Se acerca el 21 de junio de 2026. Más que una fecha en el calendario, representa una oportunidad para recordar que la democracia sólo tiene sentido cuando los ciudadanos participan activamente en la construcción de su futuro.

Ha llegado el momento de ser escuchados, de ser tenidos en cuenta, de ejercer plenamente vuestra condición de ciudadanos. Se acerca el momento en que la voz de la gente cuente, el momento en que la democracia deje de ser una palabra y se convierta en una realidad viva. Los próximos años pueden ser, por fin, el tiempo de los ciudadanos.

Con la mirada puesta en el futuro y con el deseo de dejar a las nuevas generaciones un país mejor del que recibieron, están llamados a asumir vuestra responsabilidad histórica. No desde el resentimiento ni desde el miedo, sino desde la conciencia, la libertad y la esperanza.

Es tiempo de que el ciudadano despierte de la indiferencia y recuerde que la democracia no es una concesión del poder, sino un derecho que debe ejercerse y protegerse cada día. Ninguna sociedad puede llamarse verdaderamente libre cuando sus ciudadanos renuncian a participar, cuando el temor, la manipulación o la resignación terminan sustituyendo la voluntad consciente de las personas.

A pesar de las dificultades, y aunque hoy existan más mecanismos que nunca para influir en la opinión pública, sembrar divisiones o desalentar la participación, corresponde al pueblo dar un nuevo impulso a la historia. 

Es el momento de abandonar la pasividad del súbdito y recuperar la dignidad del ciudadano; de comprender que el futuro no está escrito y que cada generación tiene la responsabilidad de contribuir a escribirlo.

Los problemas de la democracia se resuelven con más democracia: con más participación, más transparencia, más responsabilidad y más compromiso ciudadano. Porque la democracia no es una meta alcanzada de una vez y para siempre; es un camino que se construye mientras se recorre.

Por democracia entendemos una sociedad libre, abierta y plural; una sociedad donde ningún poder esté por encima de los ciudadanos y donde quienes gobiernan respondan ante quienes les han confiado esa responsabilidad. Una sociedad donde el Estado esté al servicio de las personas y no las personas al servicio del Estado.

Los antiguos griegos creyeron que eran dueños de su destino. Esa misma pregunta sigue vigente hoy para cada uno de vosotros: ¿somos realmente dueños de nuestro futuro?

En vuestro voto reside la oportunidad de expresar vuestras convicciones, de participar en la construcción del país que anhelan y de demostrar que la ciudadanía sigue siendo la fuerza más importante de una democracia.

Que cada colombiano ejerza ese derecho con libertad, responsabilidad y esperanza. Porque el futuro de Colombia no pertenece a unos pocos. Pertenece a todos.

Si esta reflexión le ha parecido valiosa, compártala. Quizás pueda ayudar a otro ciudadano a reflexionar sobre la importancia de su voto y sobre la responsabilidad que todos tienen en la construcción de la Colombia que desean dejar a las futuras generaciones.

Saludos,
Patricio Varsariah