2025 fue un año de realización.

2026 se abre ante nosotros como el año de llevar a la vida lo aprendido.

El año que se despide nos regaló luces y sombras, bendiciones y pruebas. Nos enfrentó a miedos profundos y despertó una valentía silenciosa. 

Hubo caídas que nos hicieron más humildes, logros que nos invitaron a agradecer y, para algunos, despedidas que dejaron un silencio hondo en el corazón. Un silencio que, con el tiempo, aprendimos a habitar con amor, gratitud y memoria.

Aprendimos que la verdad de las personas se revela en sus actos y no en sus palabras. Aprendimos a llorar sin resistencia y a sonreír sin explicación. A fracasar, volver a intentarlo… y, cuando fue posible, a celebrar pequeñas victorias que fortalecieron la fe y el ánimo.

Muchos sentimos la necesidad de alejarnos del ruido y de las cargas ajenas. En ese espacio de quietud encontramos paciencia, presencia y una paz sencilla, pero real. 

Seguimos aprendiendo —quizá para siempre— porque ese es el camino: crecer en conciencia y caminar con mayor coherencia entre lo que sentimos, pensamos y hacemos.

Nada de lo vivido fue gratuito. Cada paso tuvo su precio. Y cada aprendizaje, aunque a veces dolió, nos fue transformando.

Hoy solo queda agradecer.
Agradecer profundamente al 2025 por todo lo que fue.
Y abrir el corazón para recibir el 2026 con intención, confianza y esperanza.

Que este nuevo año sea para Ustedes, y sus familias un tiempo de salud, claridad y paz.                                                                                                                                   

Y que tengamos la valentía amorosa de llevar a la acción todo aquello que el corazón ya sabe.

Gracias por estar.       
                                                                                                                                                        Patricio Varsariah.