Cuando digo que 2025 no fue mi año, quizás muchos se identifiquen conmigo, porque todos lo sentimos en algún rincón del corazón.

2025 pasó en un abrir y cerrar de ojos, y muchas veces no pude hacer más que preguntarme por todo lo que salió mal, por todo lo que intenté arreglar y no resultó.

Desde el primer mes, el año comenzó a enseñarme el valor del llamado interior. El valor de todo lo que me rodea, de lo que tengo, de lo que aún puedo mejorar y, sobre todo, de la gratitud. Si fue una lección, llegó a través de muchas rupturas: corazones rotos, huesos rotos, confianza quebrada y creencias depositadas en personas a las que consideré dioses.

Luego sucedieron muchas cosas nuevas. Aprendí a sonreír incluso cuando no tenía ganas. Cometí errores que había prometido no repetir. Me convertí en alguien que no fui durante años. Lloré, me sequé las lágrimas, caí y me levanté. Obtuve lo que no esperaba y gané donde antes estaba perdiendo.

Fueron experiencias únicas y, en cada una de ellas, intenté no abrumarme, no dejarme influenciar por cada historia y no caer con facilidad. Siempre sentí que debía mejorar un poco cada día, con pasos pequeños, pero constantes.

2025 fue un año de realización. 2026 será el año de hacer. De llevar a la acción todo lo aprendido.

2025 me trajo cosas buenas y malas: bendiciones y pruebas, miedos y valentía interior, fracasos y triunfos, caídas y ascensos, y también la pérdida de un ser muy querido para toda nuestra familia; su partida dejó un silencio que aprendimos a llenar de gratitud y memoria. 

Aprendí una vez más,  en el 2025 que debemos valorar las acciones de las personas, no sus palabras.
2025 tuvo su propia manera de hacerme llorar y sonreír, de hacerme fracasar, intentarlo una vez más y, a veces, incluso ganar.

También me enseñó que no existe una sola manera de hacer las cosas. Hice muchas cosas nuevas: empecé a escribir mi libro, acumulé historias por contar y me permití viajar.

Me alejé de las multitudes y de las almas cargadas de culpa. Allí encontré paciencia, silencio y calma.
Aprendí —y sigo aprendiendo— quizá para siempre. Porque para eso estamos aquí: para aprender, mejorar y trabajar por nuestros sueños con más conciencia que nunca.

Nada de lo que obtuve fue gratis. Todo tuvo un precio. Y en 2025, cada aprendizaje vino acompañado de uno.

En fin… Gracias por todo, 2025. Estoy listo para recibir 2026.

Que 2026 sea para ti, amigo o amiga lectora, el año de hacer de llevar a la acción todo lo aprendido, y ser bendecido con salud, claridad y paz

¡Gracias por leer!

Patricio Varsariah.