A veces, quienes aman con mayor profundidad son también quienes conocen más de cerca la soledad, la espera y la incomprensión. Sin embargo, la sensibilidad, la ternura y la capacidad de entregarse sinceramente no son debilidades ni errores del destino. Son dones que forman parte de nuestra esencia y que tienen un propósito. Cuando la fe parece debilitarse y las dudas ocupan el lugar de la esperanza, conviene recordar que todo amor genuino encuentra sentido en el momento oportuno. Esta reflexión es una invitación a confiar, a perseverar y a creer que aquello que llevamos en el corazón también tiene un lugar reservado en el corazón de alguien más.

Existe una soledad inherente a quienes amamos profundamente. Sientes todo a niveles que la mayoría ni siquiera alcanza. Te preocupas con intención. Estás presente con constancia. Amas de una manera casi sagrada porque te sale con naturalidad, pero cuando te han ignorado o incomprendido, esa misma profundidad empieza a pesar. Te hace dudar de ti mismo, de tu valía e incluso, a veces, de Dios o de la naturaleza, o del universo o como tú quieras llamarlo.

A veces cuesta creerlo. Cuesta seguir creyendo que nuestra persona ideal está ahí fuera. Cuesta creer que haya alguien que nos ame o nos comprenda con la misma intensidad con la que nosotros lo hacemos. Cuesta imaginar que algún día conoceremos a esa persona, y aún más difícil imaginar que se quedará y nos elegirá cada día. Casi parece irreal, como algo que otros experimentan, pero que nosotros perdimos por poco.

Aquí es donde la fe vuelve a cobrar importancia, porque necesitas reavivar tu creencia y recordarle a tu corazón esta verdad. Si, Dios o la naturaleza, o el universo o como tú quieras llamarlo, te confió un corazón que ama tan profundamente, también ha preparado a alguien que sabe exactamente cómo valorarlo.

No fuimos creado así por casualidad. ¿Esa dulzura que poseemos? ¿Esa lealtad? ¿Ese instinto de amar con todo el corazón? Eso no es un defecto. No es algo que debamos reprimir. Es parte de nuestra naturaleza.

Si tu corazón fue diseñado para amar de la manera en que lo hacemos, entonces debemos creer que también diseñó a alguien que encaja perfectamente en ese amor. Alguien que no se verá abrumado por él, sino sanado por él...

Reaviva tu fe y cree que el amor que das no está destinado a las personas equivocadas. Está destinado a la persona indicada. Alguien que recibirá plenamente el amor que ofreces y todo lo que eres. Alguien que necesita precisamente el tipo de amor que llevas dentro: la paciencia, la calidez, la devoción y la profundidad.

Lo apreciarán. Lo entenderán. Lo valorarán y le darán gracias a Dios por ello.

En esos momentos sencillos y tranquilos en los que se dan cuenta de lo mucho que te importan, de lo seguros que se sienten contigo y de lo importantes que son para ellos a tu lado. 

A veces olvidamos que nosotros también somos una oración respondida. En algún lugar hay alguien que está orando por alguien exactamente como tú. Tu bondad, tu dulzura, tus peculiaridades, tu manera de escuchar, tu profunda capacidad emocional e incluso esos rasgos físicos que a veces te generan dudas. Alguien le está pidiendo a Dios que te pida su presencia.

Quizás no te veas así, pero eres la persona por la que alguien reza de rodillas. Eres la sanación que anhelan. Eres el amor con el que soñaron, pero del que no estaban seguros de que existiera. Incluso cuando crees que no eres suficiente. Incluso cuando sientes que eres " demasiado emocional ". Incluso cuando sientes que siempre eres quien da . Incluso cuando te preguntas si tu amor todavía importa.

Hay alguien ahí fuera deseando exactamente lo que llevas dentro. Alguien te echa de menos y ni siquiera te ha conocido todavía.

Esto es lo que debes recordar:
Alguien anhela conocerte. Alguien desea con desesperación recibir el amor que ofreces con naturalidad. Ese amor que se siente como un hogar, y cuando finalmente te conozcan, todo tendrá sentido. Lo comprenderán. Lo valorarán. Lo protegerán. Lo elegirán sin dudarlo. Te elegirán no porque lo necesiten, sino porque tu amor es exactamente lo que han estado buscando. Tu amor no es excesivo. Tu corazón no es un error. Tu profundidad no es una carga. Es preparación. Es intención. Es propósito. Un día, será recibido con la misma sinceridad e integridad que siempre has demostrado.

Así que aférrate a eso. Deja que te reconforte en los días en que tu fe flaquee. Deja que te recuerde que no estás esperando en vano. Deja que fortalezca las partes de ti que se sienten cansadas, porque Dios no da un corazón como el tuyo sin preparar un alma que sepa cómo sostenerlo.

Quizás hoy no podamos ver el camino completo ni comprender el tiempo de la espera. Tal vez las experiencias vividas nos hayan dejado preguntas sin respuesta y momentos de desaliento. Pero el amor auténtico nunca es una pérdida ni una equivocación. Cada gesto de bondad, cada muestra de lealtad y cada acto de amor sincero tienen un significado que trasciende nuestras circunstancias presentes. 

Mantengamos viva la fe, porque un corazón capaz de amar con tanta profundidad no fue creado para permanecer sin propósito. En algún momento, en algún lugar y de la manera que corresponda, ese amor encontrará el alma que sabrá recibirlo, valorarlo y agradecerlo. Y entonces comprenderemos que la espera no fue en vano, sino parte del camino que nos preparaba para ese encuentro.

La paz no nace del control, sino de la comprensión.

— Patricio Varsariah