Toda nación que inicia un nuevo gobierno recibe una oportunidad: la de corregir errores sin borrar la memoria.

Existe una tentación frecuente en toda transición de poder: creer que basta con guardar silencio sobre las faltas del pasado para que estas desaparezcan. Sin embargo, el mal que simplemente se oculta no deja de existir. Al enterrarlo tan profundamente que no queda rastro en la superficie, no lo estamos eliminando; lo estamos sembrando. Y toda semilla, tarde o temprano, encuentra el momento para volver a brotar.

La paz no se construye sobre el olvido deliberado, sino sobre la verdad, la justicia y la responsabilidad. Una sociedad que decide mirar hacia otro lado frente a la corrupción, el abuso o la violencia termina debilitando los principios que sostienen su convivencia.

Cuando los malhechores no enfrentan las consecuencias de sus actos, el mensaje que reciben las nuevas generaciones es preocupante: que el poder puede estar por encima de la justicia y que el tiempo basta para borrar las responsabilidades.

No se trata de perseguir personas ni de alimentar el espíritu de venganza. Se trata de comprender que una justicia imparcial protege tanto a quienes hoy gobiernan como a quienes gobernarán mañana. La justicia no debe tener color político, porque cuando cambia según quién ocupe el poder, deja de ser justicia para convertirse en conveniencia.

En estos tiempos de transición, Colombia necesita memoria sin odio, verdad sin revanchismo y justicia sin selectividad. Solo así podrán construir un futuro donde los errores del ayer no vuelvan a convertirse en las heridas del mañana.

Porque un país no fortalece su democracia escondiendo el mal bajo la alfombra de la historia. La fortalece cuando es capaz de reconocerlo, juzgarlo con equidad y aprender de él para que nunca vuelva a repetirse.

El mal que una nación decide ocultar no desaparece; simplemente cambia de raíz. Y aquello que se siembra en el silencio suele regresar con más fuerza en el futuro

Patricio Varsariah
Reflexiones serenas sobre la vida, el tiempo y el silencioso arte de comprender.