Cuando te critican, no te apagues.
Publicado por Patricio Varsariah el lunes, enero 19, 2026

Nos entusiasma redefinir y reajustar nuestros mensajes a partir de los comentarios ajenos. A veces, incluso antes de comprender bien una crítica, ya estamos modificando nuestra obra para complacer a quien la cuestionó.
Cuando —como suele ocurrir— alguien critica nuestro trabajo, regresamos a la pizarra y comenzamos a recortar bordes, a suavizar ideas, a diluir la esencia de nuestro mensaje con tal de hacerlo aceptable para esa persona. Olvidamos, en ese proceso, que por cada crítica recibida suele haber decenas de silenciosos elogios.
Las críticas duelen más cuando tocan nuestras inseguridades, sobre todo al inicio del camino, cuando todavía no vemos resultados claros y dudamos de nosotros mismos. Entonces damos por cierta cualquier palabra que señale defectos, incluso antes de que nuestro trabajo tenga oportunidad de crecer o ser comprendido. Llegamos a convencernos de que no es valioso… simplemente porque alguien lo dijo.
Y así, en lugar de experimentar con libertad, comenzamos a jugar a lo seguro. Intentamos evitar nuevas críticas. Tratamos de demostrar que nuestros detractores están equivocados puliendo obsesivamente un detalle, pero terminamos dándoles la razón al traicionar la autenticidad de lo que creamos.
La verdad es simple y, a la vez, difícil de aceptar: tu trabajo no es para todos. Ni siquiera quienes hoy te apoyan lo harán siempre. Cuando no les convenga, muchos se apartarán. Cuando tu crecimiento les incomode, algunos te juzgarán. Cuando tu evolución les recuerde sus propias limitaciones, surgirán resistencias. Y, paradójicamente, esas pueden ser las mismas personas que al principio te animaban. No porque te odiaran, sino porque esperaban que permanecieras igual.
Ya no te entienden porque has cambiado. Y tú obra ha sido parte de ese cambio. Tu verdadera tribu no siempre está entre quienes te han conocido desde siempre, porque a muchos les cuesta separar quién fuiste de quién estás llamado a ser. Siguen intentando encajarte en una versión antigua que ya no te pertenece.
Cambiar es necesario. Pero no cualquier cambio: no el que apaga tu luz, no el que te convierte en alguien que no reconoces.
Para saber si estás cambiando bien, obsérvate con honestidad:
¿Han cambiado tus valores o solo ha madurado tu mirada?
¿Sigues tratando con respeto a quienes te apoyaron y también a quienes nada pueden darte?
¿Permanecen contigo las personas esenciales?
¿Sigues cultivando aquello que te da paz?
¿Puedes mirarte al espejo con serenidad?
Si, a pesar de todo tu crecimiento, sigues siendo fiel a lo que eres, entonces no hay motivo para temer a las críticas.
Algunas personas nunca comprenderán tu camino. A otras no les importará lo suficiente como para ser honestas. Y otras, simplemente, están llenas de amargura y buscarán defectos en todo lo que hagas.
A veces, el problema no está en tu mensaje… sino en el público al que lo estás entregando.
¡Gracias por leer!
Un abrazo respetuoso y sincero.
Patricio Varsariah.
