnos una cosa:
¿Qué harás de mí hoy?
¿Qué harás de mí hoy?
A veces creemos que necesitamos largos espacios para crear algo valioso: una tarde entera para escribir, un fin de semana libre para pensar, una temporada tranquila para empezar.
Sin embargo, con el paso de los años uno descubre algo distinto: el verdadero significado suele nacer en los pequeños momentos que quedan entre las prisas. Los diez minutos de calma antes de dormir. El pequeño esfuerzo que decides hacer en lugar de rendirte. El gesto sencillo que repites cada día.
He aprendido que una hora de esfuerzo sincero vale más que una semana esperando el momento perfecto.
Hace algún tiempo vi la historia de un hombre que soñaba con tocar el violín. Durante muchos años creyó que ya era demasiado tarde. Pero a los sesenta decidió intentarlo. Quienes lo rodeaban le decían que debió empezar de joven. Pero él simplemente dijo: «Si no empiezo ahora, dentro de cinco años seguiré teniendo sesenta y cinco años, solo que sin música”. “Si no empiezo ahora, dentro de cinco años seguiré teniendo sesenta y cinco… solo que sin música."
Hace algún tiempo vi la historia de un hombre que soñaba con tocar el violín. Durante muchos años creyó que ya era demasiado tarde. Pero a los sesenta decidió intentarlo. Quienes lo rodeaban le decían que debió empezar de joven. Pero él simplemente dijo: «Si no empiezo ahora, dentro de cinco años seguiré teniendo sesenta y cinco años, solo que sin música”. “Si no empiezo ahora, dentro de cinco años seguiré teniendo sesenta y cinco… solo que sin música."
Hay una sabiduría profunda en esas palabras. Porque el tiempo rara vez hace las cosas imposibles. La indecisión, en cambio, sí. Olvidamos con facilidad que el tiempo no es algo que simplemente encontramos: es algo que vamos creando con nuestras elecciones.
Elegir escribir en lugar de distraernos. Elegir descansar cuando el cuerpo lo pide. Elegir volver a intentarlo, incluso cuando parece tarde. Tal vez la vida no se trata de tener más tiempo, sino de entregarnos con más verdad al tiempo que ya tenemos.
Haz que tu tiempo cuente de verdad. Incluso cuando la vida parece correr demasiado rápido, todavía existe este instante: tu hora presente, tu pequeña oportunidad de empezar, de crecer, de dar forma a algo hermoso en medio de lo cotidiano.
Porque a veces el momento que esperamos durante años es simplemente este. Y tal vez, justo ahora, todavía haya tiempo para convertirte en todo aquello que tu alma vino a ser.
Escribo para cuidar la luz de lo esencial.
— Patricio Varsariah
